
A lo mejor pasa como en el 86' y esta Argentina que puso a sufrir a todo un país termina levantando la copa el próximo 11 de julio, pero de la mano de Maradona será una gesta complicada. No quiero sonar como un periodista más que aprovecha para pegarle al ídolo cuando éste pasa por un mal rato, pero el problema con el entrenador argentino es que en su cabeza y en su corazón...sigue jugando. Maradona nunca colgó realmente los botines y, aunque no lo quiera admitir, respira, piensa y se mueve como aquel grande que se cargó al hombro una selección y maravilló al mundo en Mexico 86, o el que sacó de la pobreza futbolística a un equipo tan improbable como aquel Napoli de finales de los 80.
Maradona cometió muchos errores en este proceso de eliminatorias hacía el mundial de 2010. Jamás logró armar un verdadero equipo aún con una larga lista de figuras a su disposición, o debería decir, a expensas de la larga lista de figuras que tuvo a su disposición, porque se cansó de llamar a jugadores, utlizarlos en un par de partidos y no volver a contar con ellos (Burdisso, Battaglia, Dátolo, Lavezzi son algunos ejemplos). Ignoró a quienes merecían una oportunidad como Gonzalo Higuaín (al que solo llamó al final por desesperación) y Diego Milito. ¡Qué lujo tener en el banco al segundo mejor goleador de la pasada liga italiana!. Algunas equivocaciones fueron producto de su inexperiencia como entrenador. No hay que olvidar que con Deportivo Mandiyú en 1994 apenas dirigió un par de meses y terminó renunciando. Con Racing tampoco dirigió un torneo completo y ya tenía la mente puesta en su enésimo regreso a las canchas (como jugador), en aquella oportunidad con Boca Juniors. Casi 15 años después Diego sigue actuando como futbolista y no como técnico. No puede dejar de lado el hambre de protagonismo. Ese que nadie le podía arrebatar cuando se dedicaba a poner en ridículo a los defensores rivales. Su celebración del gol de Palermo ante Perú, deslizándose sobre la grama mojada del Monumental, sus gestos desmedidos en el banquillo, su búsqueda de atención frente a los medios; todo lo que Diego hace, parece tener el fin de despertar elogios y críticas, pero nunca de pasar desapercibido.Sus ya infames declaraciones al término del partido ante Uruguay ("que la sigan chupando", "vos también la tenés adentro" a un periodista en la conferencia posterior), unidas al video que ya circula en la red, en el que adorna su sincero verbo con unos gestos que le harían campeón de cualquier juego de mímica, denotan que el Maradona técnico, siente el mismo deseo de revancha que el Maradona jugador. Ese que no entendió que Menotti le dejara fuera en la copa del 78', el que no perdonó a los italianos que pitaron su himno en la final del 90', o el que acusó a la FIFA de "cortarle las piernas" en el 94'. En la mayoría de esos casos fue el deseo de revancha el que llevó a Maradona a convertir los golpes recibidos en genialidades sobre la cancha. Pero es ese deseo de revancha en el que no le hace bien alguno al frente de un grupo de jugadores que deben ser ahora los protagonistas cada 90 minutos.
Una cosa es segura, ni el propio Maradona técnico (por mal que le vaya) será capaz de opacar lo que el Diego jugador dejó en la cancha, pero queda claro que los mitos no ganan partidos por sí solos desde un banquillo y que con todo el talento que tiene ahora Argentina, lo que necesita en el banco es un técnico de verdad, pero Maradona...sigue jugando.