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El gurú del más grande

BUENOS AIRES --
Si Johan Cruyff es el oráculo al que recurre Pep Guardiola, Juan Manuel Lillo (Tolosa, Guipúzkoa, España, 3 de noviembre de 1965) es el gurú de quien ha logrado convertirse en el mejor entrenador del mundo durante la época de oro del FC Barcelona.

JuanMa, como le llama de forma coloquial todo España, se muestra -sólo él sabe si queriendo o sin querer- como ese sabio de café al que siempre apetece escuchar. Es sencillo, comedido y respetuoso. Enemigo del folclore polemista tan propio de este tiempo que nos toca vivir. Lillo persuade. Sostiene. Cuando habla, dice. Y en momentos puntuales, provoca un deleite similar al que surge cuando se escucha razonar a Jorge Alberto Francisco Valdano. No por nada ambos empatizan muy bien. Sea como fuere, el entrenador que con sólo 29 años consiguió ascender a la Unión Deportiva Salamanca en 1994-95 a la Primera División del fútbol español viniendo desde la Segunda División B, se convirtió en 1995-96 en el técnico más joven de la historia en debutar en la Liga. Siempre es hombre de consulta. Porque no basta con tener experiencia. Hay que saber comunicar las enseñanzas que ésta deja.

El único lugar en el que Lillo ha sido criticado sin pruritos es México. Allí dirigió al Dorados de Sinaloa tras ser recomendado por el propio Valdano, e incorporó a Josep Guardiola con el objetivo de que Pep fuera la brújula del equipo en 2005-06. Pero al observar episodios no demasiado claros en la carrera que Dorados mantenía con el San Luis Fútbol Club por la permanencia en la élite, el entorno mediático arremetió contra él. San Luis era propiedad de Televisa, gigante de las comunicaciones, y Lillo relacionó ese detalle con una inusual racha de victorias de este equipo frente a los grandes de la liga mexicana. El descenso del cuadro de Culiacán a la Primera A determinó el final de su aventura en tierra azteca.

El último éxito deportivo de JuanMa Lillo, quien a los 20 años consiguió, en 1986-87, mantener al Tolosa en la Tercera División española y salvarlo del descenso, ha sido mantener al modesto Almería en la Primera División en 2009-10. Luego, el hombre que ha dirigido entre otros equipos a Oviedo, Tenerife, Zaragoza y Real Sociedad, se ha dedicado a analizar el fútbol desde los micrófonos. Tomar distancia y elegir otra perspectiva siempre contribuye al crecimiento. Comentarista del canal Gol Televisión, propiedad de la empresa Mediapro, Lillo ha conseguido trasladar a la pantalla chica su punto de vista con la misma claridad de siempre y sin perder ritmo. Quizá le sobre algún enredo cacofónico, pero eso va en el gusto de quien escucha. Lo importante es que se hace entender muy bien. Y que Guardiola bebe de su sabiduría casi de forma cotidiana.

"Que Cristiano Ronaldo sea símbolo para la sociedad actual significa que hay algo que no funciona", ha llegado a decir. "El fútbol se ha convertido en un consolador social", definió en su momento. En cuanto a los conceptos que Guardiola ha podido extraer del entrenador vasco, seguramente está intrínseco todo lo que contiene la frase "no arriesgar es lo más arriesgado, así que, para evitar riesgos, arriesgaré". Así es Lillo. Dialogante, filósofo de barrio al que no le asustan los retos. Y apasionado del fútbol. Conocer nuevas culturas representa para él una motivación extra. Lleva 4 años alejado de las canchas (desde 2009, cuando se desvinculó de la Real Sociedad), pero se mantiene al corriente por sus actividades en medios de comunicación y su gusto por viajar para conocer otros métodos de entrenamiento.

Millonarios de Bogotá incorporaría con Lillo a un profesional de trayectoria. De concretarse su contratación, el técnico español basará buena parte de su conducción en convencer al plantel actual de que no sólo está en condiciones de mantenerse en el lote de los aspirantes al título de campeón de Colombia, sino que tiene capital humano suficiente para dar un salto de calidad en el arena internacional. La idea es que Millonarios se acostumbre a ganar y no tenga que esperar otros 23 años para coronarse en la liga colombiana. Esa será la intención. Luego, si el aficionado bogotano gusta de las alegorías, las metáforas y la riqueza de una retórica que no suele dejar indiferente a nadie, sepa que tendría cerca a un entrenador que se maneja como pez en el agua de esos estanques. Siempre convocado para sofocar urgencias, a Juan Manuel Lillo le llega, acaso, la hora de acometer su reto más ambicioso. La posibilidad de hacer historia y revivir algún laurel de la época del inolvidable Ballet Azul dependerá del grado de precisión con el que se adapte a su nueva realidad.