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Las artes oscuras del fútbol: La guía a los trucos en jugadas, piscinazos y faltas que hacen la diferencia

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Sergio Ramos ensayó con Dani Alves y concretó con Salah (2:09)

El defensor español y dos maniobras calcadas. En la final de 2017 atendió al brasileño y ante Liverpool le hizo lo mismo al egipcio. (2:09)

Las leyes del fútbol se encuentran en constante evolución. En años recientes, se han producido cambios en cuanto a los saques iniciales, alteraciones al castigo por faltas al “ultimo hombre” y la tan esperada implementación del VAR.

Las reglas y regulaciones no se han adaptado mucho para así evitar frenar las maniobras de juego y de cierta forma, ese es el objetivo: no se trata tanto de romper leyes en sí, sino buscar aprovechar los límites hasta así conseguir una forma de adelantarse al rival.

Una descripción popular de esas acciones la denomina como “artes oscuras”. Sin embargo, ¿cuáles son sus principales manifestaciones? Aquí les mostramos 10 ejemplos.

Faltas tácticas

¿Se acuerdan de aquella tristemente célebre incursión de Sergio Ramos en la final de la Champions League que terminó inclinando la balanza del partido a favor del Real Madrid?

No, no hablamos de esa en la cual pensaron. Dos años antes de su colisión con Mohamed Salah, Ramos apeló a su lado más cínico para detener a Yannick Carrasco, del Atlético de Madrid, en tiempo de reposición, con la pizarra 1-1. Con Antoine Griezmann a la izquierda y Fernando Torres a su derecha, Carrasco subió en una jugada a la contra, tres contra uno.

Danilo fue el único defensor del Madrid que se interponía entre el trío atacante y el arco y el gol de Jesús Navas, pero llegó Ramos, desde atrás, para así tumbar a Carrasco. De un Atleti que quizás tenía 50 por ciento de probabilidades de anotar, ahora debían limitarse a un tiro libre en el círculo central. El Madrid podía reorganizarse y apenas quedaban 30 segundos en el cronómetro.

En una era en la cual el contraataque forma parte crucial del juego de fútbol y los equipos intentan penetrar con gran presencia en la cancha y arriesgan dejar a su volante fuera de la jugada, los mediocampistas en particular buscarán hacer faltas porque saben que es mejor asumir una tarjeta amarilla y tolerar un tiro libre que permitir que incursionen los rivales de forma irremediable.

José Mourinho acusó al Manchester City de esa práctica el año pasado, y si bien Pep Guardiola desestimó esas acusaciones en el documental sobre el club “Todo o nada”, su asistente Mikel Arteta pudo ser escuchado diciéndole a los jugadores del City que cometieran faltas técnicas de ser necesario. Tal filosofía ha sido adoptada como parte fundamental de planes defensivos de juego y “asumir una por el equipo” se ha hecho aceptable. Sin embargo, es un ámbito en el cual el castigo no se correlaciona con el delito cometido. De cierta forma, cometer este tipo de faltas de forma descarada se está incentivando efectivamente dentro el balompié mundial.

Meterse en el cerebro del juez

Algunos equipos, jugando de local, son sumamente efectivos a la hora de influir en la mentalidad de un árbitro, incluso antes de que se patee el balón por primera vez… y en ocasiones, hasta después de finalizado el encuentro. Luego de su retiro, el exárbitro mundialista Graham Poll sugirió que uno de los grandes clubes europeos le obsequiaba un reloj después de cada partido, mientras que otro regalaba camisetas de réplica para todos los hijos de los jueces.

Otros clubes proveen escolta policial a los árbitros mientras ingresan a la cancha, incluso si no es estrictamente necesario. ¿Esto ocasiona que se muestren menos inclinados a decidir en contra del equipo que les extiende la alfombra roja?

Bloqueando en saques de esquina

La victoria 7-1 de la selección alemana sobre Brasil en las semifinales del Mundial 2014 es uno de los resultados más famosos de la historia del balompié. Si bien la mayoría de los goles teutones fueron producto del contraataque, el primero fue producto de un tiro de Thomas Müller luego de un saque de esquina de Toni Kroos.

¿Por qué estaba Müller solo frente al arco? David Luiz, quien tenía la responsabilidad de marcarle, había sido bloqueado por Miroslav Klose, quien corrió directo hacia el defensa brasileño mientras que Müller se replegaba frente al travesaño. Los jugadores alemanes insistieron que no fue algo intencional. De todos modos, demostró el valor que puede representar bloquear en situaciones similares.

Si bien esta táctica no es nada nueva (el Chelsea durante la primera estancia de Mourinho con el club se especializó en ello y algunos equipos aficionados lo han estado haciendo por años), este tipo de bloqueos se ha hecho común y de forma sutil en temporadas recientes. Algunos clubes incluso llegan a emplear entrenadores especializados en jugadas de este tipo para trabajar en rutinas particulares.

Es especialmente efectiva contra equipos que defienden con marcas personales en vez de implementar esquemas zonales. Sin embargo, podría hacerse cada vez menos visible tras la implementación cada vez mayor del VAR.

¡Vamos, juez! ¡Sancione correctamente!

Las quejas de Mourinho sobre el City y su inclinación a hacer faltas técnicas fueron, en sí mismas, una forma de intentar ganar una ventaja táctica. Sería ingenuo pensar que los árbitros no estaban enterados de comentarios de este tipo, sino también creer que no estaban afectados por ellos. En este ejemplo, si bien el técnico del Manchester United quizás tendría algo de razón con respecto a las faltas del City, no le correspondía estar dando consejos a los árbitros.

A pesar de ello, los jugadores nunca se cansan de intentar criticar a los réferis en la cancha. Los futbolistas siempre se han salido con la suya en demasiadas ocasiones con sus expresiones de desacuerdo y se ha hecho rutina verlos enfrentarse a un árbitro cuando decide en contra de ellos. En partidos importantes, particularmente durante la liga española en la última década, la situación se ha hecho inaceptable, en lo que es una obvia estrategia preparada para infundir mayor presión en los minutos iniciales.

Lo más interesante es que frecuentemente se produce luego de que el árbitro ha decidido a favor del equipo que protesta. No hacen una protesta muy airada contra un tiro libre a favor del oponente, por ejemplo, temiendo verse expuestos si la oposición hace la jugada rápidamente. Por el contrario, insisten que la falta debe ir acompañada de una tarjeta amarilla. Si el árbitro no presta atención, los jugadores pueden llegar a alzar tarjetas imaginarias para dar a entender su mensaje.

Es una escena poco agradable a la vista porque el árbitro usualmente no puede justificar una sanción a múltiples jugadores, pero una especie de castigo colectivo (a pesar de que involucre la expulsión del técnico, siendo responsable de la conducta de su equipo) podría ayudar a facilitar este problema.

Robar metros en los saques de banda

No es el mayor crimen que se pueda cometer en el fútbol, pero quizás es el más común. No solo los jugadores son liberales a la hora de buscar un sitio para hacer un saque de banda, sino que están siempre listos para subir la cancha con el balón en sus manos para así ganar preciosos metros en dirección a la meta contraria.

Esto se hace particularmente frecuente cuando “simulan” un saque. Se detienen y luego, en su segundo intento, avanzan un poco más allá del sitio donde debieron haberlo hecho. En un mundo en el cual los equipos hacen incursiones cada vez más veloces hacia el área contraria esto se ha convertido en estrategia clave, unos 10 metros extras pueden hacer una diferencia importante en lo que respecta a la posesión del balón.

Pérdidas de tiempo

De los 64 partidos disputados en el Mundial de Rusia 2018 (excluyendo los que llegaron a tiempo extra), el más corto en cuanto a tiempo en el cual el balón estuvo en juego, sumó 45 minutos de fútbol: Egipto-Arabia Saudita en fase de grupos. El más largo, duró 67: Bélgica-Inglaterra en el partido para definir el tercer lugar.


La diferencia es sustancial (un partido fue literalmente 50 por ciento más largo que el otro en cuanto al fútbol disputado) y esa brecha influye la forma en la cual los menos favorecidos asumen el partido. Uno de los clubes más pequeños de la Premier League, por ejemplo, estaría complacido en firmar un empate 0-0 en una visita al Manchester City. Claramente, un resultado así es más probable en 45 minutos de fútbol que en 67.

Los equipos siempre pierden tiempo cuando tienen la ventaja. Sin embargo, es notable cuando algunos lo intentan a partir de los minutos iniciales, cuando no se ha abierto el marcador: se demoran en hacer saques de banda, los disparos al arco se hacen desde la banda opuesta y los jugadores perderán la mayor cantidad de segundos posibles en levantarse tras haber sufrido una falta, por ejemplo.

Las estadísticas antes mencionadas demuestran que se hace una diferencia significativa y los efectos al romper el ritmo del rival (incluso si el árbitro agrega tiempo de reposición) no deben subestimarse. En algún momento, el mundo del fútbol deberá entender la extensión del problema e inclinarse por imponer un cronómetro, al estilo de la mayoría de los deportes norteamericanos.

“Simulaciones” o creación de contacto

Todos hemos presenciado situaciones en las cuales claramente un atacante ha sido objeto de zancadillas o jalones en el área, para hacer lo “honorable” y no caer. Por ello, el árbitro no sanciona con un penal. Considerando lo anterior, ¿pueden culpar a un delantero cuando este cae? Sin embargo, estas acciones quedan a un pequeño paso de exagerar un contacto mínimo, que roza de forma incómoda con el llamado “piscinazo” o terminar inventando una falta. ¿Dónde podemos establecer un límite?

Luego, tenemos la interrogante sobre la creación de contacto. Algunos jugadores, como Wilfied Zaha del Crystal Palace, ganan penales debido a su habilidad con estos trucos. No hay nada malo al tentar de forma específica (digamos, al intentar atraer a un defensor para que éste cometa una falta al dejar una pierna lista para propinarle una zancadilla), pero esto queda a un trayecto muy corto de hacer contacto activamente con el rival antes de caer al césped.

Las autoridades han intentado atacar los piscinazos al introducir suspensiones retroactivas, pero eso no afecta el resultado del partido en el cual ocurrió la ofensa. El VAR podría ayudar a recobrar equilibrio en este aspecto.

Faltas rotacionales o compartir el trabajo sucio

Usualmente, Mourinho ha hecho que Eden Hazard sea marcado de forma personal cuando el Manchester United se enfrenta al Chelsea, con resultados distintos. El volante belga es engañoso bajo presión, tanto, que inevitablemente termina ganando tiros libres por parte de sus rivales y una vez que se ha sancionado al defensor, la marcación personal termina siendo algo peligroso, tal como lo descubrió Ander Herrera en los cuartos de final de la FA Cup en 2016-17.

Durante la reunión más reciente entre ambos clubes, se hizo notable que las tres primeras faltas contra Hazard fueron cometidas por distintos jugadores del United. Si el mismo futbolista hubiera pecado en varias ocasiones, seguramente habría sido objeto de una advertencia. Por el contrario, una combinación de jugadores compartió la responsabilidad de afectar al hombre peligroso del Chelsea.

En ocasiones, cuando los jugadores alzan un dedo para indicar que se trata de su primera falta, la estrategia se hace obvia. Los árbitros eventualmente se cansan de tantas infracciones y sancionan a un cuarto o quinto ofensor (típicamente, parece que la menor de las faltas es castigada). Sin embargo, sigue siendo una forma popular de ir en contra de atacantes difíciles de neutralizar.

El arte retro del “reductor”

Finalmente, volvemos con Ramos. Su choque con Salah en la final de Champions fue, a primera vista, un incidente relativamente inocente en el cual un defensa adelanta su pie para tomar el balón de forma limpia, para luego ver a ambos jugadores caer al piso. Solo después de ver la repetición una y otra vez comenzaron a surgir sospechas: ¿Acaso Ramos jaló a Salah con el brazo de forma deliberada, haciendo que el egipcio del Liverpool cayera al césped de forma tan incómoda que debió verse obligado a salir por una lesión? Solo lo sabe el propio Ramos; no obstante, su historial nos sugiere que no es ajeno a trucos de este estilo.

Peculiarmente, hay que apuntar que este tipo de situaciones es tolerado ocasionalmente en Inglaterra. Intentar ganar un penal es considerado como una maniobra clandestina, pero el contacto abiertamente físico (que no busca lesionar a un jugador sino “hacerles saber de una presencia” para así buscar que un jugador lo piense dos veces cuando tenga nuevamente la posesión) es considerado lícito. Pero siendo honestos hay que recalcar que se trata de la forma más descarada de hacer trampa en esta lista y algo que literalmente va en contra de las Leyes del Fútbol, en lo que respecta al uso innecesario de la fuerza que debería conducir a tarjetas tanto rojas como amarillas.

Quizás, ese es el problema a la hora de vigilar esta clase de astucias en la cancha: lo que es considerado como pecado en un lugar es aceptable en el otro. Algunos cambios en las reglas, al igual que la implementación del VAR, podrían cambiar las cosas de ciertas formas, pero ciertamente que la astucia y los trucos siempre formarán parte del juego de fútbol.