El Barça post Messi debuta con victoria y responde con alegría

0:35

Imperdible: así reaccionó el Camp Nou en el minuto 10

Tras la partida de Messi, los hinchas culés se manifestaron en el duelo entre Barcelona y Real Sociedad.


(Jordi Blanco) - El Barcelona inició la temporada del cambio, la difícil transición post Messi, disfrutando de una solvente victoria sobre la Real Sociedad, a la que derrotó por 4-2 en una noche en que la sombra del crack argentino sobrevoló mucho menos de lo que se habría imaginado por el Camp Nou.

Disfrutó con el fútbol y hasta con el sufrimiento de última hora, cuando dos goles consecutivos de Lobete y Oyarzabal convirtieron una cómoda goleada en una sufrida victoria... Hasta que apareció la sentencia de Sergi Roberto en el último suspiro. Si en otro tiempo no se habría descartado, al contrario, la protesta del público, esta vez su respuesta fue redoblar su ánimo. Sabe la hinchada que necesitan su equipo de apoyo tras lo sucedido en las últimas semanas... Y ahí estuvo para echar una mano.

Coreó parte de la afición el nombre de Messi a los 10 minutos de la primera y de la segunda parte... y le respondió con pitos otra parte del público, dando a pensar que si el 10 es y será eterno en la historia del club, el Barça, por sí mismo, está por encima suyo. Y es que el regreso de la hinchada al estadio azulgrana desmintió que el club esté en depresión. Al contrario, se observó ilusión en el campo y en la grada para darle un empujón a este nuevo Barça.

Sin Leo, sin el líder sobre quien basculó el fútbol azulgrana durante los últimos años, el equipo, el colectivo, dio un paso al frente, empeñado en demostrar su capacidad y convenció a una hinchada, a los 20 mil 384 aficionados que se dieron cita en el estadio, de que se puede mirar al futuro con optimismo. Al futuro inmediato y hasta a un presente que sorprendió a muchos incrédulos respecto a las posibilidades de la plantilla de Koeman.

El primer partido con público en las gradas después de 17 meses de silencio fue una auténtica prueba de fuego para calibrar la situación de este Barcelona que se suponía derrumbado a todos los niveles por la sorprendente salida del 10 y que descubrió una realidad mucho más optimista.

Comenzó por verse los abrazos compartidos de todos los titulares y continuó por apreciar una imagen grupal inimaginable, en la que todos y cada uno de los jugadores pusieron de su parte, dando ese paso al frente reclamado por Koeman para mostrar que sin 10 también hay Barça. Es aventurado apostar hasta donde puede llegar este equipo, pero es una certeza que tiene mucho que ofrecer.

Y eso sin Ansu Fati, Dembélé ni Agüero, bajas en ataque que provocaron el reclamo de Koeman de pedir, si era posible, el fichaje de otro delantero... Y a lo que respondió Braithwaite con dos goles. Doblete del danés para reivindicarse en un partido en el que la presentación de Memphis fue magnífica y la figura de Piqué mayúscula. Ovacionado y convertido en líder espiritual después de acordar con la directiva una rebaja de salario necesaria para permitir la inscripción de los fichajes, el premio fue doble: el amor de la hinchada y el 1-0 que abrió el triunfo.

Rápido en la combinación, vertical y paciente, y, por encima de todo, convencido de sí mismo, el Barcelona respondió al examen con una magnífica puesta en escena y con un estupendo partido, que abrió un inalcanzable cabezazo de Piqué al centro con rosca, y soberbio, de Memphis y sentenció un doblete de Braithwaite, puesto en el mercado y que tanto aumentó su cotización como debió hacer dudar a Koeman: ¿Vale la pena cambiarlo por otro delantero si quien llega no es un crack indiscutible?

De cabeza primero, rozando el descanso y rematando un excelente servicio de De Jong, y atento después al rechace de Remiro tras un centro de Jordi Alba, gol de 9 puro, Braithwaite no desentonó, al contrario, en una noche impensablemente feliz para el Barcelona, que descubrió en Memphis a un fichaje soberbio, en Èric García a un jugador de mucho futuro y, entre todos, a un Griezmann que se disfrutó personalmente de una liberación indiscutible.

Duró 82 minutos la algarabía y los restantes 13, contando el alargue, fueron de un sufrimiento con sabor a la misma ilusión. Por extraño que pueda parecer. Un centro de Barrenetxea rematado excelentemente por Julen Lobete colocó el 3-1 y acto seguido una falta lanzada con maestría por Oyarzabal significó ese impensable, e injusto, 3-2 que condujo el partido a un final que se suponía de padecimiento...

Hasta que Braithwaite, le regaló un centro magnífico a Sergi Roberto para que el canterano sentenciara la feliz noche.