<
>

¡Lo que hemos presenciado no se repetirá jamás!

play
Gronkowski le 'acepta' un trago a un fan en la parada de los Patriots (0:10)

El ala cerrada de Nueva Inglaterra no tuvo pudor al recibir y probar de una lata de cerveza que un fan le lanzó. (0:10)

No sé a ustedes, pero yo disfruté MUCHO el Super Bowl LIII. Fue una joya defensiva como nunca se había visto en un Super Bowl. Esta defensiva de los Pats, que tuvo juegos mediocres y parecía el punto débil del equipo, fue la clave en las dos victorias más importantes de la temporada, antes las ofensivas N° 1 y N° 2 de la NFL. Tal fue el dominio de las huestes de Brian Flores, que la mayor proyección de la ofensiva de Sean McVay fue la yarda 27 de los Patriotas.

Cierto, el Super Bowl fue lo opuesto de aquel partido entre los Jefes de Kansas City y estos mismos Carneros de Los Angeles en el que se anotaron más de 100 puntos, pero la estrategia defensiva y la ejecución de ambos equipos, fue sublime. En esta era de las ofensivas abiertas, con reglas que ayudan a que receptores se desmarquen, teniendo al “G.O.A.T.” de un lado, y al genio ofensivo del momento en el otro, jamás me imaginé que no habría un solo pase de touchdown.

La victoria de los Patriotas no fue sorpresa. Eran los favoritos. Lo que fue sorpresa es haber llegado al último cuarto con un empate a 3 puntos. Podríamos haber asumido tranquilamente que los Pats no anotarían touchdown en el primer cuarto. En la era de Bill Belichick y Tom Brady sólo habían anotado un gol de campo en ese período en ocho Super Bowls. Pero ¿ningún touchdown en el juego en tres cuartos?

Los arquitectos de esta obra de arte defensiva fueron Flores, el recién nombrado entrenador en jefe de los Delfines de Miami, y Wade Phillips, cuyo acumen defensivo Belichick alabó en los días previos al partido. Estoy seguro que Belichick contribuyó al plan defensivo de Pats, pero el que lo diseñó y lo implementó fue Flores, quien estaba apenas en su primer año como coordinador. A Belichick no le gusta ver a sus asistentes emigrar a rivales de división, pero su relación con Flores es especial. Veremos si llega a ser el primero del árbol genealógico de Belichick que tenga éxito como head coach.

Ningún esquema es perfecto. Es imposible neutralizar todos los aspectos de una ofensiva. Algo hay que ceder. Empecemos con la defensiva de los Pats. A través de los años en la era de Belichick, los Pats han tenido un esquinero que se especializa en contener a un rival. Esto quiere decir que no necesariamente van a borrar a un jugador, sino que van a minimizar el impacto que pueda tener.

El primero de estos esquineros en la era de Belichcick fue Ty Law, recién nombrado al Salón de la Fama. Law dejó a los Pats, y no tuvieron un reemplazo de su nivel por años hasta que firmaron a Aqib Talib. Le siguió Darrelle Revis, quien fue clave en la victoria en el Super Bowl XLIX. En el 2017, los "tacaños" Pats "rompieron el cochinito" y contrataron a Stephon Gillmore en la agencia libre. Contra Kansas City, Gilmore empezó marcando a Sammy Watkins pero en el último período se encargó de Travis Kelce. El domingo su responsabilidad fue Brandin Cooks. Cooks fue el mejor jugador ofensivo de los Carneros. Terminó con ocho recepciones para 120 yardas, pero sin touchdown. Tuvo en sus manos la posible victoria de Los Angeles en un par de ocasiones, pero en ambas le zafaron el ovoide, primero Jason McCourty y luego Gilmore.

El plan ofensivo y el desempeño de Sean McVay dejó MUCHO que desear. Él mismo lo admitió. Aunque no lo confirmaron, sabíamos que Todd Gurley tenía algún tipo de problema. Asumo que en los próximos días nos enteraremos de su situación. Tuvo destellos de explosividad, pero fueron esporádicos. Aun si no estaba al 100 por ciento para acarrear el ovoide, pudo haber sido usado como receptor. Tuvo 59 recepciones en temporada regular. Se fue al descanso con sólo tres acarreos. De hecho, Los Angeles no lanzó en dirección de corredores o alas cerradas en los dos primeros períodos. En la fase complementaria buscaron un poco más a corredores, pero las alas cerradas, que en varias ocasiones estuvieron desmarcados, no fueron requeridos.

Eso nos lleva a Jared Goff. Antes del partido, tenía curiosidad de ver si jugaría a la altura del partido como lo hizo Nick Foles hace un año. Contra New Orleans se creció a la presión y sacó adelante a su ofensiva. El domingo, Goff decepcionó. Mucho se debió a la presión que ejercieron los Pats. Un equipo que tuvo sólo 30 capturas en temporada regular logró cuatro, en el Super Bowl, y 10 en total durante la postemporada. En más de una ocasión hubo receptores desmarcados que Goff no vio. En uno de los pases que le zafaron a Cooks, Goff tardó en apretar el gatillo lo que le permitió a Jason McCourty recuperar terreno y evitar un touchdown. Sin un buen ataque terrestre, las jugadas de finta y pase, y en particular las fugas (play-action) no funcionaron. Sin esta dimensión, McVay no fue capaz de ajustar.

El detalle indicativo de la eficiencia de Pats fue cuando salió lesionado Patrick Chung. Su suplente, Duran Harmon, tuvo jugadas trascendentales en el cierre del encuentro. La primera fue cuando le zafó el ovoide a Cooks en la zona de anotación en el último cuarto. En esa jugada le daba apoyo en cobertura doble a Gilmore. En la siguiente jugada, Flores lo mandó en carga sobre Goff quien forzó un pase que fue interceptado para liquidar prácticamente el partido. Era segunda oportunidad, una captura habría perdido yardas, pero no el ovoide. Fue un error que Goff deberá recordar el resto de su vida.

Por su parte, la defensiva de Wade Phillips cumplió su cometido. Si yo les hubiera dicho que los Carneros limitarían a Pats a 13 puntos, sin que Brady lanzara pase de touchdown, ¿Los habrían escogido como ganadores? Asumo que la respuesta habría sido que SÍ. Al final, a esta unidad se le acabó la gasolina y en los últimos 20 minutos del partido cedieron yardas por tierra, pero sobre todo tiempo.

Faltando 10 minutos para el final, con el juego empatado a 3 y el público, cuya mayoría era de Pats, arengando a Brady, los Pats iniciaron una serie ofensiva en la yarda 31. Brady encontró en un par de ocasiones a Rob Gronkowski, quien probablemente jugó su último partido en la NFL. El segundo pase fue de 29 yardas y puso el ovoide a dos yardas de la zona de anotación. Sony Michel anotó sin mucho problema contra una defensiva que en ese momento estaba desmoralizada.

Tom Brady sufrió en este partido. En sus últimos dos, lanzó dos touchdowns y tres intercepciones. Pudieron haber sido cuatro, pero la tercera en Kansas City fue anulada por un castigo defensivo. Este Brady se pareció más al Peyton Manning de 2015, que al Brady que lanzó para 505 yardas con tres touchdowns en la derrota contra Philadelphia en el Super Bowl LII, excepto en el último cuarto. Tom Brady es uno de esos deportistas especiales que tiene la facultad innata de elevar su nivel de juego cuando aumenta la presión. Las dos últimas series ofensivas fueron impecables. Ejecutaron un total de 14 jugadas que consumieron 5:54 y produjeron 10 puntos en el momento más candente del encuentro

NUNCA voy a dudar de Tom Brady. Le voy a dar el beneficio de la duda, pero tarde o temprano, el Padre Tiempo nos gana a TODOS. No sé cuánto más jugará, pero soy afortunado de haberlo visto jugar, llegar NUEVE veces al Super Bowl y haber ganado seis. Para aquellos que buscan demeritar sus logros alegando infantilmente que hizo trampa, les recuerdo que llegó a TRES Super Bowls sin NINGUNA controversia y ganó dos. Celebren que han sido testigos de haber visto jugar al MEJOR jugador de TODOS los tiempos de la NFL. ¡Lo que hemos presenciado NO SE REPETIRA jamás!

No es muy temprano para empezar a mirar hacia la temporada 2019. Los favoritos para mí serían Kansas City y Philadelphia. ¿Ustedes que piensan?

Finalmente, esta nota no saldrá por varias semanas. Durante el receso de temporada publicaré una cada tres o cuatro semanas a partir de marzo.

Sin más, ¡rumbo a Miami!