La Arena Condá palpita a un mismo ritmo: el de miles de corazones desolados, aún incrédulos por la tragedia que arrasó con los héroes locales de un municipio donde el futbol lo es todo, al menos desde hace tres años.
El Chapecoense partió de la 'Ciudad Verde' para escribir las últimas páginas de una historia cuyo final se adelantó, pero que nació con un ascenso en 2014 y la pronta consagración en el futbol brasileño, con nuevo referente donde nunca se esperaba.
Hace 43 años se fundó el Huracán del Oeste, en los últimos nueve arrasó con todo pronóstico y así pasó de la Serie C a la Serie A, la primera división brasileña, que les habría de premiar a través de un boleto para la Copa Sudamericana, el torneo que finalmente les puso en el mapa.
Los de Chapecó arrancaron la competición en la Segunda Ronda y ahí dieron cuenta del Cuiabá de su país; luego vinieron el Independiente de Avellaneda y el Junior de Barranquilla, también eliminados previo al duelo Semifinal.
En Boedo, Buenos Aires, el 'Chape' empató 1-1 con San Lorenzo; la Vuelta se jugó en Brasil y ahí se selló el 0-0 que aseguraba el boleto a la Final: Danilo Padilha tuvo la noche de su vida y atajó todo envío posible, así hasta garantizar el juego más importante en la historia de su equipo.
El vestidor se convirtió en carnaval y el graderío rugió como una fiera, aún sin imaginar que el balón jamás rodaría en la Final pactada. Una semana después se desplomó el avión donde viajaba el equipo hacia Medellín: 75 personas murieron.
Un poblado de 200 mil habitantes lloró a destajo por los pupilos de Caio Júnior, la historia de éxito que al final no lo fue se propagó por el mundo entero y las humildes ofrendas adornaron Condá, el humilde inmueble donde hoy, entre camisetas verdes, reina el luto.
En el estadio no cabe tanta pena, ya no hay espacio para las condolencias pero siempre habrá refugio para todas las almas. No se sabe si el futbol volverá a Santa Catarina ni qué pasará con la Final soñada, la que prometía el estrellato a un equipo que ya marcha hacia el firmamento, con las lágrimas de sus fieles como combustible y los rezos de último aliento.
