LOS ÁNGELES -- Sólo tienen dos cordones umbilicales entre sí: la destreza de Carlos Poblete para confiar en ellos y la habilidad para construir destruyendo o para destruir construyendo. Nicolás Larcamón y Juan Reynoso. Frente a frente, este sábado, bajo la agenda de la Fecha 9 del Clausura 2022.
Cruz Azul contra Puebla suena apetitoso. Dos equipos con dos entrenadores que dejan de reñir hasta que están en las regaderas. Combativos ambos, aunque con claroscuros como todos. Era impensable que La Franja permitiera a Juárez arrebatarle un empate en casa, y parecía imposible que Cruz Azul se levantara de un 2-0 y saliera ileso con un 2-2 de la guarida de Tigres.
Tal vez, Larcamón y Reynoso son la encarnación genuina de esa aseveración de que en sus equipos “todos son titulares” y “todos deben jugar donde el equipo los necesite”. Espíritus de ajedrecistas de lo inesperado.
Eso, obviamente, ornamenta aún más las expectativas por este juego, entre el sublíder poblano de la competencia y el cuarto lugar de la tabla. Mentes saludablemente maquiavélicas.
Tanto el técnico peruano como el argentino han demostrado, a lo largo de 2021 y de este 2022, que no les tiembla el pulso para reacomodar formaciones, jugadores y contratácticas. La improvisación tiene ese perfil fascinante de la sorpresa.
Juan Reynoso jugó al futbol y su referencia con Cruz Azul es haber sido medular en el título del Invierno 1997, como zaguero central, y después, casi 24 años después, como entrenador en el Clausura 2021. Pero, antes de llegar al banquillo tormentoso de La Máquina, ejerció con Puebla en un repechaje, bajo la bendición del chiripazo.
Nicolás Larcamón entendió pronto que para jugar al futbol tenía dos pies izquierdos y planos. Colgó los zapatos, y tomó el silbato, la cachucha, y la cruz. Desde que llegó al futbol mexicano tras periplos por Venezuela y Chile, pasó de despertar curiosidad a alebrestar la admiración.
Ambos lo negarán. Esgrimirán que ninguno de ellos sale a la cancha, y que todo es mérito del jugador. Pero, ciertamente, gran parte del resultado este sábado en el Estadio Azteca se definirá en las pizarras y los garabatos inteligentemente concebidos por ambos entrenadores.
Hay diferencia en las plantillas. Y en la calidad de elegir para invertir más que para gastar, aventaja el Puebla. Cruz Azul, en tanto, ha limpiado su cochera, y agregado jugadores de mayor utilidad y juventud.
La Franja compra lo que necesita, dándose el lujo de vender hasta lo que, incluso, necesita. “Larcamou”, como le llaman, se da el lujo de rescatar como goleador emergente a Guillermo Martínez, un tipo que deambuló sin éxito por ocho equipos en nueve años de carrera, desde su debut en Pachuca. O Diego de Buen, viviendo sus mejores momentos, luego de recluirse en el poblado purgatorio de eterna promesa.
Incluso La Máquina se metió al estanquillo poblano para arrebatarle al que se suponía sería el refuerzo estelar este torneo. Sin embargo, Christian Tabo sigue entre algodones, al reventarle un quiste de Baker.
Pero Reynoso sumó, además de Tabó, más de medio plantel titular: Uriel Antuna, Angel Romero, Carlos Rodriguez, Ivan Morales, Luis Abram, Alejandro Mayorga y Erik Lira, para tratar de buscar su bicampeonato como técnico de Cruz Azul.
Larcamón cuida los centavitos. Más allá de la consolidación de Maximiliano Araujo, esta vez firmó hasta con vales de despensa y bonos de desempleo a jugadores que deben sentirse cómodos ya, como Federico Mancuello, Kevin Ramirez, Jordi Cortizo y Martin Barragán.
Ciertamente hay un perfil para fichar en Puebla: madurez, hambre, carácter, rigor físico en la marca, y talento. No se compra por catálogo, ni en los tianguis fraudulentos de promotores voraces. Se elige por ADN. Y hasta ahora, funciona, hasta darse el lujo de deshacerse jugadores puntales como Omar Fernandez, Santiago Ormeno, Salvador Reyes y el mismo Tabó. De esta manera, la conciencia está tranquila en las finanzas, en las auditorías y en el vestidor.
Llegan así Reynoso y Larcamón, con esa misión puntual de construir destruyendo y destruir construyendo. Evidentemente hay cordura y prudencia para desarrollar ambos cometidos. Ninguno enloquece. Puebla no arredra ante nóminas de escándalo, y Reynoso administra, a veces demasiado cautelosamente, y por eso, como ante Tigres, debe retocar y trastocar el cartograma de juego.
“Siento que podemos sacar un gran resultado ante Cruz Azul, sabiendo que enfrente tenemos un rival que viene haciendo bien las cosas, un funcionamiento que lo hace un rival exigente para nosotros. Cruz Azul cuenta con un plantel riquísimo en variantes, y eso lo va a hacer pesar el sábado, pero nosotros estamos claros que vamos a llegar de muy buena manera al partido, convencidos de que vamos a hacer una gran presentación para seguir puntuando”, declaró Larcamón como advertencia velada hacia La Máquina.
Por lo pronto, desde algún palco, habrá alguien con un corazón confundido: El Búfalo Poblete observando, orgullosamente, a sus dos elegidos.
