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Chivas y la Copa MX... ¿Cáliz o vasija de tepalcate?

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El monarca de la Copa MX fue Chivas (1:09)

En penales, el conjunto dirigido por Almeyda se alzó como campeón del torneo. (1:09)

LOS ÁNGELES -- Para Chivas es un Cáliz. Para el resto una vasija de tepalcate. Pero, Cáliz o botija, seguramente apagaría la sed de gloria de equipos en inopia.

Para Chivas es un título, para el resto certifica que fue el menos peor de un torneo al que no acuden los que aspiran a Concachampions. Tiene, acaso, la tersura del consuelo. La historia cuenta y contabiliza.

Pero Chivas es campeón de la Copa MX. Vence en penales al Morelia. Y su arquero Jiménez se ciñe la guirnalda atajando tres penales. ¿La gloria? La mejor definición es del colombiano Fernando Vallejo: "La gloria es una estatua donde cagan las palomas".

Por negligencia, estulticia y parálisis neuronal en la FMF, la Copa MX terminó siendo un tour a un callejón sin salida, un concurso a pastelazos. No hay un premio por ser --como lo ve Chivas-- el mejor del torneo, o por ser, como lo ve el resto, el menos peor de los más peores.

Ciertamente, al renunciar a la Copa Libertadores, por intereses mezquinos de sus amos, Decio de María no supo improvisar un estímulo final. La Copa MX, que antes tenía medio boleto a Sudamérica, terminó con la concavidad estéril.

Cierto, debe quedar claro, como futbolistas profesionales, ganar, ganar siempre, ganar todo, especialmente en clubes como América y Chivas, es una consigna que viene en las letras pequeñas, indivisibles e invisibles de la dignidad del atleta. Letra escarlata, letra con sangre. Debería.

Pero la trascendencia, la preponderancia de la Copa para Chivas no está en las vitrinas ni en el paseo olímpico en su estadio ante su enfebrecida afición, sino en la zona medular de la cancha, en la formación, la consolidación y la estabilidad de futbolistas.

Con fobia al mestizaje futbolero, a la mezcolanza de nacionalidades, Chivas mantiene la línea mexicanista. Y lectura o lamento, según el caso, se convierte en una migraña semestral buscar jugadores que consoliden la competitividad del equipo.

En tiempos de urgencia, de emergencia y de contingencia, la Copa MX se prestó como un campo de pruebas en el que hasta supuestas ilusiones, como el Gullit Peña, fracasaron.

En esos surcos despreciados y despreciables por la negligencia organizativa de la FMF, Chivas encontró posibilidad de sembrar y cosechar a Zaldívar, La Chofis, Cisneros, Pérez y el mismo Jiménez, entre otros que asoman.

Aunque en sus devaneos elitistas contradice la filosofía de su club, ChivasTV transmitió la arenga de Matías Almeyda en el vestuario, y la invocación y evocación, de la obligatoriedad a la victoria, con un "que los mexicanos pueden, ¡carajo!". Y pudieron.

Generoso el discurso y, sin duda, oportunista más allá de oportuno, porque emana de alguien de quien han brotado disparates como "es que yo juego sólo con mexicanos", o su desahogo en Argentina de que "hay que pensar tres veces más (en Chivas) porque son sólo mexicanos".

Cuesta creerle la vehemencia y la lealtad en esas palabras del discurso del miércoles por la noche, con las desbarradas anteriores mencionadas, en las que evidentemente menosprecia al futbolista mexicano.

Pero, por otra parte, Almeyda, quien acepta que ha llegado a Chivas a intentar graduarse como técnico, también autentifica su discurso, porque el trabajo con fuerzas básicas se mantiene en proceso de vértigo, tal vez ya no con el aroma holandés que dejó el incienso de Hans Westerhof, pero bajo una fórmula innegable como es la argentina, la de River Plate, para formar futbolistas.

Insisto en un ejemplo. La Chofis llega a Chivas en la gestión azarosa de Chepo de la Torre. Lo prueba, lo orienta, trabaja con él, y ve la oportunidad de un futbolista distinto, arrabalero, de cepa rústica pero talentosa y tribunero. El amague, el túnel, el descaro, la sorna...

Al tiempo, las virtudes de La Chofis seguían ahí. El regordete jugador sacaba la testosterona generada en las prácticas en salones de relajación, con cuenta VIP en el Rapé de Guadalajara. El Chepo renunció a él.

Ahí, Almeyda decidió apadrinarlo. Cierto, el primer paso que dio fue torpe. Lo mete de cambio a tirar un penalti. La Chofis lo falla. Un paso atrás, sin duda. Pero El Pelado no se rindió. Hoy no se ha rendido. La Chofis aún respira y transpira más en la cancha que en la plancha de masajes.

El testimonio de jugadores sobre Almeyda es valioso. A algunos como Zaldívar y Cisneros los convenció de invertir sus ganancias en bienes raíces en lugar de encandilarse con autos de medio millón de dólares.

Por eso, la Copa MX podrá ser para el resto del vecindario roñoso, sarnoso, una triste vasija de tepalcate, pero para Chivas es un Cáliz, más allá de la oquedad infértil de su panza vacía, y de que es un tour burlón hacia un callejón sin salida.

Para Chivas, en este par de Copas MX conquistadas con Almeyda, es el campo fértil para este pastor en turno, que tiene que "pensar tres veces porque son mexicanos", pero que ha tenido, o la voluntad, o la pasión, o la devoción, o la obligación de demostrar "que los mexicanos pueden, ¡carajo!".

Me hubiera encantado escuchar una disertación similar del Chepo. Él, sin embargo, se refugió en el reto incompresible de traducir a Einstein.