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Messi hace historia y evita un susto en el estreno del campeón

Getty

(Jordi Blanco, Barcelona).- Leo Messi entró en la historia liguera del Barça y, de paso, le evitó un susto en su estreno liguero. El Alavés, que la pasada temporada estuvo ya cerca de puntuar en el Camp Nou y que, de hecho, fue el último equipo en llevarse una victoria del estadio en partido de Liga, resistió más de una hora con el 0-0 en el marcador... Hasta que el capitán estrenó su condición en el torneo con un gol salvador, un golazo, que abrió el camino hacia una victoria tan esperada y lógica como trabajada.

Acabó venciendo el Barça por 3-0 después de un partido antipático, falto de ritmo en ocasiones y que evidenció que la apuesta de Valverde en la confección de la alineación inicial fue fallida. El campeón, que ciertamente pudo irse al descanso con ventaja en el marcador, no comenzó a carburar en su juego hasta la entrada de Coutinho al inicio del segundo tiempo, cuando sin ofrecer un espectáculo completo sí arrastró al Alavés hacia su área hasta derrumbar su resistencia.

Antes, en el primer acto, el juego fue lento, fue inconsistente, sin ritmo y con solo los chispazos de un Dembélé que falló dos ocasiones para evitar el tedio. Bueno, todo ello sin tener en cuenta a Messi, claro. Porque Messi comenzó la Liga en plan Todocampista; ahora de mediocentro, ahora de interior, ahora de mediapunta, ahora de organizador, ahora de asistente... Y hasta de rematador.

Suya fue la mejor ocasión, en un lanzamiento de falta directa que se estrelló en el travesaño de Pacheco, y suyas fueron las mejores visiones del juego azulgrana, donde nadie parecía encontrar su sitio y todos le buscaban a él de manera continuada para que inventase lo preciso y necesario para salir del atolladero.

RITMO

El entrenador solventó dar entrada a Coutinho por Semedo en el entretiempo, retrasó a Sergi Roberto al lateral y convirtió al brasileño en el escudero perfecto para Messi. Rápido entendió el nuevo escenario el Alavés, menos atrevido en sus contras y que no tuvo más remedio que ir retrasando su posición, hasta quedar ya prácticamente encerrado en su área.

Luis Suárez, que cumplió su partido 200 en el Barça no acompañó como sí lo intentó hacer Dembélé mientras en el círculo central, Busquets, más suelto que en el primer tiempo, pudo buscar con calma el pase, provocando una circulación más rápida y que el balón ya fuera cada vez más cercano a Pacheco.

Pero tuvo que ser Messi, en primera persona, quien salvase la papeleta porque el mayor dominio, mejor juego y mejores ocasiones no se traducían en gol... Hasta que Leo lo decidió. Se fue de uno y de dos y el tercero le hizo falta, al borde del área otra vez. Y esperando el meta y toda la barrera del Alavés un lanzamiento por arriba, el crack argentino definió por abajo, con un toque sutil, suave y magnífico que engañó a todo el mundo.

1-0. Messi. Siempre. El gol fue una liberación generalizada en el Camp Nou, entregado a su ídolo y sabedor de que con él nada es inalcanzable. Fue un gol que provocó la tranquilidad y dejó tocado a un Alavés tan entregado a su misión defensiva que ya no tuvo capacidad de reacción, por más que lo intentase.

Y todo acabó de sentenciarse a nueve minutos del final, cuando Coutinho cerró las dudas con un soberbio disparo cruzado que puso el 2-0 y acabó por dirigir un partido difícil a un desenlace simple, que definió de manera final, otra vez, Messi, ya en tiempo añadido para dar la forma definitiva a un resultado, 3-0, que poco pudo imaginarse hasta que el '10', quien sino, acabó con la resistencia del Alavés.

El campeón se presentó lejos de su mejor versión, pero solventó una victoria tan esperada como necesaria, en una noche para la historia. Messi, el salvador, faro y guía del Barça, le dirigió al triunfo y marcó el gol 6.000 del club azulgrana en la historia de la Liga.

Tampoco había que esperar mucho más.