MÉXICO -- El futbol llegó a Brasil justo como lo hizo al resto del mundo: en barco y con pasaporte británico. Charles Miller, hijo de un inmigrante escocés y de una anglo-brasileña heredera de una acomodada dinastía cafetalera, estudió en Inglaterra, donde conoció el juego de las 17 reglas.
Antes de Miller, algunos marineros brasileños intentaban imitar el juego que empezaba a conquistar el mundo. Sin embargo, todos eran esfuerzos improvisados. La verdadera historia del futbol brasileño comenzó en 1894. Miller desembarcó en el puerto de Santos (La ciudad donde se hospedará México). Bajo el brazo traía el primer reglamento.
-¿Qué es eso Charles?, preguntó su padre.
-Mi título
-¿Qué?
-Sí, tu hijo se graduó en futbol, -contestó con humor inglés Charles-.
Miller traía también dos balones en el equipaje. Había estudiado en Banister Court, en Hampshire, y había jugado también en el recién profesionalizado Southampton. Llegó a Brasil y comenzó a convencer a los jugadores de cricket del Sao Paulo Athletic Club de probar el futbol organizado. Pronto, en esa ciudad había dos equipos: el Sao Paulo Railway Team y el Gas Team.
Cuando se fusionaron fueron rebautizados y tomaron su nombre original: Sao Paulo Athletic Club.
Un inmigrante alemán que había jugado en el Hamburgo, Hans Nobling, se convirtió en el contrapeso. Reunió a los inmigrantes no anglos que vivían en Sao Paulo y fundó el club Internacional, que poco tiempo después fue nombrado SC Germania. El nombre determinaba el origen de los socios: en la entrada se leía: sólo alemanes.
La mesa verde estaba puesta para el banquete del futbol. Miller propuso fundar la Liga Paulista, que comenzó en 1902. Su equipo, el Sao Paulo Athletic Club, fue el campeón de los primeros tres torneos y Miller el delantero más eficiente.
En 1904, diez años después de haber desembarcado con el primer reglamento, Miller escribió unas líneas orgullosas a su escuela inglesa. Describía cómo el virus se había convertido en una epidemia: "Se sorprenderían de escuchar que el futbol es el juego aquí. No tenemos menos de 60 o 70 equipos tan sólo en la ciudad de Sao Paulo. Siempre hay entre 2 mil y 3 mil personas en los partidos, pero en las finales hay hasta 6 mil. No menos de 2 mil balones de futbol han sido vendidos aquí en los últimos 12 meses. Casi cada pueblo tiene su club".
El planteamiento de su carta tenía sólo parte de razón: durante las dos primeras décadas del siglo XX el futbol era un deporte elitista que jugaban los jóvenes que volvían con diplomas europeos. En las gradas se reunía el socialité brasileño, se cerraban negocios y se discutían los más recientes chismes de la alta sociedad.
La etiqueta de los más ricos no duró mucho. Pronto el virus se convirtió en una verdadera epidemia popular.
