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Un paso hacia atrás

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Gran triunfo de Argentina frente a Colombia (5:52)

Como en la era Sabella, la Albiceleste despertó en Barranquilla. Ganó 1-0 gracias a Lucas Biglia. (5:52)

BUENOS AIRES -- Cuatro puntos de doce, dos derrotas en cuatro partidos y un séptimo puesto en la tabla de las Eliminatorias sólo pueden generar preocupación. Sin embargo, no son los números lo que más dudas provocan en la Selección Colombia, sino el rendimiento. Contra Argentina en Barranquilla la Tricolor jugó el peor partido en mucho tiempo y eso despierta fantasmas de otras épocas.

¿En qué se falló? En varios aspectos del juego. No hubo generación de juego, ni ideas ofensivas. Pero tampoco solidez en defensa ni respuestas individuales. Las pocas oportunidades que generó el equipo fueron más por el repliegue lógico de un rival cansado que por virtudes propias. Así, Colombia perdió en el Metropolitano tras cuatro años -ante el mismo adversario- y dejó la sensación de que este proceso clasificatorio será mucho más complicado que el que finalizó con la histórica actuación en Brasil 2014.

La falla que más fácil se puede ver es la que tiene que ver con la generación de juego, algo que siempre fue una de las principales armas de todo Seleccionado colombiano. Después de la Copa del Mundo, el conjunto de José Pekerman perdió frescura y decisión para salir a controlar los partidos. En eso tiene mucho que ver el bajo nivel mostrado por la indiscutible estrella del plantel, James Rodríguez.

Desde aquella derrota contra Brasil en Fortaleza, el Diez de Real Madrid ha bajado su nivel hasta convertirse en un jugador con más errores que aciertos. Y sin él, Colombia pierde mucho más que a un enganche, pierde a un líder futbolístico y espiritual. A pesar de que en el segundo tiempo frente a Chile logró marcar un gol y mostrar su talento de forma aislada, su trabajo ante Argentina fue muy similar al de la Copa América. Perdió demasiadas pelotas, erró el treinta por ciento de los pases y, no sólo no pudo romper la defensa albiceleste, sino que muchas veces los avances colombianos se diluyeron en sus pies.

Quizás esta vez le pesó la falta de fútbol tras una larga inactividad por lesión, sin embargo el problema parece trascender lo físico. Tampoco tiene que ver con una cuestión de motivación, ya que se muestra comprometido con el equipo. La cuestión es futbolística. No encuentra su lugar en la cancha ni socios para jugar. La ausencia de Abel Aguilar fue mucho más grave de lo que se pensaba y ni siquiera la figura de Macnelly Torres lo ayudó. Que no haya estado Juan Guillermo Cuadrado también aportó a la situación.

En el segundo tiempo ingresó Edwin Cardona y, con su pegada y su gambeta, despertó un poco al resto de la Selección, pero James siguió del mismo modo. Aunque pueda parecer una dificultad individual del Diez, los inconvenientes parten desde lo colectivo. El cucuteño necesita un contexto de solidaridad y buen juego para brillar, algo que tuvo en el Mundial y que hoy no tiene.

Sin Aguilar, Cuadrado ni Carlos Sánchez, el mediocampo que probó Pekerman fue improvisado. Y no funcionó. Daniel Torres y Alexander Mejía no pudieron hacerse cargo de la contención y Macnelly entró en contacto con la pelota demasiado poco. El ingreso de Luis Muriel sirvió más para intentar desnivelar en el uno contra uno que para recomponer el sistema de juego colectivo, ya que Teo tampoco pudo sumarse a la creación. Así, el Seleccionado no tuvo una línea media sólida para desde allí condicionar al rival.

Los problemas en defensa también preocupan. Hubo desatenciones individuales y colectivas, de los centrales y de los laterales. La dupla de zagueros es la que jugará toda la Eliminatoria si no ocurre nada raro, pero en este encuentro dejó demasiadas dudas, sobre todo en los repliegues defensivos. Los laterales tampoco estuvieron firmes ni aportaron en ataque.

En definitiva, la Selección Colombia deberá dejar atrás un 2015 para el olvido y ponerse como objetivo recuperar la mentalidad y, sobre todo, el juego de los años anteriores. Tiene material para levantar y lograr la clasificación, pero es el momento de entender que ya no se puede fallar más.