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Un futbolista vestido de artista...

Y al final del día, “un genio”, que no se cansa de regalarnos pinceladas y pinceladas de futbol traducido en arte y una obra que parece superarse semana a semana. Lionel Messi volvió a la escena y lo hizo justo cuando aparecían, de nuevo, sus grandes detractores acusándole de lo que le han reprochado siempre: la ausencia de “calor" en sus venas y en su corazón en los momentos fundamentales del juego. Pero… ¿quién se atreve? ¿Quién se atreve a criticar a un futbolista que es capaz de provocar sensaciones tan sagradas y tan emocionales en el campo de juego? Puede que para mí sea el mejor de la historia y puede que para usted no. En eso podemos discernir, donde tenemos prohibido hurgar o dudar es en su capacidad innata para crear en el campo de juego. Un futbolista vestido de artista. Algún día lamentaremos haber perdido el tiempo en criticarlo en lugar de apreciar su obra.

LOS ANGELES, CA.- Puedo imaginarme lo que dirán de él dentro de 20, 30 o 50 años. Lo que no puedo entender es lo que algunos dicen de él hoy, cuando su talento, su destreza, su imaginación, su arte, alcanzan los decibles de un genio vestido de futbolista. Criticarlo parece ser más fácil que alabarlo o atesorarlo. Es casi una conducta natural del ser humano. Proteger los tiempos, mis tiempos, mis memorias, mis recuerdos porque yo lo que yo vi siempre será mejor de lo que vieron otros. “Lloro” por aquellos que están ante una obra de arte y no la entienden o no la aprecian…

Entiendo que vivimos tiempos de polarización. Que la presencia y la oportunidad de vivir más y aparentemente mejor comunicados nos da la oportunidad de pensar, de analizar y de comparar quizá o seguramente como no se hacia en otras épocas , pero también, el exceso de información nos conduce de pronto “a lagunas mentales”, a negaciones, a la incapacidad de tener el juicio apropiado para entender y aceptar lo que tenemos frente a nuestros ojos, y que existe, es real, no es producto de ninguna imaginación.

Lionel Messi volvió a tocar el cielo con las manos de su futbol . Y lo hizo justo en el momento en el que las voces de sus “depredadores” comenzaban a escucharse como uno de los artífices del aparente gran fracaso que supone la temporada para el Barcelona. Messi llevaba el timón del barco que navegaba y que al mismo tiempo se hundía en el ocaso de sus grandes épocas. Y justo cuando empezaban a escucharse las lapidarias frases que lo tachan de “timorato”, de “pecho frio”, de “ausente en los momentos fundamentales”, apareció otra vez, no sólo con la estadística (los imponentes 500 goles que ha hecho aún sin llegar a los 30 años de edad) también con su clase, innegable, portentosa, que aparece cuando el Barcelona más lo requiere y que es capaz de sentenciar un gran espectáculo con su firma final.

La comparación de épocas en el deporte y en la vida misma siempre ha sido un dolor de cabeza. Los “viejos” solemos cuidar celosamente nuestros días y a nuestros héroes. Di Stéfano, Pelé y Maradona son intocables. Y si hay duda en alguno de ellos, Cruyff, Platini, Beckenbauer o Zidane están listos para entrar en escena. Las nuevas generaciones, algunas de ellas, apresuradas, viviendo al ritmo que establecen los tiempos, creen que sólo ellos son capaces de apreciar la grandeza. Y entonces esto se transforma casi en un codicioso “juego” del tiempo y de los valores de cada tiempo.

Para mi, Lionel Messi es el mejor futbolista de todos los tiempos, pero podemos discernir en ello. Usted puede ser del Madrid y yo del Barcelona. Nos puede gustar el blanco, el rojo o el azul. Es parte de la vida y de la posibilidad que tenemos de verla de forma distinta. Lo que tenemos “prohibido” es dejar de apreciar lo que la naturaleza futbolística nos ha regalado: un artista en la cancha de juego, que es capaz de “pintar” su historia mejor y aún mejor semana a semana. Una autentica obra de arte firmada por “el genio”.

@Faitelson_ESPN