MÉXICO -- El experimentado periodista británico, Murray Walker, lo describió como "el día más negro en la historia de los Grandes Premios". El fin de semana del Gran Premio de San Marino de 1994, será el epítome de una era.
El circuito Enzo y Dino Ferrari era una pista veloz. No solo tenía largas rectas, también curvas de alta velocidad como Tamburello y Villeneuve, que tomarían un protagónico rol en los eventos que estarían por desarrollarse en los últimos días de abril y el primero del siguiente mes. A manera de advertencia, durante la primera sesión de práctica, el Jordan de Rubens Barrichello se estrelló en la salida de la 'Variante Baja'. El joven brasileño tomó la chicana demasiado rápido y bloqueó frenos, pero al tocar los 'lavaderos' la inclinación de los mismos le sirvió de plataforma para que el auto se elevase y estrellara contra la barrera de neumáticos. En aquellos días no existía el 'hans device' y la cabeza y cuello de Rubens sufrieron mucho con el impacto. Quedó inconsciente y fue trasladado, 12 minutos después del impacto, al hospital de Bologna. Ayrton Senna fue a visitar a su compatriota una vez que los doctores determinaron que podía recibir visitas. Barrichello fue afortunado.
Los pilotos de Fórmula Uno están acostumbrados a lidiar con el peligro y el accidente del día anterior a la clasificación, no era más que uno más en la lista. Nada grave, quizá espectacular.
Ya en el día de clasificación, en la segunda sesión, el Simtek-Ford del piloto novato Roland Ratzenberger, se estrelló a más de 280 km/h en la veloz curva Villeneuve (nombrada así en conmemoración del piloto canadiense Gilles Villeneuve, fallecido en un accidente doce años antes en Zolder, Bélgica). El golpe fue producto del desprendimiento del alerón delantero, al menos una parte, y la pérdida de control del austriaco. Si bien el 'cockpit' aguantó el impacto, no la cabeza de Roland que sufrió severos traumatismos. Ratzenberger fue llevado al Hospital de Bologna, donde fue declarado muerto.
Era la primera defunción en un fin de semana de Gran Premio desde la perdida de Ricardo Paletti en junio de 1982, y ocho años desde el accidente en una práctica privada de Elio de Angelis, en Paul Ricard, quien muriese tras el incidente. El clima se tornó gris, y se pondría peor.
A Senna, quien para entonces ya era un piloto maduro, le preocupó mucho todo el asunto. Estaba intranquilo y devastado por lo ocurrido. Intercambió muchas palabras con diversas personalidades del medio sobre la seguridad en F-1, incluyendo al médico Sid Watkins quien horas más tarde, intentaría desesperadamente salvar la vida de Ayrton.
Todavía en la competencia, antes de Tamburello y sus consecuencias, hubo un último augurio cuando en la arrancada, el Benetton-Ford de J.J. Lehto, no arrancó y el Lotus de Pedro Lamy no pudo evitar el encuentro. Un duro golpe del cual los pilotos salieron bien librados; no los aficionados lastimados por las 'partes' de los autos que salieron despedidas hacia las gradas. Afortunadamente, sin heridos graves.
El Safety Car hizo su aparición. Senna lideraba con Schumacher segundo. 'Schumi' diría después: " (Senna) Estaba sobre manejando el auto". La carrera se relanzó para la vuelta cinco, Michael, líder del campeonato, seguía al Williams del desesperado Senna a medio segundo. Pasaron la meta para abrir el sexto giro: Primera curva ligeramente a la izquierda y después acelerador a fondo hacia Tamburello...
A las 2:17 pm hora local, la bandera roja hondeó y se detuvo la carrera. Sid Watkins ya estaba en Tamburello junto con su equipo médico y los comisarios de pista para primero sacar a Ayrton y después tratarlo. El golpe en la cabeza fue tan severo, que Watkins supo que tenía que intentar algo ahí mismo y con lo que tuviese disponible. Muchos han acusado la lentitud con la que se atendió a Senna tras el golpe, pero Sid, amigo del piloto, hizo todo lo que pudo, lo más rápido que pudo, para ayudar al tricampeón. Más de 30 minutos después, se arrancó de nuevo y Michael Schumacher ganó, pero no hubo celebración; no había nada que festejar. Una muerte había sido demasiado. Dos...
Nada pudo detener la cadena de eventos que tendrían lugar en San Marino. Parece que cuando el destino, la surte, o Dios si es eres creyente, pone a trabajar algo, no hay como detenerlo. Después de Ratzenberger, Sid Watkins lo intentó, pero Ayrton no le escuchó y siguió hasta encontrar su destino, en Tamburello.
