Viñeta Rafa Ramos
LOS ÁNGELES -- ¡Qué bello es el futbol! Liverpool compró su maná de hoy, con el hambre de ayer. 4-0 (4-3) al Barcelona...

¡Qué bello es el futbol! Especialmente así, con un Liverpool que jugó fortalecido con la sangre de sus caídos: Salah, Firmino y Keita...

¡Qué bello es el futbol! Éste. Ése, el que no cree en invencibles, ni en divinidades, ni en balones de oro, ni en deidades, ni en etiquetas de #EsQueEsElMejordelMundo, ni en seres superiores...

¡Qué bello es el futbol! Éste. Ése, el de los quijotes, el de quienes sólo creen en sus propios milagros, el de quienes vencidos aún creen en la victoria, de quienes confirman que la perseverancia derribó hasta los Muros de Jericó...

¡Qué bello es el futbol! Éste. Ése, el de un hombre, Klopp, que encontró las palabras exactas para mostrarles que la derrota es el pebetero de toda Ave Fénix: "Si fallamos, si perdemos, lo haremos de la forma más bella y digna".

¡Qué bello es el futbol! Éste. Ése, el que sentencia a los arrogantes y condecora a los humildes; ése, el de aquellos que entregan el pellejo antes que la bandera; ése, el de quienes resguardan que la gran victoria siempre se esconde tras pequeñas derrotas...

¡Qué bello es el futbol! El de un equipo que el lunes había perdido la Liga y la Champions, y hoy, a bocanadas de fe en sus propias hazañas, aún se ilusiona con ambas batallas...

¡Qué bello es el futbol! Éste. Ése, el de un equipo que se convirtió al trozo de la canción Across the Universe de uno de sus cuatro juglares y eruditos, John Lennon, y pasó en una semana de "los estanques de pena, a las olas de alegría".

Y lo hizo defendiendo el futbol. Más aún, exaltándolo. Consumándose a la práctica del deporte y religión de la humanidad.

¿Barcelona? Un grandísimo sinodal. Una excelsa comparsa. Actriz de reparto. Marilyn Monroe en turno. Sin su heráldica, la epopeya de Liverpool, sería una anécdota de contenido, y no la parte sublime de la historia.

Regresarán Barcelona y su Lionel Messi al bálsamo empobrecido de la Liga de España. El Camp Nou es una capilla de contrición, ante el monstruoso circo de Anfield.

¿Tottenham está muerto? Liverpool protagonizó una hazaña, no está al alcance de cualquiera, pero está al alcance de todos. Y el Ajax debió entender el mensaje.

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'Los que se achican van a casa y siguen como aficionados'
LOS ÁNGELES -- América se fue de Copa y aún carga la resaca. Paso tambaleante, de teporochito de arrabal, las Águilas no han podido emprender el vuelo tras beberse de un sorbo el torneo lastre del futbol mexicano.

Ese andar groggy, para algunos, coloca a El Nido por debajo de Cruz Azul en el azaroso, voluble y veleidoso mundo de los pronósticos y las apuestas, en el que ya participa activamente hasta la FMF, lo único que le faltaba para confirmar su oficio de suripanta.

Ayuda poco la lista total de bajas en las Águilas, desde lesionados hasta transferencias, sin olvidar dramáticas bajas de juego como la de Mateus Uribe, y un refuerzo al que le queda grande la camiseta: Nico Castillo.

Enfrente, el combustible con la mezcla más poderosa en el deporte, detona a La Máquina para enfrentar al América: el rencor, el resentimiento, la rabia, la obsesión por la revancha, el arrepentimiento.

Viñeta Rafa Ramos

Luego de vestirse con el frac de la petulancia y el engreimiento, tras ganar la Copa Mx, para complementar ese ritual del #ÓdiameMás, se despeñó desde su grandeza copera, hasta la pelandusca para clasificar como quinto y boqueando más que un pescado con asma.

Visto así, Cruz Azul aparece como favorito y se nutre de terapias internas que concluyen con la advertencia de su técnico Pedro Caixinha, quien con su facha de forcado, se atreve a tomar al toro por los cuernos: "estamos conscientes de nuestros errores (en La Final ante América), y eso nos hace más fuertes ahora". Boom: amenaza incluida.

Tiene razón el portugués. Cruz Azul cerró consistentemente el torneo, mientras las Águilas zopilotearon su clasificación con angustia y ante la generosidad de sus adversarios. Y se dice, como frase ajada de tanto uso, que aquel que cierra mejor tiene más posibilidades.

Las estadísticas no son tan dispares. La Tabla General casi los hace mellizos de la mediocridad a Cruz Azul y América. El mayor bochorno para El Nido son sus seis derrotas, sólo Tijuana, octavo clasificado, tiene más (7) de los ocho invitados.

También, América tiene la tercera peor ofensiva de los clasificados a la Liguilla, sólo mejor que los 26 de Cruz Azul y los 25 de Xolos. Miguel Herrera lamenta las oportunidades que generan, pero sus delanteros tienen los empeines torcidos: Castillo, Henry Martin y Roger Martínez, mientras Oribe Peralta recién salió del taller de reparaciones.

Hay un detalle, sin embargo, que tendrá un peso dramático en la cancha. Y es de aquellos que no van a pisar la cancha.

El torneo anterior, comparábamos la experiencia exitosa de Ricardo Peláez, aliado con la personalidad de Caixinha, como poderoso tándem para estremecer a los jugadores de Cruz Azul en el momento clave.

Y poníamos en la balanza esa dupla, con un Miguel Herrera aliado con Santiago Baños. Parecía en desventaja, especialmente a nivel dirigente, por el recorrido de Peláez.

Al final, ocurrió al revés: en la cancha fue muchísimo más evidente el compromiso, la sangre ansiosa y hambrienta de los americanistas, por encima de aquellos que masticaban amargamente la larga vigilia de títulos de Cruz Azul.

Esta vez, Cruz Azul se ve liberado de la presión del torneo anterior. Cabalgó en el Apertura 2018, quijotescamente, cargando las ansias de su afición y una sensación casi tumefacta de ser campeón por obligación.

Esta vez, llega como candidato. Eso, aligera la carga de sus angustias. Sin duda, no llevar el lastre de ser favorito, puede sentarle mejor a La Máquina.

Sin embargo, el campeón vigente, saborea, disfruta, reclama, se regodea, con esa sensación enfermiza de defender el #ÓdiameMás con la carga extrema de todo y todos en contra. Y eso, Miguel Herrera lo sabe manejar como chochero de esquina.

Por eso, en claridad de futbol, el Cruz Azul parece llegar mejor, pero, en la torva oscuridad de las exigencias pasionales, América y El Piojo se solazan de manera sadomasoquista. Lo que a otros incomoda, en El Nido, perturbadoramente, los alimenta.

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LOS ÁNGELES -- En Monterrey, en el vecindario de Tigres, hay dos facciones: los que están a muerte con el Tuca y quienes ya tienen años con el sarcófago listo, pero el invitado no llega. Habeas corpus.

Pero - aclaro -, alegórica, metafóricamente, es más probable que Ricardo Ferretti le arrebate las llaves a San Pedro y lo ceda a préstamo, con opción a compra, como a cualquier novato o extranjero de Tigres, después de estacionarle su Ferrari.

Viñeta Rafa Ramos

Ferretti se ha vuelto intocable... o in-Tuca-ble. Y sigue amparado bajo el sonsonete reiterativo de "estamos muy tristes", "estamos decepcionados", "hemos fracasado", casi con una lágrima hipócrita y forzada asomándose desnuda en la niña de los ojos. Por dentro seguro, en perfecto idioma tucaleño, sonríe con un "me vale 'madghe'".

En la Final de la Copa Libertadores, ante el River Plate más sensible de la historia (devastado por lesiones y traspasos), con el plantel más poderoso del continente, Ferretti decidió jugar al ratón pudiendo y debiendo ser el gato... y perdió.

Insisto, antes se desafilian del equipo hasta sentimentalmente la UANL y financieramente Cemex, a que sea extirpado el Tuca.

"Lo tengo porque es muy trabajador no para que gane títulos", dijo el ingeniero Alejandro Rodríguez, alguna vez en una defensa casi obscena del entrenador brasileño.

Y ciertamente, no se trate de que un cataclismo termine tragándose al Tuca, vamos ni con la derrota ante Monterrey en la Final de la Concachampions, y la obsesión frustrada de sus dirigentes de ir a una Copa Mundial de Clubes.

Se trata, sin embargo, de que al menos, alguno de sus directivos, lo confronte, le exija, le imponga, una devoción absoluta para ofrecer un título internacional, con un plantel tan ganador como la nómina multimillonaria que ha venido manejando desde su llegada a Tigres.

@TigresOficial

Difícil precisar, pero ¿le tendrá más miedo la directiva de Tigres a Ferretti que el miedo que el Tuca tiene a las finales de torneos internacionales? Queda claro que, en el vestuario, previo a estos duelos, o le tiembla la muñeca o le tiembla la voz.

Grave aún más si Monterrey le pasa por encima, con un plantel poderoso en jugadores, pero con un entrenador al que hasta la misma afición de Rayados lo ve cometiendo torpezas y observa cómo la anarquía de supervivencia obliga a los jugadores a rebelarse y revelarse en la cancha.

La realidad es esa: Tuca Ferretti jugó al ajedrez y no le ganó el adversario, le ganaron sus fichas moviéndose solas.

Afortunadamente para Tigres y su domador, se acerca una doble oportunidad. La primera, un golpe mediático ante Chivas, un equipo que dio su mejor partido ante León, y que seguramente ahora volverá al diván, y como Nerón verá cómo se incendia Roma.

Seguramente Ferretti estará administrando fuerzas y esfuerzos, aunque por antecedentes, reiterados, es capaz de mandar a su mejor equipo a la cancha, como lección y reprimenda de la sumisión ante Rayados.

Y la segunda oportunidad es la Liguilla. Inamovible sublíder, la lógica, esa voluble arpía del futbol, podría emplazar a un juego en Semifinales o la Final con Rayados, con el cierre en el Universitario.

Es indudable que en el horizonte mexicano, ganar la Liga es una condecoración muy superior a una Concachampions que es, simplemente, la exaltación del eventual Rey Tuerto en la comarca concakafkiana (diría Guillermo Chao Ebergenyi) de los ciegos.

Sin embargo, de cara el futbol mexicano se vienen más torneos regionales y el reencuentro con la Copa Libertadores. Tentaciones para muchos equipos del país, excepto, claro, para uno, en Monterrey.

¿O llegará el momento en que Ricardo Ferretti deje de ser inTUCAble?

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LOS ÁNGELES -- Barcelona es feliz. Argentina empieza a creer que puede serlo. En el Camp Nou se encendieron las veladoras ante el Obelisco de Buenos Aires o ante la Basílica de Salta y Santuario del Señor y la Virgen del Milagro.

Y no hablo de los goles de Lionel Messi al Liverpool. Hablo de los gestos de Lionel Messi a un punto indefinido en el universo cóncavo y exquisito del Camp Nou.

No he cambiado mi juicio hecho en 2009: Lionel Messi no ganará nada con la selección argentina. Y a quien me habla de que ha llegado a tres finales, les reitero que los subcampeonatos son el holocausto del fracaso.

Viñeta Rafa Ramos

Por eso, no hablo de los dos goles de Leo, sino de una esperanza en gestación para una ansiosa nación argentina. El sueño en embrión. La utopía albiceleste quedó preñada este miércoles en el Camp Nou.

Porque del Messi catalán hemos visto consumaciones más fastuosas. Mi favorita, siempre, aquella al Bilbao, en esa eternidad comprimida de 11 segundos. Verla de nuevo, hace que el ocio sea una inversión.

Su segundo guadañazo sobre los estertores del Liverpool, que incluso genera una sonrisa de embeleso traicioneramente justificable en Klopp, confirma cómo le ha agregado al Barcelona (y seguramente a Argentina) una pieza extraviada en el arsenal azulgrana.

Pero, por encima de sus goles que remachan el sarcófago del Liverpool, insisto, me quedo con sus aspavientos, con esa mímica brutal, rabiosa, agresiva, irreconocible. Gesticulaciones de un depredador.

Atila debió mirar así de reojo, con furia, los escombros y los damnificados de su recorrido de terror. Messi y sus Hunos. Pero, ¿y los otros, los argentinos?

Fútbol UEFA
Getty Images

Porque Leo se dirige a esa infinita y dócil muchedumbre de la tribuna, con la mirada hosca, el índice orquestando y el puño martillando severa y reiteradamente, el frenetismo demencial de un camino sin retorno.

Públicamente, Lionel prometió la Orejona, juramentó una nueva Luna de Miel con la Champions. Barcelona lleva años de celibato europeo.

Es tiempo, dijo, de saldar una deuda, ciertamente lacerante y supurante con la afición, en especial porque la damisela estaba secuestrada en el Palacio Blanco del Madrid.

Ese día, Messi ha jurado con sangre ser el espartano de su propio Leónidas.

Por eso, los goles hay que documentarlos para los juiciosos y los ociosos de las estadísticas, pero la mímica, los gestos, esas contorsiones del que gana batallas para llegar a la Gran Guerra, esos son heraldos purificados no sólo para Barcelona, sino para la nación argentina.

No disiento de muchos de esos juicios decepcionados en Argentina, que sólo son una Caja de Pandora de la frustración, porque en el fondo, como el mito griego, reposa su esperanza.

El segundo más grande de la historia, Diego Armando Maradona -sí, claro, debajito de Pelé--, le llamó Pecho Frío, le criticó por sus vómitos frecuentes y le reclamó que fuera 20 veces al baño a defecar su miedo antes de jugar por Argentina. El Pelusa habló desde el fondo de su desencanto.

Pero, este miércoles, ver esos poderosos desplantes ante un poderoso adversario, en un poderoso escenario y en el epicentro de un poderoso circo mediático como la Champions, seguramente en Argentina empezaron a frotar esas urnas, esas ánforas, donde mantienen cremadas las ilusiones de un nuevo título.

Barcelona, pues, es feliz. Argentina empieza a creer que puede serlo. Porque desde el Camp Nou se encendieron las veladoras ante el Obelisco de Buenos Aires y ante la Basílica de Salta y Santuario del Señor y la Virgen del Milagro.

O tal vez no son veladoras, sino luciérnagas, con esos guiños luminosos del temor a otro desencanto.

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LOS ÁNGELES -- "Cuando este equipo (el América) quiere ganar, gana". Sin asomo de pudor, humildad o recato, alardeando, soltó la artillería Miguel Herrera.

1.- Lo bueno: que tiene razón.

2.- Lo malo: que tiene razón.

Ciertamente, las Águilas han demostrado que al tope de su capacidad pueden generar un futbol implacable, generoso, letal.

Pero, ciertamente, El Piojo se olvida que América no es un equipo piojoso, que no debe ganar sólo cuando quiera, sino cuando deba, es decir: siempre.

Viñeta Rafa Ramos

Y si no, entonces, ese cacareado #ÓdiameMás queda como una fanfarronada, como un alarido mediático sin consenso ni impacto en el vestuario ni en el técnico que tolera que su equipo gane, sólo cuando quiera.

La aseveración de Herrera es compatible con sus números: de los equipos clasificados a la Liguilla, es el que tiene más derrotas: seis. Tijuana tiene siete, pero aún debe definir con Puebla, quién se arrima a la Fiesta Grande.

Con ocho victorias y seis derrotas, la frase de El Piojo se revierte. Porque, entonces, un equipo capaz de ganar cuando quiera, ha querido poco, para sumar seis humillaciones en 16 juegos.

De acuerdo al diagnóstico de su técnico, entonces el plantel americanista sólo ha querido ganar el 50 por ciento de los juegos que ha disputado. Bastante poco su deseo, para una de las nóminas más costosas y elitistas de la competencia.

Imagino, sin embargo, que a pesar de que sólo quiere ganar un juego sí y otro no, según sus números, los jugadores y el cuerpo técnico cobran puntualmente salarios y premios una quincena sí y la otra también. Ya quisiera gran parte de su afición ese privilegio.

Imago7Miguel Herrera en conferencia de prensa.

Pero, lamentablemente tiene razón Miguel Herrera. Esos días soleados del América, encandilan. Lástima, entonces que los nubarrones vengan desde dentro del vestidor.

Es decir, si Mateus Uribe supera emocionalmente sus crisis personales; si Ibargüen osa dar más que su caracoleo intrascendente; si Henry Martín y Roger Martínez se sacuden el grillete mental por la presencia de Nico Castillo, y si éste se saca el miedo a jugar con América, o si Ibarra se atreve a ser constante, por citar ejemplos, ese día, sí, América puede ganar porque quiere, pero...

Comentábamos en el anterior Blog que esas lagunas u océanos de rendimiento del América no deberían ser tan preocupantes. Así llegó a la Final y la ganó en el Apertura 2018. Quiso y pudo, en términos de El Piojo, en el Juego de Vuelta ante Pumas y en la Final de Vuelta ante Cruz Azul.

Sin embargo, alegórico, farandulero, mediático, Miguel Herrera suelta esas pifias sabrosonas, bravuconas, desafiantes, como aquella, tras ganar la Copa Mx, de que para competir se vería obligado a jugar interescuadras, porque en el horizonte veía puras víctimas.

Y entre su conflicto despiadado contra el VAR y los árbitros, Miguel Herrera palpa el potencial de su equipo, y aún con la trémula clasificación de este Clausura 2019, él entiende que puede y debe soltarles la rienda a sus jugadores, después de ganar la Copa Mx, pero esas seis derrotas subrayadas, demuestran que a veces, la muñeca le tiembla.

Para su infortunio, visita al Veracruz. Seguramente con el tianguis de piernas del futbol mexicano -mal llamado Draft-- tan cerca, los jugadores de Tiburones tratarán de utilizarlo de aparador para revaluarse.

Los jugadores de Veracruz verán al América en la Jornada 17 como la mejor bolsa de trabajo posible. Más allá de Jurado, todos saben que aquel que logre sobresalir ante el América podría conseguir su salvación económica y laboral.

Pero, ya lo dijo Miguel Herrera: "Cuando este equipo (el América) quiere ganar, gana". Ahí viene la Liguilla, qué mejor escenario para corroborarlo.

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