Ricardo La Volpe
ESPN Digital
LOS ÁNGELES -- El nombre despierta los perjudiciales instintos de mis prejuicios. Ricardo La Volpe recrea mi memoria en la cancha. Pero, obliga, irremediablemente, a que los esqueletos cebados de sus estadísticas violen sus lápidas.

Atlantista confeso, habitante entonces de ese limbo tolerante en el que se habla de fantasmas que se pudren en la Liga de Ascenso, es inevitable para mí reconstruir la magnificencia de aquel Atlante, pero no el que el nuevo entrenador del América hizo campeón en la Temporada 1992-1993, sino el del torneo anterior.

Dios, cómo jugaba ese Atlante, de nómina muy modesta, pero seguramente debe ser el prototipo de lo que un equipo de La Volpe roza la perfección. Una versión aún más espectacular que su mejor Toluca o su primera incursión en Atlas.

En la temporada 1991-1992 dominaba el torneo. No fue campeón, pero para esa grey tan escasa y ya en extinción, como la atlantista, el embeleso era suficiente.

Platicando con Guillermo Cantú, uno de los actores principales de esa sinfonía de domingo a domingo, lo simplificaba. "Nos divertíamos. Y él (La Volpe) se divertía, aunque siempre nos regañaba. Y sí, estoy de acuerdo en que debe ser la mejor versión de un equipo espectacular en México... pero no fuimos campeones esa vez".

Explica Cantú que La Volpe enfurecía porque "nos decía que estaba bien, que nos divirtiéramos, pero que había que ganar también. En esa Liguilla nos descuidamos. A la siguiente, jugamos para disfrutar y para ganar, y la Liguilla la jugamos distinto, y fuimos campeones", recuerda.

Después del título, José Antonio García comete un grave error: lleva a Hugo Sánchez al Atlante. La colisión de vanidades y la coalición de egos entre el Pentapichichi y La Volpe fue brutal.

El sustancioso proyecto se vino abajo, especialmente por la alianza de extranjeros contra Hugo y quienes lo apoyaban. Lo que pintaba para un equipo de época, se vino abajo.

Este preámbulo, extenso, cierto, es para dejar en claro que si La Volpe consigue simpatizar y empatizar con los futbolistas del América, seguramente en El Nido se habrá hecho la elección correcta.

Con referencias inolvidables en las mejores versiones de Atlante, Atlas, Toluca y selección mexicana, Ricardo La Volpe sólo tiene que dejar al energúmeno ególatra en casa y muy posiblemente tendrá éxito con las Águilas.

Hablemos de sus virtudes, antes de que, insisto, sus esqueletos rompan las puertas del armario y salgan a danzar con el hedor de los fracasos.

La Volpe es un tipo que trabaja arduamente en cancha. Recuerdo haber cubierto prácticas de Atlante y Atlas que se prolongaron por más de tres horas. La adicción a las repeticiones como forma de perfeccionamiento es una obsesión saludable en su caso.

"No lo hagas hasta que te salga bien, hazlo hasta que ya no te equivoques nunca", era su prédica. Y funcionaba.

No sólo es brillante estratega, sino también un técnico de soluciones personales, además de la habilidad para improvisar sobre el flujo del partido, algo que, queda claro, en América no ha habido con las obtusas o miopes formas de ver cada partido en desarrollo, por parte de Mohamed, Matosas, y claro, Ambriz.

Lo que hizo con José Saturnino Cardozo, inventándole una posición impensable, fue una obra de arte de estrategia pura.

En esa personalidad intolerante, psicótica, atosigante, es también capaz de apadrinar al jugador, pero no más de dos o tres veces. Después, lo desecha, lo margina. Perdona el error, pero no la estupidez.

Habida cuenta de esa suma de cualidades, el mejor enemigo o el peor amigo de La Volpe es el mismo. Con ladina facilidad, en un par de buenos resultados, con un par de elogios desmedidos y entonces el narciso déspota que habita en él, se explaya erosionando el entorno. Doctor Jekyll y Míster Hyde.

Y claro, debemos consignar la realidad productiva de La Volpe, porque, como escribió Simmel, "no sólo de caviar vive el hombre". Los esqueletos de sus estadísticas tiene voz y voto. Lo describió estupendamente Guillermo del Toro: "Los números son lo más cercano a la escritura de Dios".

En casi 34 años de carrera, La Volpe sólo ha ganado oficialmente un título, con ese Atlante. Cierto, él armó al Toluca poderoso, con un Cardozo implacable. Debió irse a la selección mexicana, pero, indebidamente, él dio la charla previa a la Final del Apertura 2002, con Alberto Jorge en el banquillo.

Pero, ¿cuántos años de fracaso suma La Volpe?

1.- ¿Catorce si reconocemos el título con Toluca?

2.- ¿Trece si recordamos la Final de la Copa Oro en el Estadio Azteca ante un Brasil B?

3.- ¿U once si nos apegamos a la empalagosa referencia de la Copa Confederaciones de 2005?

4.- ¿O diez años de fracasos para quienes se conforman que después de la peor fase de grupos en un Mundial, deslumbra el Tri ante una Argentina que fue eliminada después por una misérrima versión del anfitrión alemán?

Porque lo de La Volpe en Boca, Banfield, Vélez y Monterrey fue de terror, sin olvidar el desdén traicionero a Costa Rica.

Para este proyecto ante América, si La Volpe lo acepta, tendrá un gran aliado: Ricardo Peláez. A final de cuentas, los dos se juegan su futuro.

Habrá éxito si en medio de esa disputa inevitable por el control del vestuario, hay entendimiento y concordancia, entre un directivo habituado a irrumpir, y un intransigente entrenador.

Hoy el problema del América no es de capacidad futbolística en su plantel, sino de discapacidad espiritual y hormonal.

Con La Volpe llega un entrenador que va a darle motivos de alegría al futbolista en la cancha, a cambio de horas de agobio y de sacrificio entre semana.

Pero, el argentino lo sabe. Llega a Coapa, que en lengua náhuatl significa "lugar de culebras" o "nido de culebras". La Volpe sabrá si toma la flauta y las emboba, las encanta, o se convierte n una de ellas.

Por lo pronto, va ante Paco Palencia. El DT de Pumas fue quien más lo criticó, hasta burlarse incluso, por los premundialistas rituales cabalísticos y esotéricos con la mentalista Cathy, pero fue también quien lo llevó a Chivas.

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LOS ÁNGELES -- Con aliento que reflejaba que había tomado una sobredosis de medicina homeopática, de esos chochitos sumergidos en alcohol, Fidel Kuri salta como protagonista perverso nuevamente.

Suspendido de cualquier actividad oficial ligada al futbol y despreciado hasta por sus propios correligionarios partidistas, el dueño del Veracruz se infiltró de nuevo en las zonas restringidas de un estadio de futbol. Ocurrió en el Cuauhtémoc de Puebla. Polizonte VIP.

Intruso, toda vez que estaba violando una sentencia de la FMF, Kuri Grajales armó de nuevo un espectáculo de intimidación, acoso y amenazas sobre un reportero. Claro, lo rodeaban sus guaruras.

Lo asegura Alberto Cortez en su poema El Vino: "Porque entre el matón y el cobarde sólo media la resaca".

Incluso le dijo que lo esperaba en Veracruz. Hasta el momento, bajo el gobierno de Javier Duarte, compadre de Kuri, han sido asesinados a 19 periodistas por denuncias hechas públicas contra el ejecutivo estatal.

Incluso, Duarte amañó con una trampa legal, hace apenas unas semanas, un fallo contra Kuri Grajales, que inicialmente había favorecido a un grupo de extrabajadores por despido injustificado.

¿Invitar a ese reportero a Veracruz, en ese feudo sangriento para el periodismo, implicaba algo más que el reto formal al comunicador? Eso sólo lo sabe el propietario del Veracruz, un hombre de sólidas convicciones políticas, tanto que ha brincado de curules priistas a panistas y viceversa. Polizonte de sufragios.

Kuri ya fue protagonista de una agresión alevosa contra Edgardo Codesal. A su juicio, entre los vapores alcoholizados, seguramente por una dosis necesaria de remedios homeopáticos, lo confrontó a traición, con los agravantes de premeditación, alevosía y ventaja.

El problema de su reincidencia no es sólo el acopio de posibles trastornos que puedan posesionarse de su mente, sino que además, Kuri ha recibido la bendición del gremio futbolístico, más allá de que la Comisión Disciplinaria ha prometido repasar este hecho reciente ocurrido el martes al término del juego en el que Puebla venció al Veracruz.

1. COBARDÍA COMPARTIDA...

Cuando fue agredido en el Estadio Luis Pirata Fuente, Edgardo Codesal debió proceder penalmente contra Fidel Kuri, con las pruebas de video que lo habrían respaldado plenamente.

Pero Codesal no se atrevió. O mejor dicho, Decio de María le prohibió que llevara su indignación a un juzgado. La víctima rindió homenaje al victimario.

El resultado de este solapamiento de Decio, con la sumisión de Codesal, le dejó en claro a Kuri que gozaba de impunidad y de inmunidad. Truhán VIP, por investidura de la FMF.

2. ABANDONO ABSOLUTO...

Con un Código de Ética que nadie respeta y acaso sólo se usa para castigar levemente a los débiles, el futbol mexicano no se atrevió a proceder contra un quiste evidente en un balompié.

Claro, cómo se rebelarían las otras 17 células cancerosas contra un nuevo vecino de su bochornosa comunidad perniciosa. Todos para uno y uno para todos.

Y claro, la Comisión de Arbitraje, por supuesto, ni siquiera levantó la vista en esa procesión perenne de esclavitud en le que vegeta ante los caprichos de los jerarcas del futbol.

3. LOS 17 CÓMPLICES...

¿Qué hacía Fidel Kuri Grajales en las entrañas del Estadio Cuauhtémoc? ¿Quién le permitió ingresar al estadio con privilegios? y ¿qué directivo del Puebla solapó y prohijó que el dueño de los Tiburones se metiera con sus rémoras, de cinturas abultadas y fajadas al cinto?

Tan culpable es Kuri como quien dio la venia, esa complicidad silenciosa y cobarde para permitir que llegara hasta donde llegó. Por lo tanto, el Puebla también es culpable, porque se pone quisquilloso con reporteros, pero no con usurpadores.

¿Y en cuántos estadios del futbol mexicano ha sido visto Fidel Kuri? El que se le permita entrar a los palcos de los visitantes o al palco de honor de cada escenario es un acto de desacato contra la propia FMF.

Y, por supuesto, del palco al vestidor siempre ha tenido acceso libre, no sólo en otros estadios, sino, obviamente, también en el suyo, en el que supuestamente, también debe ejercerse ese castigo.

Queda claro que así se opera en el futbol mexicano: la Justicia es ciega, pero la injusticia es de los ciegos, en este caso, de los otros 17 ciegos y su respectivo tuerto, Decio de María.

¿Cuál debe ser la resolución de la Comisión Disciplinaria? Muy simple: más allá de vetar de por vida a Kuri Grajales, advertir que al presidente de cualquier equipo que permita el acceso a su estadio con condiciones de privilegio se le debe suspender por un año.

Eso sería lo ideal, pero en un futbol como el mexicano donde aún busco un propietario de equipo que arroje la primera piedra, porque esté limpio de culpa, es prácticamente imposible que se atrevan a tanto. Porque el que entre lobos anda, a aullar se enseña.

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LOS ÁNGELES --El aspecto de espectro de Matías Almeyda era la síntesis perfecta. Así murió Chivas. 0-1 ante Tigres. Murió jugando al 'muertito'. El espejismo del Clásico.

Impávido. Estupefacto. Patidifuso. Turulato. Su conferencia de prensa era obsoleta. Almeyda denunciaba que Chivas había muerto de nada. La desesperación lo paralizó.

Y el rictus en la máscara penosamente apenada de Almeyda, se matizaban la impotencia, la esterilidad futbolística de su Rebaño y, claro, las suyas también. El pastor guió al Rebaño a un estado de catalepsia.

Tigres le pasó por encima. Como lo hizo Toluca unos días antes. Este martes, unos primeros minutos, de un primer tiempo, permitieron a Chivas ilusionar a su afición. Atención, disciplina, devoción, vértigo, concentración.

Amo y señor de su estadio, Chivas insinuaba que podía pasar por las armas de manera ominosa la parsimoniosa actitud de Tigres. Fue un espejismo. Acaso un par de sustos al 'Patón' Guzmán. Golondrinas sin verano.

Incluso en el escueto horizonte de la TV, podía apreciarse la fascinante pasión y el gallardo compromiso de los rojiblancos. Uno conducía, dos desbordaban y uno se ofrecía de relevo, mientras por el costado opuesto había movilidad.

Sí, un primer tiempo en que Chivas sobrepoblaba la cancha con la continua movilidad, para despojar y responder. Embeleso de Cenicienta: la medianoche llegó en el medio tiempo.

Más allá, claro, de que en el cierre del primer tiempo, Tigres empezó a hacerse más compacto, adelantando sus líneas, pero regresando el balón hacia atrás, para hacer más congestionada y compacta la zona de disputa de balón, y de esa manera confundió a los jugadores de Chivas... y a su entrenador.

En el segundo tiempo, Chivas dejó de ser y de parecer el amo del vecindario. Le hurtaron la pelota, le impusieron el ritmo y lo mantuvieron bajo confusión. En la cancha y en la banca.

Almeyda nunca supo reaccionar. Hizo cambios por impulsos. Por hábito, pero sin encontrarles una ruta de solución.

Lo más dañino de Chivas eran las jugadas a balón parado, pero no por su creatividad e impronta, sino porque debieron provocar migraña en los jugadores de Tigres, quienes ganaban todo por arriba.

El mismo 'Pelado' se engañó: todavía hoy no se ha dado cuenta, seguramente, que Alan Pulido se fundió en el partido desde el primer tiempo. Quiso ser el héroe vengador de los insultos del 'Tuca' Ferretti y del ingeniero Rodríguez. Al final, pretendiendo abofetearlos, terminó dándoles la razón. De víctima a villano.

Hoy, en este momento, Pulido dio muestras de lo que NO está hecho. En una exhibición de desafío absoluto para él, para consagrarse y vengarse, demostró que no está ni a la altura de sus propios retos y exigencias personales. Su autoestima no sale a la cancha.

Con un golazo de Sosa, Tigres sabía que el partido era suyo. Manipulando esa ventaja, Ferretti hizo más sólidas y cortas en distancias y en recorridos sus dos líneas, y les dio la bendición del latigazo en un contragolpe a sus atacantes.

Y aún más obtuso, cegado, confundido, Chivas parecía que tenía en el pizarrón del 'Tuca' el Teorema de Wiles. Y evidentemente Almeyda pareció, al menos ante Tigres y ante Toluca, que la tabla de sumar del uno ya le es indigesta.

Sin soslayar el anodino, práctico, ordenado, puntilloso y efectivo futbol de los Tigres con Ferretti, Chivas debe lamentar que, por segundo partido consecutivo, su mejor consejera es la que sólo puede ser la peor consejera: la desesperación.

Por eso, el Guadalajara terminó muriéndose de nada. Con la daga hundida en el pecho, no buscó auxilio, sino sólo someterse a la eutanasia del 0-1 para no sucumbir con cifras del ridículo.

Por eso, ese elegante, trajeado, melenudo y ojeroso símil del Pensador de Rodin, que parecía Almeyda en una de las tomas finales del partido, es la reflexión perfectamente perfeccionada de lo que fue el juego: Chivas se murió resignado, sin capacidad de respuesta y sin capacidad para responder; la primera, responsabilidad del técnico y la segunda, culpa del analfabetismo táctico de sus propios jugadores.

Y así fenece Chivas. Como ante Toluca: como un convidado de piedra para jugar al muertito en su propia muerte.

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LOS ÁNGELES -- Evoco a Sabina: "Y cómo huir cuando no quedan islas para naufragar...".

América se encuentra así. A pique. Y sin más islas para naufragar.

Año del Centenario. El año de la glorificación se ha convertido en el año de la condenación. El rey de las utopías se queda sin reino. Hoy es bufón de los bufones.

Año del Centenario. Y había tantas larvas con fantasías dentro, pero que sólo engendran pesadillas. Los gusanos se devoran entre sí. Canibalismo del fracaso.

Ultrajado en su propio castillo de naipes, el América pierde cada batalla empecinado en perder la guerra. El sábado, el León sacó las garras e hizo garras al fastuoso homenajeado.

Y se acerca el 12 de octubre. Y el festejado vive en el abandono. El rey de reyes se viste en el leprosario del fracaso. Hasta sus títulos de Concachampions son baratija telenovelera en la bisutería de Televisa.

La derrota ante Chivas hiede más que los vapores conformistas de remontar ante Cruz Azul. Las heridas sobreviven a cualquier sonrisa forzada.

Y en la mordaz crueldad del abuso, el León llega con un certificado de defunción: el cumpleaños es ineludible, pero el cumpleañero ha muerto en la víspera.

Año del Centenario. Y convoco a García Márquez: "Cuídate el corazón Aureliano (...) Te estás pudriendo vivo". Sí. América se pudre en vida.

Un técnico que no descifra al adversario. Nacho Ambriz, en los últimos días, llena sus plegarias más de disculpas y súplicas, que de instrucciones, órdenes, estrategia, arenga. Su voz se debilita. Ya no hay autoridad en ella, sino un discurso compungido.

A Nacho Ambriz le han hurtado el vestidor. El autoritarismo de Ricardo Peláez encendió la revuelta. Le quitó a su entrenador la cruz, el silbato y la cachucha. Y le ató con el sedal del titiritero. "Baila, Nacho, yo tarareo", seguro le dijo.

Los jugadores fueron disculpados para la anarquía. Y la ejercen. El cinismo se vuelve un acto de renuncia. Hacen de la traición un homenaje. Y corren menos, luchan menos, sufren menos, sudan menos, pero cobran más.

De la abnegación y la autoconsolación ante Chivas, despertaron ante Cruz Azul, que fiel a su linaje veinteañero de víctima, se inmoló por cobardía. León fue un poco más serio. Se decidió a jugar futbol ante tipos que reaccionaban siempre tarde, que contemplaban sin actuar, y les hizo un 2-0, en el propio Nido marchito, que es un marcador de clemencia ante su prostituida víctima.

¿Ganar la Liga? ¿Ganar la Copa? ¿Ganar el Mundial de Clubes? En el Año del Centenario, el América escucha los responsos enredados en el humo espeso de los cirios. El pastel del 12 de octubre será una obra de arte: ¿quién dará la primera mordida al ataúd?

"Y cómo huir cuando no quedan islas para naufragar...". Porque a las Águilas del América se le agotan las excusas. Se le agotan los motivos. Se le agotan los penitentes.

Cierto que las estadísticas aún avivan la flama escuálida y bulímica de esas cien velas. La Liguilla no es inalcanzable, y como saludable y ridículamente dijo Ambriz: "seguimos con vida en la Copa MX". ¿Y...?

El problema es la cancha. Una radiografía cruel. Un equipo desarticulado. El orden y la coherencia de otros tiempos juegan a los dados con Alzheimer. La amnesia, sin embargo, parece voluntaria.

Sambueza se amotina y es capitán de su fracaso. Oswaldito corre con la misma sabiduría que un perro cazando llantas en movimiento. Y su defensa se condena, indultando hasta a los más tullidos delanteros.

Y la desvergüenza habla. Un discurso común y populachero en El Nido. Guión de telenovela, al fin. El sello de la casa.

Todos, desde el traje Boss de Peláez y De Luisa, pasando por desertores de futbolistas, hasta llegar al harapiento costurero de Ambriz, el último en esta cadena antropofágica del autocanibalismo, recitan las mismas promesas de trabajo, de resurrección, de cambio, de redención. Entre ellos, se perdonan todos sus pecados.

La afición tiene meses que ha montado el patíbulo. En el zócalo imaginario de Coapa, sólo esperan el pescuezo de Ambriz. Declaran inocentes a los 23 culpables. Ambriz al menos no ha traicionado. La incompetencia no es un acto de insurgencia. Lo de los otros 23, sí...

En las penumbras, aferrado a cuatro títulos y poca continuidad de sus técnicos, Ricardo Peláez contempla sus errores. Sus Frankensteins desfilan ante sus ojos. Se siente a salvo. En el Teatro Guiñol, la marioneta muere antes que la mano.

De inmediato se viene un Necaxa en urgencias, y unos Pumas que salivan de antemano la visión americanista del mequetrefe. Ambos ven a ése, el que se pudre en vida.

A través de Juan Rulfo, en El Llano en Llamas, se identifica el América: "Es algo difícil crecer sabiendo que la cosa de donde podemos agarrarnos para enraizar, está muerta".

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LOS ÁNGELES -- Exiliados. Condicionados. Rebeldes. Subversivos. Insolentes. Selectivos. Ellos, los tres alegres compadres levantan la mano para regresar a un Tri, que naufraga con lastres de escepticismo y pesimismo, tras las actuaciones desilusionantemente azarosas ante Venezuela, Jamaica, Chile, El Salvador y Honduras.

Giovani dos Santos, con hechos y palabras, cierto en la MLS, pero ha proclamado que quiere regresar a la selección mexicana. El mensaje es directo a Juan Carlos Osorio. Su relación genuina es con el colombiano. Con él consensuaron una pausa, entre ellos deben concertar un regreso.

Carlos Vela, en esa incierta, vacilante, poco seria y socarrona forma de conducirse, ha dicho también que quiere regresar con el Tri, más allá de que en su club le han cuestionado su compromiso y devoción hacia el futbol y hacia la misma Real Sociedad.

Y Jonathan dos Santos, recibe con un trino de Twitter, el empujoncito de su hermano Gio, al pedir que se valore en el futbol mexicano, especialmente al jubiloso y generoso amparo del magnífico gol que marcó con el Villarreal en la Liga de Europa, además de su quehacer en la cancha.

Carlos Vela, Giovani dos SantosImago7

Carlos Vela y Giovani dos Santos quieren otra oportunidad en el Tri.

Socios de verano, bohemios de oficio, y dos de ellos artesanos del México campeón en el Sub 17 de Perú, saltan con la mano en alto, en el momento más inoportuno, pero, también en el momento más oportuno... ¿u oportunista?

Han jugueteado Gio y Vela con ese desdén para jugar por el Tri, mientras que, irónicamente, Jonathan ha sido más víctima de maltratos penosos por parte de los diferentes dictadorcillos en los escritorios de las selecciones mexicanas.

Que agiten banderas Gio y Vela para llamar la atención y quieran subir al buque guardacostas, especialista en naufragios, a labores de rescate, ha sido interpretado de diferentes maneras, en estos tiempos, en que los sudores de histeria invaden a los mercenarios que administran al Tri en su ruta al Hexagonal Final, Copa Confederaciones, y, posiblemente a la Copa del Mundo de Rusia.

¿Son advenedizos los tres? ¿Son oportunistas? ¿O son solidarios? ¿O Gio y Vela, agregando a las filas a Jonathan, entienden que es el momento de sumarse a la famélica legión de los que sufren por las grises actuaciones en los últimos cinco juegos de México?

El momento parece poco adecuado. Hoy, cuando en el paredón les castañean las rodillas y los dientes a jugadores -especialmente los "europeos"--, cuerpo técnico y directivos, parecería que los tres ejercen de trepadores, de aves de rapiña, que hurgan entre los escombros.

No falta quienes interpreten estas manifestaciones de Gio, Vela y la invitación a Jonathan, como un acto malicioso, para exonerarse a sí mismos y condenar al resto, y claro, obsequiosamente, postularse como los mesías.

Creo todo lo contrario. Preferiría creer que Gio, Vela y Jonathan, entienden que más allá de los fariseos directivos, de los centaveros federativos, es urgente la solidaridad hacia el Tri, para una travesía mundialista que entra a un pantano de misterio y suspenso en la fase tortuosa del Hexagonal Final.

Además, levantar la mano en estos instantes, lejos de investirlos como salvadores o redentores, los coloca en una tesitura compleja: quedan obligados a ser factor de solución y cambio. Y de no serlo, podrían terminar como patéticos mártires.

Creo, preferiría creer, en el caso de los dos referidos y del hermano que agregan como parte de la cruzada, que es un genuino acto de madurez, y de que finalmente, entendieron que a los momentos de bonanza financiera, como futbolistas, deben agregarle, ya, la consumación de sus obligaciones de jugadores profesionales.

Gio se refugió en la MLS y seguramente ha percibido que es una Liga que está por debajo de sus virtudes, y más allá de si piensa regresar o no a Europa, algo cada vez más complicado, parece haber entendido que asistir a un Mundial no es lo mismo que competir en un Mundial.

Hoy, Dos Santos y Vela, lo saben, han asistido a copas del mundo, pero no han competido, y menos aún claro, han sido protagonistas memorables, ni siquiera para su terruño.

Estarán ambos en el montón que dirán que no fueron del montón de los que se quedaron sin ir a un mundial, pero sólo serán parte del apéndice, del discreto y sobrepoblado índice, más que convertirse en protagonistas de la historia.

Tal vez, y sólo tal vez, con riesgo de pecar de inocente e ingenuo, creo que Gio y Vela quieren dejar de ser de ese montón de ya meritos sin méritos del futbol mexicano, para que su nombre, al menos en los salones de la Conkakafkiana zona, alguien ponga su nombre en letras de bronce y no en la fosa común de la intrascendencia.

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LOS ÁNGELES -- Fue el turno de Monterrey. Está fuera de la Concachampions. Y hay una catarata de lamentos, oprobios, llantos, sublevaciones y reclamos de justicia, pidiendo hasta el suplicio turco para el 'Turco' Mohamed. Las plañideras se desgarran las vestiduras ajenas.

Un club panameño con nombre de mercería en el corazón de Tepito, el Árabe Unido, decían los arrogantes después del sorteo y antes de los juegos, consumó la obra. De manera absolutamente intachable, el club canalero asentó su harem y convirtió en sus eunucos a los jugadores y al cuerpo técnico de Rayados.

Sin decoro, cimitarra en mano, Árabe Unido castró con arrojo de tuaregs a los timoratos jugadores de Rayados, quienes con coraje de ninfas fueron asaltados a doble tanda por los panameños. A los regios, los abrieron en canal.

Luis Miguel Salvador ha sido tajante. En charla con Raza Deportiva de ESPNDeportes, el aún presidente de Rayados, embistió e invistió con epítetos y sin tapujos a su equipo.

Desde "bochornoso", hasta "vergonzoso", "lamentable" e "inaceptable", el dirigente de Monterrey advirtió que la pobre temporada en la Liga y este traspié en el Conkakafkiano territorio -como lo bautizó hace décadas Guillermo Chao- obligaría a medidas extraordinarias.

Detuvo cualquier versión que pusiera en peligro la continuidad de un Mohamed que ya muestra de nuevo sus dotes de vacacionista furtivo y fugaz, que le ocasionaron problemas en el América, pero Salvador salvó de la hoguera a su entrenador.

Evidentemente el registro innoble de la derrota se le endosa al futbol de México, porque ahí viven, ahí amamantan, ahí enriquecen y ahí minan a los autores morales y deportivos del fracaso, es decir, cuerpo técnico y jugadores.

No obstante, en tiempos de frivolidad con la regla 10/8, es necesario recordar a sus sesudos creadores que este fracaso de Monterrey es más endosable a un par de datos: dispone de 13 no nacidos en México y, en total, a Rayados le pertenecen las cartas de 17 no nacidos en México.

¿Pierde el futbol mexicano o pierde la torpeza de planeación del futbol mexicano? Hace unos meses apenas, Monterrey se dedicaba a cautivar en la Liga MX y hoy, en el indecoro, en la ignominia absoluta en el torneo y en la Concachampions, Luis Miguel Salvador ha prometido que el enfermo será atendido en tres frentes.

Salvador no se salva de la quema. Él asume. Y advierte que en lo personal confrontará a Mohamed. Y después confrontará con Mohamed a los líderes del equipo. Y enseguida, toda esa comitiva a su vez confrontará al plantel en pleno, tras, insisto, en la mejor analogía tomando en cuenta al verdugo, la castración a que fueron sometidos. Pasaron de futbolistas profesionales a eunucos amorales.

Más allá de que en Panamá el carnaval se estremezca al ritmo de la murga y alcance a cimbrar caderas de felicidad en Centroamérica, el principal jolgorio se vive en Monterrey. Mientras los Rayados tratan de taparse la cara con papel de china, los vecinos incómodos, los Tigres, encuentran la salitrosa alegría, el ácido desquite, para embarrarles de oprobio la cara a los fronterizos en desgracia. La hiel ajena es la miel propia.

Para colmo, ante la urgencia de lavarse el rostro percudido por esa pastosa mezcla de vergüenza y cinismo con la que deben estar todos en el Monterrey, deben medirse ante un heridísimo Querétaro y una leyenda entre los entrenadores de Rayados, Víctor Manuel Vucetich, de quien se dice incluso podría llegar a ocupar el puesto de Luis Miguel Salvador en enero.

¿Es tan grave lo de Rayados? Lo es más aún por su mal paso en el torneo, aunque ya hicimos referencia hace algunas semanas, de la desgracia absoluta que suele perseguir a los subcampeones.

Recordemos que el Chorrillo, también de Panamá, puso en vergüenza a Cruz Azul, y que los Chivos de Xelajú, remataron los sueños de las Chivas.

Y lo agrava más aún, el hecho de que el plantel de Monterrey era, al arranque del torneo, el más caro del futbol mexicano, con hasta 16 jugadores que han sido o son seleccionados nacionales de su país.

Por ejemplo con lo que le paga Monterrey a Edwin Cardona o a Dorlan Pabón o a Funes Mori anualmente, al Árabe Unido le alcanza hasta para alargarle las pestañas a sus ficticios camellos.

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LOS ÁNGELES -- Decio de María advierte que la Selección Mexicana saldrá del Estadio Azteca. La medida pretende ser una demostración de sabiduría, pero...

En declaraciones al diario Reforma, la explicación del presidente de la FMF es que los fastuosos legionarios europeos se ven afectados por las condiciones extremas que durante mucho tiempo hicieron del Azteca una fortaleza inexpugnable: altura y contaminación.

Selección Mexicana
MexsportLos jugadores mexicanos que militan en ligas de Europa están acostumbrados a jugar en escenarios a menor altura que en el Estadio Azteca.

1.- EFECTO BOOMERANG

Esa advertencia se las hizo hace tres años Jorge Luis Pinto dirigiendo a Costa Rica. Consideró poco inteligente esperar que los jugadores que militan en Europa se comportaran sin problemas bajo las condiciones exigentes del Estadio Azteca.

Los "europeos" acostumbran jugar en escenarios a menor altura e incluso a nivel del mar, y sin la dramática contaminación que fue aliada del Tri durante años. Pinto lo explicó, y 'Chepo' de la Torre lo desdeñó.

Entonces se habló en la Selección Mexicana de que la memoria biológica y fisiológica en los organismos de los jugadores, les permitiría readaptarse de inmediato a esas condiciones extremas. No fue así.

2.- LA BURRA NO ERA ARISCA...

La FMF ya recibió la advertencia de un veto inminente por el cortejo soez y homofóbico de los aficionados a los porteros visitantes, y la gota que derramó el vaso fue en la visita de Honduras, dentro de la eliminatoria.

Decio ya contempla que el primer partido del Hexagonal, ante Costa Rica, no pueda llevarse a cabo en el Estadio Azteca.

De esa manera, cuando llegue el castigo, podrá decir que ya estaba prevenido, y esperará los vítores estruendosos por su visión infalible para tomar soluciones antes de que llegue el problema.

Ojo: si la FMF se manifiesta contra semejante alarido, y dice solidarizarse con FIFA, es inevitable cuestionar a Decio cuándo se atreverá entonces a tomar decisiones drásticas dentro de la Liga MX, en la que semejante bramido se mantiene consistente.

¿O acaso la hipocresía es hacia FIFA? ¿O acaso la hipocresía es hacia la Liga MX? No debería, aunque es una constante en la FMF, tener una doble moral hacia un mismo tema, pero... es Decio.

3.- ¿LA SELECCIÓN A SUBASTA?

Hay antecedentes. Cuando un estadio del futbol mexicano ha decidido albergar un juego amistoso de la selección mexicana, no recibe pago alguno por renta del inmueble. Por el contrario, debe pagar, en negociaciones con Guillermo Lara, un millón de dólares por llevar al Tri bajo su cobijo.

Seguro, entonces, volverá esa práctica. El seleccionado de Juan Carlos Osorio volverá a ser subastado puntualmente entre aquellos clubes que decidan organizar partidos del Hexagonal Final de la Concacaf, aunque el acuerdo no incluirá publicidad estática, y mucho menos, pago de derecho de transmisión por televisión en México y EEUU.

Obvio, nadie pierde, todos ganan. A final de cuentas, el mismo Estadio Azteca ha dejado de ser ese circo romano al que los adversarios llegaban dispuestos al sacrificio. De hecho, se han consumado dos Aztecazos en juegos oficiales de eliminatoria, y uno más en juego amistoso frente a EE.UU.

4.- ABARATAR PRETEXTOS

Por otro lado, de repente, tratar de justificar el bajo rendimiento de la selección mexicana en los últimos encuentros, con semejantes explicaciones, es bastante pueril y vulgar.

El descenso en rendimiento de México, se alarga desde los juegos en la Copa América Centenario ante Venezuela, Jamaica, Chile, El Salvador y Honduras. ¿Cuántos de esos juegos fueron bajo condiciones inclementes de altura y contaminación?

Y acaso, los mismos futbolistas mexicanos no debieron confesar los síntomas evidentes y brutales, de ser tan devastador el efecto, de jugar un partido exigente, disminuidos físicamente.

Por otro lado, olvida Decio que no necesariamente las sedes en otras ciudades han sido el albergue perfecto para el Tri. Hay un par de detalles a repasar.

Seguramente con el precio de los boletos, terminarán acudiendo los aficionados oportunistas, los que nunca acuden al estadio, pero que ven una oportunidad inmejorables de fanfarronear en redes sociales, e incluso gran parte de los boletos terminan en manos de los patrocinadores del Tri.

El genuino fanático, tal vez se quede fuera del estadio, y sin olvidar, además, por ejemplo, que Guadalajara ha sido siempre una plaza crítica y exigente con la selección nacional, al grado que incluso, ya alguna vez terminaron abucheando al Tri.

Y una experiencia personal: cuando el Mundial de 1986, México terminó jugando, por una torpeza de logística de la FMF, ante Alemania en Monterrey, desde entonces considerada "la mejor afición en el país".

Al final, fue sorprendente ver cómo en los momentos de crisis del Tri, e incluso entre injusticias arbitrales, la afición terminó silenciosa, angustiada, pasmada y sin esa reacción que se esperaba de la que era "la mejor afición en México".

Y las inevitables preguntas para cerrar el tema.

1.- ¿Lo consultarían con Juan Carlos Osorio?

2.- ¿Recibieron el visto bueno del DT del Tri?

3.- ¿Ya ha sido al menos planteado ante la Yunta de Dueños, como llamó Sven-Goran Eriksson a la Juna de Propietarios de Equipos?

No, es la respuesta a las tres. Total el que decide sobre la selección nacional es una sola persona, y los demás, bajan la testuz y aceptan.

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LOS ÁNGELES -- América estaba muerto. Clínicamente muerto: 3-0 en el marcador. Y por sus venas colesterolizadas de pusilanimidad, corría ese atole pastoso y traidor de la abulia. Así se fueron al medio tiempo. Rictus de deshonra.

Los zopilotes revoloteaban sobre el Estadio Azul. Las hienas carcajeaban relamiendo la amarillenta dentadura. A la rapiña, le paladea a banquete la sangre negra de los suicidas. Y eso eran -o parecían ser--, los americanistas.

Ricardo Peláez irrumpió en el vestuario. La única manera de salvarse a sí mismo, era salvar a Ambriz. Y la única manera de salvar a Ambriz, era salvar al equipo, que aún supuraba la peste negra de la humillación ante el Clásico.

Lo hemos dicho: América se regodea masoquistamente con la deshonrosa y esclavizante doctrina de vivir bajo ultimátum. Las amenazas son el látigo que regocija a las bestias del autoflagelo. Y en El Nido hay muchos candidatos al arado.

Así, los jugadores salieron apercibidos. El cinismo ostentoso pierde elegancia y gracia, cuando se le desnuda. Y los jugadores habían sido desnudados. En la cancha y en la Santa Inquisición del vestuario.

Pero en el terreno de juego habría más. Estaba el mejor patiño de las heroicidades del americanismo: el Cruz Azul. Estaba la meretriz favorita, capaz de prostituirse en su servilismo por el placer del América: el Cruz Azul.

Y surgió un espontáneo. Que como todos los espontáneos, terminan siendo los bufones patéticos de la desgracia propia y la comedia ajena: Aldo Leao Ramírez. Ando Lelo, le llamaron en redes sociales. Y seguramente fue así: el colombiano mete un pisotón más torpe que alevoso, más patarato que sucio, y más sospechoso que genuino. Que auditen la alcancía de su conciencia.

Con diez, un técnico cuya enciclopedia no tiene un anexo para saber improvisar en la cancha, saca el espíritu aventurero de la ignorancia. Y se amontona, sin saber defenderse. Se acurruca, sin pertrecharse. Tomás Boy le puso la otra mejilla al muerto desesperado por vivir. Todo un samaritano.

El contragolpe o el contrataque, son artes que no todos aprenden en la universidad del empirismo. Boy no entró a esas aulas. Estaba demasiado ocupado de bravucón. Se resignó a su suerte y encomendó sus rezos a la fragilidad del 3-0.

Y Cruz Azul empezó a cruzazulearla. Y Tomás Boy a... ser Tomás Boy. En el futbol mexicano, cruzazulear es claudicar, conformarse abnegadamente a la desgracia como fruto genealógico del fracaso. Y Cruz Azul siempre se cruzazulea por el América.

Y hasta el analfabetismo táctico Nacho Ambriz pudo leer como erudito que la plaza había sido entregada. Su rival, no construía un muro, lo derruía. Y sí, ¡hasta Ambriz supo que el patiño histórico del América, la cortesana histórica de El Nido, se ofrendaba para la proeza!

Y ocurrió, claro. América no fue brillante. Estuvo lejos de serlo. Fue perseverante, eso sí, seguramente por los rejones de fuego en las amenazas del medio tiempo. Sambueza se cuidó menos el pedicure, mientras los dos Aguilar recordaron que han sido señalados como saboteadores de otros técnicos... y sumando.

Y ser perseverante ante un equipo que con el 3-0 dejó de perseverar, es un abuso. Más aún cuando ese equipo tiene 19 años ofendiendo, renegando, irrespetando la alcurnia de otros tiempos, cuando despertaba respeto. Los abuelos han muerto 19 veces.

Goles de Peralta, Aguilar y Romero (2) revocaron y revolcaron el trámite. El muerto resucitó gracias a los dóciles, timoratos y bobalicones, que asumieron el discurso de Tomás Boy, como un acto de deserción.

Y sí: Cruz Azul desertó. Desde el 3-0 empezó a dudar de sí mismo. Y Aldo Leao fue el primero. Le siguieron los demás.

Y súbitamente, cuando al medio tiempo, Nacho Ambriz pedía al embalsamador que lo dejara guapo para su propio velorio, al final del partido, aprovechó el maquillaje para tomarse selfies para el museo de los que sobreviven inmerecidamente por un milagro.

Mientras al afición americanista lo quiere fuera, a Ambriz, lo defienden las aficiones de los otros 17 rivales de El Nido. Es el Caballo de Troya de otros.

Por otro lado, Tomás Boy, quien merodeaba buscando las cámaras de TV, para inflamar el pecho, levantar la quijada, y sonreír con una fatuidad narcisista al medio tiempo, al final del partido, se fue a dormir con el celular apagado. "Si va a despedirme, deje su mensaje, luego le devuelvo la llamada", dicen que sonaba la contestadora. Carlos Hurtado, desde Miami, ya busca entre sus esqueletos.

Boy lo sabe: entre el 3-0 y el 3-4, no hay que hurgar demasiado para encontrar al chivo expiatorio. Encima llegó a los manoteos con dos de sus jugadores. Su vestidor está en llamas, muy al estilo de este Jefe, sin jefatura.

Al final, este 3-4, le hace poco bien al América. El marcador y la epopeya del segundo tiempo, sin revisar el escenario completo, son una mentira bondadosa.

El acto sublime de amor que recibió el América, de inmolarse por él, que perpetró Cruz Azul, no esconde los horrores del primer tiempo.

El Nido está enfermo, pero, afortunadamente para él, los Cementeros tienen ya 19 años en el leprosario.

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Futbol, Cruz Azul, America

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LOS ÁNGELES -- México regresa a su obsesión fascinante por el suicidio. La miseria ajena hace más ricos a los ricos.

En su cíclico tobogán calamitoso, el Tri ha puesto a su técnico Juan Carlos Osorio más al filo de la guillotina que de la continuidad.

La psicóloga especializada en deporte Claudia Rivas coincide con la aseveración de este espacio desde el 7-0: "Osorio está solo". Yo la corrijo con los mismos términos que he usado desde el 8 de junio: Osorio no está solo, está abandonado.

La soledad es un estado natural. El alfa y el omega de la vida es así. Naces solo, mueres solo. Pero el abandono es un acto amoral que, generalmente, lleva un ejercicio descaradamente cínico de traición. La sutileza de Judas.

Osorio no está solo. Está abandonado. Por directivos y, lo más grave, por los jugadores. Seguramente él es responsable de ello, pero seguramente no es el culpable absoluto de ello. La tragedia no es un monólogo.

Parafraseando al paisano de Osorio, el Coronel del Tri no tiene quién le escriba. Y bien podría él expresarse con furia, citando la genial, dramática, lapidaria, descriptiva y última palabra de esa obra de García Márquez, un epílogo cáusticamente escatológico: "Mierda".

Enrique Meza, quien fue exiliado del Tri, porque, como hoy, los supuestos cracks de los que disponía entonces renunciaron a correr, a pelear, a dignificarse y, lo peor, llegaron a traicionar su pasión: dejaron de jugar al futbol con devoción y disfrute.

Y Meza, uno de los técnicos más exitosos de México, salió estercolado del Tri. Hoy subraya, tardíamente, que ya se sabe que el futbolista la rompe y se la rompe con su club, pero al llegar a la selección mexicana se recluye en la mediocridad. Las cortesanas tienen precio.

Tomás Boy, un cruzado que anhela desesperadamente llegar al Tri, coincide con un argumento de este espacio: las figuritas de barro, chapadas de porcelana europea, llevan dos procesos mundialistas dejando a México en estado catatónico. Pero son intocables.

¿Qué es preferible, reportarse con el Tri pero dejando las bolsitas de testosterona en la caja de caudales de sus intereses en Europa? O, al menos, tener el cinismo huidizo de Carlos Vela y Giovani dos Santos de decir "no, gracias, ahorita no" a la selección. Parecería que hay más sinceridad, solidaridad y honestidad, en estos.

Luego aparece Jorge Vergara, asegurando que el Tri estaría mejor con el 'Piojo'. Puede ser. Los peores momentos futbolísticos de Miguel Herrera con la selección son mejores que los de Osorio ante Venezuela, Jamaica, Chile, El Salvador y Honduras.

Pero se olvida Vergara que él postuló, abanderó y defendió a muerte a Sven-Goran Eriksson y al 'Chepo' de la Torre en dos procesos que empinaron al Tri al precipicio. ¿Puede alardear el dueño de Chivas sólo por haber ganado el Clásico al América?

Recordemos que aquellas metidas de pata de Vergara debieron componerlas con bomberazos de Javier Aguirre y el 'Piojo' Herrera, y que al presentar a éste el mismo Vergara tuvo que balbucear: "Me la tengo que tragar toda entera...". Puede, sin duda, volver a hacerlo. La vanidad tiene gula por lo ridículo.

¿Han abandonado los jugadores al Tri? Hagamos un ejercicio rápido de revisión. Saque Usted su termómetro para medir los extremos de falsedad y sinceridad.

Después del 7-0, los jugadores y el cuerpo técnico, claro, juraron y perjuraron que estaban dolidos, heridos, arrepentidos, lastimados, pesarosos, histéricos... y contritos, y que dejarían en la cancha su propio pellejo y su dignidad para lavar semejante afrenta.

Mientras Osorio se refugio en el monasterio de su dolor e indignación y buscó respuestas con Bielsa, Scolari y demás, los jugadores ventilaron el bronceado de su valemadrismo en Instagram.

¿De verdad la actitud de los jugadores ante El Salvador y Honduras estuvo de acuerdo a lo que habían juramentado? Que frágil y miserable es su palabra de honor.

Era evidente que para empezar a levantarse de las ruinas de ese 7-0, debieron aparecer jugadores con testosterona, con pasión, con disciplina, con rabia.

Si estaban tan humillados y vilipendiados por ese marcador ante Chile, había que esperar la metamorfosis de los pusilánimes a auténticos guerreros, genuinos espartanos, aventureros dispuestos a morir por matar, en la cancha, claro.

Rescatemos en ambos encuentros a Héctor Moreno. Agreguemos a Raúl Jiménez en uno y a Ángel Saldívar en el otro partido. ¿Y el resto? Y las capitanías morales de Andrés Guardado y por supuesto de un respetabilísimo Miguel Layún.

Quede claro: a estos apesadumbrados y apenados mártires del 7-0, de jugar ante Chile nuevamente, como lo hicieron ante El Salvador y Honduras, los andinos les repiten la dosis.

Había sostenido en este espacio que Osorio debió atreverse a enfrentar a El Salvador y Honduras, y los dos inmediatos amistosos ante Nueva Zelanda y Panamá, en octubre, con la base de la selección olímpica y escogiendo cuidadosamente a los veteranos.

Seguramente habría sido distinto y seguramente podría ser distinto en esos dos amistosos que vienen.

Los europeos, los que suman dos procesos mundialistas dejando a la selección en estado de coma, parecerían de esos personajes a los que hace referencia Alberto Cortez: "Hablan el lenguaje de los cuervos y no les importa nada, más que su vientre y su sexo...".

Y hoy, expuesto al juicio público, coincido y corrijo con la psicóloga Claudia Rivas: Osorio está solo, pero más que solo, está abandonado, ha sido abandonado...

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CIUDAD DE MÉXICO -- Equivale a sacarte la rifa del tigre. Como cazar tiburones con un cortauñas. Así de afortunado. El puesto de técnico de la Selección Mexicana debe ser el trabajo más volátil, pero el mejor pagado del mundo.

Y Juan Carlos Osorio, ya sabe, tras la ignominia del 7-0, marcador que se niega a vocalizar, tal vez como un ritual metafísico de sanación, donde vino a meterse.

(Alguna vez, en una de esas charlas privadas, le advertí: "Profe, cuidado, los mexicanos estamos hechos de sustancia distinta a la de todos los demás. Creo que hasta los zoólogos deberían prestarnos atención". Él se carcajeó, escéptico, incrédulo, condescendiente. "Tranquilo", me dijo.)

El técnico de la Selección Mexicana, cualquiera, debería de firmar dos contratos el mismo día. Ineludible e inevitablemente.

1.- Uno donde acepte la misión imposible de satisfacer los caprichos y las ilusiones de 130 millones de mexicanos, que saben, pero por supuesto, muchísimo más que él de futbol.

2.- Ese mismo convenio, donde asuma que debe dirigir a una selección mayor que no ha ganado nunca nada cotizado, respetable, para llevarla a la Dimensión Desconocida del Quinto Partido, y claro más allá, porque la FMF, vendedora de imposibles, garantiza títulos antes de jugarlos.

3.- Una cláusula más: que se comprometa a una metamorfosis absoluta: debe ser amigo, padre, compadre, mascota, domador, comadre, padrino, valet, maestro, paño de lágrimas, motivador, y tirano con cada uno de los jugadores mexicanos, incluyendo a aquellos a quienes los perfumes europeos los han vuelto, a algunos, más delicados. Monsieur, le moi...

4.- Y claro, cargar con el paquete completo de promotores, patrocinadores, directivos advenedizos, y además los familiares de todos ellos, y hasta las novias, esposas, parejas, y concubinas eventuales de todos ellos y de los jugadores.

5.- Y, pero, por supuesto, entonces sí, entrar a negociar audazmente por encima de los dos millones de dólares por año, y un finiquito total si hay rompimiento intempestivo de contrato. Claro, si es una federación de futbol que cotiza 650 millones de dólares en un ciclo mundialista y tiene 14 anunciantes en su país y 14 más, en su país vecino, que pague por semejante desgaste.

6.- Y el otro contrato. El de finiquito. El de renuncia-despido. Ese debe firmarlo en blanco. En todas las áreas, excepto en la cantidad, pero sabiendo que lo pueden hacer efectivo de inmediato. Y claro, guardar silencio y no quejarse.

Seamos claros: en un ámbito exótico, excéntrico, rocambolesco, extravagante como el del seleccionador mexicano, éste debe entender que ha empezado a ser despedido, un segundo después de haber sido contratado.

Insisto, ser técnico del Tri conecta la puerta de entrada con la de salida de manera inmediata.

Si no, recordemos que los dos anteriores procesos mundialistas necesitaron de cuatro entrenadores, y con México en estado de coma. Estaba más cerca de la autopsia que del Mundial.

Juan Carlos Osorio es el tercer técnico de este ciclo mundialista. Y ya ha dado síntomas de nerviosismo.

1.- En la conferencia de prensa previa a El Salvador, estaba más nervioso por demostrar que no estaba nervioso.

2.- Este lunes, aseguró que trabaja para el "próximo cuerpo técnico de la Selección Mexicana, porque va a ocurrir, porque es ley de vida".

3.- Además, dijo que con el 7-0 ante Chile, decayó "la confianza en mi trabajo, aunque no sé en qué porcentaje, pero estamos trabajando en el proceso de recuperarla".

4.- Durante el partido contra El Salvador, se manifestó, como tardía epifanía, un Osorio que nunca habían visto en Colombia, y menos aún en México. Manoteó, se desesperó, gritó, llamó la atención. Fue un mimo de la frustración y rabia, en esos momentos. Y se atrevió al sacrificio público de Torres Nilo, al sacarlo de la cancha, y ese día y este lunes, le clavó otra lanza en el costado al hacer énfasis que ese movimiento significó la modificación victoriosa ante los cuscatlecos.

5.- Este mismo lunes rompió sus cánones habituales. Siempre dedica a los entrenadores rivales una catarata de elogios. Este lunes ni siquiera quiso citar por su nombre a Jorge Luis Pinto, a quien le endilgó un equivalente a "ya sabemos de todo lo que es capaz", luego de pedir cambio de cuerpo arbitral. Se despojó del habitual frac de la elegancia.

Ojo. Insisto: Osorio tiene muchísimas virtudes. Trabajador, detallista, culto, educado, y por encima de todo estudioso profundo del futbol. Pero, algunas de esas virtudes no encajan en un medio grupalmente agreste como el vestidor del Tri.

Por ejemplo, para él, las rotaciones son un ejercicio de igualdad en un clan familiar. Si todos juegan, todos se sentirán parte de la travesía. Todos son hijos y ninguno es entenado.

Ya Guillermo Ochoa lo declaró a la cadena Fox: "Varios jugadores no están contentos ya con las rotaciones". Habló en tercera persona del plural, pero se adivinó que él estaba en el motín.

Me reservo el origen de esta cita. En una de esas reuniones que ha tenido el colombiano con Pep Guardiola, el catalán, le comentó ante un grupo de confidentes: "Tú (Osorio) puedes dirigir en cualquier balompié del mundo... ¡hazlo!".

Pero Osorio quería (quiere) ir a un Mundial. Y eligió a México. La decisión es sin duda acertada. Una federación multimillonaria; clubes con instalaciones envidiables, y jugadores con un prototipo atlético-técnico-competitivo ponderable, más allá de que se equivocó al hablar con ligereza de las fibras 1A y 2B.

Y tal vez aún no lo sabe Osorio, pero ese proceso de credibilidad hacia su trabajo, no lo borrará ni una victoria sobre Honduras, ni tal vez vencer a EE.UU. en Columbus, y acaso, si consigue pisar la Tierra Prometida del Quinto Partido, pero, incluso, ya ahí, este balompié mexicano que no ha ganado nada como adulto, seguramente le pedirá, entonces ser campeón del mundo.

Este lunes, Osorio quiso citar a Borges. Al final distorsionó el pensamiento, que originalmente explica que "hay derrotas que tienen más dignidad que la victoria", como para justificar que las derrotas, como el 7-0 ante Chile, "nos dejan muchas enseñanzas".

Una frase idealista, romántica, soñadora e inoportuna. Porque un 7-0 no puede ser digno por ninguno de los siete ángulos que se le vea.

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Ambriz y Peláez
Mexsport

LOS ÁNGELES -- Nacho Ambriz se queda en El Nido. Y se pone la soga al cuello, como si no supiera que su cuello ya está en la soga. Un pleonasmo de suicidio. Me mato si no me matan aunque ya esté muerto.

Nacho Ambriz elige su epitafio: "Morí con las manos vacías". O tal vez: "Me voy si no entrego títulos". La autopsia morbosa enunciará y anunciará: "Murió víctima de sus buenas intenciones". Esas son hojas secas que arden olvidadas.

El responso y el obituario lo escribirá Ricardo Peláez, padre de este engendro vilipendiado soez y fascinantemente por las Chivas. El 3-0 en el Azteca en el año del Centenario y ante un Rebaño que parecía más para la ordeña que para el arrastre lento. ¿Cabe derrota más ignominiosa?

Ambriz debe saberlo ya: se irá aún entregando títulos. Sin duda, Peláez es su mentor, su padrino, su protector... y su amo. No todas las fidelidades se pagan con croquetas. Pero ninguna correa vive más que la mascota.

Si Peláez despide a Ambriz, estaría confesando públicamente un error oculto. Y sabe que a la tercera puede ser la vencida. Echó a Mohamed antes de la Final en la que terminó campeón, y echó a Matosas con el abrazo de Judas.

¿Es culpa absoluta de Ambriz? No, también de Peláez. Ha convertido a los jugadores en figuritas de Lladró: intocables. Ante la cultura humilde del entrenador, Peláez ha cedido ante las insubordinaciones de los oligarcas.

Los jugadores, altaneros millonarios, han despedazado los códigos de autoridad y disciplina. Desobedecen a Ambriz, porque al que temen es a Peláez. Y el entrenador no se atreve a ejercer el principio absolutista de autoridad en casos desesperados: el autoritarismo.

En la conferencia de prensa de este martes, Ambriz depositó, de manera pizpireta, su cabeza en las garras volubles y traicioneras de sus jugadores. Incluso habla de "cariño y amistad".

"Es un riesgo dirigir a estos grandes equipos. Por dos jornadas en las que tengas tropiezos puedes quedar fuera, pero la verdad eso no me ha espantado, porque es cuando más creo en mi trabajo, cuando los jugadores más me demuestran ese cariño y esa amistad que nos tenemos", se engaña a sí mismo Ambriz. Que guarde su zapato para Navidad.

¿De verdad el entrenador se atreve a promulgarse como el bienamado de El Nido? ¿De verdad cree que la fechoría de inapetencia, de renuncia, de abandono de sus jugadores ante Chivas fue una manifestación pasional de amor?

Con semejantes apreciaciones, no se sabe si el cinismo es suyo o de los jugadores. O si ambos cohabitan en esa relación adúltera de infidelidades. Yo te miento para que tú mientas por mí.

Ambriz tiene virtudes como entrenador. Tal vez esa esclavitud salarial o laboral, es su peor enemiga. Vive sometido por el Síndrome del Salario del Miedo.

Porque esa nobleza, que en Tepito y barrios semejantes le llaman de manera distinta, lo hundió en Chivas, y después, su buen trabajo con Querétaro, se arruinó cuando le impusieron a Ronaldinho.

Parecería que en el América, ese vestidor de caprichosos farsantes, disfrutan viviendo bajo ultimátum. Cuando ha sobrevolado la amenaza drástica, ocurren los milagros de resurrección. Lo vimos, por ejemplo, en el juego de vuelta ante Pumas en la Semifinal del Apertura 2015.

Pero, por otro lado, la desfachatez es un sello en la promiscuidad deshonrosa de algunos jugadores. Desde su aparición nefasta en la Copa Mundial de Clubes, hasta la misérrima actuación ante Chivas.

Reitero lo citado en los anteriores escritos: no se puede demeritar que Chivas dio la exhibición del torneo, pero de manera gradual, degradándose, llegó el instante en que los jugadores no metían las manos...

1. Porque no querían, que es un acto de corrupción moral entre ellos.

2. Porque no podían, ante la pasión vertiginosa de Chivas, y el codicioso espíritu por la victoria.

3. Y porque no sabían, como reflejo de la incapacidad de respuesta en la banca, no sólo de manera táctica, sino también moral y espiritual.

Por eso, Nacho Ambriz renunció este martes al América, aceptando su sentencia de muerte. Inocentemente, se puso la soga al cuello, como si no supiera que su cuello ya está en la soga.

El epitafio es la última despedida del hombre, pero que siempre escriben los demás. Al menos Nacho ya eligió el suyo: "Me fui con las manos vacías".

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Futbol, México, America

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