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Cómo Chris Sale ayuda al súper prospecto Jason Groome

FORT MYERS, Florida - Chris Sale se aprestaba a comenzar su sesión de levantamiento de pesas, parte de su entrenamiento de temporada baja. El as de los Medias Rojas de Boston pensó que comenzaría utilizando uno de los discos de mayor peso, la cual tenía frente a sus pies.

"Oh, no", dijo Rick Lademann, quien durante largo tiempo ha servido como entrenador de musculación de Sale. "Esa pesa va para la barra del Chico Grande".

Bueno, al menos así es como Jason Groome (sin duda, un chico fornido) recuerda cómo ocurrió.

A primera vista, Sale y Groome tenían todas las características de una pareja dispareja. Sale, de 28 años y de contextura alta y delgada, ha sido invitado en seis ocasiones al Juego de Estrellas y ha terminado entre los cinco primeros en votación para el Cy Young de la Liga Americana en igual cantidad de oportunidades. Groome, de 19 años y con el físico del arquetípico lanzador de poder, ha pitcheado por 62 episodios en las menores desde que los Medias Rojas lo tomaran en la primera ronda del draft de 2016 y lo firmaron con un bono por $3.65 millones.

Allí estaban los dos, un par de pitchers zurdos entrenando uno al lado del otro, tres veces a la semana en el complejo de entrenamientos del suroeste de la Florida, del cual Lademann es cofundador, motivándose mutuamente de formas que disimulaban muy bien los niveles muy diferentes en los cuales se encuentra cada uno dentro de sus carreras y vidas.

"Recuerdo mi primer par de semanas en las mayores, y los chicos con los que estuve: (Mark) Buehrle, (Jake) Peavy, (John) Danks, Edwin Jackson; y en el bullpen, (Matt) Thornton, Jesse Crain, (Scott) Linebrink... Puedo sentarme y recitar nombres todo el día", dice Sale, recordando los veteranos que fueron sus compañeros en los Medias Blancas de Chicago. "La forma en la cual me ayudaron y aportaron a mi formación. Que pueda decir: 'Óyeme, si quieres tener éxito, este es el trabajo que debes hacer'. Sólo lo estoy pasando".

Sale está devolviendo el favor. Esa fue su intención en octubre cuando se enteró por medio de Laz Gutiérrez, entrenador de destrezas mentales de los Medias Rojas, que Groome había decidido mudarse con su familia desde New Jersey hasta Fort Myers, para estar cerca del complejo de entrenamiento del equipo. Sale pidió el número telefónico de Groome y le envió un mensaje de texto con una invitación a entrenar con él.

"Pensé que uno de mis amigos me estaba gastando una broma", dice Groome.

Pero no era así. Ese mismo día, Groome se encontró con Sale y Lademann.

¿Cómo es la experiencia de entrenar con Sale para un lanzador adolescente? Imagínense ser estudiante de música y poder improvisar con Eddie Vedder, o ser un aspirante a fotógrafo y poder estar al lado de Annie Leibovitz en una sesión. Mientras Groome manejaba al sur de la carretera Interestatal 75 por el trayecto de media hora desde Fort Myers hasta Naples, apenas podía expresar su entusiasmo.

"Estaba verdaderamente nervioso", expresa Groome. "Seguía hablando con mi novia y decía: 'Voy a entrenar al lado de, o al menos conocer a un hombre al cual he estado admirando durante los últimos años'".

Sale y Groome fraternizaron rápidamente. El joven mostró su admiración por la ética de trabajo del veterano, mientras que éste último quedó impresionado por el deseo de aprender del jovencito. Crearon una agenda de trabajo. Iniciarían sus semanas con un entrenamiento los lunes por la noche. Los miércoles, harían Pilates al lado del pitcher de los Medias Rojas Rick Porcello. Sale y Groome volverían a la sala de pesas los jueves y viernes.

Groome se mostraba más cómodo en el gimnasio. Con una estatura de 6 pies, 6 pulgadas (1.98m), perfectamente se podía medir al lado de Sale. Sin embargo, Groome pesa 220 libras (casi 100 kilos), casi 50 libras más que su nuevo mentor del pitcheo, mostrando además la fortaleza natural que se puede esperar con dicha contextura.

"Es vergonzoso para mí", dice Sale, entre risas.

Si bien Groome no tiene problemas a la hora de alardear de su masa muscular, se mostró fuera de su elemento a la hora de hacer Pilates. Siendo sincero, Groome pensó al inicio si Sale y Porcello no estaban bromeando cuando le propusieron esta rutina, "pero ahora entiendo que es muy importante para mantener la flexibilidad, especialmente cuando se trata de los lanzadores. El primer par de clases no estuvieron mal, pero las siguientes 10 a 15 sesiones que tuvimos fueron especialmente duras".

"Es una persona muy tranquila, pero puedo ver cómo en ciertos días se sentía y me preguntaba: 'Muy bien, ¿qué está pasando aquí?'", dice Sale. "Cuando se piensa con respecto a los atletas y el deporte, se piensa en levantar pesas, correr y lanzar y entrenar con balones medicinales. Sin embargo, mucho depende del control del cuerpo y saber cómo utilizar músculos distintos en momentos diferentes. De eso se trata el Pilates".

Ambos lanzadores forjaron nexos gracias a los hermanos gemelos de 5 años de Groome y el hijo de 7 años de Sale. Sale consintió el interés de Sale en los autos veloces y el baloncesto e intentó, con poco éxito, de despertar su gusto por el golf.

Una cosa que Sale y Groome raramente discuten es el pitcheo.

Basándose en sus condiciones y destrezas, Groome no requiere de mucha ayuda, ni siquiera por parte del propio Sale. Considerado como el prospecto número 1 de la organización de los Medias Rojas y en el puesto 30 en todo el béisbol organizado por Keith Law de ESPN, Groome lanza su recta en el rango de las 95 millas por hora y tiene una curva bastante engañosa que incita a hacer swings fallados. Sin embargo, se vio obligado a ausentarse por dos meses de la acción en la pasada zafra luego de una torcedura en uno de sus laterales en su primera apertura, además de sufrir otro esguince, esta vez en su antebrazo, en el mes de agosto. En sus actuaciones, Groome alcanzó a sumar efectividad de 5.69, incluyendo promedio de carreras limpias permitidas de 6.90 en 11 aperturas en el Greenville de Clase-A baja, otorgando promedio cercano a los cinco boletos por cada 9 innings.

"Recién salido de la secundaria, estaba acostumbrado a lanzar juegos completos con cifras de ponches de dobles dígitos, tolerando sólo un hit sin carreras", afirma Groome. "Sin embargo, a este nivel, se les paga a todos para que jueguen este deporte de la misma forma en la cual lo hago yo. Tengo una diana a mis espaldas por todo lo que conlleva ser prospecto. Sé que los rivales quieren tener buen desempeño cuando se enfrentan a mí".

Groome dice que el compartir con Sale le ha enseñado la importancia de concentrarse en cada pitcheo en vez de estar pensando en un futuro lejano. Lo más importante para Groome ha sido aprender el valor del trabajo duro y la preparación previa.

"Pude entender al verle entrenar cómo eso se podía traducir en su actuación. En la lomita, porque es muy serio, es competitivo y se asegura de hacer todo bien", dice Groome. "Empecé a comprender y decirme: 'Wow, quizás no estoy haciendo todo el esfuerzo que realmente puedo poner'. Durante la temporada baja anterior estuve lidiando un poco con mi peso. Pensé que estaba haciendo un buen trabajo y ahora, cuando lo comparo con la temporada baja actual, entiendo que no estaba haciendo toda la labor necesaria. Este invierno lo entendí y ahora sólo quiero estar en el mejor nivel que pueda alcanzar con mi trabajo fuera del terreno".

Groome, considerado de forma unánime como fija segura para estar entre los 10 primeros seleccionados del draft, vio bajar su cotización debido a problemas con respecto a su posibilidad de ser firmado y preocupaciones mostradas sobre su mentalidad para mantenerse en el morrito, todo sumado a ciertos rumores entre la comunidad de scouts sobre presuntas transgresiones fuera de terreno. Groome fue reclutado como lanzador para la Universidad de Vanderbilt, considerada como potencia del béisbol colegial en Estados Unidos; y luego, de manera curiosa, abandonó esta casa de estudios para inscribirse en el Chipola Junior College de Florida.

Los Medias Rojas tomaron a Groome en el puesto 12 del draft y expresaron confianza en la fortaleza de su carácter y la calidad de sus lanzamientos. Y Sale conoció a Groome como un deportista comprometido con la búsqueda de su mejoría.

"No es sencillo para un chico de 19 años el tener que conducir por media hora para estar en un lugar determinado y de forma puntual a las 9 de la mañana", dice Sale. "Eso muestra su dedicación. No hay quejas al respecto. Llegó cada día listo para trabajar y así lo hicimos".

Sale ahora pasa sus días en el clubhouse del equipo grande en el complejo primaveral de los Medias Rojas, preparándose para su apertura del día inaugural el 29 de marzo en Tampa Bay. Groome, por su parte, está en el campamento de ligas menores, en el cual las instalaciones no son tan lujosas y es más difícil alcanzar la gloria. Aún no ha recibido su asignación para inicios de temporada. Sin embargo, su regreso a Greenville es lo más probable.

Con el tiempo, Groome podría emerger como el lanzador que termine con una sequía de una década de duración convirtiéndose en el primer abridor criado por la propia organización que dure por largo tiempo como miembro de la rotación de Boston desde la aparición de Clay Buchholz. En ese momento, quizás Sale siga con los patirrojos, asumiendo que el equipo pacte con él un contrato que se extienda más allá de su opción prevista para 2019.

"Sería grandioso", afirma Groome. "Especialmente si alcanzo ese nivel, sería maravilloso poder decirle: 'Oye, ¿recuerdas en 2017-18, cuando entrenamos juntos por primera vez? Ahora estamos juntos lanzando en la Serie Mundial".

¿Y no sería un tema de conversación interesante entre rutinas de Pilates?