Fue bonito mientras duró. El equipo joven, sin mucho apoyo de su afición, luchó contra muchas adversidades y puso a soñar a sus pocos, pero fieles fanáticos.

Pero los Marlins de Miami hoy parecen estar desinflándose como la famosa burbuja inmobiliaria que hace unos años hizo desplomarse los precios de las viviendas y dejó a millones de propietarios en la calle por no poder pagar sus hipotecas.

Los Marlins sobrevivieron al prolongadísimo slump de su toletero Giancarlo Stanton y a la suspensión por media temporada de su segundo bate y primer bate titular, Dee Gordon.

El manager Don Mattingly, llegado a Miami tras fracasar con los poderosos Dodgers, logró crear una muy buena química entre los jovencitos y algunos veteranos como el japonés Ichiro Suzuki y el venezolano Martin Prado.

Hasta que llegaron las lesiones a granel que amenazan con descarrilar definitivamente a un equipo que llevaba muy buen paso hacia la postemporada, sin importar la presencia de los New York Mets, campeones vigentes de la Liga Nacional, en la división Este.

Primero fue Justin Bour, el primera base que sin haberse establecido totalmente como un estelar en las Mayores, sí era un bate de respeto en la parte gruesa de la alineación.

Don Mattingly
AP Photo/Morry GashDon Mattingly logró crear una muy buena química entre los jovencitos y algunos veteranos, pero los Marlins han venido a menos en las últimas fechas y se escapa la oportunidad de llegar a playoffs.
Luego vino el zurdo Wei-Yin Chen, firmado como agente libre en el invierno y designado inexplicablemente como abridor del Juego Inaugural de la campaña.

Pero lo que había ocurrido primero a cuentagotas se convirtió en un torrente, cuando en una misma semana fueron a dar a la lista de lesionados Stanton, el abridor zurdo Adam Conley y el cerrador A.J. Ramos.

Demasiado para un solo corazón. Stanton ya había salido de su mala racha, cuando queda fuera por el resto de la temporada, algo que se ha vuelto ya habitual en su carrera.

También Chen se fue del aire hasta el 2017 y parece que lo mismo pasará con Bour, quien no ve acción desde el 2 de julio.

El joven bullpen, conformado entre otros por Kyle Barraclough, Dustin McGowan y Nick Wittgren, ha sido uno de los renglones que ha mantenido a flote al equipo, pero que a esta altura ya comienza a resentirse de un trabajo excesivo.

Encima de eso, los supuestos refuerzos adquiridos antes del 1 de agosto para ayudar al empujón final no han sido tales.

El relevista dominicano Fernando Rodney, que llegó de los Padres de San Diego con una efectividad de 0.31, ha trabajado para 5.06 con el uniforme de los peces.

El abridor Andrew Cashner ha sido un desastre desde que se afeitó la barba y tiene marca de 0-2 y promedio de limpias de 5.48 con Miami.

Y Colin Rea, adquirido también de los Padres, fue devuelto como mercancía dañada después de una apertura.

La desesperación por evitar una caída libre es tal que llevó a la gerencia a pensar en la contratación de Alex Rodríguez, un veterano acabado que fue desechado por los Yankees de Nueva York.

Además, se menciona el nombre del dominicano Carlos Gómez, dejado en libertad por los Astros de Houston luego de una decepcionante temporada en la que promedió por debajo de su peso corporal de 220 libras.

Para colmo, en el sistema de Ligas Menores no hay una figura como en su momento fueron Dontrelle Willis, Miguel Cabrera o el propio José Fernández, que puedan erigirse en salvadores.

Por cierto que Fernández sufrió esta semana ante los Rojos de Cincinnati su tercera derrota consecutiva, algo que nunca había sucedido en su breve carrera.

Los tres fracasos de los Marlins en cuatro partidos en Cincinnati parecen haber sido el pinchazo que desinfló la burbuja de ilusiones en la Capital del Sol, aunque sus fanáticos más acérrimos se resistan a aceptar la realidad.
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Hal Steinbrenner me recuerda a Michael Corleone, el hijo tranquilo de Don Vito, que tras la muerte del padre y con todo el poder en la mano, se tornó cruel y despiadado.

Demoró cinco años desde la muerte del viejo George Steinbrenner para que le salieran los instintos del Boss, pero como dice el refrán, la cabra siempre tira pa'l monte.

Primero fue la movida al contratar al lanzallamas cubano Aroldis Chapman, cuando los Dodgers de Los Angeles se pasaron de puritanos y echaron para atrás un pacto para adquirirlo de los Rojos de Cincinnati.

Los Yankees desafiaron los convencionalismos que imponen estos tiempos de ser "políticamente correctos" y se hicieron de los servicios del pitcher más intimidante de todo el béisbol, en momentos en que el cerrador estaba desvalorizado moralmente por un caso de violencia doméstica.

Si a mitad de temporada el equipo estaba en rumbo a los playoffs, Chapman sería la pieza clave del noveno inning.

Si no, el cubano sería -- como resultó ser -- una valiosísima moneda de cambio, de cara a la reconstrucción de un equipo demasiado envejecido.

Pero donde Steinbrenner sacó a relucir su ADN fue en el modo en que puso fin a la relación del equipo con Alex Rodríguez como jugador.

Fue algo fríamente calculado, que quizás no lo hizo un año antes porque A-Rod regresó en el 2015 con el bate demasiado caliente tras cumplir una suspensión por todo el 2014 por uso de sustancias prohibidas.

Cuando el jugador dejó de rendir sobre el terreno Hal Corleone o Michael Steinbrenner, ya no sé ni lo que digo, le pasó la factura por la tormenta de demandas que Alex desató cuando se avecinaba el castigo por el escándalo de la clínica Biogénesis de Miami.

Sencillamente lo humilló y lo botó como un traste viejo, más allá de su obligación de pagarle los más de 20 millones que le debe del contrato.

Y justo cuando el pelotero estaba a cuatro cuadrangulares de incluirse en el exclusivísimo club de los 700 jonrones, donde sólo están Barry Bonds, Hank Aaron y Babe Ruth.

Reconozco que nunca he simpatizado mucho con A-Rod, independientemente de su innegable talento que lo hacen uno de los mejores peloteros que hayan pasado por las Grandes Ligas.

Su personalidad egocéntrica, de diva, de querer ser siempre el foco de todas las atenciones, fue lo que lo llevó a tomar decisiones equivocadas en su vida que terminaron hundiendo en el lodo una carrera brillante.

Viendo las imágenes de su último juego en Yankee Stadium sentí pena por él, pues hasta la Madre Naturaleza conspiró en su contra, al soltar un chaparrón que acortó la ceremonia de despedida.

Si los Yankees lo botaron (no adornen las cosas con térinos como retiro, dejado en libertad o cosas así), ¿no fue un acto de hipocresía prepararle ese adiós?

Si el manager Joe Girardi le negó demasiados turnos al bate en la última semana cuando el equipo está ya eliminado de toda aspiración, ¿por qué romper en llanto en la rueda de prensa después del juego?

La última imagen que quedó fue la de un Alex aplastado por El Lado Oscuro De La Fuerza. Y la gente tiende a sensibilizarse con los débiles.

Pero al final también quedó la impresión de que a la novela de Alex Rodríguez todavía le queda un capítulo más.

Y ese episodio podría grabarse en Miami. Cada vez son más insistentes los rumores de que los Marlins estarían dispuestos a contratarlo por muy poco dinero para ver si puede defender la primera base en las semanas que le quedan a la campaña.

Los programas de la emisora local de ESPNDeportesRadio están encendidos con el tema, que tiene a la población más dividida que el debate entre Hillary Clinton y Donald Trump.

Los Marlins tienen ahora mismo un hueco en la primera base, con la lesión de Justin Bour que no acaba de sanar.

Y no es que Alex garantice de inmediato llenar ese hueco, ni mucho menos, pero como movida publicitaria, nadie puede negar que llevaría unos cuantos fanáticos de más al Marlins Park.

Por cierto, gente en el estadio es algo que el equipo necesita y del dueño Jeffrey Loria se puede esperar cualquier cosa.

Así que como diría el inmortal narrador Buck Canel, "no se vaya nadie, señores, que esto se pone bueno".

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Alex Rodríguez parece no haberse dado cuenta de cuál es su realidad.

El pelotero que jugará su último partido con los Yankees de Nueva York el próximo viernes dijo sentirse decepcionado al no ver su nombre en la alineación para el choque de este martes ante los Medias Rojas de Boston en Fenway Park.

Helloooooo, A-Rod, despierta y pon los pies en la tierra.

Alex Rodríguez
AP Photo/Winslow TownsonAlex Rodríguez camina hacia los vestidores de los Yankees tras la práctica en Fenway Park de Boston.

La manera en que el equipo lo forzó a hacer las cosas significa que es persona non grata en la organización, que ahora está cobrando venganza por las tantas demandas que presentó durante el proceso de su suspensión por el uso de sustancias prohibidas.

Que se conforme con irse con los millones que le deben de lo que resta de contrato y jugar un solo choque en Fenway y el del adiós el viernes 12 de agosto.

¿Acaso pensaba que en estos días Joe Girardi iba a darle la oportunidad, por remota que fuera, de conectar los cuatro jonrones que le faltan para llegar a 700?

Quizás Alex pensó, ¿por qué no darle un chance, con todo y su bajo rendimiento, si el equipo ya no va a ningún lado?

A fin de cuentas, en el 2014 Girardi prefirió sacrificar el pase a la postemporada por mantener como titular a Derek Jeter, a pesar de estar ya acabado, en su temporada de despedida.

¡Alto ahí! La respuesta es simple. Alex Rodríguez NO es Derek Jeter. Al menos no en el universo Yankee.

Con todo y sus estadísticas muy superiores en casi todos los departamentos ofensivos, Rodríguez quizás nunca verá siquiera su número 13 en el Monument Park del Yankee Stadium, donde se rinden honores a las leyendas de la franquicia deportiva más famosa del mundo.

Por Jeter, uno de los jugadores más emblemáticos en la historia de la organización, valía la pena sacrificar un año de posibilidades, pero no por alguien que se comportó de manera desleal.

Con todo y que los Yankees están fuera de pelea y si acaso aspiran a terminar con balance de .500 en los ganados y perdidos, no van a permitir que Alex se despida en grande, mucho menos en casa de sus archirrivales Medias Rojas.

Si el ego de Rodríguez aún no le ha permitido bajarse de la nube y enterarse de que es casi un desterrado del béisbol, entonces que salga desde ya a buscar qué equipo quisiera contratarlo por el salario mínimo el año próximo para ver si llega a los 700 bambinazos.

Que avise si lo encuentra.

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Sin penas ni glorias, por la puerta de atrás. Así se irá Alex Rodríguez del béisbol, tras una carrera de 22 temporadas, con un año de interrupción, marcada por números excepcionales y demasiadas mentiras.

Elegido como primera selección del draft amateur de 1993 por los Marineros de Seattle, A-Rod parecía destinado desde un principio a ser uno de los mejores jugadores de la historia.

Y casi lo logró, aunque para ello recurrió tanto al engaño y la trampa, que ya nadie sabe cuánto consiguió a base de talento y trabajo y cuánto a golpe de fraude.

El próximo viernes 12 jugará su último partido, tras llegar a un acuerdo con los Yankees, que lo mantendrán hasta diciembre del 2017 como asesor especial de la nueva generación de jugadores que buscará devolverle el brillo de antaño a la franquicia deportiva más famosa del mundo.

Para Rodríguez, la decisión tiene que haber sido dura, durísima, pues más allá del consumo de sustancias prohibidas que ayudaron a impulsar su carrera, el jugador de origen dominicano es un trabajador incansable y uno de los peloteros más entregados de todo el béisbol.

Y a menos que nos depare una última sorpresa en la semana final de su carrera, se quedará a cuatro jonrones de los 700, lo cual significa un fuerte golpe a su ego, quizás una de las razones que lo llevaron a buscar soporte extradeportivo en los esteroides: su vanidad.

Cuando se convocó a la conferencia de prensa, un día antes, mucho se especuló sobre los temas a tratar y sobre todo, si habría un futuro para A-Rod más allá de los Yankees.

Pero el propio jugador se encargó de aclararlo e insistió en que esto se trata de retiro.

Sus números ya no dan para más y mantenerlo en la alineación es una carga demasiado pesada para un equipo que ya empezó a pensar en su mañana.

Son 41 años de edad, con lesiones incluidas y el tiempo no puede echarse hacia atrás.

"Quisiera jugar para siempre, pero así no es cómo funcionan las cosas. Decir adiós es quizás la parte más dura de este trabajo", señaló Rodríguez.

Son de imaginar cuán intensas deben haber sido las negociaciones entre el jugador y la franquicia, aunque al final, las cosas terminan en paz, luego de una relación tormentosa que incluyó demandas y acusaciones durante el período previo y de suspensión durante la campaña del 2014.

Visiblemente emocionado, al borde del llanto, A-Rod puso fin a su carrera llena de momentos gloriosos y profundos baches.

En un país donde mucha gente se preocupa más por dejar un legado, que por disfrutar la vida, Alex se va con la interrogante abierta de cómo será recordado en el futuro.

Si como el pelotero que acumuló más de ,3000 hits y casi 700 jonrones, entre muchas otras cifras reservadas para unos pocos, o como el tipo egocéntrico, con aires de diva, que quiso engañar al mundo e ir más allá del extraordinario talento que le dio la vida.

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MIAMI - Cuando algo sale bien, vale la pena repetirlo. Luego del éxito del experimento inicial de la Serie de las Américas, en noviembre del pasado año, el Marlins Park de Miami volvería a acoger la segunda edición de este evento.

Esta vez repetirían los mismos dos equipos de la República Dominicana, los campeones de la primera versión, las Aguilas Cibaeñas, y los Tigres del Licey.

Pero no vendrían novenas venezolanas y en su lugar se hacen las gestiones para que sean los puertorriqueños Cangrejeros de Santurce, actuales bicampeones del torneo invernal boricua, y klos Criollos de Caguas.

Sería el penúltimo fin de semana de noviembre, con el objetivo de tratar de superar la asistencia de entre 22 mil y 25 mil fanáticos que estuvieron la primera vez.

El sábado jugarían entre sí Aguilas y Tigres y Cangrejeros versus Criollos. Los ganadores disputarían el título el domingo, para garantizar una final cruzada entre boricuas y quisqueyanos que calentaría el ambiente para la Serie del Caribe que se jugará en Culiacán, México, en febrero del 2017.

La idea es buena, aunque faltan muchos detalles por pulir para convertir el evento en algo permanente.

Uno de ellos es la promoción. Los Marlins, las autoridades locales de Miami, la Confederación de Béisbol Profesional del Caribe y las propias Grandes Ligas deben involucrarse de lleno en la publicidad del certamen, para atraer a los fanáticos ávidos de buen béisbol en medio de la temporada muerta de las Mayores.

También deberían insertarse los juegos del primer día dentro del calendario de las ligas domésticas de los equipos involucrados.

El juego entre el Licey y el Cibao debe contar para la tabla de posiciones del torneo dominicano.

Igualmente debería suceder con el encuentro de Caguas y Santurce a los efectos del certamen invernal boricua.

Eso le daría al evento una importancia más allá de las fronteras del Marlins Park de la Pequeña Habana.

Y quién sabe si en un futuro no muy lejano, Miami vuelva a ser sede de la Serie del Caribe.

Es cierto que hubo dos intentos fallidos en 1990 y 1991, cuando el torneo caribeño estaba en estado de coma y necesitaba reoxigenarse a como diera lugar.

En aquellas ediciones, una en el Orange Bowl y la otra en el Bobby Maduro, el público no respondió como esperaban los organizadores.

Pero los tiempos y las circunstancias han cambiado radicalmente y las cosas ahora podrían darse de manera muy distinta.

Entonces, la población ampliamente mayoritaria de Miami era cubana, que no se identificaba con los clubes profesionales de República Dominicana, Puerto Rico, México y Venezuela.

Ahora la composición demográfica del sur de la Florida ha cambiado para convertirse en una ensalada mixta, con gran presencia de fanáticos venezolanos, boricuas, quisqueyanos y hasta mexicanos, además de que el regreso de Cuba a estas lides desde el 2014 aseguraría la presencia de sus seguidores.
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Beisbol Olímpicos
Getty ImagesLa Asamblea General del Comité Olímpico Internacional aprobó el regreso del béisbol a los Juegos Olímpicos en Tokio 2020

El béisbol regresará a los Juegos Olímpicos en la edición del 2020, que se celebrará en Tokio, Japón.

La Asamblea General del Comité Olímpico Internacional (COI), reunida en Río de Janeiro, aprobó este miércoles por unanimidad la vuelta del beisbol y el softbol, además de la inclusión del karate, el surfing, monopatín y escalada deportiva en el calendario de competencias para dentro de cuatro años.

Y aunque la noticia llena de regocijo a los amantes de las bolas y los strikes, no hay que echar a volar las campanas al vuelo y celebrar con cautela, pues que se juegue pelota en Tokio no garantiza la continuidad para próximas citas olímpicas.

El béisbol debutó como deporte oficial olímpico en Barcelona 1992, luego de dos presentaciones como exhibición en Los Angeles 1984 y Seúl 1988.

Se mantuvo en el calendario en las ediciones de Atlanta 1996, Sydney 2000, Atenas 2004 y Beijing 2008, pero salió en Londres 2012 y tampoco estará en los Juegos de Río que comienzan el viernes.

Era de esperarse que volviera a la capital nipona. Los países organizadores tienen el derecho de incluir ciertas disciplinas deportivas que resulten en extremo atractivas al público local.

Y el béisbol, sabemos, es el deporte nacional de Japón. Pero más allá del 2020, nadie sabe qué pasará.

¿Por qué? Estas son algunas razones para mirar el futuro del béisbol olímpico con escepticismo.

Seamos honestos. La calidad de los torneos en la mayoría de las ocasiones dejó mucho que desear.

Era la época en que la entonces poderosa selección cubana ninguneaba a rivales inferiores, casi juveniles que no le plantaban cara en el campo de batalla.

Además, está el aspecto de la representatividad. Cada continente debe tener al menos un equipo, en un deporte que se practica más que nada en Norte, Centroamérica, el Caribe y Asia.

En otras palabras, no son todos los que están, ni están todos los que son.

A eso súmenle la duración de los partidos, muchas veces sobre las tres horas, que no lo hacen atractivo a los intereses de la televisión y sobre todo, a los jerarcas del olimpismo, en su mayoría procedentes de países europeos sin tradición en este deporte.

Al difunto Juan Antonio Samaranch, el hombre que revolucionó el olimpismo al permitir la entrada de los profesionales, mencionarle la palabra béisbol era como mentarle la madre o invocarle al demonio.

Y por igual camino anda el alemán Thomas Bach, actual titular del COI.

Es por eso que lo de Tokio es una oportunidad única para que el torneo beisbolero eleve su calidad con la participación de jugadores rentados del mayor nivel posible y para ello es necesario que las Grandes Ligas se involucren de lleno en ello.

Aquí se complican las cosas, porque los Juegos Olímpicos coinciden en fecha con la temporada de MLB y no parece posible que la campaña se detenga por dos semanas para permitir la participación de las estrellas de las Mayores.

Si para el Clásico Mundial, que es fuera de temporada, los equipos de Grandes Ligas ponen caras feas para permitir la

participación de sus jugadores, imagínense si lo harán a mitad de la contienda, con todo el dinero invertido en sus estrellas.

Pero algo hay que hacer y trabajar en ello desde ya, para asegurar un nivel alto del torneo, que enamore a los mandamases del olimpismo para la cita del 2024.

Y he aquí otro problema. Cuatro ciudades pugnan por organizar el magno evento después de Tokio.

Los Angeles, París, Roma y Budapest son las candidatas. Si la elegida es la urbe californiana, la permanencia del béisbol está garantizada por otros cuatro años.

Si es Roma, tal vez, pues en la península italiana se juega bastante béisbol.

Pero si es en Francia o Hungría se complican las cosas. Sin ninguna tradición, los organizadores estarían obligados a construir la infraestructura necesaria para un deporte que quizás no se vuelva a jugar después que se apague el fuego olímpico.

Lamento cortar de golpe el entusiasmo, pero esa es la dura realidad: el olimpismo y el béisbol no forman precisamente el más feliz de los matrimonios.

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A las cuatro de la tarde terminó una jornada frenética, en la que no dejaron de sonar los teléfonos de gerentes generales de los 30 equipos.

Hubo ganadores a corto y largo plazo al terminar el período de canjes, en tanto se arreglaron potenciales acuerdos a futuro que podrían cambiarle la faz a franquicias que hoy son perdedoras.

Los Cachorros de Chicago, los Indios de Cleveland y los Nacionales de Washington se llevaron a los tres mejores relevistas disponibles en el mercado.

Aroldis Chapman
AP Photo/Charles Rex ArbogastEl cubano Aroldis Chapman le dio más profundidad al bullpen de los Cachorros, que busca la Serie Mundial.
Los Cachorros y los Indios cedieron varios de sus más talentosos prospectos a los Yankees de Nueva York para adquirir al cubano Aroldis Chapman y a Andrew Miller, respectivamente, mientras que el equipo de la capital obtuvo al derecho Mark Melancon de los Piratas de Pittsburgh.

Los Yankees también se deshicieron del puertorriqueño Carlos Beltrán, quien se va a reforzar a los Rangers de Texas, ya como jardinero, ya como bateador designado, para cubrir la vacante dejada en la alineación por el lesionado Prince Fielder.

Texas además añadió al receptor Todos Estrellas Jonathan Lucroy de los Cerveceros de Milwaukee, con lo que quedan en posición envidiable para dar el último impulso hacia la postemporada.

Los Mets de Nueva York se hicieron del poderoso bateador zurdo Jay Bruce, de los Rojos de Cincinnati, con la esperanza de que se convierta en el Yoenis Céspedes del 2016, que los rescate como hizo el cubano el año pasado.

Bruce es el primer líder en carreras impulsadas en ser canjeado en medio de la temporada desde que comenzó a llevarse la estadística en 1920.

Los Dodgers de Los Ángeles también pescaron bueno el último día, al traer de Atléticos de Oakland al jardinero Josh Reddick y al lanzador Rich Hill.

La llegada de Reddick confirma que los días del cubano Yasiel Puig en Los Ángeles parecen estar contados y ahora podría ser colocado en la lista de waivers, de donde quizás sea reclamado por los Medias Blancas de Chicago, interesados en sus servicios.

Los Marlins de Miami le devolvieron a los Padres de San Diego al derecho Colin Rea, lesionado tras lanzar cuatro innings con su nuevo equipo y recibieron de vuelta al dominicano Luis Castillo, a quien intentaron canjear a los Yankees por su compatriota Iván Nova, a la larga enviado a los Piratas.

Por cierto, Pittsburgh soltó, además de a Melancon, al zurdo quisqueyano Francisco Liriano hacia Azulejos de Toronto, librándose de más de 15 millones de dólares de salario pendiente.

Con vistas a un futuro inmediato, entiéndase el 2017, los Bravos de Atlanta adquirieron de los Padres al jardinero Matt Kemp y se deshicieron del problemático cubano Héctor Olivera.

Además, parece que dejaron ''palabreado'' un intercambio del cátcher Brian McCann con los Yankees durante la temporada muerta.

Los Bravos estarán estrenando estadio en la próxima campaña y quieren poner un equipo competitivo sobre el terreno, bien diferente al que este año le apunta a las 100 derrotas.

McCann es a fin de cuentas un jugador querido en Atlanta, donde jugó sus primeras nueve campañas antes de irse a Nueva York como agente libre en el 2014, que puede ayudar a atraer público al nuevo parque.

Y ganadores a largo plazo fueron los Yankees, aunque sus más fervientes seguidores no lo vean así.

De la noche a la mañana, Nueva York posee, gracias al talento adquirido por los traspasos de Chapman, Miller, Beltrán y Nova, uno de los sistemas de fincas más sólidos y abundantes de todo el béisbol.

La última vez que los Yankees se vieron en esta situación de vendedores al por mayor fue en 1992, lo que les permitió crear un núcleo de jóvenes en las Menores que con el tiempo se tradujo en la famosa dinastía de Derek Jeter, Bernie Williams, Jorge Posada, Andy Pettitte y Mariano Rivera.

La paciencia es una virtud y Nueva York aprendió que los trofeos no se compran a golpe de billete, sino con trabajo.

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Harry How/Getty ImagesFernando Rodney comenzó la temporada con San Diego, al igual que Cashner y Rea, y ahora los tres se encuentran de nuevo con los Marlins.
MIAMI - Primero fue el veterano dominicano Fernando Rodney para reforzar el bullpen y ahora son Andrew Cashner y Colin Rea para reconstruir la rotación abridora.

Los Marlins de Miami salieron al mercado en busca de ayuda y la encontraron siempre en San Diego.

Junto con Cashner y Rea llega también el prospecto colombiano Tayron Guerrero en un canje por los derechos Jarred Cosart y Carter Capps y dos peloteros de ligas menores, el lanzador dominicano Luis Castillo y el primera base Josh Naylor.

El cambio es ganancia completa para Miami, independientemente de que Cashner sea una especie de alquiler por lo que resta de la campaña, antes de irse a la agencia libre.

Pero es precisamente esa inminente entrada al mercado la que debe motivar más al derecho de 29 años a lucir lo mejor posible para hacer subir sus acciones, tras una primera parte de la campaña desafortunada, en la que exhibe balance de 4-7 y efectividad de 4.74.

En el caso de Rea, es un joven que no será agente libre hasta el 2022, con apenas 24 aperturas en las Mayores y récord de 7-7, que ha mostrado destellos de extrema calidad, como cuando mantuvo por siete innings sin hits ni carreras a los New York Mets en mayo pasado.

Y los Marlins se deshicieron de Cosart, un hombre emocionalmente bastante inestable que nunca cubrió las expectativas con las que llegó al equipo.

Además, salieron de Capps, una interrogante en medio de la recuperación de la operación Tommy John y con problemas en su mecánica de lanzar que podría ser la causa precisamente de las lesiones en su brazo.

"Bienvenidos. El equipo ha seguido buscando piezas y creo que ellos pueden ser de gran ayuda para la rotación", dijo Rodney, quien vino de los Padres el 30 de junio.

"Ellos son dos competidores fuertes y creo que van a acoplarse muy bien a la química que se siente en este equipo", añadió el experimentado relevista, quien dijo estar feliz por el canje que lo trajo desde la costa Oeste.

"Aunque dejas atrás a compañeros de equipo con los que ya tenías una buena relación, se siente bien que un equipo con posibilidades de ganar valore tu trabajo y te escoja como refuerzo", señaló Rodney.

"Eso te hace sentir importante y te da más deseos de ganar, porque es la puerta a nuevas oportunidades, que en el otro equipo no la teníamos".

"Pienso que ellos vendrán con la misma mentalidad y motivación para ayudar a este equipo que ha confiado en nosotros", expresó el dominicano, que espera volver a lanzar por su país en el IV Clásico Mundial de Béisbol, que se disputará en la primavera del 2017.

"Claro que me gustaría. Si la salud me acompaña, espero poder estar en el equipo dominicano, pero vamos a ver primero cómo terminamos y cuán larga puede resultar esta temporada", concluyó el relevista, que hizo famoso el "platano power" en el Clásico del 2013.

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MIAMI - Dee Gordon finalmente enfrentó a la prensa a su regreso al Marlins Park, tras cumplir una suspensión de 80 juegos por uso de sustancias prohibidas.

Gordon, quien no podrá participar en los playoffs si los Marlins de Miami avanzan, fue colocado en el primer turno del orden al bate de los peces en el inicio de una serie de cuatro juegos ante los Cardenales de San Luis.

Al llegar al terreno, un enjambre de reporteros lo esperaba para ver qué tenía que decir el ídolo caído, el energético intermedista que enamoró a la afición de Miami con sus fildeos espectaculares y su velocidad.

Pero más que un Marlin, el jugador se mostró como una anguila, esquivo y resbaladizo. En términos beisboleros, tiró curva cuando todos esperaban respuestas directas como rectas.

"He aprendido a ser menos autocomplaciente, bajé la guardia y cometí un error. Uno no puede bajar la guardia. Creí que esto nunca me pasaría y esto me ha costado mucho'', señaló el pelotero, que ganó en el 2015 la corona de bateo de la Liga Nacional con average de .333, además de liderar el circuito en hits (205) y bases robadas (58).

Ese rendimiento llevó a la gerencia a apostar en grande por él y le concedió una extensión contractual por cinco años y 50 millones.

Pero menos de un mes después de iniciada la actual contienda, lo echó todo a perder.

¿Qué quiso decir con eso de "bajar la guardia y cometer un error"? ¿Qué es "error"? ¿Usar esteroides o dejarse sorprender en la trampa?

"Vamos Dee, este es el momento perfecto para decirlo todo'', le pidió un reportero.

"No voy a responder eso. Una vez que me puse el uniforme del equipo, ya todo eso quedó atrás. Cometí un error, ya me disculpé con mis compañeros y estoy listo para jugar béisbol''.

Gordon no soltó prenda y dejó demasiadas interrogantes en el aire.

¿Cómo y cuándo se decidió a apelar al engaño para mejorar sus números?

¿Qué Gordon veremos en este regreso: el que bateó .333 en el 2015 o el que promediaba .266 al momento de la suspensión?

¿Fue ese liderazgo de bateo ya ayudado por los esteroides?

Es posible que el tiempo nos de las respuestas a algunas de esas preguntas, aunque quizás otras queden sin contestación.

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Se veía venir. El cubano Aroldis Chapman ya no es más de los Yankees de Nueva York y ahora salvará juegos para los Cachorros de Chicago.

El pitcher más intimidante de todo el béisbol es quizás la pieza que les faltaba a los Cachorros para romper la maldición de la cabra, esa que los ha mantenido fuera de la Serie Mundial desde 1945.

Desde que debutó en el 2010, el lanzallamas cubano ha realizado 1,658 pitcheos a 100 millas por hora o más, casi nada si se tiene en cuenta que los demás serpentineros zurdos de las Grandes Ligas han tirado en ese lapso 12 envíos sobre las 100 mph.

De inmediato ocupará la posición de cerrador que ahora tiene el venezolano Héctor Rondón.

Chapman, a pesar de perderse todo el mes de abril por su suspensión en un caso de violencia doméstica, ya suma más salvamentos (20) que Rondón (18), que ha estado con el equipo desde el principio de la temporada.

A cambio, los Yankees obtuvieron al campocorto venezolano Gleyber Torres, de 19 años, los lanzadores derechos Billy McKinney y Adam Warren y un jugador más, presumiblemente el veloz jardinero Rashad Crawford.

Torres y McKinney estaban ranqueados como número uno y cinco, respectivamente, entre los prospectos de la organización de Chicago, mientras que Warren regresa a los Yankees, de donde salió en el canje por el dominicano Starlin Castro.

Al salirse de Chapman, los Yankees confirman su plan de austeridad para reconstruir el equipo en las próximas temporadas a partir de figuras jóvenes.

Detrás del cubano podrían irse también el zurdo relevista Andrew Miller y el veterano jardinero boricua Carlos Beltrán.

Aroldis Chapman
AP Photo/Kathy WillensAroldis Chapman tendrá un nuevo hogar en las mayores.
E incluso se habla de dejar en libertad al decepcionante Mark Teixeira antes de que se le venza su contrato al final de esta temporada y de Alex Rodríguez, a quien le queda un año más, aunque tengan que pagarle 21 millones que le adeudan todavía.

A eso súmenle que el equipo podría no ejercer la opción que tiene sobre CC Sabathia en el 2017 y el dominicano Iván Nova será agente libre al finalizar la campaña actual.

Eso le daría a los Yankees una flexibilidad financiera para nuevas contrataciones como no han tenido desde que murió el viejo George Steinbrenner y sus hijos adoptaron una filosofía más moderada en cuanto a gastar dinero se trata.

La gerencia sabe que estos Yankees del 2016, incluso en medio de esta racha ganadora con la que han comenzado la segunda mitad de la temporada, no van a llegar muy lejos y es inteligente comenzar desde ya a preparar el futuro que le devuelva a la franquicia su brillo histórico.

Pero para esperanzas de los fanáticos neoyorquinos, que disfrutaron brevemente de los relámpagos de Chapman en el noveno inning en Yankee Stadium no todo está perdido.

Los Cachorros simplemente lo alquilaron para este cierre de campaña, con la esperanza de que los ayude a llegar al Clásico de Octubre por primera vez en 71 años y quién sabe si a ganarlo finalmente, algo que no han logrado desde 1908.

El equipo anunció que no negociará una extensión contractual con el cubano, quien probará por primera vez su valor en la agencia libre.

Cuando caiga el último out de la próxima Serie Mundial, el cubano volverá a estar disponible en el mercado y quién sabe si los Yankees consiguen pescarlo, aunque con ello inicien otra etapa de gastos desenfrenados.

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Rob Manfred
AP Photo/Paul SancyaRob Manfred ha dejado en claro que una de sus prioridades es reducir el tiempo promedio de los partidos en MLB, que en 2016 anda por los 3:04.
En su afán de acelerar el ritmo de los partidos, ahora resulta que al comisionado de las Grandes Ligas, Rob Manfred, se le ha ocurrido la posibilidad de restringir el uso de los lanzadores de relevo.

Así lo hizo saber durante su participación el jueves en el programa de ESPN Mike & Mike, donde se le presentaron nueve sugerencias de parte de los fanáticos para mejorar el béisbol.

Manfred reconoció que llevaba tiempo dándole vueltas a esa idea, por el tiempo que conlleva cada cambio de lanzadores en medio de un inning.

¿Cómo puede ocurrírsele semejante disparate al hombre que rige los destinos del mejor béisbol del mundo?

A ver, vamos por partes, como diría Jack el Destripador.

¿Será acaso que Manfred pretende limitar a los managers a usar, digamos, un relevista por inning?

Pongamos ejemplos para demostrar cuán absurda es esta idea.

Un equipo está en las postrimerías de un juego que puede definir su clasificación a los playoffs y cuenta con buenos apagafuegos, tanto zurdos, como derechos.

Uno de los relevistas derechos abrió, digamos, el octavo inning, pero el conjunto contrario ha iniciado una rebelión y amenaza con empatar las acciones.

Vienen en turno, imaginemos, Bryce Harper y Daniel Murphy y usted como manager tiene en el bullpen a un especialista en lanzarle a los zurdos.

¿No puede traerlo porque excede la cifra de lanzadores relevistas por inning?

¿O qué tal que ese zurdo retira a Harper y Murphy para los outs uno y dos del episodio, pero luego viene un bateador derecho?

¿No puede traer a un pitcher derecho para sacar ese tercer out?

Por favor, señor Manfred, ¿acaso no se ha enterado de que es en los innings finales, cuando se le echa mano al bullpen, cuando más entra a jugar la estrategia de los dirigentes?

Si un relevista viene mal, ¿hay que permitir que le caigan a palos hasta que termine el episodio y no sustituirlo?

Manfred lleva desde 1987 ligado al béisbol, pero a su parte legal, como negociador de los convenios laborales colectivos, o involucrado activamente en las conversaciones con el sindicato de jugadores que dieron forma a la política antidopaje en las Grandes Ligas.

Así fue subiendo dentro de la estructura gerencial de la MLB a la sombra de su predecesor, Bud Selig, hasta llegar a ocupar la máxima jerarquía.

Pero eso no lo hace un conocedor de la esencia del deporte, algo de lo que debía al menos informarse un poquito más.

Es cierto que se necesita acelerar el ritmo de los juegos, que este año anda por tres horas y cuatro minutos de duración como promedio por cada partido.

Esos son 15 minutos más que hace diez años, cuando un juego duraba una media de dos horas y 49 minutos.

Pero limitar el uso de los relevistas NO es la solución.

Hay otras variantes, como acortar el tiempo entre innings. Pero esta opción está muy ligada a la televisión, pues ello implicaría menos tiempo de comerciales y por ende, menos ingresos, algo que no estoy seguro de que Manfred quiera considerar siquiera.

Otra es limitar el tiempo que se toman los umpires en analizar y decidir una apelación en video.

A veces los árbitros y el centro de videos en Nueva York se pasan hasta cinco minutos en decidir si mantener o revertir una jugada, incluso alguna que es evidente a la primera vista en cámara lenta.

Acelerar ese proceso ayudaría mucho a mejorar también el ritmo de los partidos.

Podría también limitarse el número de conferencias entre lanzadores y receptores, que sí son excesivas, a veces hasta tres en un solo turno al bate.

En ocasiones, pitcher y cátcher no entienden bien las señas y varias veces el enmascarado se levanta detrás del home y se acerca al montículo para aclarar el malentendido.

Y está también el conceder con una simple orden las bases por bolas intencionales, sin necesidad de hacer los cuatro pitcheos, tal como se hace en los torneos populares de softbol, aunque eso no representaría una ganancia significativa de tiempo, pues los pasaportes gratis no se regalan en todos los juegos.

Variantes hay. Sólo hay que analizar y aplicar aquellas que ayuden sin afectar la esencia de un deporte rico en tácticas y estrategias.

Pero al paso que vamos, si por el comisionado Manfred fuera, el béisbol de Grandes Ligas terminará jugándose en consolas de PlayStation o Nintendo.
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Beisbol, MLB

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