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Messi... Y el recuerdo de Maradona

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¿Maradona es más que Messi? (2:31)

Las respuestas al 'Verdadero o falso' del técnico de los Dorados. (2:31)

BARCELONA -- Trasládense 39 años atrás en el tiempo. No existen las parabólicas, las redes sociales ni se sospechan y conocer qué pasa en el mundo del fútbol más allá de las propias fronteras es poco menos que imposible. Más aún a ojos de cualquier crío.

“Ir al campo, valdrá la pena”. Es un 19 de diciembre de 1979 y el Barça (el clásico Barça en crisis de la época) recibe en un amistoso a un equipo llamado Argentinos Juniors. En él juega un tal Maradona, que dicen es un fenómeno.

Aquella fría noche, en un Camp Nou semivacío, el Pelusa sufrió un marcaje severo, muy severo, de Zuviría en un partido que acabó con un triste 0-0 pero dejó las primeras gotas de su esplendor. Y tres años después, recién acabar el Mundial de 1982, el Barça le convirtió en el fichaje más caro de la historia del fútbol… No, no triunfó plenamente de azulgrana. Cosas que pasan.

Pero Maradona dejó para el recuerdo actuaciones maravillosas que encandilaron a la afición y encendieron la mecha de muchos niños y jóvenes entregados a su magia. Gentes que, con el paso del tiempo y a pesar de todas las vicisitudes de su vida, mantienen en la retina la personalidad futbolística de un personaje sin igual y que los vídeos y resúmenes de la década de los 80 e inicios de los 90 han permitido mantener en el plano.

LA MALDITA COMPARACIÓN

“Maradona era la mejor escena de una película… Messi es la película entera”, explicó un día Miguel Rico, periodista de referencia en el entorno del Barça, excelente conocedor del Maradona futbolista y rendido, como tantos otros, a la figura “única” de Leo Messi.

Desde el objetivo periodístico, que siempre debiera ser menos apasionado que el de un hincha (ni mejor ni peor pero sí menos pasional y más racional), la inevitable comparación entre Maradona y Messi se hace tan eterna como cansina… Pero cuando todo se contamina a través de mensajes en las redes sociales el asunto puede alcanzar un grado tan lamentable como incómodo.

Mientras Leo evita entrar en cualquier discusión y cuando debe hablar de Diego mantiene que su figura es legendaria, el Pelusa puede hoy entronizar a la Pulga y mañana despreciarla para encender, a través de ello, reacciones de todo tipo. Y, en el medio, siendo difícil pero no imposible, por suerte, permanece una legión de hinchas que se conforman, conformamos, con disfrutar de uno y mantener en la retina el recuerdo del otro.

En Barcelona, a pesar de su brevedad, la figura futbolística de Diego Armando Maradona debería disfrutar de un status que, no se sabe porqué, prácticamente es inexistente. El Barça, a lo largo de su historia, ha disfrutado de los mejores futbolistas del mundo y por una cosa u otra se mezclan entre el olvido y el desprecio mientras el club permanece impasible.

Si Cruyff y Ronaldinho pueden ser la excepción, la regla la personalizan desde Maradona y hasta Rivaldo, pasando por Ronaldo, Figo, Simonsen o el mismísimo (y brevísimo) Roberto Dinamita, un Dios en el Vasco da Gama y un desconocido para el gran público del Camp Nou.

Amar a Messi, idolatrar su figura y considerarlo el número uno absoluto, no debería provocar de manera automática el desprecio por sus antecesores. Ya sea en el Barça o en el mundo en general la historia del fútbol está para mimarla y conservarla, no para ningunearla.

Porque, personalizando el caso, Maradona fue enorme. El futbolista, el crack, la figura. Todo lo demás, disculpen, debiera apuntarse al margen. Y cuando el propio Pelusa, en primera persona, aparece tras un micro es mucho más saludable, y agradable, recordarle que sentirse incómodo por lo que pueda decir.