BUENOS AIRES -- El público estalló de alegría y la invasión de la cancha central fue inevitable. Un gran número de fanáticos de Newman poblaron las tribunas desde temprano y con el resultado final concretado, nadie se quiso perder la celebración en el campo de juego. Durante más de una hora después del partido ninguno se movió de la Catedral, donde Agustín Gosio y compañía se abrazaron y posaron para las fotos como los héroes de los más chicos.
El bordó fue el color predominante en una tarde gris que se destacó por un constante viento que atravesó la cancha desde un ingoal al otro, y que influyó tanto en el juego como en el físico de los espectadores, que terminaron de ver el partido con más abrigo que en el comienzo. La tribuna de cemento del CASI se pobló en dos mitades, una para cada club. Dos banderas se robaron la escena de Newman: "La banda del Timbal" se leyó en ambas. Por el lado de Belgrano, tampoco faltó ruido ni color, y la hinchada más organizada llegó casi sobre el inicio del encuentro, con una gran cantidad de banderas, pintura en los rostros, pelucas y muchas expectativas. Entre ellos estuvo el Puma Tomás Cubelli, quien cada vez que se encuentra en el país acompaña a su ex equipo y en especial a su hermano Francisco.
Fue otra tarde típica de playoffs de la URBA, con muchos niños en la tribuna y un gran aliento a favor de los suyos. Aunque claro, esta vez, Newman no quiso dejar pasar el mal momento que vive Champagnat y en el entretiempo se encargaron de graficar las cargadas: un joven con la camiseta del clásico rival corrió por el campo de juego y tras él, un ejército de fantasmas, con la "B" en su pecho. Un clásico futbolero llevado al mundo de la ovalada por los de Benavídez, que además agregaron a un "Cazafantasma" – similar al recordado dibujo animado que tuviera éxito en los años noventa-.
En la segunda mitad, el momento de mayor euforia se dio con el ingreso de Felipe Contepomi, para lo cual el público bordó se puso de pie y ovacionó al centro. Luego, la tensión de los minutos finales hizo que las hinchadas estuviesen más medidas, hasta que el árbitro marcó el final del encuentro y entonces sí, la locura otra vez se adueñó de la escena. Al grito del "Dale bordó… dale bordó", comenzaron la movilización hacia Benavídez, sede de una noche que fue larga. Es que Newman, otra vez, está en semifinales.
