La locura por Michael Jordan no data de 2020 por el furor de su documental, “The Last Dance”. Tampoco lo es desde 1993 o 1998, o incluso 2003, las fechas de sus retiros. La leyenda comienza en 1984, cuando deja la Universidad de North Carolina para ser elegido en el tercer lugar del NBA Draft por los Chicago Bulls.
Abandonar UNC luego de tres años le significó a Jordan un despertar económico. Al escapar de las reglas arcaicas de la NCAA que no le permitían tener un vínculo contractual con ninguna marca que hiciera usufructo de su imagen, a Michael se le abrió una paleta de opciones y la primera, y más importante, fue la de su calzado: algo que marcaría un antes y después en el mundo del marketing deportivo.
Converse, Adidas y Nike tocaron la puerta del rookie de los Bulls y, en su cabeza, la marca de las tres tiras llevaba la ventaja por lejos. Ya había utilizado su calzado en la Universidad y se sentía cómodo con la disfuncionalidad que planteaba la marca en aquellos años. Sin embargo, esa propia sensación hacia afuera de la marca también se reflejaba hacia adentro: no podían garantizarle un calzado exclusivo a Mike, uno de los requerimientos de David Falk, su manager.
Pero…¿Quién era Falk y qué tiene que ver todo esto con el tenis?
David Falk era un agente que representaba los intereses de ProServ, una de las primeras empresas en trabajar con derechos de imagen de deportistas en Estados Unidos. Fue fundada en 1970 y estaba dirigida por el ex tenista Donald Dell quien cerró a sus ex compañeros de Copa Davis Arthur Ashe y a Stan Smith como los primeros clientes de la firma. Años más tarde se sumarían Jimmy Connors, Pete Sampras, Stefan Edberg y la propia Gabriela Sabatini. Pero el apellido que nos importa es el de Jordan.
“Nuestra firma, ProServ, tenía muchos clientes que eran leyendas del tenis como Jimmy Connors, Stan Smith y Arthur Ashe”, expresó Falk. “Ashe tenía sus propias zapatillas y raqueta de tenis, así que la estrategia fue tener una firma de un jugador de deporte grupal como si se tratara un jugador de golf, boxeo o tenis”.
“Quería que Michael firmara con Nike porque eran la novedad en esos tiempos”, contaba Falk. Pero ante la negativa de Jordan, el manager fue por la tangente y contactó a los padres del propio jugador. Sería la propia Deloris Jordan la “progenitora” de su deal con la marca de la pipa. “Mi madre me dijo que fuera a hablar con ellos, que me subiera al avión y me presentara en la sede. Así que fue, pese a que quizás no me convencerían, y hablamos”, dijo Jordan.
El resto sería historia: el jugador firmó un contrato inicial de alrededor de 250 mil dólares, 150 mil más que la estrella de básquetbol promedio y quebró el récord de ganancias de la pipa: “La expectativa de Nike era que al final del cuarto año se hubieran facturado 3 millones de dólares en ventas de Air Jordans. En solo un año conseguimos 126 millones”.
