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El gozo del Gonzo en la MLS

LOS ÁNGELES -- El nombre evoca, invoca, convoca. A ambos, al héroe y al villano. Sólo citarlo, y la memoria de la afición mexicana se desboca, indecisa, confundida, hacia los extremos. Gonzalo Pineda es trepado en un nicho o enviado al cadalso. Haremos ese recorrido.

Hoy, sin embargo, el nombre repercutirá de otra manera. El ex futbolista mexicano dirigirá al Atlanta United de la MLS. Su primer desafío formal en su liga adoptiva, con la gorra, el silbato… y la cruz.

Es un técnico mexicano educado en la MLS. No hay improvisación, ni es un experimento. La liga estadounidense puede acertar o equivocarse, pero no elegir al conjuro del mexicanísimo “a’i se va”, a un entrenador.

Gonzalo Pineda, como buen migrante, domina tres idiomas: el inglés, el español por supuesto, y claro, el albur, que a pesar de su rostro serio, y formalizado por los anteojos, no puede esconder la sangre ladina.

El Gonzo comienza el recorrido hacia una meta que debe estar al final de la parábola del arcoíris, encapsulada en la mítica olla de la fortuna. Quiere dirigir en Europa y a la Selección Mexicana. No hoy, no mañana. Ni demasiado pronto… ni demasiado tarde. “Vísteme despacio, que tengo prisa”, diría Napoleón Bonaparte.

Para Pineda no hay dobleces. Hacerse cargo de una franquicia poderosa como Atlanta United es el fin del principio de la siembra, y es el principio del fin de la cosecha. Sabe que la oportunidad de dirigir a un equipo así, no habría llegado tan intempestivamente en la Liga Mx. Habrían ensayado con alquimistas de la farsa llegados de Sudamérica.

Él mismo reveló a TUDN que en momentos de incertidumbre en Pumas, el año pasado, se habrían acercado a él, para sondear la posibilidad de firmarlo como entrenador. Pineda prefirió seguir en Seattle, por prioridades familiares y profesionales.

Para llegar ahí, a la silla eléctrica del Tri, o a los banquillos convulsionados de Europa, Gonzalo Pineda tiene el método infalible. “Prepararme, prepararme siempre. Aprender de cada experiencia, de otros entrenadores y de otros modelos de juego”, ha dicho en varias ocasiones.

En enero de 2017 se integró al cuerpo técnico del Seattle Sounders. Brian Schmetzer lo integró al cuerpo técnico. Su contrato fue renovado a principios de este año, especialmente ante el interés del D. C. United por contratarlo.

Es evidente que Gonzalo Pineda ha desarrollado un perfil apetecible para los equipos de la MLS. Para bien suyo y para mal de su propio proyecto, el mismo entrenador Schmetzer ha sido generoso al hablar de su asistente técnico.

Actualizado, competitivo, inteligente y hábil para desmenuzar al rival, habrían sido comentarios de la cabeza del Seattle Sounders sobre el mexicano.

De memorias sólidas y felices con Pumas, pero principalmente con Chivas, Gonzalo Pineda ha identificado a los entrenadores que fueron adoctrinando su propio librito de futbol. Destaca a dos, Ricardo La Volpe por su sapiencia estratégica, y a Enrique Meza, por el fortalecimiento de aspectos técnicos y tácticos, sin descartar el eventual aprendizaje con Sigi Schmidt en Seattle, y posteriormente con el mismo Schmetzer.

La afición mexicana, que ahora estará al pendiente de su evolución como entrenador, tiene dos vívidos momentos en torno a Gonzalo Pineda, en sus actuaciones como seleccionado mexicano. De ahí, esa referencia inicial, el haber compartido con él la tertulia del jolgorio, y el oscuro pasadizo de la frustración.

En la Copa Confederaciones Alemania 2005, México y Argentina empataron a uno en tiempo regular y prórroga. El árbitro italiano Roberto Rosetti había entregado licencias para matar a Gabriel Milito y a Fabricio Coloccini, a quienes había perdonado la roja. El Tri había sido superior, pero…

En tanda de penales, llegaron al quinto cobro. 4-4 el saldo. El turno era para Gonzalo Pineda. “Me habían preguntado antes Paco Ramírez y Jorge Campos si estaba preparado para entrar a la lista. No dudé nunca”, recuerda.

El Gonzo tomó la pelota. La acurrucó en el manchón. Había estudiado al portero argentino Germán Lux en los cuatro cobros anteriores. “Se lanzaba antes, siempre”, recuerda Pineda. Inquieto, más que atribulado, trataba de decidir si cobrar a la izquierda o a la derecha. De último momento, optó por la audacia, lo inesperado, lo intempestivo.

“Tomé distancia. Parecía eterno el camino. Puse cara de estar bajo presión. Y en ese momento decidí cobrarlo así, a lo Panenka, porque era lo que él menos esperaba de un tipo que parecía asustado. Ya lo había hecho muchas veces, era un gesto técnico que dominaba”, ha recordado varias veces.

La disección íntima que había hecho Pineda sobre el arquero, se cumplió. Toma distancia, como amagando un disparo potente. Un objeto y un sujeto en el aire, como suspendidos en el drama del éxito y el fracaso. El balón viaja flotadito, suavecito, girando apenas, aleteando como si la gravedad no existiera. Lux, mientras tanto, se anticipa y se lanza ferozmente a su izquierda, al vacío, al engaño, mientras de reojo ve como la jugada de tahúr, como el viaje bobalicón de una burbuja de jabón, entraba a su arco.

El Gonzo entonces se dispara hacia la media cancha, con el resto de sus compañeros, y voltea a ver fugazmente el gesto vencido de Lux. Había muchos motivos para saborear aquella acción cargada de sorna.

“La mayoría de los aficionados me recuerdan ese momento. En lo personal, me siento bien de haberles regalado ese momento. Después, lamentablemente perdimos (Ricardo Osorio falla el sexto cobro), pero creo que fue un gran torneo para México”, indica.

¿Qué le dijo el técnico Ricardo La Volpe? Nada. Guardaría el reproche cargado de elogios o los elogios con un dejo de reproche para un torneo posterior, la Copa Oro. En el vestuario, condecoró su atrevimiento tan fascinante como irresponsable. “Quiero ese carácter en todos”, puntualizó el argentino.

Pero, ni la afición ni La Volpe olvidan la otra cara de la moneda. Copa del Mundo Alemania 2006. 24 de junio. Leipzig, entonces, la ciudad más mexicana del país teutón. México sorprende a Argentina. Le roba el control del juego. 1-1 en tiempos de alargue.

Messi abre para Sorín por izquierda. El cambio de juego hasta el costado derecho. Ahí Maxi Rodríguez controla con el pecho y mete un zurdazo despiadado de volea, que vence a Oswaldo Sánchez. “Le pegue con la pierna del Diego (Maradona)”, diría después Maxi, un jugador derechísimo, que usaba la pierna izquierda sólo para no caerse.

La Volpe aún hace berrinche. “Sí, fue culpa de mi lateral. Fue un pase de 30 metros. Tenía tiempo”, relata aunque reconoce que nadie, ni el mismo Maxi, soñaba con pegarle de esa manera al balón con la pierna inútil.

Gonzalo Pineda también cabalga en las pesadillas de la memoria. “Siento que tal vez pude haber hecho algo más, pero no creo ser el culpable absoluto, sino que hay más mérito de Maxi. Yo lo había estudiado, su pierna izquierda era su pierna inhábil, pero sorprendió y lo hizo muy bien”, ha explicado en diferentes ocasiones.

Por lo pronto, lleno de vivencias, Gonzalo Pineda sube el primer peldaño. Es el nuevo director técnico del Atlanta United, anunciado oficialmente este jueves. Diego de la Torre, Rob Valentino y Liam Curram serán sus asistentes.

El Gonzo llega al United que Gerardo Martino, hoy técnico de la Selección Mexicana, hizo campeón, y que después, con poco éxito y mucho escándalo, fueron dirigiendo Frank de Boer y Gabriel Heinze.