Aunque apenas estamos terminando el segundo mes de temporada y aún falta mucho béisbol por jugarse, ya hay equipos que se sabe no van para ningún lado.

Sólo se trata de terminar el calendario de 162 juegos y comenzar a prepararse para la campaña del 2019.

A menos que ocurra un milagro, conjuntos como los Orioles de Baltimore, los Vigilantes de Texas, los Medias Blancas de Chicago, los Reales de Kansas City , los Azulejos de Toronto, los Rojos de Cincinnati y los Marlins de Miami , entre otros, están fuera de toda opción.

Entonces, sus respectivas gerencias deberían comenzar a deshacerse de ciertos jugadores, muchos de ellos abocados a la agencia libre y que difícilmente podrán retener para el futuro.

Mejor soltarlos ahora para obtener algo a cambio que perderlos al final del año y quedarse con las manos vacías.

Manny Machado, Orioles

Manny Machado
Bob DeChiara-USA TODAY Sports

Los Orioles no deberían esperar mucho más para poner en el mercado al estelar dominicano, quien será sin dudas junto a Bryce Harper, uno de los dos agentes libres más cotizados en el invierno.

Baltimore está en el sótano del Este en la Liga Americana, a diferencia de los Nacionales de Washington, en la pelea por un boleto a la postemporada en la Nacional, por lo que Harper no es negociable, a menos que se produzca un colapso de proporciones catastróficas en el equipo de la capital.

Machado está envuelto en la mejor campaña de su carrera y aporta además la capacidad de jugar el campocorto y la antesala con una defensa de 'nivel Dios'.

Los Dodgers de Los Ángeles, que finalmente han comenzado a recuperar terreno en una división bastante abierta, requieren más que nadie de sus servicios, tras la pérdida por toda la campaña de Corey Seager y la endémica falta de producción ofensiva del equipo.

Cole Hamels, Vigilantes; J.A. Happ, Azulejos

Entre las piezas más necesitadas por cada equipo con aspiraciones de ir a los playoffs están los lanzadores abridores.

Dos zurdos estelares podrían hacer sus maletas e irse a brindar su aporte a otras tierras: Hamels y Happ, pues sus respectivos equipos tampoco van a pasar más allá del 30 de septiembre, fecha final del calendario regular.

Hamels, de 34 años, tiene en su contrato una opción del equipo para el 2019, que de activarla le garantizaría 20 millones de dólares de salario, demasiado dinero para una franquicia que necesita sangre joven para renovar un roster que se ha envejecido.

Un serpentinero con vasta experiencia en postemporadas, que incluso fue Jugador Más Valioso en la Serie Mundial del 2008 con los Filis de Filadelfia, es una pieza por la cual se puede obtener material valioso en un canje ahora.

Los Yankees de Nueva York necesitan reforzar su cuerpo de abridores si pretenden avanzar a la Serie Mundial y este zurdo les vendría como anillo al dedo.

Happ, por su parte, es un año mayor que Hamels y también formó parte de los Filis campeones del 2008.

El zurdo de los Azulejos está como el vino, mientras más viejo, mejor, viviendo sus mejores años, con 37 de sus 99 victorias en Grandes Ligas desde el 2016 hacia acá.

Regresar a Filadelfia no sería una mala opción para reforzar el cuerpo de serpentineros que encabeza el veterano Jake Arrieta.

Mike Moustakas, Reales

AP Photo/Charles Krupa

Si alguien necesita un antesalista probado y de poder, busca en Kansas City. Moustakas está de más en los Reales, con los que firmó por una campaña y poco más de seis millones de dólares tras fracasar en conseguir un pacto multianual en la agencia libre el pasado invierno.

Moustakas podría ser de gran ayuda para los Medias Rojas de Boston, que tendrían que ceder en el canje al jovencito dominicano Rafael Devers, quien ofensivamente ha quedado por debajo de las expectativas y defensivamente califica como el antesalista más deficiente de la Liga Americana, con ocho errores y promedio de .924.

José Abreu, Medias Blancas

Quinn Harris/Icon Sportswire

Y aunque todavía le falta un año más antes de llegar a la agencia libre, el cubano es un desperdicio de talento en los Chicago White Sox.

Abreu irá a su último año de arbitraje salarial, donde debe subir su sueldo hasta unos 20 millones.

Teniendo en cuenta que los Medias Blancas están en reconstrucción con peloteros muy jóvenes, el cubano, de 31 años, no tiene una edad en concordancia con ese proceso.

Su poderoso y consistente bate vendría muy bien para Nueva York, que ha tenido todo un comité en la primera base, entre Greg Bird, Tyler Austin y Neil Walker.

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ESPN publicó por tercer año consecutivo la lista de los 100 deportistas más famosos del mundo y nuevamente Cristiano Ronaldo, LeBron James y Lionel Messi, en ese orden, coparon los tres primeros lugares de la centena.

Y por segunda ocasión no aparece ningún jugador de béisbol entre los elegidos, a diferencia del 2016, cuando hubo ocho: Bryce Harper (71), Mike Trout (73), David Ortiz (78), Robinson Canó (85), Miguel Cabrera (88), Masahiro Tanaka (89), Albert Pujols (93) y Matt Kemp (100).

Más allá de que las Grandes Ligas no tengan en la actualidad esa figura mediática y carismática que arrastre multitudes, como el Big Papi, ya retirado, o el Gran Capitán Derek Jeter, suena absurda la ausencia total de peloteros en la élite de la fama.

La NBA, por ejemplo, tiene 13 figuras en la lista, incluidos tres en el top ten (Lebron en el dos, Kevin Durant en el siete y Stephen Curry en el nueve).

Y eso se entiende, pues el baloncesto es un deporte cuya práctica está más universalizada que el béisbol.

Pero la NFL tiene siete, a pesar de que el football americano no tiene esa popularidad extraordinaria mucho más allá de las fronteras de Estados Unidos y si acaso, en el norte de México.

¿O qué tal Virat Kohli, jugador de cricket indio? Kohli, en el lugar 11, es seguido por 37 millones de personas en Instagram, Facebook y Twitter.

¿Y? Fuera del sudeste asiático, donde más se practica el cricket, sería un perfecto desconocido.

Posiblemente pasaría lo mismo en Europa si Mike Trout o Bryce Harper deciden darse un paseo por allá, algo que no ocurriría con CR7, LeBron, La Pulga, las tenistas Serena Williams y María Sharapova o o el bólido jamaiquino Usain Bolt, quien por cierto, no aparece entre los 100 más famosos. ¡Ni tampoco Michael Phelps!

¿Será porque están retirados? En esa misma situación está el boxeador ucraniano Wladimir Klitschko y figura en la lista en el puesto 74.

¡Y no está Vasyl Lomachenko, posiblemente el mejor pugilista libra por libra del mundo en la actualidad!

Tiger Woods, una leyenda en el mundo del golf, está en el top ten del este escalafón. Nadie puede negar su fama, aunque hoy aparezca en el sitial 82 del ranking de la PGA y sus mejores tiempos sean cosa del pasado.

Pudiera criticársele al comisionado Rob Manfred no hacer un mejor trabajo de promoción y mercadeo de sus estrellas, en tanto se impone la pregunta de si tiene la MLB un plan para ello, sobre todo después del rotundo éxito del Clásico Mundial y el inminente regreso del béisbol al programa olímpico en los Juegos de Tokio 2020.

Es una oportunidad que no se puede perder, pues la supervivencia olímpica del béisbol no está garantizada más allá de la cita en la capital japonesa.

Es cierto que FAMA es un término demasiado relativo y que en muchos, muchísimos casos, no guarda relación con el talento o la calidad de la persona, ya sea en el deporte, la cultura o cualquier esfera de la vida.

Posiblemente no haya un cantante más famoso en los últimos 50 años que Julio Iglesias, pero sus aptitudes vocales dejan bastante que desear.

¿Quién es más famoso en la actualidad: Daddy Yankee o Plácido Domingo? He ahí otra prueba de que fama y talento no siempre van de la mano.

Para la conformación de la lista de los 100 más famosos tuvo un peso fundamental la presencia de los implicados en las redes sociales, ese fenómeno moderno que forma parte de la cotidianeidad, aunque muchas veces frivolice la propia vida a niveles escandalosamente ridículos.

También se tomó en cuenta, en la mayoría de los casos, el dinero que estos deportistas reciben, no como salario, sino como patrocinio de grandes compañías.

Esta relación me recuerda la de los 50 más bellos de la revista People en Español, en la que una vez apareció, créalo o no, el Gordo Raúl de Molina, la antítesis de todos los patrones de belleza conocidos hasta ahora.

En el puesto 70 de la relación aparece un patinador japonés, Yuzuru Hanyu, doble campeón olímpico en los Juegos de Invierno del 2013 y 2017, pero sin presencia alguna en las redes sociales, ni patrocinio.

Si esos fueron los patrones principales utilizados para la selección, ¿qué hace Hanyu ahí, independientemente de su calidad atlética? En el puesto 86 está el nadador chino, Ning Zetao, que ni siquiera llegó a las finales en 50 y 100 metros estilo libre, sus especialidades, en los Juegos Olímpicos de Río de Janeiro, pero que es seguido por ocho millones de fanáticos en su país, donde es considerado un símbolo sexual.

¡Por favor! Ning Zetao, fuera de las fronteras de China, puede pasearse por cualquier calle del planeta y difícilmente alguien lo reconozca.

¿Y quién, en el gran público, conoce a Rickie Fowler? Para quienes no sepan quién es, se trata de otro golfista estadounidense, que saltó a la fama no por un hoyo en uno o ganar la chaqueta verde del torneo de Augusta, sino por aparecer junto a otros tres colegas bailando en un video que superó los ocho millones de vistas en Youtube. Y está en el escalón 87 de la lista.

Quizás si José Altuve y Aaron Judge grabaran a dúo una versión de "Despacito" y publicaran el video en las redes sociales se colarían en la lista, aunque no fuera por sus méritos deportivos.

Y es que en materia de promoción, como en la guerra y en el amor, casi todo es válido.

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En su afán por tratar de reinventar el béisbol desde una computadora, algunos sabermétricos, esos adultos que cuando niños eran los dueños del bate, los guantes y la pelota y ni aun así los pedían para jugar un partido de barrio, aseguran que Mike Trout se encamina a tener la mejor temporada de bateador alguno en la historia.

Para sustentar semejante afirmación apelan al WAR, esa inexacta estadística que arroja una cifra distinta si es calculada por Baseball-Reference.com o por Fangraphs y que compara el supuesto rendimiento de un jugador con lo que pudiera hacer su reemplazo, en caso de ausencia.

Según ello, Trout, jardinero de los Angelinos de Los Angeles, va en camino a terminar la temporada con un WAR de 14.2, una cifra única, pues nadie ha llegado a 12 en medio siglo.

El jugador considerado el más completo de todo el béisbol en la actualidad tiene el WAR más alto en ambas ligas, con 4.0, a pesar de no aparecer entre los líderes de casi ninguna categoría ofensiva.

Mookie Betts
Maddie Meyer/Getty ImagesMientras los sabarmétricos se maravillan con los números de Mike Trout, Mookie Betts está al mismo nivel o mejor
Permítanme reírme de semejante disparate. ¿Cómo es posible que el aporte de Trout a los Angelinos sea mayor, por ejemplo, que el de Mookie Betts o J.D. Martínez a los Medias Rojas de Boston?

Trout es vigesimocuarto en hits en la Liga Americana (48), va en el lugar 47 en dobletes, séptimo en triples (3), vigésimo en carreras impulsadas y decimoséptimo en average (.294).

Solamente figura entre los tres primeros del joven circuito en jonrones (segundo con 14), carreras anotadas (segundo también con 38), bases por bolas recibidas (primero con 41) y promedio de embasamiento (primero con .440).

Además, en 163 turnos al bate se ha tomado 40 ponches, que representa casi el 25 por ciento de sus apariciones en el plato por la vía de los strikes.

Entonces, con esos números y sobre todo, con la temporada que están teniendo Betts y Martínez, asegurar que la de Trout es la mejor de la historia es insultar la inteligencia de quienes entienden que el béisbol no es una ciencia exacta que pueda determinarse en el estrecho marco de la pantalla de una computadora.

Betts, el pequeño jardinero derecho de los Medias Rojas, encabeza la Liga Americana en average (.365), dobletes (19), carreras anotadas (48), slugging (.760) y es colíder en jonrones (15).

Además, es segundo en hits (61), OBP (.438), tercero en bases robadas (11) y décimo en impulsadas (32), a pesar de desempeñarse como primer bate en la alineación de Boston.

Que venga alguien con sentido común y me explique cómo es posible que su WAR de 3.8 sea inferior a los 4.0 de Trout y sobre todo, en qué sentido puede ser mejor la campaña que está teniendo el de los Angelinos, comparada con el de los Medias Rojas.

Vamos ahora a J.D. Martínez. Colíder en cuadrangulares, segundo en average (.343), impulsadas (41) y slugging (.680), y tercero en hits (60).

A palo limpio ha sido factor fundamental en la trayectoria de su equipo en lo que va de campaña y sin embargo, su WAR es de apenas 2.3, como evidencia de cuán inconsistente en esta estadística moderna.

Greg M. Cooper/USA TODAY SportsLa aritmética no cuadra: el WAR de J.D. Martínez es de 2.3
Pregúntenle al manager Alex Cora si cambiaría el aporte de Martínez por un WAR más alto. O a los fanáticos de Boston que celebran con delirio cada bambinazo del cubanoamericano. La respuesta suena obvia.

Pero aún hay más. El dominicano Manny Machado entra en la conversación también, con números extraordinarios, tal vez los mejores de su carrera, que deben garantizarle un obeso contrato cuando llegue en el invierno a la agencia libre.

Machado es puntero en remolcadas (43), en hits (62) y colíder en jonrones (15), segundo en average (.343) y tercero en slugging (.663) y en OBP (.420).

Pero aun así, ellos insisten en Trout, quien ni siquiera tiene una proyección mejor en departamentos reales (entiéndanse cuadrangulares, impulsadas, anotadas, etc) que en otras campañas anteriores cuyas.

No se trata de negar lo positivo que puedan tener las nuevas estadísticas, pero lo que molesta es que actúan como esos revisionistas de la historia que quieren borrar el pasado e incluso el presente para imponer sus criterios de manera forzada, como si fueran los dueños de la verdad absoluta, muchas veces sin haber tomado en su mano jamás una pelota de béisbol.

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El camino que por 14 años labró Robinson Canó hacia el Salón de la Fama de Cooperstown se puso, en un abrir y cerrar de ojos, resbaladizo y lleno de lodo.

Canó dio positivo a la presencia de furosemida en un control antidopaje y será sancionado por 80 partidos, lo que le hará perder prácticamente la mitad de su salario de 24 millones de dólares correspondiente a esta temporada. "Recientemente me enteré de que he dado positivo a una sustancia llamada furosemida, que no es una sustancia de mejora del rendimiento", dijo el pelotero de los Marineros de Seattle en un comunicado publicado por la Asociación de jugadores de MLB.

"Durante más de 15 años, jugar béisbol profesional ha sido el mayor honor y privilegio de mi vida. Yo nunca haría nada para engañar a las reglas del juego que me encanta, y después de someterse a docenas de pruebas de drogas durante más de una década, nunca he probado positivo para una sustancia de mejora de rendimiento por la sencilla razón de que nunca he tomado una", añadió.

La furosemida es un diurético, no un esteroide anabólico que mejora el rendimiento, pero está igualmente prohibida porque se usa para enmascarar otros fármacos igualmente ilegales.

Bajo la actual política de drogas del béisbol, los jugadores no son suspendidos automáticamente por el uso de un diurético, a menos que la MLB pueda probar que se usó como agente enmascarante.

Canó dijo que un médico licenciado en la República Dominicana le recetó la furosemida para tratar diversas afecciones.

Robinson Cano
Jennifer Buchanan/USA TODAY SportsRobinson Canó perderá cerca de $12 millones, pero en esta etapa de su carrera, el mayor golpe será a su legado
Una fuente familiarizada con el caso dijo a ESPN que Canó dio positivo antes de la temporada y apeló. Durante la apelación, MLB aparentemente fue capaz de determinar su intención, por lo que el dominicano retiró la apelación.

Uno de los intermedistas más naturales que hayan pasado por el béisbol, acumula números extraordinarios en 14 temporadas, en la que batea para average de .304, con 2,417 imparables, 522 dobles, 33 triples y 305 jonrones, 1,206 impulsadas y 1,168 anotadas, además de dos Guantes de Oro.

Ahora todo eso se ha ido por la borda, con la misma velocidad en que suelta la pelota en una relampagueante doble matanza.

¿Por qué? Tiene un talento incuestionable y se podría suponer que tiene asegurado su futuro económico y el de su familia.

¿Tenía necesidad de apelar a la trampa y arriesgar un legado que lucía brillante?

Porque después de sus declaraciones, cuando menos, lo que siembra es un campo lleno de dudas, al estilo de Rafael Palmeiro.

¿Desde cuándo venía engañando al béisbol?

Es cierto que no había dado positivo en exámenes anteriores, porque es sabido que el dopaje es una ciencia que lleva varios pasos de ventaja a los encargados de combatirlo y existen formas de evadir o enmascarar los resultados.

Con o sin sustancias prohibidas, Canó es un gran pelotero. Ningún fármaco le dio la habilidad de ver la pelota y hacerle el swing justo en el momento preciso para mandarla bien lejos.

O para capturar un rodado endemoniado y convertirlo en un fácil out con esos movimientos fluidos que sólo él tiene. Entonces, ¿Por qué? Sólo Canó puede responderlo.

Ahora se irá a cumplir su castigo (que de paso le servirá para recuperarse de una fractura en la mano derecha) y a finales de temporada regresará como si nada hubiera pasado.

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"Guillermo Tell no comprendió a su hijo
que un día se aburrió de la manzana en la cabeza
Y se asustó cuando dijo el pequeño
ahora le toca al padre la manzana en la cabeza".

Carlos Varela, trovador cubano

Los hijos de Víctor Mesa, el legendario jardinero central de aquella selección cubana que arrasaba en los años 80 y 90 en cuanto torneo amateur había en el mundo, son los más recientes peloteros en abandonar la isla para perseguir el sueño de jugar en Grandes Ligas.

Víctor Víctor Mesa y Víctor Mesa Jr. (caramba, que falta de originalidad e imaginación) salieron de Cuba la pasada semana y ya firmaron contratos de representación con la agencia Magnus Sports, del cantante Marc Anthony.

El viejo Víctor no quiere que a sus hijos les pase lo que a él y a otras glorias deportivas, que desperdiciaron su talento en vano, en nombre de una lealtad política absurda, que los manipuló como instrumento de propaganda.

Los Mesa siguen los pasos de otros hijos de ex peloteros talentosísimos que muy bien pudieron haber llegado a las Grandes Ligas, pero no tuvieron la visión o el valor de dar el salto y quedaron como rehenes de un sistema fallido.

Antes de ellos cayeron por estas tierras los hermanos Yuli Gurriel y Lourdes Gurriel Jr., hijos de Lourdes Gurriel, famoso por sus batazos en grandes momentos.

Aunque demoró demasiado su decisión, hoy Yuli es la primera base de los campeones Houston Astros y su hermano apenas acaba de empezar su carrera en Grandes Ligas con los Toronto Blue Jays.

Previamente estuvo en las Mayores, aunque sin mucho éxito, Henry Urrutia, con los Baltimore Orioles.

Yuli Gurriel
Joel Auerbach/Getty Images
Su padre, Ermidelio, fue uno de los mejores bateadores de su generación en Cuba, a pesar de no tener el físico más adecuado, que hacía a muchos preguntarse cómo era capaz de conectar tan duro y tal lejos la pelota.

Y el jovencito Miguel Vargas, el hijo de Lázaro Vargas, antesalista de los icónicos Industriales por 22 temporadas, ya firmó un pacto de liga menor con Los Angeles Dodgers, tras abandonar la isla junto a su padre en el 2015.

Víctor Mesa, Lourdes Gurriel, Ermidelio Urrutia y Lázaro Vargas formaron parte de aquella potente escuadra cubana que ganó en 1992 la medalla de oro en Barcelona, cuando el béisbol entró por primera vez en el calendario oficial de los Juegos Olímpicos.

Sus hijos se dieron cuenta de que la gloria olímpica no da para comer y decidieron torcer el camino de sus padres para labrarse el suyo propio, como expresó el trovador Carlos Varela en aquella canción que se convirtió en un himno de la juventud cubana que pedía un cambio generacional que nunca llegó.

"Guillermo Tell, tu hijo creció, quiere tirar la flecha le toca a él probar su valor usando tu ballesta".

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Los Medias Rojas de Boston obtuvieron en el zurdo Chris Sale a un abridor de élite, para complementar una rotación que incluye al ganador premio Cy Young del 2016, Rick Porcello, y a los también lanzadores del llamado brazo equivocado David Price y Eduardo Rodríguez.

Sale, de 27 años, es un serpentinero que en las últimas cinco temporadas ha sido candidato al galardón de mejor pitcher de la Liga Americana con los Medias Blancas de Chicago y aunque nunca lo ha ganado, ha acumulado 70 victorias y 1,133 ponches en ese lapso del 2012 al 2016.

Chris Sale
Carmen Pérez/Criollos de CaguasChris Sale es un serpentinero que en las últimas cinco temporadas ha sido candidato al galardón de mejor pitcher de la Liga Americana.
Con el cinco veces Todos Estrellas, los Medias Rojas consiguen a un tirador de punta, que esperan pueda rendir a igual altura tanto en la campaña regular, como en la postemporada, una etapa en la que usualmente falla el carísimo Price, con todo y su contrato de 217 millones.

Sin embargo, Sale nunca ha sentido la presión de lanzar en los playoffs y no se sabe cómo va a reaccionar, pues de esos casos se sobran los estelares que a la hora cero se le aflojan las piernas (Ojo, que no significa tampoco que este vaya a ser el caso, pero no deja de ser una posibilidad 50-50).

Pero Boston pagó demasiado por un hombre que no es garantía, 100 por ciento, de que el equipo ganará la Serie Mundial en los próximos tres años.

En el canje, el gran ganador fue Chicago, que en primer lugar salió de un hombre que desde el incidente con el hijo del primera base Adam LaRoche se había vuelto incómodo de tratar y que a todas luces no quería estar más en la Ciudad de los Vientos, lo cual habría sido casi imposible retenerlo con una extensión contractual.

Pero sobre todo, los Medias Blancas reconstruyeron su futuro con el cubano Yoan Moncada, de 21 años, y el lanzador derecho Michael Kopech, de 20, dos de los prospectos más cotizados en todo el béisbol.

Junto a Moncada y Kopech fueron incluidos en el paquete el jardinero venezolano Luis Alexander Basabe y el lanzador dominicano Víctor Díaz, ambos de Clase A, para reforzar el sistema de fincas de la organización.

Moncada tuvo una brevísima pasantía por las Mayores en el 2016, cuando los Medias Rojas lo convocaron en septiembre, pero aunque tuvo destellos en sus tres primeros partidos, evidenció no estar listo aún para el gran salto, al abanicar en 12 de sus 19 turnos.

Kopech es un lanzallamas con mucho trabajo por hacer también, sobre todo con su control, pues promedia en las Menores cinco pasaportes por cada nueve entradas, pero exhibe efectividad de 2.61 en 134 innings.

Ambos tienen talento por toneladas y no deberíamos esperar mucho tiempo para verlos establecerse al más alto nivel, como parte de la reestructuración que comenzó con la designación de Rick Rentería como nuevo mentor, en sustitución de Robin Ventura.

A diferencia de Sale, quien podría ser agente libre después de la próxima campaña, si el equipo no ejerce la opción por las temporadas del 2018 y 2019, la huella que Moncada y Kopech pueden dejar en Chicago podría ser profunda y sobre todo, duradera.

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Bud Selig
AP Photo/Stephen BrashearA Bud Selig el béisbol le debe el gran boom de los peloteros hispanos que se desató en la década de los 90.
De Bud Selig podrán decirse muchas cosas, pero es innegable la huella que dejó durante los 23 años que fue comisionado de las Grandes Ligas.

De los diez comisionados que han tenido las Grandes Ligas en su historia, Selig será el quinto que será inmortalizado en el Salón de la Fama de Cooperstown, gracias a su espíritu innovador que le cambió para siempre el rostro al béisbol.

En septiembre de 1992, Selig, entonces propietario de los Cerveceros de Milwaukee, asumió de manera interina el puesto de comisionado, que se oficializó en 1998.

Fue quien encabezó una revuelta de los dueños contra el entonces comisionado Fay Vincent, quien se vio obligado a renunciar.

En el 2000, se convirtió en el comisionado de mayor poder en la historia, al eliminarse los cargos de presidentes de las ligas Nacional y Americana.

Le tocó uno de los períodos más turbulentos, pero al mismo tiempo de mayor crecimiento en la historia del béisbol, con cambios estructurales claves que redundaron en una economía pujante como nunca antes vieron las Grandes Ligas.

Dos años después de su llegada tuvo que enfrentar la huelga de 1994, que obligó a cancelar la Serie Mundial por primera vez en nueve décadas y amenazó incluso la temporada de 1995.

Selig se vio atrapado en una red de crisis, que necesitaba ideas renovadoras para salvar al béisbol entonces, aunque muchos le critican haber aplicado la máxima de Nicolás Maquiavelo de que ''el fin justifica los medios''.

Entre sus primeras decisiones polémicas, sacó del destierro al dueño de los Yankees de Nueva York, George Steinbrenner, suspendido en 1990 por Vincent, al tiempo que castigó por un año a la entonces propietaria de los Rojos de Cincinnati, Marge Schott, por sus repetidos comentarios racistas, mientras se rehusó a perdonar a Pete Rose, una de las tareas que le quedaron pendientes y le generó muchas críticas.

Uno de sus primeros aciertos fue la ampliación de dos a tres divisiones por cada liga y la creación de los comodines o wildcards, que reanimó la competencia en las postrimerías del calendario regular, algo que se perdía muchas veces, cuando a principios de septiembre ya se sabía quiénes clasificarían a los playoffs.

Con los comodines llegaron también las series divisionales, que se sumaron a las series de campeonato de liga y la Serie Mundial para extender las emociones de la postemporada.

Aunque oficialmente esto se instauró en 1994, el paro laboral demoró hasta 1995 su entrada en vigor.

Pero los fanáticos aún no respondieron a los cambios como esperaba la oficina del comisionado, dolidos por la huelga que los dejó sin Serie Mundial.

Las heridas tardarían cuatro años en sanar, hasta que aparecieron como salvadores Mark McGwire y Sammy Sosa con su inolvidable carrera de los jonrones en 1998, que puso fin al récord de 61 bambinazos en una temporada que ostentaba Roger Maris desde 1961.

Y fue aquí donde salió a jugar Maquiavelo con su famosa frase, pues Selig se hizo el de la vista gorda y aprovechó el espectáculo que brindaban McGwire y Sosa, por encima de cualquier sospecha de uso de esteroides, entonces de cierto modo legales en el béisbol.

El consumo de sustancias para mejorar el rendimiento deportivo se extendió como hierba mala por todos los terrenos de béisbol y no fue hasta entrado el siglo XXI que el asunto explotó de manera escandalosa.

El Congreso Federal tomó cartas en el asunto en el 2005 y ordenó al senador George Mitchell una investigación independiente, cuyo reporte se dio a conocer en diciembre del 2007 y según el cual, más de 100 jugadores consumieron esteroides y hormonas de crecimiento humano (HGH) para mejorar su rendimiento.

Las Grandes Ligas entonces establecieron una política de sanciones, pero ridículas, con suspensiones que, más que castigos, parecían vacaciones, con afectaciones mínimas al bolsillo de los infractores.

No fue hasta el escándalo de Biogénesis, la clínica de Coral Gables, en el sur de la Florida, que se tomaron medidas más drásticas, incluida la suspensión por una campaña completa de Alex Rodríguez, jugador de los Yankees.

Para muchos, A-Rod fue el chivo expiatorio con el que Selig quiso sacudirse las críticas por su mano blanda ante un problema que estaba inflando a niveles de descrédito las estadísticas del béisbol.

Para otros, fue el verdadero inicio de la lucha contra el flagelo de las sustancias prohibidas, después de varios pálidos intentos anteriores.

Ya antes de irse, hizo un nuevo aporte con la creación de un segundo comodín a partir del 2012, la repartición de ganancias con las franquicias más pobres, para equilibrar las fuerzas y unas arcas desbordadas gracias a los multimillonarios contratos de televisión, que garantizan la buena salud del béisbol.

Nos dejó también las polémicas apelaciones al video para decidir jugadas cerradas y la controvertida regla 7.13, que evita colisiones entre corredores y catchers en el plato.

Su participación fue clave en la creación de los Clásicos Mundiales, eventos aún muy mejorables, pero que constituyen ya un gran paso en la internacionalización del béisbol como nunca antes.

Bajo su reinado, dos equipos cambiaron de liga por primera vez en la historia. Los Cerveceros se fueron de la Americana a la Nacional en 1998 y los Astros de Houston hicieron el viaje a la inversa en el 2013.

También nacieron cuatro nuevas franquicias, los Marlins de Florida y los Rockies de Colorado en 1993 y en 1998, los Diamondbacks de Arizona y los Mantarrayas de Tampa Bay, mientras que los Expos de Montreal se mudaron a la capital y se transformaronen los Nacionales de Washington.

Es un hombre que generó siempre opiniones encontradas, pues mientras unos lo veían como un salvador, un revolucionario del béisbol, otros lo miraban como una figura gris, fría y calculadora, que se aprovechó de las circunstancias para amasar un poder único que ya quisieran para sí los jefes de otras ligas profesionales en Estados Unidos, como la NBA o la NFL.

Pero lo que es innegable es que el béisbol fue otro con Bud Selig y que desde el juez Kennesaw Mountain Landis, primer comisionado de las Grandes Ligas tras el escándalo de las Medias Negras de Chicago en 1919, ninguno dejó una huella tan profunda como este que ahora tendrá un merecido espacio en el Templo de los Inmortales.

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Ni a los Gigantes de San Francisco, ni a los Yankees de Nueva York, ni a los Filis de Filadelfia.

Yoenis Céspedes se queda con los Mets de Nueva York por las próximos cuatro años, en los que ganará 110 millones de dólares.

El toletero cubano, de 31 años de edad, ganará un promedio de 27.5 millones por temporada, entre el 2017 y el 2020, en un acuerdo que es ganancia para ambas partes.

Yoenis Céspedes
AP Photo/Nick WassEntre agosto y septiembre del pasado año, Céspedes bateó 17 jonrones y tuvo un OPS de .942. Este año, su OPS fue de .884, con 31 vuelacercas.
Céspedes quería quedarse en el equipo y los Mets lo necesitan como su principal motor ofensivo, aunque sin llegar a pagar los 130 millones por cinco campañas que buscaba el pelotero.

De todos modos, sus 27.5 millones por temporada lo convertirán en el segundo jugador de posición mejor pagado por año en todo el béisbol, solamente superado por el venezolano Miguel Cabrera, con un salario de 31 millones por campaña.

Asimismo, es el primer pelotero cubano con un contrato superior a los 100 millones de dólares, superando por más de 30 el fallido pacto que los Medias Rojas de Boston le dieron a Rusney Castillo por 72.5 millones.

Desde que llegó a Nueva York procedente de Tigres de Detroit para los dos meses finales de la campaña del 2015, el cubano no ha hecho más que aplastar a los lanzadores rivales.

Entre agosto y septiembre del pasado año bateó 17 jonrones y tuvo un OPS (la suma del promedio de embasamiento y el slugging) de .942. Este año, su OPS fue de .884, con 31 vuelacercas.

En 189 juegos con el uniforme ''del otro equipo de Nueva York'', ha disparado 48 bambinazos e impulsado 130 carreras, con average de .282.

En otras palabras: Céspedes ha hecho para los Mets la diferencia entre el éxito y el fracaso, incluso cuando en la postemporada del 2015, aquejado por lesiones, su producción ofensiva decayó.

La esperanza de que este arreglo continúe a un ritmo razonable durante cuatro años más hace que sea más fácil para los Mets tragar los inconvenientes que son parte de vivir con Céspedes.

Estos incluyen sus lapsos defensivos ocasionales y las molestias y dolores que lo han limitado a menos de 140 juegos en tres de sus cinco temporadas de las Grandes Ligas.

Por supuesto, su estatus como una superestrella fácilmente comercializable es otro bono que hace que valgan la pena las molestias ocasionales.

Sus largos cuadrangulares y disparos certeros desde las profundidades de los jardines le dan un viso de espectacularidad a su imagen, lo cual es perfecto para Nueva York, el mayor mercado de medios de comunicación del béisbol.

Céspedes, a pesar de su personalidad a veces complicada, enamora por igual a los amantes de las estadísticas tradicionales, como de los modernos sabermétricos.

Su promedio de batazos potentes ha ido subiendo con el paso del tiempo: en el 2012, su año de debut, fue de 33.0%. Luego cayó a 31.6% y 31.1% en el 2013 y 2014, respectivamente, para subir a 35.8% en el 2015 y elevarse aún más en el 2016 hasta 39.3%.

Este año, por primera vez en su carrera, recibió más bases por bolas que el bateador promedio y redujo a 2.11 su proporción de entre ponches y pasaportes, al abanicar 108 veces y ligar 51 boletos.

Antes del 2016, esa proporción era de 3.43 abanicados por cada base por bolas.

La única preocupación ahora es que la salud lo acompañe y le permita participar en un rango de 140-150 juegos por año.

Mientras tanto, ya comenzamos a esperar el inicio de los entrenamientos primaverales, para ver en qué se aparece montado Céspedes, ahora que tiene mucho más dinero.

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Las negociaciones de un nuevo convenio laboral colectivo entre el sindicato de peloteros y los dueños de equipos han sido más duras de lo que se esperaba, después de tantos años de paz.

Pero cuando las cosas amenazaban con empeorar, el sentido común se abrió paso y trajo un rayo de luz al final del túnel: los propietarios habrían renunciado a su exigencia de establecer un draft internacional como condición para el nuevo acuerdo y aunque las partes todavía tienen otros puntos de desencuentro, este era la piedra en el zapato de los negociadores de ambos lados, el principal obstáculo para un nuevo acuerdo.

Los dueños llegaron a amenazar con un cierre patronal, que habría propinado un golpe durísimo a los fanáticos, que verían a los dueños como monstruos avariciosos, insaciables a pesar de que la industria goza de una salud financiera envidiable, capaz de generar diez mil millones de dólares en el 2016.

Los equipos buscaban limitar los gastos en bonos por contrataciones de agentes libres internacionales, para ampliar sus de por sí enormes ganancias, en un alarde de tacañería escandalosa.

República Dominicana y Venezuela, principales emisores de peloteros extranjeros a la Gran Carpa, se opusieron desde el primer momento a la idea del draft internacional, por cuanto se limitarían extraordinariamente las oportunidades para sus jugadores.

Entre 500 y 600 peloteros son firmados anualmente tan sólo en Quisqueya, cifra que bajaría si acaso a un par de centenares, mientras que la cantidad de venezolanos que serían escogidos sería inferior aun.

Los temores sobre las consecuencias negativas de ese proyecto en el futuro tienen su base en la inclusión de los peloteros puertorriqueños en el draft amateur en 1990.

Poco a poco se fue secando la copiosa fuente de jugadores boricuas, con su consecuencia también en la liga doméstica, aunque el proceso parece haber comenzado a revertirse en los últimos dos años.

Aparte, no había claridad sobre qué y cuántos países serían incluidos en la selección internacional.

Específicamente, hay dos naciones entre los principales emisores de jugadores a MLB que lo hacen de manera muy particular: Cuba y Japón.

¿Entrarían los nipones en este draft, poniendo fin al injusto sistema de posteo? ¿Serían los peloteros de ese país finalmente libres de venir a jugar a Estados Unidos sin tener que servir esa suerte de esclavitud por ocho temporadas allá?

¿Y Cuba? El proceso que debía generar el esperado acuerdo con las Mayores se ha enfriado, al mismo tiempo que las relaciones políticas entre Washington y La Habana.

Difícilmente la mayor de Las Antillas habría estado incluida de momento en ese draft, por lo que seguiría -- de hecho, seguirá -- el flujo de peloteros mediante el tráfico humano que operan inescrupulosos personajes, que ponen en riesgo la seguridad y la vida de los aspirantes a profesionales.

El próximo jueves 1 de diciembre expira en el actual convenio laboral colectivo en el béisbol, vigente desde el 2011.

Los dueños hicieron un último intento por presionar en extremo y dijeron que no participarían en las Reuniones de Invierno, que se llevarán a cabo entre el 4 y el 8 de diciembre en el Gaylord National Resort & Convention Center de Maryland, a menos que hubiese progresos concretos en las negociaciones.

Pero, ¿qué son "progresos concretos"? ¿Acaso que el sindicato se pliegue a las exigencias de los propietarios?

En las negociaciones se gana y se pierde. Si las partes no consiguen ponerse de acuerdo, el pretendido draft internacional debe posponerse hasta que se diseñe de manera más justa para todos, si es que alguna vez llega a tomar cuerpo.

Pero la amenaza de cierre patronal sólo dañaría al béisbol como industria, como deporte, como pasatiempo nacional, quizás, de una peor manera que la huelga que llevó a suspender la Serie Mundial de 1994.
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La noticia que parecía que nunca llegaríamos a escribir finalmente sucedió.

Murió Fidel Castro. El hombre que gobernó con mano durísima a los cubanos por más de medio siglo falleció en La Habana a los 90 años de edad.

Castro fue una presencia omnipotente en la vida de varias generaciones de sus compatriotas y su poder de injerencia alcanzó todos los sectores de la sociedad cubana.

Fidel Castro
AP Photo/FileEl deporte fue quizás uno de los campos en los que Fidel Castro dejó una huella más profunda, marcada por contradicciones, logros y fracasos.
Todo pasaba por él, desde las decisiones más trascendentales de Estado, hasta las más insignificantes, como los precios de los cigarrillos en el mercado interno.

El deporte fue quizás uno de los campos en los que el gobernante dejó una huella más profunda, marcada por contradicciones, logros y fracasos.

Bajo su prolongado mandato, el deporte cubano se elevó a niveles superlativos, convirtiéndose en una potencia a nivel mundial.

Antes del triunfo de la revolución de 1959, los éxitos del deporte cubano se circunscribían principalmente al béisbol y al boxeo, con algunos logros esporádicos individuales, como los de José Raúl Capablanca en el ajedrez o Ramón Fonst en la esgrima.

En los últimos 56 años, Cuba ha tenido campeones olímpicos o mundiales en voleibol, béisbol, lucha libre y grecorromana, esgrima, levantamiento de pesas, atletismo, taekwondo, judo, tiro, boxeo y canotaje.

Pocas naciones del planeta pueden vanagloriarse de tantos logros en disciplinas tan diversas. Castro aprovechó las millonarias subvenciones que recibió por décadas de la Unión Soviética y creó un entramado de escuelas deportivas en toda la isla que captó a cuanto muchacho con talento había, para formarlo hasta convertirlo en campeón.

Ahí están las cifras y las medallas para demostrar que desde 1959, el deporte cubano recibió un empujón único, cuyo impulso ya ha perdido por diferentes razones y posiblemente nunca más volverá a tener.

Son hechos que no pueden negarse, aunque sea cuestionable el costo económico y sobre todo, humano, en que se incurrió por usar los triunfos del llamado "deporte revolucionario" como una bandera de propaganda política del régimen.

Castro eliminó el profesionalismo del deporte y cerró de golpe el flujo de peloteros a las Grandes Ligas en un momento en que Cuba era por mucho la principal fuente de jugadores extranjeros en la Gran Carpa.

El mejor béisbol del mundo se perdió a la generación más brillante de peloteros que ha dado la isla, como Omar Linares, Luis Giraldo Casanova o Antonio Pacheco, por sólo citar tres de cientos de nombres que podían haber deslumbrado a las Grandes Ligas.

Al abolir el deporte rentado, el gobernante proclamó "el triunfo de la pelota libre sobre la pelota esclava". En realidad, Castro esclavizó no sólo a los peloteros, sino a todos los deportistas de cualquier disciplina, quienes eran obligados a dedicar sus triunfos al "invicto Comandante".

Atletas que pudieron brillar como profesionales y haber asegurado una existencia sin carencias económicas eran obligados a subsistir con míseros estipendios y algunos de ellos, los más privilegiados, eran premiados con pequeños departamentos o pequeños autos Lada de fabricación soviética.

Algunos de los más fieles exponentes del deporte cubano en el último medio siglo, como el tricampeón olímpico de peso pesado en boxeo, Teófilo Stevenson, o la bicampeona mundial de 800 metros planos Ana Fidelia Quirot, fueron manipulados a su antojo por el gobernante.

Por razones políticas, Castro les negó a Stevenson y Quirot el sueño de coronas olímpicas, al sumarse al boicot soviético a los Juegos de Los Angeles 1984.

Cuatro años más tarde, el propio gobernante trató de probar su liderazgo a nivel internacional y convocó a un boicot a la edición de Seúl 1988, que sólo fue secundado por Nicaragua y Norcorea.

Stevenson habría ganado un cuarto título en 1984, tras sus triunfos en Munich 1972, Montreal 1976 y Moscú 1980, mientras que Ana Fidelia no tenía rival en el mundo en 1988, ni en 800, ni en 400 metros planos.

Pero un caprichoso Castro los dejó a ambos en casa, mientras el mundo celebraba la fiesta olímpica por todo lo alto.

Stevenson y Quirot son dos de los ejemplos más notables, pero junto a ellos, el gobernante les cortó de golpe los sueños a una generación de deportistas, sin importarle los años de esfuerzos y entrenamientos, muchas veces en condiciones bien distantes de las ideales.

Y ¡ay! de aquellos que osaran escapar en busca de decidir su destino por sí mismos. Sobre ellos caía el repudio del gobierno, que los trataba como traidores a la Patria, como desertores, como si se tratara de un ejército.

Pero la fuga de deportistas se hizo cada vez más frecuentes y la prensa oficialista dejó de reseñar en sus páginas las constantes escapadas. Los esclavos comenzaron a abrir los ojos y a romper el cerco para decidir por sí mismos su vida.

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La sabermetría le ganó la batalla a las estadísticas tradicionales en la elección del Jugador Más Valioso de la Liga Americana.

El premio recayó en el jardinero de Angelinos de Los Ángeles Mike Trout, quien venció en la votación al guardabosque de los Medias Rojas de Boston Mookie Betts y al segunda base venezolano José Altuve, de los Astros de Houston.

Betts superó a Trout en hits (214 a 173), dobletes (42 a 32), jonrones (31 a 29), carreras impulsadas (113 a 100) y average (.318 a .315).

El de los Angelinos anotó una carrera más (123 a 122), robó 30 bases, por 26 el de los Medias Rojas, recibió más bases por bolas (116 a 49), pero se ponchó 57 veces más (137 a 80).

Ambos quedaron empatados en triples, con cinco y Trout tuvo las cifras más altas en el inexacto WAR (10.6), algo inexplicable al sentido común, si Betts (9.6) lo superó en los principales indicadores.

Mike Trout
AP Photo/Kelvin KuoMike Trout fue superado pr Mookie Betts en hits (214 a 173), dobletes (42 a 32), jonrones (31 a 29), carreras impulsadas (113 a 100) y average (.318 a .315) en la temporada 2016.
Defensivamente, el de Boston fue también superior e incluso se llevó el Guante de Oro.

Por si fuera poco, el aporte de Betts fue fundamental para que los Medias Rojas regresaran a la postemporada, tras dos campañas previas en las que el equipo terminó último en la división Este de la Liga Americana, algo que los Angelinos no consiguen desde el 2014.

Para Trout fue su segundo galardón en cinco años, con tres segundos lugares, uniéndose a Johnny Bench, Mickey Mantle, Stan Musial y Jimmie Foxx como los únicos ganadores del premio en par de ocasiones antes de cumplir 25 años.

Lo de Kris Bryant en la Liga Nacional se veía venir.

Novato del Año en el 2015, el antesalista de los Cachorros de Chicago se burló de la maldición de la segunda temporada, en que incrementó sus números.

En el 2014 había sido elegido el mejor jugador de las Ligas Menores y en el 2013 el más sobresaliente del béisbol colegial.

Bryant disparó 39 cuadrangulares y remolcó 102 carreras, anotó 121, cifra máxima en el viejo circuito. Además, acumuló 35 biangulares y tres triples.

Daniel Murphy, de los Nacionales de Washington, terminó segundo en la votación, mientras que Corey Seager, de Dodgers de Los Ángeles, designado Novato del Año unánimemente cuatro días atrás, finalizó tercero.

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