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River y una noche llena de horrores, déjà vues, bronca y amor

Cuando el sombrío cierre de 2025 parecía empezar a quedar atrás, River dio demasiados pasos atrás y fue goleado por Tigre en el Monumental, que explotó contra los jugadores.

La discreta tranquilidad que había otorgado el correcto comienzo en el Torneo Apertura 2026, con dos triunfos y un empate, se agotó este sábado, con una dolorosa derrota por 4 a 1 que en determinado momento pudo ser más abultada.

Porque el equipo de Dabove pasó por arriba al de Gallardo, que cometió un sinfín de errores defensivos y pagó por casi uno de ellos: perdiendo 4-0 y con inferioridad numérica, el Matador estuvo cerca de emular los cinco goles que marcó en Núñez hace 16 años.

El Monumental, de la ilusión a la explosión

Como en mucho tiempo no había sucedido, los más de 80.000 hinchas que colmaron el Estadio Antonio Vespucio Liberti arribaron con la ilusión que les concedía un buen inicio de temporada: la medida satisfacción iba de los refuerzos a los resultados, pasando por un rendimiento aceptable.

Quizás en otro contexto los primeros pasos de River en 2026 hubieran sido lo lógico, pero el nefasto tramo final de 2025 dejó la vara baja y, en definitiva, el equipo había mostrado señales de mejora en el comienzo del Apertura.

La calurosa tarde sabatina, entonces, transcurría con tranquilidad. Aplausos para varios en la previa, incluido Paulo Díaz, quien reapareció contra Central en el Gigante de Arroyito, ovación para Gallardo y momento emotivo con homenaje y cántico para el Pity Martínez, quien volvía a Núñez pero con la camiseta de Tigre.

Como de costumbre, River empezó dominando la pelota, pero el partido rápidamente se hizo cuesta arriba, una dinámica que a lo largo de la noche no hizo sino empeorar: el primer reclamo de la hinchada, transcurrida media hora de partido, fue acompañada por silbidos en el entretiempo.

Y en una imagen repetida, como si el partido tuviera dos partes iguales, un comienzo con algo de actitud fue rápidamente opacado por otro mazazo, en este caso una daga.

Pero fue el cuarto gol, nuevamente obra de Nacho Rusos, hijo de Miguelo, el que terminó de colmar la paciencia de la gente, que como el año pasado ante Riestra, Sarmiento y Gimnasia, tres de las cuatro derrotas consecutivas en casa, explotó.

"Jugadores, la c* de su madre", el cántico de bronca por excelencia, le puso ritmo a un tramo caliente de la noche, una noche que terminó con el gol del honor de Rivero y con una nueva lluvia de silbidos para despedir al equipo.

Maratón de errores y horrores en Núñez

Casi todo lo que hizo River durante los (interminables) 90 minutos que duró el partido ante Tigre estuvo mal. En ataque no fluyó, salvo algunos esporádicos embates de Fausto Vera o Juanfer Quintero, y prácticamente no inquietó a Zenobio.

Como no podía romper por abajo el orden del equipo de Dabove, el local se limitaba a tener la pelota (más del 70% del tiempo, incluso jugando casi todo el complemento con 10) y tirar vagos centros que no encontraban destinatario, con Colidio y Salas una vez más desconectados, extendiendo la larguísima mala sequía goleadora de los delanteros.

Pero los errores en ofensiva, dignos de un equipo sin fútbol ni ideas, un déjà vu del 2025, se multiplicaban en defensa, otro déjà vu del 2025. Cada vez que River retrocedía, sufría. Y cada vez que sufría, pagaba.

El comienzo de año de Tigre es buenísimo, con tres triunfos y un empate. Y este lunes había dado muestras de que es un equipo peligroso al ganarle merecidamente a Racing en Victoria, con sus dos puntas, David Romero y Nacho Russo, como figuras.

Y al Matador no le pesó el contexto del Monumental: hizo lo que su entrenador, el experimentado Diego Dabove, anticipó este viernes en ESPN F12: "No va a variar el dibujo. Hemos jugado los últimos partidos del año pasado y en el inicio de este con 4-4-2 o 4-3-1-2, siempre dejando a Romero y a Russo con los centrales rivales. Después vamos variando la altura de la presión y los movimientos por dentro, pero intentando dejarlos descolgados y fijando a los centrales rivales, o trabajando a alguno con el 5".

El conjunto azulgrana, según Dabove, acepta jugar en bloque medio-bajo, a sabiendas del peligro que generan sus dos delanteros, hoy muy bien acompañados por los mediocampistas, principalmente Serrago, quien cumplió con la ley del ex. "Después va dependiendo del partido si tenemos más dominio o no", señaló el DT, cuyo equipo no jugó igual contra River o Racing que contra Estudiantes de Río Cuarto o Belgrano.

Durante los 90 minutos, salvo algunas jugadas aisladas, como un tiro al travesaño de Galván o el golazo del honor de Rivero, River no le generó peligro a Tigre, que del otro lado hizo lo que quiso.

La banda izquierda, primero propiedad de Viña y luego de Acuña, dos laterales de Selección, fue completamente de la visita, que jugó toda la noche a sus espaldas y le ganó todos los mano a mano a Rivero.

Nadie de River se salva este sábado, en una bochornosa derrota -amén del partidazo de Tigre- que puede ser un golpe necesario en un buen momento, pero la imagen repetida de correr siempre de atrás a los delanteros rivales, sumada a los terribles horrores individuales, como el de Juanfer Quintero en el segundo gol y, principalmente, el de Aníbal Moreno en el cuarto, marca un partido que, en otro contexto y lugar, podría ser sacatécnico. Por el resultado pero también por las formas.

La expulsión de Vera, polémica, algo exagerada por parte del árbitro Zunino, dejó con 10 a un equipo que dejaba demasiados espacios con 11. El cuarto gol, entonces, era previsible.

El quinto estuvo al caer, pero el Rulo Romero, de partidazo, con gol y dos asistencias, no le atinó al arco de un Beltrán que no tuvo buenas intervenciones pero tampoco responsabilidad en los tantos, los primeros que recibió este año.

El 1-4 final es un resultado maquillado por el golazo de Rivero, pero no llega a relativizar una derrota repleta de errores y horrores que, en el sentir de los hinchas, fue de más de tres goles de diferencia.

El 1-5 que no fue y los recuerdos de las noches más negras

Durante 90 minutos, River rememoró el terrible cierre del 2025, cuando perdió partidos inesperados y, a su vez, rememoró épocas mucho más nefastas, completando estadísticas que no rozaba desde las temporadas del descenso.

El clima del Monumental fue similar, con reprobación, silbidos y muchísima bronca, pero a diferencia de aquellos partidos con Riestra, Sarmiento y Gimnasia, este sábado el Millonario recibió cuatro goles. Cuatro mazazos que fueron golpeando a un estadio colmado.

Pero muchos hinchas del conjunto de Núñez recordaron, con el 0-4 en el marcador y el peligroso constante de otro gol, la noche del 15 de mayo de 2010, cuando un Tigre que recién se instalaba en Primera le metió cinco tantos en el primer tiempo: Chiqui Pérez, José San Roman, Pablo Fontanello, Mariano Pasini y Leandro Lázzaro dejaron sin respuesta a un Millonario que se acercaba al abismo.

El descuento de Rogelio Funes Mori en el inicio del complemento fue anecdótico: River no solo recibió una goleada histórica, sino que uno de sus ídolos contemporáneos tuvo que despedirse sin entrar a la cancha.

¿Quién? Un tal Marcelo Gallardo.

En el cierre de su tercera y última etapa como futbolista en el club, el Muñeco recibió una plaqueta antes del partido, pero su terrible desarrollo llevó a Ángel Cappa a dejarlo sentado, una imagen que recién empezó a borrarse con su histórico y emblemático primer ciclo como DT; en el que ganó absolutamente todo y hasta se convirtió en estatua.

Cuatro goles no recibía desde el 11 de diciembre de 2016, cuando Boca le ganó 4 a 2, y sobre la hora evitó el primer 0-4 desde el 8 diciembre de 2010, frente a Estudiantes.

Al final, las estadísticas son solo eso: estadísticas. Números que pueden ayudar a entender una realidad que, este sábado, fue un recuerdo adentro de otro: recuerdos de la jugada anterior, recuerdos del año pasado, recuerdos de hace 15 años.

El amor después del amor

El enojo progresivo de la hinchada de River en el Monumental fue similar al del 2025. Quizás más parecido al del partido con Riestra, ya que el cúmulo de frustraciones hizo que la bronca decantara más rápido, por ejemplo, contra Gimnasia, en la cuarta caída al hilo en casa.

Pero a diferencia de lo que había sucedido en esa saga de derrotas, el público pareció entender o, más bien, sentir algo: el equipo estaba tocando fondo.

Por eso, cuando ya había entonado los típicos gritos de guerra, minutos antes de que terminara el partido, al unísono el Monumental cantó por amor al escudo. De "jugando bien al jugando mal" a "lo queremos ver a River cuando le lleguen las malas", pasando por "yo soy de River, de River de corazón", el Monumental dejó por un momento el insulto y el murmullo y cerró una noche para el olvido con un grito de cariño por los colores, los que están por encima de todo.

En ese momento llegó el golazo de Rivero, quizás un mimo o un pedido de disculpas, antes de que una cortina de silbidos cerrara una noche que será recordada por mucho tiempo.