<
>

Lanzando un golpe a Michael Jordan

El Momento es una nueva serie de básquetbol de ESPN.com acerca de los instantes que revelan grandes verdades acerca de este juego.

Steve Kerr y Michael JordanNathaniel S. Butler/NBAE/Getty Images

Steve Kerr lanzó uno de los golpes menos probables en la historia de la NBA cuando le pegó a Michael Jordan.Los compañeros de equipo se pelean.

Se pelean como lo hacen los hermanos, los compañeros de habitación, las parejas. Cuando estás todos los días con la misma persona, inevitablemente habrá fricción en algún momento. A veces, la frustración fuera de la cancha se manifiesta dentro de la misma. A veces, la irascibilidad se destapa en medio de la batalla. Como jugador, sabes esto. Sabes que un poco de confrontación no necesariamente tiene un significado más allá de eso.

Hasta el momento en el que te ves intercambiando golpes con Michael Jordan.

“ No sé qué diablos estaba pensando”, dice el analista de TNT, Steve Kerr, riendo mientras recuerda su pelea con la leyenda de los Chicago Bulls en el otoño de 1995 durante el campo de entrenamiento de los Bulls. “ Es Michael Jordan, es el mejor jugador de todos los tiempos, pero yo era bastante competitivo y jugaba con agresividad. Tenía que hacerlo así, de lo contrario no lo hubiese logrado”.

Los dos escoltas estaban jugando frente a frente en un partido de práctica. Fue un juego intenso. Jordan había escuchado las críticas después de la derrota ante el Orlando Magic en los playoffs y tenía intenciones de silenciarlas. Promedió 26.9 puntos en los últimos 17 partidos de temporada regular después de regresar de su retiro, pero lanzó apenas un 41 por ciento desde el campo. La derrota en postemporada ante el Magic en las semifinales de la conferencia, su primera derrota en una serie desde 1990, traía aparejada la noción de que sus mejores años estaban quedando atrás. Con 32 años, Jordan estaba decidido a demostrarles a todos que estaban equivocados. Eso era palpable en cada práctica, cada vez que pisaba la cancha.

Él y Kerr intercambiaron insultos en un par de posesiones, y luego la temperatura subió rápidamente.

“Me molestó algo que dijo”, comenta Kerr. “Por lo que le respondí, y creo que eso no le agradó mucho a Michael... fuimos a la línea y él me dio un pequeño empujón con el antebrazo en el pecho y yo le devolví el empujón. Cuando me di cuenta, nuestros compañeros de equipo estaban tratando de separarnos”.

Kerr, un jugador de 6´3 pies y 175 libras, terminó con un ojo negro. Pero lanzó algunos golpes antes de que terminara la riña.

“Sabía que si hubiese sido una pelea real me hubiese matado si así lo deseaba”, agrega Kerr. “Se trató más de intentar alzarme en mi propia defensa”.

Kerr y Jordan no tenían mucha relación en ese momento. Habían jugado juntos un par de meses. Antes de que Jordan dejase el estadio ese día, el en ese entonces entrenador de los Bulls, Phil Jackson -- quien tal vez hubiese evitado la pelea si no hubiese estado en su oficina haciendo una llamada en conferencia con los medios, sugiere Kerr -- le dijo a la súper estrella que iba a tener que hablar con Kerr esa noche.

Jordan lo llamó antes de que pasara una hora para disculparse. Hablaron un poco más el día siguiente en la práctica y dejaron el problema atrás.

Independientemente de lo extraño que suena que un hijo de intelectuales como Kerr, alguien a quien le enseñaron que la violencia no es el método adecuado para la resolución de los conflictos, él cree que lo sucedido con su colega -- haber peleado con Michael Jordan -- fue lo correcto. Dijo que se sintió avergonzado por la manera en la que lo trató y que no lo iba a tolerar.

“No te puedes escapar de una pelea”, dice Bill Wennington, quien en ese entonces era el centro de reserva de Chicago y ahora es un comentarista de color en radio. “Tienes que protegerte y defenderte, y eso es lo que hizo Steve”.

“A partir de ese momento fue una relación totalmente diferente”, dice Kerr.

Había respeto mutuo, con Kerr sintiendo que Jordan confiaba en él dentro de la cancha en las situaciones importantes. En el nuevo libro de Jackson, "Eleven Rings", dice que el golpe fue un llamado de alerta para Jordan y un momento clave en el camino a la victoria del campeonato 1995-96 de los Bulls que ganaron 72 partidos de temporada regular, un record que probablemente nunca será superado. Quién sabe cuál hubiese sido el llamado de alerta si esta pelea nunca hubiese tenido lugar. Quién sabe si hubiese habido alguno.

“Me hizo mirarme a mí mismo y darme cuenta de que estaba siendo un idiota con respecto a todo el proceso”, dice Jordan en "Eleven Rings". Se dio cuenta de que no estaba en sincronía con sus nuevos compañeros de equipo después de regresar de su descanso.

“Comenzó a entender mejor al resto, conmigo definitivamente tuvo otra relación”, dice Kerr. “Tenía un enfoque diferente que el resto, era un maniático. Tenía su manera de encarar el juego y la temporada, y tenía que entender que todos eran diferentes y que no todos eran tan talentosos como él”.

Era un ida y vuelta. Al ser compañero de Jordan, ibas a tener que aceptar que él te iba a empujar por momentos. Aunque por lo general no era tan literal.

Durante una práctica, Wennington bloqueó un tiro de Jordan. Después de eso, Jordan apuntó a lanzar por encima de él, desafiándolo para que lo detuviese.

“Se convirtió en su motivación del día”, dice Wennington. “Se me acercó unas cinco o seis veces más en la práctica. Estaba marcando a Luc [Longley] y en un momento quedé aislado en la esquina, pasó a lo largo de la línea, se me acercó y dijo, ‘¡Bloquea esto!’”

Si entendías que todos esos desafíos eran para ganar, ibas a poder disfrutar del hecho de jugar con Jordan. Tanto Kerr como Wennington dicen que así lo hicieron. De todas maneras, relacionarte y tener una buena conexión con las personas más famosas del planeta no es tarea simple. Era difícil tener una interacción normal con Jordan fuera de la cancha debido a la multitud que atraía.

“Entendíamos que tenía una vida diferente”, dice Kerr. “Por lo que todos respetábamos su privacidad fuera de la cancha y el hecho de que necesitaba un par de guardaespaldas cuando jugábamos de visitantes con quienes jugaba cartas en su habitación en lugar de salir. Quiero decir, eso es lo que cualquiera de nosotros hubiésemos hecho en su lugar”.

Puede haber más tensión cuando un miembro de tu equipo es el único que se roba toda la atención y la popularidad. El trabajo de Jackson era suavizar esa situación, fomentar una sensación de comunidad. Esta temporada también debió integrar a Dennis Rodman y su personalidad colorida, pedirle a Ron Harper que acepte su rol como facilitador/bloqueador y convencer a Toni Kukoc para que fuese el sexto hombre. Mientras que la trascendencia de este grupo parece algo inevitable ahora, en ese momento nada estaba garantizado. Un entrenador diferente quizá no hubiese podido manejarlos, ni lograr que todos estuviesen en la misma página.

“En un equipo de básquetbol se puede ver el fenómeno en el que, aunque estés todo el día con tus compañeros, quizá no te estés comunicando”, dice Kerr. “Y Phil nunca hubiese permitido que eso ocurra”.

Los Bulls no hubiesen podido ser tan geniales sin ese inmenso talento, pero tampoco hubiesen podido hacer historia si no jugaban como equipo. Chicago evitó los conflictos mayores después del incidente Kerr/Jordan y nunca perdió más de dos partidos consecutivos, asimilando las características de su entrenador y su líder. La misma situación de urgencia que produjo la pelea en el campo de entrenamiento dio lugar a la que se podría decir fue la mejor temporada de todos los tiempos.

“Tuvimos ese impresionante empuje que salió de Michael y se impregnó en todo el equipo”, dice Kerr.

No hay un camino fácil hacia la cohesión en un equipo de básquetbol. Cada vestuario cuenta con diferentes personalidades, cada entrenador tiene un método diferente. Desde afuera no vemos lo que ocurre en las prácticas, no estamos al tanto de las pequeñas discusiones de todos los días. Los grandes equipos no evitan los choques, sino que crean un ambiente en el que se puede lidiar con las fricciones. Una pelea no tiene que perjudicar a un equipo -- es más, puede terminar siendo un catalizador para forjar lazos más profundos.

Puedes ver la química en la manera en la que esos Bulls operaban dentro de la cancha. En "Eleven Rings", el capítulo acerca de esa temporada se titula “Poesía de Básquetbol”. Cuando la ofensiva triangular fluye, es una belleza. Kerr dice que el equipo tenía una “dinámica mágica” y que su energía era algo “increíble de experimentar”.

“Muchos hablan de los dioses del básquetbol”, dice quien en ese entonces era el entrenador asistente, Jim Cleamons. “Los dioses recompensan este tipo de juego. Recompensan este tipo de egoísmo... es hermoso de ver y disfrutar”.

Esa clase de armonía es algo raro de ver. Y ciertamente es algo por lo que vale la pena pelear.