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El Barça cambia la pausa por la urgencia

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Barcelona recobró la sonrisa (0:57)

Con un doblete de Messi y otros más de Suárez y Gomes vencieron al Valencia en el Camp Nou y se acercan a dos puntos del Real Madrid. (0:57)

BARCELONA -- El FC Barcelona tiene prisa. Entra alborotado al campo y lo abandona a la carrera después de un ejercicio de velocidad desconocida. La pausa es cosa del pasado y con el PSG aún fresco en la memoria encara el fútbol con un vértigo que por sorprender hasta sorprende a sus futbolistas.

Avasalló al Sporting y goleó al Celta en dos perfectos ensayos antes de la remontada de Champions, y tras el desplome en Riazor, cansado física y anímicamente, volvió a la carga contra el Valencia. El 3-4-3, presentado como un guiño al cruyffismo, no ha sido más que un sistema número cuyo parecido con aquella apuesta del holandés primero, Van Gaal después o Guardiola más tarde, es simple coincidencia.

Porque el Barça corre como si necesitase cada día golear y aun a riesgo de recibir goles. Que es otro de los riesgos. Desde que comenzó el año 2017 y hasta el 4-0 en el Parque de los Príncipes el Barça disputó 6 partidos de Liga en que recibió una media de 8,3 remates por partido, de los que 3,67 iban dirigidos entre los tres palos.

Desde aquel fatídico 14 de febrero y hasta la visita del Valencia, otros seis encuentros ligueros, se han mantenido los 8,3 remates en contra por partido… Pero la puntería rival ha ascendido hasta los 4,5.

¿Defiende peor el Barcelona? Más que eso, el problema es que ha convertido la defensa en una simple línea secundaria. Y, también, en que convertido Rakitic en un teórico carrilero el ahogamiento supone un hándicap.

Ello provoca desajustes inverosímiles que motivan goles en jugadas de estrategia que dejan en mal lugar el trabajo, considerado excelente, de Unzué…

Pero no parece importar, de momento, demasiado. Si Luis Enrique impuso la filosofía del ‘partido a partido’ para rescatar las mejores sensaciones de los suyos en cuanto a los resultados y a través de un fútbol menos mecánico y mucho más bravo, el Barça ha dado, también de momento, en la diana.

Se apoya en un providencial Ter Stegen que salvó dos ocasiones y media de oro al Valencia (como ya hizo ante el PSG) y en su voracidad ofensiva, donde el tridente se encarga por separado o conjuntamente de dar forma a marcadores agradecidos.

A la carrera y con prisa, con el Clásico del 23 de abril en el horizonte y el doble duelo frente a la Juventus en la mirada, al Barcelona de Luis Enrique no le ocupa tanto mimar el balón como avasallar al rival.

Una imagen desconocida y que apenas se sostiene en pie por la presencia de genios como Messi, magos como Iniesta o mariscales como Busquets que mantienen de alguna manera la íntima filosofía del pasado.

Porque incluso Piqué se suma a las excursiones al área rival a la mínima que tiene ocasión de hacerlo. Ya sea perdiendo, goleando o ganando por la mínima, el ‘3’ azulgrana es uno más en el abordaje de este Barça al que incluso el espectador más imparcial desconoce comparándolo con el pasado.