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Basta de Messi

Barcelona es el último campeón AP

BUENOS AIRES -- Luego de ganar seis títulos con el Barcelona (incluido el reciente Mundial de Clubes, donde supo sacar pecho con máxima eficacia) y de sumar distinciones personales antes esquivas, Lionel Messi cerró el ciclo lectivo consagrándose como el jugador del año según la encuesta de la FIFA, equivalente a un veredicto inapelable.

Más allá de la justicia de tales reconocimientos, el aluvión de información, panegíricos y augurios de éxitos heroicos es de larga data, mucho antes de que Messi fuera este Messi. Me resulta inevitable pensar en un desenlace previsto (más que previsible), digitado desde que se perfiló, apenas como boceto, un nuevo crack ecuménico.

La propaganda fue tan precoz y abrumadora que aun a los observadores más neutrales (entre ellos, los colegas que lo votaron) se les debe hacer difícil distinguirla de la realidad. Por más que Messi sea un genio del fútbol (tal vez), se instaló como fetiche del público según la lógica que rige el lanzamiento de los productos destinados a disciplinar el mundo. Fue una predicción prepotente.

Efecto colateral: amenazas de hastío. De ver a Messi hasta en la sopa. De que no haya un plan B, un reemplazo, un competidor, alguien que nos evite por un día su nombre y su imagen. Sería un valorable descanso que surgiera un modelo profesional que le hiciera sombra y nos privara del habilidoso delantero del Barcelona al menos en las publicidades ajenas al deporte. Sueño con que, por ejemplo, las virtudes del alimento para mascotas y de los preservativos saborizados los anuncie algún otro.

Messi le sacó un campo al segundo, el portugués Cristiano Ronaldo, un jugador que atravesó un proceso de marketing similar, con la enorme ventaja de sus abdominales esculpidos y sus ojos color océano que le añaden un plus sexual de gran rendimiento. Aunque en la cancha se asemeja bastante al rosarino: un jugador con más influencia directa en el resultado que entre sus compañeros. Pueden cambiar un partido, pero no iluminar al resto.

Ambos parecen futbolistas que requieren un equipo a su servicio, que decodifique sus peculiaridades y se adapte a ellas. Que, desde las sombras, trabaje para las estrellas. Son un poco cracks, otro poco vampiros. La comparación con Maradona aquí naufraga sin remedio. El Diez multiplicaba panes y peces. Repartía el banquete que él mismo improvisaba.

Digo: ¿qué sería del Barcelona sin ese monumental jugador que es Andrés Iniesta? Otra: ¿Por qué Iniesta figura quinto en la encuesta, sin asomarse siquiera al podio?

Una última duda: ¿cuál habrá sido la evaluación de los votantes de Messi sobre su tarea en la Selección Argentina? Tiendo a pensar que omitieron ese capítulo porque, según esta orientación del pensamiento, la eliminatoria sudamericana no compite en importancia con la liga española y mucho menos con la Champions League. O acaso, con tal de no aguar la fiesta, de colgarle la medalla al caballo del comisario, prefirieron barrer la información indeseable, contradictoria, bajo la alfombra. En pos de un juicio literalmente limpio.