LOS ÁNGELES -- El nombre evoca, invoca, convoca. A ambos, al héroe y al villano. Sólo citarlo, y la memoria de la afición mexicana se desboca, indecisa, confundida, hacia los extremos. Gonzalo Pineda es trepado en un nicho o enviado al cadalso. Haremos ese recorrido.

Hoy, sin embargo, el nombre repercutirá de otra manera. El ex futbolista mexicano dirigirá al Atlanta United de la MLS. Su primer desafío formal en su liga adoptiva, con la gorra, el silbato… y la cruz.

Es un técnico mexicano educado en la MLS. No hay improvisación, ni es un experimento. La liga estadounidense puede acertar o equivocarse, pero no elegir al conjuro del mexicanísimo “a’i se va”, a un entrenador.

Gonzalo Pineda, como buen migrante, domina tres idiomas: el inglés, el español por supuesto, y claro, el albur, que a pesar de su rostro serio, y formalizado por los anteojos, no puede esconder la sangre ladina.

El Gonzo comienza el recorrido hacia una meta que debe estar al final de la parábola del arcoíris, encapsulada en la mítica olla de la fortuna. Quiere dirigir en Europa y a la Selección Mexicana. No hoy, no mañana. Ni demasiado pronto… ni demasiado tarde. “Vísteme despacio, que tengo prisa”, diría Napoleón Bonaparte.

Para Pineda no hay dobleces. Hacerse cargo de una franquicia poderosa como Atlanta United es el fin del principio de la siembra, y es el principio del fin de la cosecha. Sabe que la oportunidad de dirigir a un equipo así, no habría llegado tan intempestivamente en la Liga Mx. Habrían ensayado con alquimistas de la farsa llegados de Sudamérica.

Él mismo reveló a TUDN que en momentos de incertidumbre en Pumas, el año pasado, se habrían acercado a él, para sondear la posibilidad de firmarlo como entrenador. Pineda prefirió seguir en Seattle, por prioridades familiares y profesionales.

Para llegar ahí, a la silla eléctrica del Tri, o a los banquillos convulsionados de Europa, Gonzalo Pineda tiene el método infalible. “Prepararme, prepararme siempre. Aprender de cada experiencia, de otros entrenadores y de otros modelos de juego”, ha dicho en varias ocasiones.

En enero de 2017 se integró al cuerpo técnico del Seattle Sounders. Brian Schmetzer lo integró al cuerpo técnico. Su contrato fue renovado a principios de este año, especialmente ante el interés del D. C. United por contratarlo.

Es evidente que Gonzalo Pineda ha desarrollado un perfil apetecible para los equipos de la MLS. Para bien suyo y para mal de su propio proyecto, el mismo entrenador Schmetzer ha sido generoso al hablar de su asistente técnico.

Actualizado, competitivo, inteligente y hábil para desmenuzar al rival, habrían sido comentarios de la cabeza del Seattle Sounders sobre el mexicano.

De memorias sólidas y felices con Pumas, pero principalmente con Chivas, Gonzalo Pineda ha identificado a los entrenadores que fueron adoctrinando su propio librito de futbol. Destaca a dos, Ricardo La Volpe por su sapiencia estratégica, y a Enrique Meza, por el fortalecimiento de aspectos técnicos y tácticos, sin descartar el eventual aprendizaje con Sigi Schmidt en Seattle, y posteriormente con el mismo Schmetzer.

La afición mexicana, que ahora estará al pendiente de su evolución como entrenador, tiene dos vívidos momentos en torno a Gonzalo Pineda, en sus actuaciones como seleccionado mexicano. De ahí, esa referencia inicial, el haber compartido con él la tertulia del jolgorio, y el oscuro pasadizo de la frustración.

En la Copa Confederaciones Alemania 2005, México y Argentina empataron a uno en tiempo regular y prórroga. El árbitro italiano Roberto Rosetti había entregado licencias para matar a Gabriel Milito y a Fabricio Coloccini, a quienes había perdonado la roja. El Tri había sido superior, pero…

En tanda de penales, llegaron al quinto cobro. 4-4 el saldo. El turno era para Gonzalo Pineda. “Me habían preguntado antes Paco Ramírez y Jorge Campos si estaba preparado para entrar a la lista. No dudé nunca”, recuerda.

El Gonzo tomó la pelota. La acurrucó en el manchón. Había estudiado al portero argentino Germán Lux en los cuatro cobros anteriores. “Se lanzaba antes, siempre”, recuerda Pineda. Inquieto, más que atribulado, trataba de decidir si cobrar a la izquierda o a la derecha. De último momento, optó por la audacia, lo inesperado, lo intempestivo.

“Tomé distancia. Parecía eterno el camino. Puse cara de estar bajo presión. Y en ese momento decidí cobrarlo así, a lo Panenka, porque era lo que él menos esperaba de un tipo que parecía asustado. Ya lo había hecho muchas veces, era un gesto técnico que dominaba”, ha recordado varias veces.

La disección íntima que había hecho Pineda sobre el arquero, se cumplió. Toma distancia, como amagando un disparo potente. Un objeto y un sujeto en el aire, como suspendidos en el drama del éxito y el fracaso. El balón viaja flotadito, suavecito, girando apenas, aleteando como si la gravedad no existiera. Lux, mientras tanto, se anticipa y se lanza ferozmente a su izquierda, al vacío, al engaño, mientras de reojo ve como la jugada de tahúr, como el viaje bobalicón de una burbuja de jabón, entraba a su arco.

El Gonzo entonces se dispara hacia la media cancha, con el resto de sus compañeros, y voltea a ver fugazmente el gesto vencido de Lux. Había muchos motivos para saborear aquella acción cargada de sorna.

“La mayoría de los aficionados me recuerdan ese momento. En lo personal, me siento bien de haberles regalado ese momento. Después, lamentablemente perdimos (Ricardo Osorio falla el sexto cobro), pero creo que fue un gran torneo para México”, indica.

¿Qué le dijo el técnico Ricardo La Volpe? Nada. Guardaría el reproche cargado de elogios o los elogios con un dejo de reproche para un torneo posterior, la Copa Oro. En el vestuario, condecoró su atrevimiento tan fascinante como irresponsable. “Quiero ese carácter en todos”, puntualizó el argentino.

Pero, ni la afición ni La Volpe olvidan la otra cara de la moneda. Copa del Mundo Alemania 2006. 24 de junio. Leipzig, entonces, la ciudad más mexicana del país teutón. México sorprende a Argentina. Le roba el control del juego. 1-1 en tiempos de alargue.

Messi abre para Sorín por izquierda. El cambio de juego hasta el costado derecho. Ahí Maxi Rodríguez controla con el pecho y mete un zurdazo despiadado de volea, que vence a Oswaldo Sánchez. “Le pegue con la pierna del Diego (Maradona)”, diría después Maxi, un jugador derechísimo, que usaba la pierna izquierda sólo para no caerse.

La Volpe aún hace berrinche. “Sí, fue culpa de mi lateral. Fue un pase de 30 metros. Tenía tiempo”, relata aunque reconoce que nadie, ni el mismo Maxi, soñaba con pegarle de esa manera al balón con la pierna inútil.

Gonzalo Pineda también cabalga en las pesadillas de la memoria. “Siento que tal vez pude haber hecho algo más, pero no creo ser el culpable absoluto, sino que hay más mérito de Maxi. Yo lo había estudiado, su pierna izquierda era su pierna inhábil, pero sorprendió y lo hizo muy bien”, ha explicado en diferentes ocasiones.

Por lo pronto, lleno de vivencias, Gonzalo Pineda sube el primer peldaño. Es el nuevo director técnico del Atlanta United, anunciado oficialmente este jueves. Diego de la Torre, Rob Valentino y Liam Curram serán sus asistentes.

El Gonzo llega al United que Gerardo Martino, hoy técnico de la Selección Mexicana, hizo campeón, y que después, con poco éxito y mucho escándalo, fueron dirigiendo Frank de Boer y Gabriel Heinze.

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LOS ÁNGELES -- Ansioso de cancha. Y de vestuario. Y de competencia. Y de revancha. Y de Champions. Ese gnomo vertiginoso, despiadado, obsesivo en el terreno de juego, tomó con parsimonia de burócrata, con ecuanimidad tibetana, y con la rutina de una contestadora automática, su comparecencia de prensa con el ParIs Saint-Germain este miércoles.

Lionel Messi recibió oficialmente otra camiseta número 30. Como aquella con la que comenzó todo en el Barcelona. Esa con la que terminará todo en Europa, antes de seguramente emigrar en 2023 a la MLS.

La recibió de manos de Nasser Al-Khelaifi, su patrón, un tipo mediocre como tenista profesional, pero astuto como empresario, con una fortuna estimada en 16 mil millones de dólares. Malo con el passing shot de revés cruzado, pero letal en los malabares petroleros.

AP Photo/Rafael Yaghobzadeh

Rostro inalterable, exponiendo una que otra sonrisa, Messi confesó su hartazgo en el inevitable ceremonial mediático. “Estoy ansioso de que termine esto para ir con los muchachos (jugadores del PSG) a entrenar”, dijo.

Se subió a la barcaza frágil de la temeridad: “Quiero ganar otra vez la Champions”. Mantuvo la compostura y la lealtad, al dejar en claro que aquella pléyade blaugrana con Xavi e Iniesta “es irrepetible”, aún con Kylian Mbappé y Neymar.

Cierto, Mbappé aún no renueva. Esgrime que quiere un equipo con aires de conquista. Remolón, roñoso, este miércoles se llevó una advertencia de Al-Khelaifi. “Mbappé es parisino, muy competitivo, quería un equipo competitivo, creo que no hay nada más competitivo como equipo (en referencia al PSG), no tiene excusas”.

Incluso, la frase más prometedora de Lionel pareció un mensaje para el francés: “Mi sueño es ganar otra Champions y siento que he caído en el lugar ideal para lograrlo”.

Messi encaró preguntas de todo tipo, que él llevó a un lugar común y que en la cancha, por cierto, repudia. Sí, todos los cuestionamientos los llevó al banderín de tiro de esquina, y ahí, los sobó, los anestesió, los enfrió, se comió el reloj. Todo fue elogio, sin apóstrofe alguno.

¿Será que por primera vez Messi se convierte en un mortal más del mundillo de los asalariados? Sí, cierto, un asalariado con privilegios mayúsculos. Seguirá haciendo lo que mejor sabe y lo que más le gusta. Pero esta vez no está donde querría estar, sino donde debe estar. En Barcelona, con salario y premios de escándalo, donaba con amor su talento, ahora los ha puesto en alquiler, ambos, el amor y e talento, también con bonificaciones de escándalo.

Reiteró, hasta el reiterado cansancio, en esa comodidad de jugar pegadito al banderín de córner, que en el vestidor del PSG encontrará amigos, y que la calidad de la plantilla, las amistades con Neymar y Pochettino, y el hambre de competencia, terminaron por convencerlo de elegir París.

Revancha es un combustible poderoso, nuclear. No usa la palabra, pero Messi la describe de manera inequívoca. Lo hace cuando replantea su urgencia por ganar otra Champions y por el placer culposo que le significaría enfrentar a su cuna culé en el festival máximo de clubes en el mundo. “Sería lindo regresar a Barcelona y con gente (en la tribuna)”. Claro, la venganza sin testigos presenciales, corre el riesgo de ser más anécdota que leyenda.

No te preocupes, Leo, Ceferin (UEFA) e Infantino (FIFA), ya se ocuparán de ello. Su habilidad siniestra de “matchmakers” sonrojaría a Don King y a Bob Arum. Y así como alguna vez hubo ocho horrores arbitrales para someter al PSG en los Octavos de Final de 2017, ahora podría haber ocho horrores arbitrales para que Barcelona, Laporta y la tambaleante Superliga se enteren quién manda.

Mientras una nación azulgrana sigue en duelo, Messi saludó agradecido a una nación festiva, redimida, resucitada, que en abril pasado había sepultado sus ilusiones de Champions ante el Manchester City. Sabe que los parisinos han vivido en una gestación múltiple: venerando su llegada, entre la vigilia de la ansiedad y la belicosa desesperación por velar armas. Desde París, con nuevo almirante, a Europa entera le han declarado la guerra.

“Agradecidísimo. Sé que hace tres días que están en la calle. Es impresionante. No había vivido algo así nunca. Es mi primera experiencia de cambiar de club y ha sido espectacular. Espero empezar y vivir cosas grandes juntos”, fue el mensaje a multitudes, que sin mascarillas, están desperdigadas por París, una ciudad agobiada por Covid-19, con 29 mil nuevos casos de infectados, solamente este martes.

Ciertamente aún quedan pendientes los trámites más importantes, esos, los que deberán consensuarse dentro de la cancha. Las migrañas serán para Pochettino, quien tiene la mejor plantilla posible, a expensas del futuro de Mbappé, obsesión del Real Madrid, y quien públicamente, alguna vez, deslizó que su ídolo, Cristiano Ronaldo, es mejor que Messi.

¿Quién cobrará los tiros libres con semejantes artilleros? ¿Quiénes serán los tres capitanes de la plantilla? ¿Quiénes cobrarán los penaltis? ¿Quién de entre Mbappé, Messi y Neymar deberá hacer labores más estrictas de sacrificio y marca? ¿Estarán los tres al servicio de su mejor rematador de cabeza, y con quien han tenido rencillas y resquemores, como lo es Sergio Ramos?

Partamos de un principio. Todos estos personajes, que han convertido al PSG --al menos en la cartelera--, en un equipo de ensueño, tienen enormes particularidades en común. Cierto: falta dar el paso gigantesco, colosal, de equipo de ensueño a equipo de época.

1.- Todos son competitivos y ganadores. Han besado Copas del Mundo, Champions, Copas América, Ligas de Europa. El problema de saborear la gloria es la adicción que provoca.

2.- Todos tienen una desmesurada hambre de revancha y de títulos. Han sido humillados por clubes ingleses y alemanes.

3.- Más allá de la inmadurez de Mbappé, y de las misteriosas lesiones de Neymar en tiempos de cumpleaños familiares, ambos serán empujados y metidos al orden, por tipos con ascendencia en el vestidor, como el mismo Ramos, y la cercanía de Messi con el fiestero brasileño.

Por eso, insisto en la analogía: Mauricio Pochettino debe estar más atribulado que un daltónico con un Cubo de Rubik.

Pero, al final, concluyó el teleculebrón. Joan Laporta se queda con un Barcelona saludable y Lionel Messi con un horizonte de desafíos, afortunadamente en un terreno de bendiciones, para hacer lo que le más le gusta y lo que mejor sabe.

La cancha dimensionará las equivocaciones y los aciertos de todos los involucrados, incluyendo, por supuesto, al PSG.

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LOS ÁNGELES -- Son temas diferentes, pero no inconexos; distintos, pero no ajenos. Hace casi un año, en agosto, el día 25, el burofax irrumpió furtivo y silencioso en las oficinas del Barcelona. Lionel Messi quería abandonar al club.

A veces, el ser humano desata tormentas que después es incapaz de controlar. A veces el ser humano desea tan fervientemente un capricho, incapaz de adivinar el desastre agazapado detrás.

El engendro del burofax, ese 25 de agosto de 2020, terminó siendo el principio del fin y el fin del principio. Imposible saberlo entonces. Inútil saberlo hoy. “Desperté de ser niño, nunca despiertes”, le habría advertido el poeta español Miguel Hernández.

Este domingo en Barcelona, Lionel Messi despertó de ser niño. “El año pasado no quería quedarme… y lo dije. Ahora sí quería quedarme”, explicó en un ceremonial densificado por la tristeza atorada, gutural, universal y compartida.

Aquella fue la tormenta que desató su padre, Jorge, incapaz de controlar, y que hoy humedece los ojos de millones de personas, mientras los hijos de Leo, Thiago, Mateo y Ciro, incapaces de entender el colapso de un club y de una liga, aplaudían tímida e inocentemente, incapaces también de entender cómo aquellos adultos, de pie, durante dos minutos, vitoreaban el impactante y sublime momento de ver a su propio padre gimotear. Despertó de ser niño, nunca despierten.

Messi lamenta su despedida. Todo en ella es aberrante. Lo hace con un traje oscuro, cuando debió hacerlo en una cancha, con la camiseta perfumada de sudor. Se ha ido sin la armadura de toda la vida. Lo hace con un pañuelo recolectando lágrimas y mucosidades, cuando él anhelaba ver revolotear miles de ellos, miles de paños, como compungidas aves de paso, en la tribuna del Camp Nou.

Acostumbrado a alebrestar multitudes, a bendecirlas de felicidad a unas y de amargura a otras, este domingo, Lionel Messi, en la opulencia de la fama, se fue en la frugalidad de un cuartucho, con su familia, sus hoy ex compañeros, y ante tipos olorosos a dinero, con mascarillas, y sin tener el privilegio, el derecho, la urgencia, de sumergirse en el rugido estentóreo de una tribuna. Tantas veces cruzó los portones de la gloria azulgrana, y termina escurriéndose, más solo que nunca, por una puertecita lateral de un salón que termina siendo un mausoleo maldito.

“Ne hubiera gustado irme de otra forma. Despedirme con una ovación en el estadio”, dijo el futbolista, dejando aún un velo de suspenso sobre su futuro con el PSG, que ya alquiló la Torre Eiffel para este martes.

Él no lo sabe y tal vez nunca lo sepa, pero nuevamente mantuvo en vilo al universo barcelonista, en el que algunos todavía esperaban, como feligreses de algún milagro, que Messi les dijeran que no, que todo era una pesadilla, un rumor, un malentendido, una broma de mal gusto.

Pero, en su comparecencia, Messi no ocultaba ningún misterio. Había sido despojado, para ese momento, de su vida misma. Sin balón, sin red, sin cancha, sin marcador, sin tribuna, sin alaridos. Lo obligaron a irse como un paria, en un recoveco de la majestuosa catedral que él ayudo a construir al lado de genios como Xavi, Iniesta y Ronaldinho, o guerreros de sangre como Puyol.

Sólo debe haber un hombre feliz en Barcelona. Josep María Bartomeu debe estar haciendo girar una copa regordeta, aromatizando la tragedia y su victoria, encendiendo un habano, y leyendo y releyendo, el manifiesto parido por el burofax. Perdiendo, terminó ganando. Messi, entonces ganando, terminó perdiendo.

Javier Tebas también tiene las manos tintas en sangre. Bajo el estandarte de querer salvar La Liga, elige la forma más siniestra de aniquilarla. Hay que ser muy tonto para invitar a los buitres a su propio funeral.

Messi lo imputa: “Estaba todo arreglado y por el tema de La Liga no se pudo hacer a último momento. Quería quedarme, hice todo lo posible y no se pudo”.

¿Pudo, quiso, debió hacer más el Barcelona? Joan Laporta asegura que no. Era hundirse juntos o sobrevivir separados.

Cierto, insisto, no hay parentesco entre el burofax del suicidio, y la crisis financiera del Barcelona y de La Liga, pero imposible creer que estén desconectados. Jorge Messi, reitero, desató una tormenta que después fue incapaz de controlar. Su voracidad de hace un año, llevó a su hijo a esta despedida de domingo. Le quiso comprar un carnaval y este domingo hasta los cuervos se vistieron de luto.

Cierto, en aquel momento, hace menos de un año, el burofax era un ultimátum, pero el conflicto no era el dinero, era la desgracia competitiva del Barcelona. Lionel urgía a tener un equipo mejor. Cada fracaso era una llaga. Y estaba harto de esa piel de leproso. Entonces sí quería irse. Tal vez lo deseó con demasiada vehemencia.

Es cierto también: era imposible tratar de negociar de buena fe, con un tipo que como Bartomeu, con el poder absoluto dentro del mismo club, subrepticia y falazmente atentó contra todos los órganos vitales de la institución, dispuesto a extirparlos y venderlos en el mercado negro de su locura y sus ambiciones. ¿Cómo hablar de ensaladas con un carnicero blandiendo un machete?

En su alocución, Messi envió diversos mensajes a la cofradía blaugrana. Pero, sobre todo, dejó en claro, que su hogar, desde los 13 años, es en este momento el ente más urgente de rescatar. “El club es más importante que cualquiera. La gente se va a terminar acostumbrando. Tiene una gran plantilla y vinieron grandes jugadores, al final todo se acomoda”, explicó.

Por lo pronto, este lunes, con el jefe de familia aún como parte de los 197 millones de desempleados en el mundo, el Clan Messi prepara la mudanza a París.

Lionel asegura que tiene hambre de títulos y que quiere superar a su compañero Dani Alves, quien suma 46, tras ganar el oro olímpico en Tokio. Necesita conseguir 11 más con el PSG como cómplice. “Quiero seguir sumando títulos a mi carrera. De paso saludo a Dani Alves, por los Juegos Olímpicos. Voy a intentar pasarlo en títulos. Quiero ir a un club donde pueda competir y seguir ganando”.

Y en Barcelona, ¿quién se atreverá alguna vez a vestir la camiseta ‘10’?

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LOS ÁNGELES -- Lo que siempre los mantuvo unidos, los ha separado para siempre: el dinero. Lo que siempre los mantuvo unidos, los mantendrá unidos para siempre: el futbol.

Sin embargo, este viernes, Joan Laporta cerró los portones del Barcelona, detrás de la silueta lánguida de Lionel Messi. Entre club y jugador, los lazos serán eternos, pero la relación quedó trunca. ¿El dinero no compra la felicidad? No, pero le encuentra concubinas.

En conferencia de prensa, Laporta extinguió la trémula fe de quienes veían un atisbo de esperanza en el divorcio entre Messi y el Barcelona, con la pérfida Liga de por medio, como la suegra celosa y recelosa.

Pro Shots

La exposición de Laporta, este viernes, era inapelable. Ni el más facineroso dirigente de FIFA, ni sus alquimistas del fraude, habrían hecho cuadrar las cifras. “No estoy dispuesto a hipotecar durante 50 años al Barcelona por nadie”, dijo.

Con Messi, el Barcelona habría salido a “botear” a las calles, por mendrugos de pan, con la tripa hecha nudos de hambre, al borde de la inanición. Sin Messi, todos tendrán el pan suyo de cada día. No el gol, no la magia, no las fantasías, pero sí el maná.

La analogía de pan y circo. Barcelona eligió el pan y dejar escapar el circo. El pan tiene más valor que precio. El circo tiene más precio que valor.

El club aprenderá a sobrevivir sin Lionel Messi, como aprendió a sobrevivir sin Andrés Iniesta, sin Xavi, sin Carles Puyol, sin Pep. La histórica grandeza del Barcelona es intocable, pero este viernes, tras las palabras de Laporta, pasa a ser equipo sin apellidos de alcurnia. Vivirá con los privilegios de una dama divorciada.

Y Messi aprenderá a vivir sin el Barcelona. Puede vivir sin el club, pero no puede vivir sin la escenografía perfecta de esa ecuación que forman cancha, red y balón.

Será que en el fondo Leo obedece al credo que atribuyen a su padrino Ronaldinho: “Juega por el nombre que llevas delante en la camiseta y se acordarán del nombre que hay atrás”.

Laporta asegura que sólo resta ver al futuro, pero sin renunciar a los privilegios ni a las lecciones del pasado. Barcelona está en manos de ingenieros en finanzas y no entre los cálculos ilusionistas entre copas de bohemios del hubiera.

“No estoy dispuesto a hipotecar al club. El Barça está por encima de todos los jugadores, incluso por encima del mejor jugador de la historia, Leo Messi”, reiteró Laporta este viernes, mientras se lavaba las manos con Javier Tebas, y LaLiga como la jerga, con la cual secarse cualquier vestigio de culpabilidad, y sin dejar de escupir en el inmenso albañal que es Josep Bartomeu, “porque venimos de una gestión nefasta y calamitosa”.

Mientras en el universo infinito del futbol se juega con el destino de los memes, para reforzar desde el Santiago Tangamandapio F.C. hasta el Bayern Munich, la brújula de la voracidad financiera de Jorge Messi, el padre del ser humano con las facultades más inútiles, pero las más caras y cotizables del mundo, tiene línea abierta, según los cercanos al clan, con el Paris Saint-Germain y con el Manchester City.

Mientras Lionel sigue de vacaciones, ajeno seguramente a la forma en que se ha convulsionado la galaxia del futbol, su padre juega las cartas con más astucia y argucia que cualquier tahúr de colmillo torcido y uñas largas en Las Vegas.

El PSG deja entrever que se siente fuerte con lo que tiene, mientras el City de Pep Guardiola ha firmado a Jack Grealish, quien no es Messi, pero llena los requisitos de ese club ciudadano urgido de una Champions.

¿Y el Barcelona? Respirando ya serenamente, luego del riesgo de ser intubado de emergencia, trata de organizar su vida tras la más grave de sus pandemias, azotado por el virus Bartomeu-20, más que por los estragos del Covid-19.

Trató de vender a Antoine Griezmann hace unos meses, pero no encontró mercado y hoy se vuelve en imprescindible. Mientras tanto, el Kun Sergio Agüero, hoy se siente doblemente abandonado. A su vez, Memphis Depay llega con la consigna de confirmar su poder demoledor... en la Liga de Francia.

Y claro, queda la sangre joven. Pedri, Riqui Puig, Oscar Mingueza, Ilaix Moriba, Ronald Araújo, Sergiño Dest, Tenas. La Masía trata de rescatar su prestigio.

Por otro lado, Ronald Koeman debe ser el más aliviado por la salida de Messi. Hoy tiene sólo a seres humanos. Y no tiene a ninguna figura emblemática que pueda cuestionar su autoridad. Prefiere sólo a peones en su tablero, aunque haya perdido el misticismo de su reina.

Y, sin duda, el resto de la población en la Liga se sublima. Los clubes ya no tendrán que inventar en el pizarrón estrategias fallidas y fútiles, para tratar de despellejar a un solo futbolista. El Barcelona sin Messi, como el Real Madrid sin Cristiano Ronaldo, se convierten en artillería vulgar.

Así pues, luego de años de vivir bajo el concubinato perfecto, Barcelona y Messi han encontrado la humanoide imperfección del rompimiento. Lo que siempre los mantuvo unidos, los ha separado para siempre: el dinero. Lo que siempre los mantuvo unidos, los mantendrá unidos para siempre: el futbol.

Ambos entendieron que para que ambos sobrevivan, deben hacerlo por separado. Juntos, sólo los esperaba el desenlace de la cicuta shakespierana.

Y por ello, entre el pan y el circo, Barcelona se queda con el pan. Porque el pan tiene más valor que precio. El circo tiene más precio que valor.

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LOS ÁNGELES -- La fatalidad para México siempre se colapsa a once pasos de la gloria. Este martes la historia confirma su reincidencia en las tandas de penaltis. Brasil 4-1, tras un estrujante, magnífico y casi doloroso trámite de casi 130 minutos. El 0-0 era un homenaje al Tri Olímpico y una jaqueca para los amazónicos.

Como ayer, como hoy, como siempre, México acudió a su cita en ese manchón blanco de todas, y de sus mayores y oscuras desgracias. Fallan El Mudo Aguirre y Johan Vásquez. Lo elimina Brasil con la perfección genética de golpear con potencia y erizándole la piel a los postes. El eterno Alves, Martinelli, Guimaraes y Reiner, superan por un centímetro los acertados lances de Guillermo Ochoa. Si no se hubiera cortado las uñas…

mexico jaime lozano semifinales penales tokio 2020
GettyImagesLa selección mexicana de Jaime Lozano encontró en las semifinales y los penales los principales obstáculos para obtener títulos. Ahora en Tokio 2020, nuevamente esa combinación lo deja fuera de la pelea por el oro.

Bien lo describía Juan Carlos Osorio: “Los penaltis en los entrenamientos son un gesto técnico, pero, en los partidos, son un gesto espiritual”. Ahí, en el estadio de Kashima, el alma se escapó de Aguirre y de Vásquez.

La derrota rezuma --exuda--, a fracaso. Porque además, el fracaso no tiene matices ni consuelos. El fracaso entierra y destierra. Pero, hay quienes sobreviven. Afortunadamente lo hacen los valientes, y lamentablemente, también, los cínicos.

Dicho está que fracasar no convierte a nadie en fracasado, sino en aprendiz del fracaso, que es el tutor más eficiente y más despiadado. Las selecciones mexicanas, eruditas en el tema, reciben un nuevo aleccionamiento.

Cierto, Brasil fue mejor en un juego que se eternizaba en las piernas agobiadas de los jugadores mexicanos. Los músculos y los pulmones caducan siempre antes que el corazón. Guillermo Ochoa había sido la figura, mientras Luis Romo tenía esa estampa inconfundible de ser el mejor futbolista mexicano del momento.

¿Diego Lainez? Tanta pasión, entrega, rabia y futbol, en ese envase pequeñito, en ese cuerpo rebelde y menudito. Una hormiga que debe contemplar esa cigarra que huyó de Tokio para apoltronarse en el Getafe. Sí, J.J. Macías fracasó antes que todos.

Paciente, armonioso, atlético, denso, devoto, concentrado, Brasil lidió con las ansias de heroísmo de los mexicanos. Dani Alves traga pastillas de eternidad marca Chabelo, y termina la zacapela con la humanidad intacta. Es el Dorian Gray del futbol.

Insisto, el 0-0 que prevaleció, que sobrevivió con esa mueca de angustia a esos casi 130 minutos, enaltece más a Brasil que a México, porque la tozudez y la gallardía de los tricolores, lustra aún más el pase de los amazónicos a la Final de los Juegos Olímpicos.

Seguramente el pizarrón de las estrategias de este Tri Olímpico le pertenece a Gerardo Martino, pero para mantener viva la llama, el pundonor competitivo, cuando ya sólo quedan cenizas en la hoguera física y atlética de los jugadores, hay que sentir el fuego de raza, de sangre, del nativo, de eso se encargan Jaime Lozano y el mismo Ochoa. En retóricas “juangabrielescas”, a la selección de Copa Oro le faltó lo que la olímpica tiene de más. Gónadas, pues, en términos glandulares y anatómicos.

La desazón y el insomnio que le generó al Tata Martino, la excursión fallida en Copa Oro, los amaina, los suaviza, lo que ha observado en la olímpica. Su híbrido gozará de cabal salud para el Octagonal Final de la Concacaf. En la Copa Oro, la medalla fue de cobre, en Tokio, la esperanza es el bronce para esta raza de bronce, o La Raza Cósmica, la quinta raza, según José Vasconcelos.

Una historia conocida, pues: del 0-0 que enaltece, que engalana, hasta la fatalidad aciaga desde el manchón de todas las tragedias. En el futbol, cuando México garabatea cuentos de hadas, aparece la siniestra sinergia de todos los perversos hados de su pasado. Pero, nada es o nada debe ser para siempre…

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LOS ÁNGELES -- Gerardo Martino entra al libro de récords del futbol mexicano: dos finales perdidas en menos de dos meses, ante Estados Unidos. Ocurren ambos fracasototototes en La Liga de las Naciones y en la Copa Oro.

Este domingo, una selección alterna, emergente, arrejuntada, de Estados Unidos, fue superior a Mexico en testosterona, en gallardía, en futbol, en capacidad física y en devoción por la victoria.

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Imago7El 'Tata' Martino y el Tri volvieron a perder ante el histórico rival.

De hecho, hay sólo tres cosas que que le restan brillantez a la merecida coronación estadounidense.

1.- La pusilanimidad del jugador mexicano, que se transformaba en pánico conforme se acercaba el final del encuentro, ante un especialista, como EEUU, en asesinar cuando el reloj fenece.

2.- Los caprichos inexplicables de Gerardo Martino. El Mellizo, Funes-to Mori-bundo, como con River Plate y con Monterrey, se espanta ante los grandes desafíos, y aún así, lo mantuvo en la cancha su “Tata” espiritual.

3.- ¿De verdad Rodolfo Pizarro? Tocó diez balones desde que entró al campo, y todos los entregó de manera equivocada, mientras el resto del tiempo, se escondía detrás de los defensas.

Pero, ambos, Funes Mori y Pizarro, son decisiones, aparentemente, más hormonales que neuronales por parte del entrenador argentino, quien según los reportes terminó maltratado por la tribuna mexicana.

Cierto, ya se había dicho hace semanas. La esperanza de Martino para la el Octagonal Final de la Concacaf está en Tokio. La mezcla de jugadores entre los que han fracasado en la Copa Oro y los que aún respiran y suspiran en los Juegos Olímpicos, será su salvación para clasificar, con apuros, a Catar 2022.

Este domingo, Estados Unidos, con su estilo tacaño, viciado, rácano, adicto a no dejar jugar y a irrespetar la esencia del futbol, jugando así, sólo permitió unos minutos de libertad en el primer tiempo, y después le puso cadena y bozal al que de nuevo es su mascota, el seleccionado mexicano.

El Tri tuvo empuje durante algunos minutos, se vio incisivo y convirtió en figura al arquero estadounidense, Matt Turner, quien se convirtió en el héroe del primer tiempo, mientras que esa distinción se la arrebataría Alfredo Talavera en la segunda mitad.

Tras esa revolución en los primeros minutos, México pasó a ser un equipo vulgar, conformista, asustadizo, sometido, vejado incluso por una marca vigorosa de Estados Unidos, que le permitió cerrar con más poderío físico y anímico el encuentro, hasta conseguir el gol de la victoria al minuto 117, en un remate de Miles Robinson, a quien marca, de espaldas, impotente, aterrorizado, paralizado, atolondrado, Edson Álvarez, a quien se le hizo trizas el mal puesto apodo de “Machín”.

Ahora se viene la eliminatoria y México tiene enfrente un veto de dos partidos en el Estadio Azteca, obligado a jugar a puerta cerrada.

Hay, además, un saldo final y más refulgente, el más preocupante, que estas dos humillaciones ante Estados Unidos. El Tri no atribula a nadie.

Quedó demostrado que ya todos le perdieron el miedo y el respeto en la Tierra de Ciegos de la Concacaf a este ex Rey Tuerto, con lagañas, cataratas, estrabismo y querataconos, en el ojo sano.

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LOS ÁNGELES -- Una de las peores versiones de México en Copa Oro, enfrenta a una de las peores versiones de Estados Unidos, en la Final de una de las mejores versiones de una Copa Oro.

Y aunque no son los mismos jugadores, es posible esperar, en el desenlace, una de las mejores versiones de una Final de Copa Oro, especialmente por el antecedente inmediato, embarrado de miel estadounidense y de hiel mexicana, que fue la Final de la Liga de las Naciones.

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Imago7Herrera marcó el tanto del triunfo para el Tri para llegar a la final.

Estados Unidos no fue mejor que Catar, pero marcó el gol de la diferencia (1-0). México no siempre fue mejor que Canadá, pero al minuto 99, con gol de Héctor Herrera, marcó la diferencia (2-1).

Y antes de ir al detalle de los juegos, establecer nuevamente la comodina, cínica y descarada actitud de la Concacaf: #ElGrito apareció de nuevo, con vehemencia, este jueves, y no hay, no ha habido y no habrá sanción de su parte contra la Selección Mexicana.

Claro, no va a pegarse un tiro en la pezuña con un escopeta recortada, cuando puede impactar y deslumbrar a sus patrocinadores con el rating más alto en la historia de una Final de Copa Oro. La Copa Panamericana de 2024 no valdrá su peso en oro, sino en diamantes.

Por supuesto, la plata está por encima, pero muy por encima, de la bandera puritana de este sepulcro blanqueado, de doble moral que es la Concacaf.

Les recuerdo, quienes ha promovido la persecución de la FIFA contra México a causa de #ElGrito han sido estrictamente la Concacaf, y el hombre que la preside, pero no manda, Víctor Montagliani. Que la FMF pretenda ignorarlo, es parte de su acobardamiento.

¿El juego? Intenso. Pasional. Belicoso. Con todos los condimentos para poner sangre en los ojos y en el alma. No hubo un brillo futbolístico, pero sí una conflagración que se avivó con el 1-1 de Buchanan, luego de que Orbelín Pineda pepenara el 1-0 desde el manchón.

Y si no, juzgue Usted: gol de último minuto; dos penaltis para México, uno errado; varios conatos de bronca; las eternas estulticias de Carlos Salcedo; arbitraje despistado y tricolor; una multitud impresionante en la tribuna; claro, #ElGrito, como castigo para el Tri, más que como insulto para el contrario; un crespón de luto por la muerte de Zizinho, padre de Jonathan dos Santos, y, afortunadamente, para la fogosidad el Octagonal Final, Canadá se sumó, finalmente, al convoy del desprecio contra el Rey Tuerto, con cataratas y lagañas y todo, en el páramo de la Concacaf.

A Estados Unidos lo persigue la misma cantaleta de esta Copa Oro: no fue el mejor en la cancha, pero fue el mejor en el marcador. Catar lo perdonó, desde el manchón penal y desde varios puntos de torpe artillería. El futbol lo hicieron los cataríes, mientras los anfitriones, con base en su futbol mezquino, pragmático, negociaron la victoria.

Por México, afloraron nuevamente las inconsistencias. Tecatito Corona había sido el jugador referente en movimientos ofensivos del Tri, pero ante Canadá, fue acordonado, y quedó en el empuje de Héctor Herrera, a ratitos, como siempre, la posibilidad del Tri de hacer daño.

Recuérdese: la mejor selección de Martino, dicho está, será a partir del híbrido que tenga en la eliminatoria, armado precisamente con quienes intentan una hazaña en Tokio, y con quienes intentan mantener la desvencijada corona conkakafkiana (dixit Guillermo Chao) en la Copa Oro.

Por otro lado, México es un caos en el fondo. Afortunadamente son todos tan conscientes de sus torpezas, que son solidarios entre sí. Si se equivoca Salcedo, tanto como siempre, aparecerá Héctor Moreno al rescate. Y si se equivoca Moreno, tanto como siempre, aparecerá Salcedo al rescate. La solidaridad esa de que entre bomberos no se pisan la manguera.

¿Y #ElGrito? Estuvo ahí. Finalmente algunos empiezan a entender lo obvio: no es un insulto para el portero contrario, es un vituperio, hecho reclamo y queja, contra la mismísima selección mexicana. La propuesta es clara: mientras menos juegas, más grito; mientras menos me ofreces, más te increpo.

#ElGrito es hoy la única --pero muy poderosa--, herramienta de venganza que tiene la tribuna para acicatear a sus jugadores, y transformar a los asnos futbolísticos, en percherones de batalla. Y parece surtir efecto.

Al final, queda claro, la Concacaf, hipocritona, centavera, es jueza y parte de #ElGrito. Y en la pusilanimidad culposa, al estilo Poncio Pilatos, se lava las manos y entrega la guadaña a la emperifollada Inquisición de la FIFA.

Por lo pronto, en la versión tercermundista de la guerra regional, tras el festín en la Eurocopa, la a veces arrabalera kermés de la Copa América, se viene la Final del torneo estelar de la Concacaf. Un millonario con parches en el frac.

Por eso, insisto, prepárese y disfrute, en el paraíso conkakafkiano y surrealista, para lo que se viene: una de las peores versiones de México en Copa Oro, enfrenta a una de las peores versiones de Estados Unidos, en la Final de una de las mejores versiones de una Copa Oro.

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LOS ÁNGELES -- México ganó medalla de oxígeno en la prueba de trampolín sudafricano de tres metros en los Juegos Olímpicos de Tokio.

Alexis Vega, Luis Romo y Henry Martín escribieron la historia: 3-0. La euforia tiene, sin embargo, una mueca larga: tontísima expulsión se lleva Carlos Rodríguez. Se pierde el juego ante Corea del Sur el próximo sábado.

El Tri olímpico hizo su chamba: ganarle al sparring del grupo y ganarle con holgura. ¿El riesgo? Que surjan las balandronadas que provocó el aplastante marcador sobre Francia, y que llevó al delirium tremens de grandeza ante Japón.

Getty ImagesLuis Romo festeja con México ante Sudáfica en los JJ.OO.

Una decisión clave: la entrada de Uriel Antuna por Diego Lainez. ¿La indicación llegó desde Houston? Probablemente. El delantero de Chivas es un amuleto para Gerardo Martino. A veces es como su dedo meñique: no sirve para nada, pero lo usa para todo. Este miércoles entregó el gol a Alexis Vega.

Esta vez los puntales invisibles se hicieron visibles en el marcador. Luis Romo sigue siendo el mejor en la cancha, acompañado de la disciplina táctica de Henry Martín. Alexis Vega confirma que le sienta mejor la causa verde que la rojiblanca, y esta vez conectó con su compañero de club y de aficiones etílicas como el vodka con tamarindo: Uriel Antuna.

La próxima cita es con Corea del Sur. Terminó como líder de su grupo. Trastabilló ante Nueva Zelanda, y después recompuso goleando a Rumania (4-0) y a Honduras (6-0). La historia favorece ligeramente al Tri, pero los sudcoreanos sólo suelen revisar la historia, para no equivocarse de nuevo.

México fue superior en todo momento. Acaso algún par de disparos que desentumieron al somnoliento Guillermo Ochoa, y sirvieron para espabilarlo. Por otro lado, con Jesús Angulo y Vladimir Loroña alcanzó para tapar las ausencias del lesionado Erick Aguirre y el castigado Johan Vazquez.

Además de eventuales atrevimientos, Sudáfrica metió miedo con algunas entradas, porque incluso, al minuto 5 ya tenía una amarilla, y el árbitro fue consintiendo hasta recetarle la roja a Malepe.

La jornada habría sido redonda, pero Charlie Rodríguez, en una patada innecesaria, terminó gestionando con suprema estulticia, una tarjeta roja que le deja fuera de los Cuartos de Final ante Corea del Sur, y justo cuando parecía que recuperaba el nivel que había perdido en los últimos meses. Se abre la oportunidad sin duda para Fernando Beltran, jugador de Chivas que ha sido enviado al ostracismo en su club y en la misma selección.

¿Debe moverle a algo Jimmy Lozano, o más directamente, Gerardo Martino, a esta selección mexicana de cara al juego con Corea del Sur? Por lo pronto, sin duda, actualizar el librito, para saber cómo jugarle a un adversario con mucha similitud a lo que ofrece Japón.

Seguramente en el descalabro ante los anfitriones, con un marcador casi piadoso de 2-1, ya los mexicanos y su entrenador entendieron que no pueden cometer la torpeza de competir en velocidad, potencia y fuerza, sino buscar las alternativas que ofrece la idiosincrasia futbolera del mexicano, en especial mucho traslado del balón con manejo de primera intención, y constante movimiento posicional.

Pero, si van a intentar de nuevo jugar a las carreras con los galgos y al choque con auténticos saiyajines, como lo hicieron ante Japón, se expone el Tri a otro descalabro, ante Corea del Sur.

Por lo pronto, es evidente que las acertadas asignaciones de Martino al Tri Olímpico han sido clave. Una columna vertebral astuta, disciplinada y con voz de mando, como lo son Guillermo Ochoa, Luis Romo en un nivel sobresaliente, y Henry Martín, un verdadero doméstico táctico, que demuestra haber aprendido del oficio de las manos de Miguel Herrera y de Santiago Solari.

Lo sano sería que Lozano ya no le moviera al equipo, y sólo le moviera a su biblioteca de estrategias, mientras Martino se desentiende de Canadá en la Copa Oro, y le asiste en la planeación del juego ante los sudcoreanos.

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LOS ÁNGELES -- Esos claroscuros eternos del futbol mexicano. Este sábado en Arizona resurgía el Tri del ‘Tata’ Martino, y este domingo en Saitama, la olímpica de ‘Jimmy’ Lozano jadeaba en la derrota ante Japón.

Bipolaridad. Hace unos días, el Tri de Martino sufrió el agobio ante El Salvador y sacó una victoria de sonrisa torcida, amarga, mientras que el Tri olímpico se pavoneaba con un 4-1 sobre Francia.

Contrastes. Ahora, México golea a una Honduras ya goleada por lesiones y Covid-19. Un total de 10 ausencias entre el proyecto original de Fabián Coito y la selección que abandona la Copa Oro. 3-0, y el Tri, finalmente relumbra con la triple “G”, gana, gusta y golea.

Y este domingo, los olímpicos son descuartizados futbolísticamente por los samuráis. El 2-1 es una mentira. Japón pudo filetearlos, pero se conformó con hacerlos trozos y no trizas. El gol del Tri, de Roberto Alvarado, fue un accidente, más que una orfebrería, más bisutería que joyería.

Claro, la afición mexicana está acostumbrada a estos devaneos, pero no significa que esté preparada para estas sacudidas. Se acurruca en la felicidad generada en Arizona al irse a dormir el sábado, y lo recibe la resaca del domingo desde Saitama. Ya sabe, el que con niños se acuesta, mojado se levanta.

México, en el futbol y en su ajetreo diario, es la antítesis de sí mismo. Es su propia an-Trí-tesis.

Claro, eso lo hace más fascinante y exquisito no sólo al futbol de México, sino al país mismo. Permítaseme evocar e invocar de nuevo la sentencia deliciosa de Salvador Dalí: “De ninguna manera volveré a México. No soporto estar en un país más surrealista que mis pinturas”.

Ahora, tras despedazar a la ya despedazada Honduras, por esas 10 ausencias mencionadas, el Tri Mayor aguarda adversario en Semifinales de la Copa Oro, esperando que quien manejó el muñeco vudú de la escuadra catracha, ahora se haga cargo de su nuevo contrincante, que saldrá de entre Costa Rica y Canadá.

En tanto, ‘Jimmy’ Lozano deberá ser más eficiente que la más eficiente de las geishas. Insisto, no sólo se trata de la derrota, sino de la evidente superioridad de una selección japonesa que también fue saqueada por ausencias de último momento.

Como embajador plenipotenciario y olímpico de Gerardo Martino, Lozano deberá levantar de los tatamis de la desilusión a sus jugadores, con el discurso aquel tan manoseado, vejado y avejentado de “no somos los mejores en la victoria ni los peores en la derrota”, y demás ‘blablás’.

México es el equipo con mayor respaldo de sus clubes en estos Juegos Olímpicos, y ahora se mide ante Sudáfrica, que fue superada por Francia (4-3), con tres goles de André Pierre Gignac, y que también perdió a cinco jugadores, tres de ellos titulares, antes de la cita olímpica.

Obligado a ganar, y aguardando todas las peripecias que pueda generar el enfrentamiento entre Japón y Francia, México deberá lamerse rápidamente las heridas, y tratar de levantar al momificado Jorge Sánchez, embalsamado en redes sociales, pero ¿qué querían, si él se desplaza como el mítico trenecito de Chapultepec, y el adversario tiene la potencia del Shinkansen?

Y, para que la afición mexicana se estremezca de esos claroscuros, de esos contrastes, de esa bipolaridad, de esa antítesis de sí mismo, pero sin riesgo de soponcios y colapsos, habrá tiempo suficiente para restablecerse cuando el desafío sumario sea uno en la madrugada del 28 de julio en Sapporo, y el otro, la noche del 29 en Houston.

Y claro, puede pasar que la sanación del sensei Lozano y la efectividad de quien maneja el muñeco vudú de los rivales de Martino, se alineen con las estrellas, y la afición mexicana goce de dos momentos consecutivos de clímax.

Recuerde, todo puede ocurrir en un futbol que es la antítesis de sí mismo, y de una nación doctorada en surrealismo, capaz de rebasar las alucinaciones preciosistas de Dalí.

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LOS ÁNGELES -- En el bosque de exitosos jugadores extranjeros, André-Pierre Gignac aún trata de crecer a la sombra de ejemplares más poderosos: Carlos Reinoso, Miguel Marín, Alberto Quintano, José Saturnino Cardozo, Rafael Albrecht, Juan José Muñante.

Algunos de ese enjambre de laboriosos y fértiles futbolistas decidieron arraigarse en México. Otros se han vuelto históricos, imprescindibles en los recuentos de fascinación de un futbol que, internacionalmente sólo se asoma a la frugalidad tristona de la fase de grupos en Copas del Mundo.

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AFP vía Getty ImagesAndré-Pierre Gignac

André-Pierre Gignac ha creado un poderoso vínculo con México, especialmente con Monterrey, y especialmente con las pasiones que despierta Tigres, en su universo, pequeño, pero su universo al fin.

Ese sentido de pertenencia, al principio despertó sospechas. Un oportunista más, extorsionando sentimentalmente a una región futbolera urgida de ídolos. El tiempo ha certificado la genuinidad de Gignac.

Avecindarse en Monterrey, ilusionarse con dirigir desde el escritorio a Tigres, desechar ofertas de la MLS y de Brasil y Argentina, escenifican, de momento, la lealtad del jugador francés a una cofradía felina que se regocija por esa devoción, pero que se preocupa por su eventual longevidad en las canchas.

Gignac tuvo un gesto cargado de emotividad y de audacia. Este jueves, México humilló a Francia 4-1. Él estuvo ahí. Marcó desde el manchón. Juntó las manos e hizo una reverencia como ofreciendo disculpas a su afición adoptiva, por flagelar la portería de Guillermo Ochoa.

“Ellos (los mexicanos) metieron de todo: agresividad, experiencia, pusieron más hue... A nosotros nos faltó un poco de todo, sabíamos que íbamos a enfrentar a un equipo experimentado”, dijo de entrada el delantero felino.

“Es más que merecido (el 4-1 a favor de México), tenemos que decir lo que es. Ellos pusieron todo en su canasta y nosotros pusimos un poco de nada. Creo que tenemos suerte de no salir con cinco o seis goles. Nos faltó experiencia, concentración, agresividad, todo. Tendremos que tener la cabeza bien puesta para clasificarnos porque no quiero volver a Francia después del tercer partido", dijo el delantero de Tigres a Le Parisien.

En Instagram, Gignac alargó su discurso: “Resultado lógico… mañana habrá que sacar la decepción. Quedan dos partidos y se viene muy rápido el domingo. Podemos hacerlo. Vamos a hacerlo. Vamos, Federación Francesa de Futbol. Felicidades, México. Ganaron merecidamente y con gran futbol”.

Además de labores filantrópicas en Monterrey, las cuales trata de mantener en secreto, Gignac se ha convertido en un espontáneo embajador de México, y en conversaciones transoceánicas contrasta las noticias oscuras sobre el país (violencia, inseguridad, pandemia), resaltando sus virtudes y valores.

El verso de “amo a México y le estoy muy agradecido porque me ha dado todo”, escapa al discurso de Gignac. Decirlo, se dice en un resoplido. Agradecerlo seriamente, se hace de otra manera, a la suya, con hechos.

Por lo pronto, curiosamente, mientras que la papelería de Rogelio Funes Mori, vía “coyotaje” de la FMF, procedió de manera expedita, ridículamente rápida, para naturalizarse mexicano, el proceso del francés llevaba más de dos años de demora. México mágico.

“¿Qué si es cierto que solicité la nacionalidad mexicana? Sí, es cierto. Es muy posible que me quede a vivir en México, eso no me asusta. Allí tengo una calidad de vida que no tendría en Francia. Además, quiero tener la doble nacionalidad como mis hijos Éden y Mavy. Son mexicanos y franceses, así que quiero ser como ellos. No niego a Francia, no niego a mi país, al contrario soy muy orgulloso de ser francés”, declaró a la revista RMC Sport.

Finalmente en abril de 2021, el mismo Gignac hizo pública su naturalización a través de L’Equipe. “Acabo de aprobar mi examen de naturalización, preguntas sobre cultura general e historia de México, teníamos este deseo mi esposa y yo de convertirnos en mexicanos como nuestros dos últimos hijos que nacieron en Monterrey”, declaró.

Convencido de que hay una oficina para él en Cemex y Tigres, Gignac desdeña sentarse en el trono en llamas que es el de director técnico. Está convencido que organizar el proyecto global de una institución a largo plazo, hará más por Tigres que hacer la chamba semana a semana.

Por lo pronto, fue el jugador determinante para que su paisano Florian Thauvin llegara a Tigres, con el diploma de Campeón del Mundo, aunque sin muchos minutos en su alforja durante la gesta de Rusia 2018.

Es el primer reto para Gignac. Thauvin fue una sombra errante en el juego del jueves ante México. Y Florian sabía que millones de mexicanos estarían atentos a ese juego, y que la afición de Tigres esperaba ver pinceladas deslumbrantes de su flamante contratación.

Queda claro que Gignac tendrá que llevarlo a cuestas. Si bien nadie facilitó la adaptación del francés a México, en especial a Monterrey, ahora él tendrá la obligación y la urgencia de ayudar a la pronta adaptación de Thauvin.

Su esposa Déborah y él, se hicieron cargo rápidamente del proceso de ambientación. Pronto, el futbolista ha llegado a dominar el español, incluso con un doctorado en el difícil arte de los albures y el doble sentido.

Tanto él como su esposa entendieron que mimetizarse y empatizar con su entorno era la tarea primordial para convertirse en uno más de la nueva aventura. Incluso, su cónyuge es quien encabeza las labores altruistas de ese matrimonio.

Y claro, tras el pasaje áspero, arisco, en el rompimiento de Ricardo Ferretti con Tigres, su nuevo entrenador, Miguel Herrera, lo espera con ansias. El Piojo juramentó en redes sociales que el francés “se va a “hartar de hacer goles” bajo la nueva propuesta futbolística.

Y Herrera también espera mantener al tope a Thauvin, en esa alianza con Gignac. Ha sido una inversión generosa, que deberá empezar a arrojar resultados inmediatos, al regresar los seleccionados nacionales a sus respectivos equipos.

Porque además, El Piojo sabe que André Pierre es el embajador que necesita dentro de la cancha, ahí donde sus chiflidos y gritos a veces no se escuchen, conforme, paulatinamente, regrese la gente a los estadios, luego del nuevo cadenazo que ha provocado la pandemia de Covid-19.

“Siempre está preguntando, siempre está cuestionando, siempre está sugiriendo, siempre está exigiendo. Es un metiche”, comentó, entre risas, alguna vez a los medios Ricardo Tuca Ferretti, al referirse a Gignac, con quien había lazos muy fuertes, más allá de algunas confrontaciones verbales al calor de los juegos.

Por lo pronto, el francomexicano ya ocupa un sitio estelar en las estadísticas de Tigres, rebasando incluso a otros íconos felinos, como Tomás Boy y Oswaldo Batocletti, y con gestos y declaraciones, como las hechas durante y tras el partido con México, Gignac se garantiza a un sitio en el Salón de la Fama del futbol mexicano.

Sin duda, con muchos más derechos morales y espirituales que el oportunismo de Rogelio Funes Mori, André Pierre Gignac sí podría citar la frase irreverente y clásica de la costarricense Chavela Vargas: “Los mexicanos nacemos donde nos da nuestra chingada gana”.

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LOS ÁNGELES -- Las arrugas de Gerardo Martino se suavizan. La selección de la Copa Oro le llena de incertidumbre y le genera una mueca de preocupación. Sin embargo, las refacciones que llegarán de Tokio, le reducen los estertores de ese desasosiego.

Mientras sigue apesadumbrado ante el rompecabezas conkakafkiano (dixit Guillermo Chao), la madrugada del jueves fue un heraldo de buenas noticias: México 4-1 Francia en Juegos Olímpicos.

En Glendale, Arizona, Gerardo Martino sigue tan atribulado como un daltónico jugando con el Cubo de Rubik. Ni más ni menos. Un delirio cromático.

Le hurtaron una pieza clave, ‘Chucky’ Lozano, y el resto del equipo no carbura. Su selección salió aterida y herida ante Trinidad & Tobago; terminó insatisfecha ante una Guatemala cocinada al vapor, y El Salvador les hizo mascar y mascullar una victoria inmerecida.

Pero, desde Tokio, llegó aire fresco: Diego Lainez y sus festivas osadías con holanes; Sebastián Córdova, maduro ahora como futbolista genuinamente ambicioso; Luis Romo, como su futuro y venturoso eje del equipo; Charlie Rodríguez, regenerándose totalmente, y Alexis Vega, quien parece reivindicado de las tentaciones de vodka o de sake sabor tamarindo.

Sí, Gerardo Martino sabe que el híbrido, que el Frankenstein que tendrá en la plancha para las eliminatorias, con la carcasa, con la carrocería doliente de la Copa Oro, y los refuerzos que llegan de Tokio, con todo este voluminoso paquete, promete al menos--, para las eliminatorias mundialistas de la Concacaf. Un híbrido de buena savia.

Consternado por una selección que aún no funciona en la Copa Oro, de repente encuentra que los grandes problemas de su selección, desde el cuadro bajo, hasta el juego eficiente por los extremos, parecen tener una solución sólida desde Tokio.

Es obvio que ‘El Tata’ jamás lo va a reconocer. En su discurso cuidado y cuidadoso, seguirá blindando a la base de jugadores que tiene para enfrentar a una desmantelada Honduras en los Cuartos de Final de la Copa Oro.

De manera satelital involucrado en la olímpica, lejos de enfrentar una desventaja, goza Gerardo Martino de una enorme ventaja. Los hándicaps positivos es que tiene en pie de guerra a dos seleccionados nacionales en torneos oficiales, y de nivel competitivo al menos para el horizonte del octagonal eliminatorio.

Ojo: no se trata de parches, se trata de soluciones. No se trata de untarle engrudo o hacer un remiendo, se trata de estrictamente jugadores de repuesto, y en algunos casos, jugadores titulares, que de no haberse empalmado los dos torneos, tendrían prioridad en la Copa Oro.

Por eso, ‘El Tata’ Martino suda, pero no se acongoja. Todo fue conversado con Yon de Luisa. El presidente de la FMF dio el visto bueno. Es obvio que el relumbrón olímpico rebasa la cascada, cobriza, deteriorada y oxidada Copa Oro.

El Tsunami de peros puede desatarse. Sí, Francia no presentó ni remotamente, la mejor versión posible para unos Juegos Olímpicos, pero, aún así, la mayoría son titulares en sus equipos, además del pie veterano que poco pudo hacer, porque mientras André-Pierre Gignac marcó desde el manchón, Florian Thauvin fue un pegoste en la alineación.

El recorrido en Liga Mx y en el caso de Lainez con el Betis, fortalecieron anímicamente al grupo. Ni el escenario, ni la camiseta, ni el compromiso, ni el debut en el torneo, arredró a los mexicanos, además confabulada la fortuna de que los cambios dieron un revulsivo a México, cuando Gignac había acercado en el penalti.

Recuérdese que aquí le revelamos la petición o exigencia de Yon de Luisa a Gerardo Martino: quiere un equipo competitivo para Catar 2022, pero, principalmente, quiere una generación de alto nivel para el Mundial 2026, del cual, si #ElGrito no lo impide, México tendrá la segunda tajada más importante, después de Estados Unidos, en la alianza que complementa Canadá.

Queda además, cantaría José José, un volcán apagado. El auto exilio, la deserción, de José Juan Macías para comenzar su aventura en el Getafe, mantendrá el seguimiento de Gerardo Martino, con el que, según diversas aseveraciones, habría conversado en buenos términos, sobre su decisión de abandonar la olímpica y emigrar a España.

Ciertamente, las dos escuadras del ‘Tata’ Martino aún están con obligaciones pendientes. En Tokio, aguardan los compromisos ante el anfitrión Japón, y Sudáfrica, los dos, como ocurrió con Francia, afectados por negativas de clubes por prestarles a jugadores clave.

Y en la Copa Oro, ante un Honduras maltrecho, y aún en fase de Cuartos de Final, el Tri mantiene la obligación establecida por la FMF y aceptada por el entrenador, de ganarla, especialmente después del fracaso ante Estados Unidos en la Final de la Liga de las Naciones.

Entonces, parecería que este híbrido, este mestizo, este Frankenstein de Martino, gozará de cabal salud en el octagonal, pese a los achaques que sufre en la Copa Oro.

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