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¿Cómo llega Guadalajara al clásico nacional?
LOS ÁNGELES -- Las estadísticas enriquecen los análisis, pero no empobrecen las pasiones. Especialmente en torno al Clásico Nacional.

En semana impredecible de predecibles rivalidades, bajo el auspicio de la Copa MX, América enfrentando a Cruz Azul, y Chivas al Atlas, el Clásico entre Guadalajara y Águilas se convierte en el epicentro emocional de la Jornada 10.

Tiempos hubo en que la aversión a 'El Nido', provocaba una solidaridad impulsiva hacia el Rebaño. Tiempos hubo en que hasta aficionados de Pumas y Cruz Azul guiñaban simpatía a los rojiblancos. Justicia en mano ajena.

Hoy, sin embargo, desde el arribo salvador de Jorge Vergara, y sus tiempos circensemente lúdicos de desplegados y bravatas, convirtieron a Chivas en súbito pararrayos del desprecio general.

Entre la animosidad generada por Vergara y el lema incitador del "Ódiame Más", el resto de la muchedumbre futbolera lanza un pronóstico imposible desde los sótanos azufrosos de sus entrañas: "Que pierdan los dos". Ni el Rey Salomón.

Pero, sin duda, con descaro unos, con esencia futbolera otros, y los demás con la ansia hipócrita de mirar de reojo, estarán en ascuas y como ascuas, revisando los 90 minutos en el Estadio Azteca. El odio es más poderoso que la indiferencia.

Getty Images

Llega el América ante Chivas dañado por estigmas escarlatas. La Cruz Roja inhabilita a Edson Álvarez para este juego y una tarjeta roja margina a Miguel Samudio. Dos bastiones defensivos.

Pero, las Águilas habitan intranquilas, aunque solitarias, en la suite presidencial de la Tabla de Posiciones, debajo del dueño del Penthouse, ese Monterrey que con Antonio Mohamed tiene arranque de caballo fino y cierre de jamelgo lechero.

A ocho puntos y diez escalones, Guadalajara ve en el América el fin o el principio de su ansiedad de Liguilla. Necesita 16 unidades de las 24 en disputa. Necesita la magia de 67 por ciento del botín en disputa.

Para Chivas, el Azteca puede ser el Mausoleo gigantesco y majestuoso donde se consuma y se consume el funeral de sus ilusiones de Liguilla. Una derrota sería la abdicación del campeón vigente, digan lo que digan las desesperaciones matemáticas de sus seguidores.

Pero, por el contrario, si el Rebaño consigue una victoria, en un escenario que le sienta bien en los tiempos de crisis, en los tiempos de desesperanza, como lo es el Azteca, no sólo la aritmética será generosa con ellos, sino ese trago largo de nutrientes espirituales de vencer al más odiado de los adversarios.

Este sábado pues, para Chivas puede caer el Maná de un marcador favorable, o pueden bañarse con las primeras cenizas de su título en el crematorio monumental del Azteca.

Insisto: los antecedentes, las estadísticas, lustran e ilustran. En torneos regulares, Matías Almeyda ha sido cetrero y certero cazando aves de rapiña, aunque en Liguilla, se convirtió en presa fácil.

Por otro lado, Miguel Herrera entiende la trascendencia de estos enconados antagonismos. "Uno sabe que cuando firma como técnico del América, aunque no venga en el contrato, está incluido que debe ganar todos los Clásicos (ante Chivas)", explicó alguna vez en Raza Deportiva de ESPNDeportes.

Ojo: a media semana, insistamos en ello, América enfrenta a Cruz Azul, y Chivas al Atlas, en duelos a muerte. La supervivencia en la Copa MX está en juego. Al América puede no importarle, al ser una competencia que ofrece mucho menos que la Liga, pero Chivas, campeón defensor, no puede arriesgar el pellejo, pero ha quedado claro que sus jugadores no están para un par de zafarranchos de tanta intensidad en tan corto tiempo.

Escenario más dramático para Chivas, no puede ser: resurrección o muerte, en terreno inhóspito, y ante un América más rabiosamente predispuesto a la inclemencia que a la indulgencia.

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LOS ÁNGELES -- El futbol nació, creció y se desarrolló, universalmente, bajo la figura autoritaria del Patriarcado. Mecenazgo absoluto.

Pero, al paso de los siglos, esa figura, esa, la del dueño totalitario del balón, se va quedando sin balón. Y en México ocurre casi de manera dramática.

Ese Patriarcado se sensibiliza en dos equipos a los que la popularidad, y una época boyante, colocó en el atalaya de la veneración en el futbol mexicano: Pumas y Cruz Azul.

Y hay, tal vez una excepción, que lo único que hace es confirmar la regla: el América. Al morir Guillermo Cañedo de la Bárcena y Emilio Azcárraga Milmo la transición fue penosa, pero las Águilas siguieron el camino del Áve Fénix.

¿Chivas? En la época de decadencia histérica, de agonía, surgió Salvador Martínez Garza para rescatarlo financieramente, cuando zopiloteaba Televisa para agregarlo a su clan (Necaxa, Atlante y San Luis).

Después, cuando MexLub vivía una hemorragia fatal por causa de Chivas, llegó Jorge Vergara a rescatar a Martínez Garza y a su empresa, con todos los asegunes que se quiera. Llega a rescatar a un Rebaño en riesgo de extinción. Hoy el consorcio de OmniLIfe y otras empresas, mantienen al Guadalajara con resuello de campeón.

Hoy América, bajo un nuevo régimen económico, y Chivas, como parte, no cómo apéndice de un consorcio, mantienen el protagonismo.

Guillermo Aguilar Álvarez fue el responsable de esa época esplendorosa de Pumas. Un club con la escuela de Renato Cesarini en su incubadora, y las acertadas contrataciones de refuerzos (Cabinho, Muñante, Spencer).

De fuerzas básicas saltaban el Pentapichichi Hugo Sánchez, Chucho Ramírez, Félix Cruz, Manuel Negrete, Luis García, Claudio Suárez, García Aspe, Luis Flores, entre muchos otros.

Cierto, el dinero no era sólo de Aguilar Álvarez, sino de la UNAM, pero su autoridad sobre el equipo estaba por encima, diplomacia de por medio, de las ansias de protagonismo de rectores. En el club él mandaba y los rectores asentían.

El liderazgo de este personaje histórico para la UNAM se extendía hasta la selección mexicana. Hacía creer a Cañedo y a Azcárraga que la selección era de ellos en las finanzas, pero él tenía el control absoluto, al grado que en el Mundial de 1994, desde el palco, fue él quien prohibió a Miguel Mejía Barón el ingreso, por cambio, de Hugo Sánchez ante Bulgaria.

Nunca dejó de tener un peso de autoridad en Pumas, aún cuando se alejó del organigrama formal de la directiva.

Y después del Patriarca, como efecto de una estructura perfectamente montada, aún Pumas pudo mantener la solidez para sumar títulos. Hoy, es un caos. Empobrecido, abandonado por sus nuevos mecenas, y, sobre todo con la matriz seca, infértil.

Hoy, lamentablemente, para los Pumas, su mejor futuro, es lamerse las heridas con las páginas gloriosas de su pasado.

Algo similar ocurre con Cruz Azul. Cerca de 20 años sin conseguir un título y víctima o cómplice de un saqueo multimillonario anualmente, por parte de promotores que engatusan a la directiva.

Guillermo Álvarez Macías no sólo se convirtió en el Patriarca que consolidó con la figura generosa de cooperativa a Cementos Cruz Azul, sino que además hizo del club lo que ya no es: una genuina Máquina de hacer buen futbol y de títulos.

Además, era capaz de exigir la formación de jugadores, de comprometerlos, y de que los futbolistas extranjeros se convirtieran devotamente en parte de una familia. Fueron épocas del mejor Cruz Azul.

El futbol mexicano no ha tenido a otro Fernando Bustos, un extremo neto y nato, de fantasías caracoleras. Debe tener en su recuento tantas caderas reventadas como pases para gol. Y ni a un Horacio López Salgado, implacable delantero. La mejor de sus joyas recientes, fue Javier Aquino, y su mejor historia la firma con Tigres.

Sin Álvarez Macías, la cooperativa no perdió su impulso como empresa. Financieramente, sus hijos Guillermo y Alfredo le dieron solidez al cemento, pero no han sabido dotar de cimientos a su equipo. 20 años sin títulos es un insulto ala historia de Cruz Azul.

Ninguna de las dos instituciones, Pumas y Cruz Azul, ha sabido sobrevivir a la ida de sus Patriarcas. Sin esos personajes de absoluta personalidad y dirección, algunos mandos han fallado en el ejercicio del liderazgo. No son, incluso, algunos capaces de mantenerse en el puesto, en el caso de Pumas, y en Cruz Azul es utópico para cualquiera arrebatar el control a Álvarez Cuevas.

Escribió Gabriel García Márquez en "El Otoño del Patriarca" que "...si yo hubiera sabido que mi hijo iba a ser presidente (de la república) lo hubiera mandado a la escuela...".

Tal vez no sea este el caso tan dramático. En ambos clubes hay dirigentes de notable inteligencia profesional, pero lejos, sin duda de ser los nuevos Patriarcas de viejos clubes urgidos de nuevas proezas.

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Imago 7Bruno Valdez y Silvio Romero saludan en entrenamiento.

LOS ÁNGELES -- Inusual, inesperado, sorpresivo, especialmente en un club que ha hecho del Ódiame Más su patente, su cromosoma, el América decide donar la taquilla del Clásico contra Chivas en apoyo a los damnificados por el terremoto en México.

Insuficiente sin duda, pero generoso irrefutablemente, las Águilas salen de ese claustro repelente en el que eligieron desde su nacimiento, irse acomodando, para amamantarse del repudio de la mayoría, y consolidarse únicamente con sus genuinos seguidores.

La caridad trasciende más como un gesto que como un gasto. Especialmente con todos los vitrales con que se observa al club más rico de su vecindario, y que además es el hobby del dueño del futbol mexicano.

Antes, Monterrey y Tigres, principalmente hicieron sus propias cruzadas, y ahora se sabe que de entre su consorcio multiempresarial, el Cruz Azul ha hecho donativos millonarios, en dólares, a gente necesitada.

En este caso, incluso, rebasan los clubes a su propia matrona, la FMF, que en el desvarío constante de expulgar dólares, prefiere mantener en subasta a su selección para que juegue en San Luis un partido oficiosa y oficialmente intrascendente ante Trinidad & Tobago, toda vez que el sueño de ser cabeza de serie del Mundial, se evaporó tras los fracasos en Copa Confederaciones y Copa Oro.

Imaginando un lleno en el Estadio Azteca, con el auspicio del buen paso del América y esa sonora demostración de Chivas ante Pachuca, y que deberá ser una genuina fiesta de futbol, especialmente porque Miguel Herrera sí transpira este tipo de cotejos, y Matías Almeyda sabe la brutal inyección anímica que sería una victoria, con este escenario absoluto, pues, parecería además un espacio favorable para que, finalmente, la FMF mueva sus manos para la generosidad y no para el abuso.

Incapaces de que el trabajo de reconstrucción y dignificación social en Oaxaca y Chiapas se consume por la vía gubernamental, porque hasta en estos momentos la corrupción asalta sin decoro ni demora, puede ser un momento clave para que este futbol mexicano, cuyo presidente, Enrique Bonilla, se ufana de tener la quinta liga del mundo, regrese en hechos, lo que ha cosechado.

Hasta Chivas debería, sin mostrar recelo u orgullo, complementar la iniciativa del América, habida cuenta que puede aplazarse sólo para la cancha la rivalidad deportiva, e incluso superar el brutal golpe moral y económico que le asestó el Rebaño al separarse, aunque fuera momentáneamente, del yugo financiero innoble bajo el cual estaba con Televisa.

Como el terreno fértil de la malicia burbujea siempre de ociosas suposiciones, sin duda que podrá especularse que América busca abarrotar el estadio con su gente, para crear un ambiente más hostil, inhóspito durante 90 minutos, y aunque es cierto que la tribuna sigue sin anotar goles legítimos, la realidad es que aún a jugadores como los de Chivas, les debe ser incómodo sentir gruñidos de cada garganta presente.

Y también puede decirse que a final de cuentas el América no vive de su taquilla, y que en realidad es sólo un conducto oportunista para que de los bolsillos del aficionado, el dinero vaya a un fondo de beneficio social. Cierto, pero, al menos, esa recaudación se hizo bajo el amparo transparente del muchas veces poco transparente futbol mexicano.

Y a final de cuentas, quede claro, el resultado nace, crece y muere en 90 minutos, con reverberaciones obvias en un torneo, pero, las obras que se consoliden con las recaudaciones que garantiza América, que puede incrementar Chivas, esos son hechos que van a perdurar en beneficio de familias desamparadas. El marcador es efímero, un techo se perpetúa.

¿Cuántas veces tiene el futbol la oportunidad de ser no solo una catarsis social, sino una bendición para la sociedad? Esta es una de esas pocas.

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Viñeta Rafa Ramos
LOS ÁNGELES -- Estaba tan muerto, aritméticamente... pero, parece haber resucitado futbolísticamente. Chivas volvió a encarnar una versión de su mejor momento en el Clausura 2017.

Sometió al Pachuca: 3-1. Su situación sigue igual. La clasificación parece improbable pero no imposible. Los números lo condenan, pero su actuación ante Tuzos le da esperanzas. El rey no ha muerto...

Matías Almeyda jugó una carta de alto riesgo. Y tuvo una mano ganadora. Sacó a Orbelín Pineda de la baraja. El as ya no es el as...

Sin quien fuera su mejor jugador durante el año del campeonato, Chivas recuperó movilidad, vértigo, orden, encontrando además, en la ligereza de marca en media cancha, por parte del Pachuca, un escenario festivo.

Eso bendijo al Rebaño, que Pachuca quería herrar el magullado semblante del campeón con una seria victoria. Quiso hacer, también, leña del monarca caído. Pero, en el pecado le colgaron tres penitencias...

Aún con Zaldívar desentonando, no en empeño, ni en intenciones, sino equivocándose con la pelota, Chivas trabajó de manera estupenda limpiando la cancha, con el mismo Zaldívar dejando espacios y libertades de tiempo a La Chofis López, mientras Rodolfo Pizarro volvió a sentirse cómodo, con menos desgaste.

Gallito Vázquez y Michael Pérez, éste incluso con asignaciones parcialmente semejantes a las del mejor Orbelín, le dieron equilibrio al equipo, ante un adversario que se fue desequilibrando en la desesperación de un marcador que se fue abultando. El 3-0 serenó a Chivas y la histeria se apoderó de Tuzos, apenas al minuto 35.

Un primer tiempo en el que Rodolfo Cota no tuvo pausa para entumirse. Con un par de lances tan seguros como acrobáticos, en su propia cuna, hizo recordar aquellas palabras de Miguel Calero (QEPD), cuando decía que él, sería su sucesor. El elogio le quedó grande, pero no el suéter...

Tras esa disertación intensa sobre ambas porterías, para disfrute absoluto de la tribuna, en un primer tiempo en el que sólo había cuatro extranjeros en la cancha, sólo el japonés Honda parecía disperso, ajeno y renuente al compromiso colectivo de victoria por parte de los otros 21.

La segunda mitad, los técnicos parecieron ponerse de acuerdo. Chivas quiso jugar a la ruleta rusa con el 3-0 y Pachuca encontró que el terreno minado de marca y persecución le esperaba metros atrás.

El espectáculo no decayó. Porque Chivas apostaba vagamente por contragolpes, traicionando su estilo y su apetito, mientras que los Tuzos empezaron a hacer del balón un péndulo peligroso en el área de los Rojiblancos, esta tarde de sábado vestidos de negro, tal vez como solidaridad luctuosa hacia sus propios contrincantes.

En el acoso de Pachuca, con las libertades que regateaban García y Gutiérrez, llega un cupón irrechazable que Franco Jara canjea de cabeza para el 3-1 en una desatención de los centrales de Chivas. Y era apenas el '67...

Con un escenario propicio para Pachuca de consumar un épico desenlace, Matías Almeyda hace sus enroques. Vuelve a colocarse en condiciones ofensivas, y desarticula, en esa desesperación de marca, los rompimientos del adversario.

Las elecciones de Almeyda hubieran parecido descabelladas. Pero a Orbelín le detalló su línea de recorrido, mientras que el canal de sacrificio de Godínez puso reumático al Pachuca en sus respuestas, y al final, ya con Salcido, controló cómodamente, en espacios cortos, de duelos individuales, los desahogos del Pachuca.

Y Chivas dejó la sensación más saludable: aún recuerda perfectamente sus lecciones de cómo hacer el mejor futbol en la Liga, el que más retribuye a la tribuna. La victoria, sellada con méritos por el veredicto del 3-1, llega en el momento perfecto.

Las matemáticas siguen siendo crueles: necesita ganar 18 puntos de los 27 restantes para meterse a la Liguilla, con cinco juegos de local y cuatro de visitante. Improbable, pero no imposible...

Pero, insisto, si aritméticamente ya esperaban los Santos Óleos, futbolísticamente Chivas aún resuella con hálito de campeón defensor. Y eso, también robustece la Liga.

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Fútbol, Guadalajara

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LOS ÁNGELES -- La Campeonitis es al futbol mexicano lo que el fraude electoral es a la política mexicana: nadie lo ha visto, pero todos saben que existe.

Más cerca del ridículo que de la hazaña, y más propenso al lamento que al júbilo, hoy, el campeón Chivas estaría fuera de la Liguilla.

Amo del empate (cinco), al lado de Cruz Azul, pero con las mismas victorias que los títulos de los mismos Cementeros, en los últimos 20 años: cero, así, el Guadalajara tiene menos pulso que una momia en sus posibilidades reales de defender su título.

Con cinco puntos, Chivas necesita un milagro tipo Lázaro, para enderezarse de la plancha de autopsias y conseguir 21 de los 30 puntos en disputa. Con 26 unidades la puerta se abre.

Es decir, necesita conseguir el 70 por ciento de los puntos pendientes, con cinco juegos de local (Pumas, Lobos, Morelia, Tijuana y Atlas), y cinco de visitante, comenzando este fin de semana ante Pachuca, y al que le siguen ¡América!, ¡Tigres!, Veracruz y León.

Lesiones, castigos, rehabilitaciones, jugadores desconcentrados y los tres damnificados de la Copa Oro (Pereira, Pizarro y Orbelín), son argumentos suficientes de Matías Almeyda para precisar, ahora sí, que "el dinosaurio, ese de los antiguos (no de los nuevitos)", sigue malito del riñón y orinando a Chivas, según la propia figura alegórica del entrenador argentino.

Es evidente que en unos meses, los mismos futbolistas que fueron vanagloriados popularmente por ofrecer el mejor futbol del torneo anterior, cargado de vistosidad, de alegría, dinámica, y una obsesión natural por meterle estertores a la zaga rival, súbitamente, como si les hubieran efectuado una trepanación con cuchillo cebollero, se olvidaron de las partituras futbolísticas que ofrecían.

Es cierto que Mati, como le ronronea afectuosamente el recondecorado por Ricardo Peláez como "Pelagatos de Vergara", es decir, José Luis Higuera, tiene su responsabilidad, pero está lejos de cargar con toda la culpabilidad.

1.- TODOPODEROSO...

De entrada, el hecho de no contar con un director deportivo, y gozar de una autonomía que raya en la dictadura, le lleva a recorrer a Almeyda en círculos viciosos por ese camino peligroso donde confluyen las limitaciones de sus virtudes y las extralimitaciones de sus defectos.

Sin opiniones externas de gente calificada, de gente de futbol, de gente con cicatrices de cancha, Matías y su clan terminan convenciéndose, en un acto de consolación interna, que no hay equivocaciones en su línea de trabajo.

Lamerse entre sí las heridas es el camino más largo hacia las soluciones. Y queda claro que Jorge Vergara e Higuera deben ser muy duchos en la venta exponencial de esa panacea milagrosa que venden en polvitos en casi una veintena de países, pero así como son geniales arquitectos del comercio, son lerdos en descifrar las dolencias del equipo.

2.- LA PALABRA SIN PODER...

Más allá de dotar a Chivas de esa artesanía futbolística para ofrecer espectáculo en la cancha, y convertir a jugadores de calidad en autopromotores de futbolistas fuera de serie, Almeyda dejaba la sensación de su liderazgo absoluto en el vestuario.

Voz, discurso, personalidad e inteligencia hicieron de Matías un hábil titiritero de las pasiones agazapadas en sus jugadores. Vendedor de milagros ajenos.

Consiguió sacar lo mejor de cada uno. Y aún al que se rezagaba, al que se mostraba reacio a ser socio y cómplice lo reclutaba finalmente aunque, es cierto, eventualmente falló en algunos casos, el más dramático, el del Gullit Peña.

Cierto: es ya triste de por sí, que más allá de la intensidad de los entrenamientos, para poner velocidad turbo a sus jugadores, deba, además, dedicarse a levantar en armas, en cada juego, a sus futbolistas, cuando desde el nicho de privilegiados deberían hacerlo sin reparos.

Tal vez, hoy más que nunca, empieza a tener sentido aquella queja promulgada por Mati en medios argentinos: "Con sólo jugadores mexicanos debo trabajar tres veces más".

Alguna vez, Manuel Lapuente explicaba que "al jugador mexicano hay que hablarle cada día, todo el día, todos los días" de ese privilegio y esa responsabilidad de ser un futbolista profesional. Porque hay corazones blandos y cabezas duras.

3.- DAMNIFICADOS...

No ha ocurrido sólo en Chivas. Los jugadores que acudieron a la Copa Oro siguen sin poder encontrar la forma física y la forma futbolística. No encontraron un salmo propio para sanarles de ese fracaso. Ni en la selección ni, en este caso, en Chivas.

Dos de los jugadores notables del Rebaño en el vía crucis rumbo al título siguen sin aparecer con esa autoridad y esa inteligencia que tuvieron como soportes vitales de Chivas: Rodolfo Pizarro y Orbelín Pineda.

Lo grave es que Almeyda no ha podido vacunarlos contra el virus adquirido en el bochorno de la Copa Oro.

Lejos de confirmarse, porque creerlo ciegamente sería mezquino, pero las versiones insisten, en torno al vestuario, que tanto Pizarro y Orbelín estaban convencidos de que tras celebrar el título, los aguardaba Europa.

Incluso, en el caso de Pizarro la perturbación se habría hecho más intensa, al ver que finalmente el Chucky Lozano, su vecino de cunero en Pachuca, emigró a Holanda y él permanece en la Liga MX.

4.- LOS REHABILITADOS...

Más allá de que el mimado por Almeyda sigue con sus instintos lejos de la cancha y más cerca de la concupiscencia, y de que 'La Chofis' López encabeza la lista de negociables para diciembre, Almeyda aún espera que varios jugadores salgan de la sala de terapia.

Si bien Ángel Zaldívar, Carlos Cisneros y el 'Conejito' Brizuela ya tienen el alta médica absoluta,y ya tienen minutos en el torneo, el nerviosismo, en especial en este último jugador, sigue acechando. Las lesiones tienen secuelas y generalmente desaparecen de la mente del futbolista, pero algunas se quedan ahí con la renta congelada.

Recuperarlos espiritualmente, ponerlos en ritmo y esperar que exploten con ese poderío mostrado le llevará un par de semanas a Almeyda.

¿Alan Pulido? Su recorrido, la adversidad de su carrera, le permitirán regresar sin tantos lastres a la cancha, aunque deberá aún pagar una cuota por estar fuera de ritmo, pero todo puede esperarse de un personaje que pudo escaparse de unos secuestradores con más habilidad que Jon Snow de los despellejados de ojos azules en Game of Thrones.

5.- SIN LÍDER...

Y Almeyda empieza a sufrir por la imposibilidad de contar con un emisario de voz poderosa en la cancha. No tiene un líder. No hay voz de mando. La única es la suya y parece demasiado lejana durante 90 minutos.

Orbelín sigue en el limbo en la fuga inconsciente que comparte con Pizarro, mientras el 'Gallito' Vázquez ha enmudecido, y queda claro que ni Pereira ni Salcido pujan lo suficiente.

Este tipo de líder es innecesario cuando todo marcha bien. Cuando solo hay leones en la cancha, el ganado se aísla solo. Cuando solo tienes ganado en la cancha, solo rumia y brama.

Diez juegos, cinco de local y cinco de visitante. Conseguir 21 de 30 puntos parece improbable, pero no imposible. Milagros ocurren en nombre de los hombres.

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LOS ÁNGELES -- "No hay para más", sintetizó casi sepulcral y pomposamente Pompilio Páez los fracasos de México en la Copa Confederaciones y en la Copa Oro.

Ese "no hay para más" fue la brutal explicación del auxiliar técnico de Juan Carlos Osorio en la conferencia de prensa tras la amarga eliminación ante Jamaica en la Copa Oro, ya al borde de la exasperación y a punto de perder todo el candoroso encanto de su tierno apelativo de 'Pompi', como le ha llamado siempre la prensa colombiana.

No ha sido el único. La segunda nación más preocupada por el éxito del Tri, la colombiana, por ese apoyo irrestricto hacia el paisano, también lapida al futbol mexicano y simplifica en que Osorio es mucho collar para tan poco perro, como el jugador mexicano.

"No hay para más", explican aficionados y medios colombianos en defensa a ultranza de Osorio, aunque, eso sí, prefieren, por muy amplio margen, a Reinaldo Rueda para sustituir a Néstor Perkeman después del Mundial de Rusia.

Dícese en México de situaciones así: "Que se haga la voluntad de Dios en los bueyes de mi compadre". Y sí.

No están solos ni 'Pompi', ni los feligreses advenedizos del osorismo, especialmente los seguidores del Nacional.

Un grupo del periodismo mexicano se adhiere al entrenador colombiano, a su sabiduría infinita alcanzada por esa ventana al cielo y a la cancha del Liverpool, y a esa doctrina que empezó teniendo como credo las "rotaciones", que después fueron rebautizadas como "oportunidades", y en la perfumada búsqueda de la retórica hoy se llaman "alternativas tácticas".

Con esa misma ficción, esa misma facción fue a la que se le trabó la quijada al abrir exageradamente la boca, en mímica extrema de los bobalicones, cuando llegó Osorio y clasificó al futbolista mexicano dentro de la Fibra 1A y 2B, cuestionando de esa manera la competitividad física del jugador.

Apenas días después, en Raza Deportiva de ESPN Deportes, Daniel Ipata, uno de los preparadores físicos más reconocidos en México, puso orden y claridad.

El entrenador uruguayo, con esa caballerosidad que le caracteriza, explicó que para hacer semejante clasificación, que no sólo era errónea, se necesitaba de trabajo y conocimiento del entorno, por lo menos de un par de años, para atreverse a lanzar un juicio así.

Ipata desnudó a Osorio, quien después aceptaría públicamente que a ese diagnóstico le faltó fibra de conocimiento y credibilidad, y que se había equivocado. Pero la turba de bobalicones ya tenía la quijada trabada... y así ha seguido.

Así, entre el cuerpo técnico del Tri, la parcialidad colombiana y los ñoñazos en México, la estigmatización del futbolista mexicano, ya sea el que milita en Europa o en la Liga MX, es que no da pa' más.

Es decir, podrá enseñorearse en la zona marginada de la Concacaf, pero no le alcanza para atreverse a inquietar a Chile, sin riesgo de un cataclísmico 7-0, o a plantarse ante Alemania B, sin correr riesgo de un indulgente y misericordioso 4-1, y claro, sus residuos de la selección B la de la Copa Oro, esos, ni siquiera alzarle la voz a Jamaica.

Afortunadamente, el 1-1 ante Costa Rica la noche del martes, dentro del Hexagonal Final de Concacaf, fue un mentís brutal hacia ese triunvirato de la difamación del jugador mexicano.

Con ocho (pomposamente dicho) "alternativas tácticas", en la alineación, jugando con diez por la labor híbrida de estorbo y extraviado de Diego Reyes, México ofreció una de sus exhibiciones menos precarias en la época de Juan Carlos Osorio. Vaya, hasta agradó.

Ojo: por lesiones, sanciones y permisos, al cuerpo técnico no le quedó más remedio que poner a jugar a lo que tenía en la posición correcta, sin margen ya para improvisar incongruencias de centrales como laterales, y hasta los perfiles cambiados que primero fustigó, como en el caso de Miguel Layún, y ahora hace de ello un exceso pantagruélico.

Sin entendimiento, sin congruencia como equipo, sin un mapa aplicable en la cancha, porque hasta los jugadores viven en la confusión de quiénes son y qué hacen y de qué juegan, pero a impulsos individuales, con una convicción genuina y ante la generosidad de jugar al futbol de la que hizo gala Costa Rica, México confirmó que tiene potencial humano.

Volvemos a una vieja explicación, que parece ofensiva para el futbolista mexicano, pero es, por el contrario, un reconocimiento a la suma de sus virtudes, a través de la suma de sus carencias.

El jugador mexicano, por biotipo, por formación, por desarrollo, ni es el más rápido, ni el más fuerte, ni el más hábil, ni el más disciplinado, ni el más atlético, ni es el más alto, ni es el más inteligente tácticamente, ni es el más rico técnicamente, pero con la suma de lo poco o mucho que tiene de esas facultades para competir, le alcanza para desafiar a cualquiera.

Porque creer que "no hay para más" en esa pena de muerte dictada por Pompilio Páez, denigrando al futbolista mexicano, equivaldría a juzgar de chiripazos los Campeonatos Mundiales Sub 17, la medalla de oro en Juegos Olímpicos, los dos subcampeonatos en Copa América, y rendimientos respetables en Mundiales Sub 20.

Queda claro que más allá de la brutalidad embrutecida de ese manifiesto del "no hay para más" que comparten en el cuerpo técnico del Tri, entre la afición colombiana y un sector imberbe del periodismo mexicano, pruebas hay que el jugador mexicano tiene, en esta generación, la posibilidad de cambiar la herencia cíclica del fracaso cada cuatro años. Claro, si no llega alguien con una libreta donde se redescubre el agua tibia.

Tal vez ese "no hay para más" de Pompi, deba ser aplicable a las facultades reales del cuerpo técnico de esta selección mexicana. Tal vez hay para llevar al equipo a dominar la Concacaf, pero no hay para desafiar a selecciones de Sudamérica y Europa.

Por lo pronto, ante los ticos, el jugador mexicano demostró que está en condiciones de hasta sobrevivir, por encima incluso del desdén de sus propios entrenadores, convencidos de que "no hay para más".

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LOS ÁNGELES -- Al amparo de un autogol del tico Gamboa, y bajo el amparo de Guillermo Ochoa --nuevamente, como ante Panamá--, México conserva entre zozobra, el invicto dominante en la Zona de Concacaf 1-1 en Costa Rica.

El Tri de Juan Carlos Osorio se encontró con una bendición: la generosidad de Costa Rica, duro y rudo en la marca, pero aseado también en sus pretensiones futbolísticas.

De los ticos, necesario subrayar algo: el futbol lo mantienen, agradable, organizado, asimilado, intacto. Sólo, esta noche de martes, le hizo falta ese otrora discurso incendiario de Jorge Luis Pinto.

Este martes, hubo demasiado respeto a la camiseta del adversario, ese mismo respeto que en la culminación del Hexagonal pasado, nunca tuvieron. Costa Rica no salió cebado como aquella vez los inquietó sanguinariamente el discurso de Pinto. Y se le fue viva la presa.

México presentó confirmaciones. Y de esas valiosas, de esas que deben ser santificadas por encima de la apostasía de las rotaciones.

1.- La travesía de Chucky Lozano por Europa le ha detonado su voracidad: hoy quiere y quiere siempre. Aún la precipitación le desborda al razonamiento del último pase, pero el tiempo lo sanará.

2.- Con Raúl Jiménez hay más alternativas de juego. Sin duda como hombre punta aporta más sociedad y recursos que Javier Hernández. Está fraguado para amoldarse a las urgencias o las habilidades del compañero.

3.- Andrés Guardado se siente cómodo y hace sentirse cómodo a Jonathan dos Santos. El jugador del Betis vive ese momento de madurez para, desde otro sitio, tratar de mantener equilibrio, orden y embestidas, como lo más próximo a Rafa Márquez, aunque, jamás como el Káiser.

4.- Dos partidos en los que es el jugador determinante: Guillermo Ochoa había sido clave en el triunfo ante Panamá y tres lances ante Costa Rica impidieron una jaqueca.

¿Se liberó México de la presión al conseguir el boleto mundialista? Seguramente. Se defiende mejor, controla mejor el balón y volvió a aprovechar que de visitante en la Concacaf puede jugar mejor, cuando el compromiso y la tensión pululan con la camiseta del local.

Pero, sí, pero...

Este martes quedó en evidencia el capricho de Osorio. Costa Rica, apegado a una osamenta táctica y de futbolistas bien identificados, se le facilitaba el control del juego, incluso con la delicia del toque de primera intención: es el trabajo sin improvisaciones ni "alternativas tácticas", vulgo, rotaciones.

Con algunos jugadores de mejores condiciones técnicas y futbolísticas que Casta Rica, de llevar a cuestas ya un trabajo organizado, inducido, identificado, hacia un equipo base, México penaría menos y haría penar más a sus contrincantes.

Por eso, este martes, en lugar de aprovechar la calidad de sus jugadores para imponer un estilo y una personalidad, termina amparado por la crueldad de un autogol, más que por la autoridad de sus propias destrezas.

Pero, ya se sabe, mientras ocurran este tipo de situaciones fortuitas, afortunadas, como el suicidio de Gamboa, se seguirá vanagloriando la estrechez del resultado por encima de la exaltación a la preocupación del funcionamiento.

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LOS ÁNGELES -- Están desarmados. Están indefensos. Ante las rotaciones. Y ante las improvisaciones de puestos. Y ante las convocatorias.

Desarmados, indefensos y confundidos. Así están los seleccionados mexicanos. Pero, cuidado, ciertamente, no están vencidos.

Sin líder, con la abdicación involuntaria de Rafa Márquez, la conducción del Tri, ante Panamá recaerá evidentemente en Andrés Guardado.

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Único capacitado para retocar y trastocar de un grito y un consejo lo que ocurre en la cancha, incluso por encima del entrenador, Márquez termina enclaustrado en el peor de los silencios: el abandono.

Sin esa sapiencia evidente en el campo, sin la jerarquía de orden y personalidad, sin el recorrido exuberante de Márquez, el mando queda en Guardado, evidentemente un reflejo genuino de ese péndulo dramático entre la fortaleza y la fragilidad del futbolista mexicano.

Si bien, ese examen de cacicazgo lo reprobó dramáticamente en la Copa América Centenario, los extremos en los que se ha debatido su carrera, entre pasarelas exitosas y deambulando en la calamidad de la incertidumbre, Andrés Guardado tiene este viernes ante Panamá el desafío supremo de tomar el mando del grupo.

Hasta antes del Mundial de Brasil, el hoy jugador del Betis vivía entre el desprecio absoluto. En Alemania y España. El Valencia no sabía qué hacer con él, y el Leverkusen lo dejó en el departamento de saldos.

En ese momento, Guardado habitaba en el limbo. Absolutamente. El Mundial de Brasil parecía una utopía. Arrastraba el lastre de haber dejado, junto con los otros "europeos", a México en la plancha de autopsia en el Hexagonal Final de Concacaf.

Con sólo 49 juegos en el Valencia y sólo cuatro en el Leverkusen, ya con el boleto a Brasil en la mano, Miguel Herrera lo convoca para un par de amistosos. Naufraga, pero El Piojo no pierde la fe. Lo reacomoda en la cancha.

Y después, el renacimiento. En el PSV ganó todo lo que realmente su club puede ganar, y la forma majestuosamente afectiva en la que fue arrullado y en su momento despedido, habla de la trascendencia de este jugador mexicano, al menos en la aldea holandesa.

Insisto, hoy, más allá de sus desatinos en la Copa América Centenario, desde la expulsión a la hecatombe ante Chile, esa de la cual fue marginado Márquez por motivos muy personales de Juan Carlos Osorio, no fue capaz de reaccionar ante el brutal oleaje andino que mancillaba con sádica devoción al Tri.

Este viernes, ante Panamá, es la prueba de fuego para su autoridad. No se trata de que sea otro Rafa Márquez. Eso es imposible. Esa inteligencia que Márquez desarrolló en condiciones de mando en Barcelona, de la mano de sus entrenadores, no ha estado al alcance de Guardado.

Una verdad innegable, detrás de la cual se amparan los técnicos perdedores, pero de la que sacan lustro los técnicos ganadores, es esa de que los que ganan y pierden los partidos, son, al final los futbolistas.

Por eso, hoy, retomando el primer párrafo, desarmados, indefensos, confundidos y confusos, los jugadores del Tri por esas peculiaridades de Osorio en el maneo del equipo, los jugadores tienen su propia revancha, su propia obligación, su propia responsabilidad.

En la época de Osorio, esa en la que palurdos e imberbes, se cobijan bajo las cifras del dominio del tuerto en la Tierra de Ciegos de Concacaf, sólo pueden destacarse algunos juegos: ante Uruguay, EE.UU. en Columbus, y unos minutos ante Portugal. El resto, calamitosos.

Aunque suene a reiteración encanecida y encarecida, pero la victoria sobre EE.UU. en Columbus, el rompimiento de esa jettatura ominosa y humillante, se enaltece en la voluntad de los futbolistas más que en el quehacer de Osorio, así como, puntualizamos, el 7-0 ante Chile no puede suscribirse estricta y únicamente en el patatús mental que sufrió el colombiano, sino en la absoluta estulticia táctica y competitiva de los mismos jugadores. Cuando estaban ya muertos, encima deciden suicidarse.

En medio del desdén de la afición, a la que le envuelven el kilo de tortillas con un boleto para el juego, para suplicarle que acuda al Estadio Azteca, para que no abandone a su Tri, y en medio, de ese persistente clima patibulario que azuza a Osorio, ciertamente los jugadores tienen la respuesta más importante.

Con ausencias clave, con improvisaciones nuevamente, con inventos demenciales en el acomodo de jugadores, pero, al final, son esos 11 en la cancha, bajo la voz de Guardado los que deben elegir su destino inmediato.

Sabido es que Osorio no encuentra el discurso para soliviantar a sus jugadores. Prueba de ello es que el llevaron al profeta de la bellotas, al predicador de los robles, a Imanol Ibarrondo, para que consumara una metamorfosis en la voluntad de los jugadores. No pudo o no supo, pero al final, ya ni Osorio cree en él, ni él cree en Osorio, y se dedica a arrumacos con Guillermo Cantú para conservar la chamba.

Entonces, la orden y el orden de ataque contra Panamá este viernes, comienza y termina con los jugadores, y con el que asoma como el capataz sentimental de la cuadrilla: Andrés Guardado.

Porque, recalco: están desarmados, indefensos, confundidos, pero no aniquilados.

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LOS ÁNGELES -- Es Panamá. Muy cerca de cruzar el canal hacia Rusia 2018. O al menos hacia la repesca ante Asia.

Y es El Bolillo Gómez. Todo un verraco (o berraco, ni la RAE lo sabe), en estricta definición colombiana. Y verraco/berraco en todas sus acepciones. A Juan Carlos Osorio lo conoce, tanto que ve a través de él.

Bajo ese menú y otros condimentos, a México parecería que le sirven un flan, pero puede ser, también, una bandeja paisa muy indigesta.

Juan Carlos Osorio
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Hay generosos ingredientes para la confrontación de este viernes entre el Tri de Osorio y Panamá. Por eso, puede ser este encuentro el parteaguas dramático.

¿LENGUASLARGAS...?
Insistiendo en que ni la conquista de Columbus (2-1 a EEUU) ni el holocausto en Santa Clara (7-0 ante Chile) son entera ni exclusivamente de Osorio, ni el mérito absoluto la primera ni la aberración absoluta del segundo, la apuesta es para todos.

Si aparte de vehemente, es sincera, leal y noble la locuacidad de los jugadores defendiendo a Osorio, Panamá y Costa Rica son el momento oportuno de transpirarla en la cancha y enaltecerla en el marcador. Hechos que consoliden verborrea.

Dóciles hacia las rotaciones, sumisos hacia las improvisaciones, subyugados a la asignación de funciones, los jugadores del Tri reiteran que la doctrina de Osorio los puede desconcertar, pero no, como parte de un fin común, llegar a exasperar.

Eso dicen ellos. Cierran filas y abren la boca. Llegó el momento de ponerle la huella dactilar bajo la notaría infalible de la cancha. Ahí -y en el marcador- la firma es indeleble.

SOFOCAR SUBLEVACIÓN...
Tras la tormenta de los Jinetes del Decálogo, que terminó en una lloviznita inocua, cuando los cruzados de Pachuca, OmniLife y Tigres sucumbieron en la desolación, Juan Carlos Osorio salió fortalecido, pero debilitado.

Fortalecido salió, porque dirigiendo al futbol mexicano por WhatsApp, Emilio Azcárraga Jean arrió a Decio de María a confrontar la sesión de la Comisión para Desarrollo del Futbol -que ya en su nombre es una falacia-, e informarles que eran bien recibidas sus inconformidades, sus preocupaciones, sus escalofríos nocturnos, y hasta sus bochornos, pero que Osorio seguiría.

Pero, evidentemente, Osorio quedó expuesto, porque sabe que hay una mayoría de embozados que quieren su cabeza en la siempre sedienta guillotina de la selección mexicana.

Ante Panamá, el colombiano tendrá que ser muy verraco/berraco para sortear la forma silenciosa en que ha sido sitiada y situada su continuidad.

Al final la ecuación es muy sencilla: si él se equivoca poco y sus jugadores aciertan mucho ante esta Panamá hambrienta y este ladino Bolillo Gómez, no habrá sublevación alguna que le permita a la coalición Pachuca-OmniLife-Tigres poder cercenar a Osorio, colocar al Tuca Ferretti y el próximo julio anunciar a Vicente del Bosque.

Podría agregarse otra pista en este circo itinerante de morbo. La afición mexicana ha desdeñado a su selección. Sigue idolatrando a sus embajadores europeos, pero ya ve de reojo al entrenador y parece distante del Estadio Azteca.

Como en peregrinación caritativa, la FMF llega ya a ofrecer promociones desesperadas en la venta de boletos. Más allá de los que se regalan en la compra de chicles entre los ambulantes del metro de la Ciudad de México, llegó la baratiza del dos por uno.

Las caras largas se esfumarían, y los indignados perdonarían, si el Tri es capaz de ponerle el cascabel al tigre de Bolillo Gómez, en una oportunidad poderosa, nuevamente de acercarse nuevo al menos a la repesca para el Mundial, además de levantar una estatua de Hernán Darío Gómez en la zona prominente del corredor Vía Brasil.

Por otro lado, si la selección mexicana no consuma esa superioridad mencionada, pueden irse olvidando, de desterrar el grito de "¡Eeeeeeeeeetcétera!" de la tribuna.

Panamá, con su simbólica referencia al canal, significará, cualquiera que sea el desenlace, un parteaguas para este Tri de Osorio.

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LOS ÁNGELES -- Cruz Azul juega mejor, mucho mejor. Ya era tiempo. Tras la agonía o se cura o se le sepulta.

Cruz Azul repta cuesta arriba, hacia la salvación. Ya era tiempo. Mérito propio. El náufrago ante su impredecible marea.

Cruz Azul ya ilusiona, como en otros tiempos de catarsis con Luis Fernando Tena y con Memo Vázquez. Ya era tiempo. La Fecha 17 dirá si es oasis o espejismo. Porque son casi 20 años con cicatrices abiertas. Exhumemos los recuerdos.

Cruz Azul regocija, embelesa. Ya era tiempo. Tras torneos de padecimiento absoluto. Hoy seduce, atrae más que un simple desliz de reojo. Concita, además, con morbo.

Pero, la cólera de Paco Jémez en el calamitoso torneo anterior no se ha ido. Este sábado refrendó su capacidad de sulfurarse.

A la primera pregunta en la conferencia de prensa en ese espacio hacinado, inhabitable e inevitable donde se realizan estos afligidos protocolos en el Estadio Azul, con temas referentes a la fragilidad celeste en los últimos minutos (les empata 1-1 Monterrey al '83) y a las denigrantes dagas del Turco Mohamed, Jémez guillotinó el diálogo: "Para estupideces, no estoy", en una organización de palabras al estilo del Yoda.

Y tal vez tenga razón Jémez. Los medios mexicanos se han ofendido. Pero, les faltó tal vez reflexionar, para entender el resoplo del canario. Y él lo sabe: la victoria le habría acomodado en el mismo pupitre del América.

1.- CRUZ AZULEAR...

La primera pregunta, engolada y con el moño de la diplomacia, era espetarle, brutalmente, que el Cruz Azul había vuelto a cruzazulearla. Ganaba 1-0 y le empatan. El ADN de la casa. El estigma del apellido.

"Para estupideces, no estoy". Tal vez, el elegante Paco Jémez, no quiso demeritar la pregunta del reportero. No, por favor, entiéndanlo. Sintonicen las frecuencias avanzadas y profundas de su discurso.

"Para estupideces, no estoy". Y seguramente se refería a la incapacidad de sus defensas para reaccionar en una jugada que con decisión y testosterona, su defensa debió anticipar, porque pudo hacerlo, la bayoneta implacable de Avilés Hurtado.

Tal vez ni Jémez, y mucho menos el momento de Cruz Azul, están para la alquimia de semejantes estupideces que te cuesten puntos. La estupidez no está en la pregunta sino en la estupidez que legitima la pregunta.

2.- SILLA TURCA AL TURCO...

El Turco Mohamed había dicho antes, en esa misma silla, menos caliente entonces que con la ira de Jémez, que sólo había habido un equipo en la cancha: Monterrey.

Después, aunque no estaba en el menú de la pregunta reporteril, sobre su incapacidad de ganar, en seis juegos en el Estadio Azul, Mohamed dio un latigazo al orgullo celeste: "Es como si me preguntas porqué Cruz Azul lleva 20 años sin salir campeón".

Pero, acerca de la puñalada de Mohamed sobre la que fue interrogado, esta vez Jémez no lo invitó a él "a lo oscurito", sino que, entiendan medios mexicanos, catalogó simplemente que "para estupideces, no estoy", y que era una estupidez la consideración del Turco y no necesariamente la pregunta del reportero.

Si Jémez es un incomprendido. Un adelantado. Al palmense no se le empalman las ideas. Claro que no. Cuando dijo "para estupideces, no estoy", él no quería hablar de la estulticia de su equipo ni de la estulticia del Turco. Prudente aunque bruscamente, declinó responder, para no flagelar a su defensa, ni al dicharachero técnico de Monterrey.

Más allá de si nuevamente este lunes lo envían de nuevo a disculparse, como ocurrió después de su tic nervioso y de disparar con el dedo mayor una mentada de madre contra su tribuna, tal vez Paco Jémez explique claramente que no agredió a un reportero, sino que su pudor, su inteligencia, su don de gentileza, su bonhomía, su educación, sus genes, le obligaron a no dar una zurra pública a su cuadro bajo ni a un colega.

El agnóstico estadounidense Robert G. Ingersoll citó alguna vez que "la cólera es una ráfaga de viento que apaga la lámpara de la inteligencia".

Y si encima esa lamparita de Jémez es de mecha corta, en una de esas me responde que "para estupideces, no estoy...", y no me ofenderá a mí, sino a uno de los más poderosos oradores de EEUU. ¿O no?

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México, Fútbol, Cruz Azul

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LOS ÁNGELES -- Juan Carlos Osorio regresó jovialmente a escena este jueves. Parece que no rompe un plato, pero la vajilla de retos del Tri está totalmente rota.

Y queda claro que el entrenador colombiano disfruta de la Ley de Murphy más que del sentido común. "Si el pan tostado se cae, siempre será por el lado de la mantequilla". No, la frase no es de Osorio, por si usted tenía duda, es de Murphy.

Repuesto de los sopapos del fracaso en la Copa Confederaciones ("la intención es jugar la Final") y la Copa Oro ("tenemos todas las posibilidades de ganarla"), y sin necesitar esta vez refugiarse purgando sus penas, bajo la falda generosa de Marcelo Bielsa en su monasterio del escapismo, Osorio presentó su selección mexicana para enfrentar a Panamá y visitar a Costa Rica.

Más allá de mofarse con cierta delicadeza de la trinca que quería treparle al patíbulo (Grupo Pachuca, Grupo Omnilife y el Inge Rodríguez de Tigres), al escupirles con su forma modosita de explayarse, les pisoteó su decálogo.

Osorio
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Osorio dejó en claro que seguirán las rotaciones, que improvisará posiciones y que no necesita especialistas en puestos como los laterales, dejando entrever que técnicos preocupados por esas posiciones son ñoños, retrógados y tarugos, como Guardiola, Ancelotti, Conte y Mourinho, por citar algunos.

Y seguramente los científicos de aquel Decálogo que presentaron a Decio de María y Guillermo Cantú, como mensajeros directos para Osorio y el Salón Oval de Televisa, hoy deben sentirse burlados y vejados públicamente, porque su revuelta tuvo menos impacto que la familia de acarreados en el Aeropuerto de la Ciudad de México, y que según el técnico colombiano "fue orquestrado (sic)".

"Había un niño", dijo Osorio, pero "no la vi, porque no quise verla (la manifestación 'orquestrada')".

Subraya que no necesita laterales y sus explicaciones tienen menos sustento que el antiético Código de Ética de Decio.

Dice, por ejemplo, que tiene, en la perfección "de las basculaciones", como marcador por el lado izquierdo, a Héctor Moreno, quien jugó ahí en el PSV y en la Roma, pero nunca se dio cuenta que en el equipo italiano fue enviado rápidamente a la banca.

1.- Queda claro que si a tu mejor defensa central decides enviarlo a que juegue en desventaja, incómodo, frágil, vulnerable, en lugar de mantenerlo donde es tu mejor baluarte, atentas contra el futbolista y contra el equipo.

2.- Esto significa que estará enviando al suplente de Moreno con riesgo de una menor calidad, mientras Moreno hará un trabajo de menor calidad que un lateral natural (Aris Hernández, Manny García, Luis Reyes, etc.)

3.- Es decir, destapa dos agujeros, o dos fosas futbolísticas, cuando llevando a un lateral natural, no necesitaría de semejantes cavilaciones.

Pero, de la misma academia de Murphy, tal vez Jardiel Poncela definió a Osorio al explicar que "el sentido común es el menos común de los sentidos". Y tal vez Osorio prefiere el pan tostado con la mantequilla aderezada del piso.

Llama la atención cómo Osorio involucra en su lista, en la cual jura que sólo incluye "a los que están en su mejor momento", a tres futbolistas que llevan a cuestas con su crisis personal, la peor crisis de su equipo: Jair Pereira, Rodolfo Pizarro y Orbelín Pineda.

Y en su línea de trabajo, asegura Osorio que pretende mantener las rotaciones, que ahora pretende convertir en oportunidades, y para resolverlo presentó una suma de los minutos de 23 jugadores, los cuales, ciertamente no saben dónde jugarán, cómo jugarán, si jugarán o, simplemente, como pasó a Carlos Vela, será enviado a la banca porque su carrocería es frágil y endeble ante los futbolistas alemanes.

Ciertamente los Padrinos del Decálogo (Pachuca, Omnilife y Rodríguez) seguirán agazapados a la espera del desenlace de los juegos que México está obligado a ganar: recibiendo a Panamá y visitando a Costa Rica.

Tal vez todos ellos creen también en una de las leyes de Murphy: "Cualquier esfuerzo por agarrar un objeto en caída causará más destrucción que si dejamos que el objeto caiga naturalmente".

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México, Fútbol, Guadalajara

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