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Novato del Año (Liga Americana): Aaron Judge
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La sorpresa hubiera sido que alguien no votara por Aaron Judge y Cody Bellinger como Novatos del Año de la Americana y la Nacional, respectivamente.

Era una jugada cantada y por cuarta vez en la historia, dos jugadores ganan el premio al mejor debutante de cada circuito con el voto unánime de los periodistas.

Aaron Judge
Elsa/Getty ImagesAaron Judge encabezó la LA en HR (52, récord para debutantes), anotadas (128), BB (127), y además fue segundo en la liga en impulsadas (112), en slugging (.627), en promedio de embasamiento (.422) y en OPS (1.049).

Las veces anteriores que esto ocurrió fueron en 1987 (Mark McGwire, de los Atléticos de Oakland, y el boricua Benito Santiago, de los Padres de San Diego), en 1993 (Tim Salmon, de los ahora Angelinos de Los Ángeles, y Mike Piazza, de Dodgers de Los Ángeles) y 1997 (Nomar Garciaparra, de los Medias Rojas de Boston, y Scott Rolen, de los Filis de Filadelfia).

El Juez es el noveno pelotero de los Yankees de Nueva York en llevarse el pergamino y el primero desde que lo hiciera en 1996 Derek Jeter, quien también se lo llevó por unanimidad.

Antes de Judge y Jeter lo consiguieron Gil McDougald (1951), Bob Grim (1954), Tony Kubek (1957), Tom Tresh (1962), Stan Bahnsen (1968), Thurman Munson (1970) y Dave Righetti (1981).

El jardinero derecho de los Yankees implantó nueva marca de jonrones para novato, con 52, tres más que el récord anterior en poder de McGwire.

También encabezó el joven circuito en anotadas (128) y bases por bolas (127), además de remolcar 114 carreras.

Adicionalmente, se impuso en el Derby de Jonrones disputado en julio en el Marlins Park de Miami, primer debutante en hacerlo, y fue galardonado con el Bate de Plata como el mejor jardinero derecho ofensivo de la Americana.

Cody Bellinger -- Los Angeles Dodgers
Mark J. Rebilas/USA TODAY SportsLos 39 vuelacercas de Cody Bellinger constituyen un récord para un novato en el viejo circuito, al superar los 38 que bateó Frank Robinson en 1956.

Podría además convertirse en el tercer jugador en la historia en ganar el Novato del Año y el premio al Jugador Más Valioso, honor que sólo tienen Fred Lynn, en 1975 con Boston, y el japonés Ichiro Suzuki, en el 2001, con los Marineros de Seattle, ambos en la Liga Americana.

Bellinger, por su parte, es el decimoctavo pelotero de los Dodgers en ganar el Novato del Año, ratificando a la franquicia azul como la máxima productora de debutantes ilustres.

Los Dodgers comenzaron su cosecha en 1947, precisamente el año en que se instituyó el premio, que recayó en el legendario Jackie Robinson.

Don Newcombe (1949), Joe Black (1952), Jim Gilliam (1953), Frank Howard (1960), Jim Lefebvre (1965), Ted Sizemore (1969), Rick Sutcliffe (1979), Steve Howe (1980), Fernando Valenzuela (1981), Steve Sax (1982), Eric Karros (1992), Mike Piazza (1993), Raúl Mondesí (1994), Hideo Nomo (1995), Todd Hollandsworth (1996) y Corey Seager (2016), precedieron a Bellinger, quien con 39 cuadrangulares impuso un nuevo récord de jonrones para un principiante en el viejo circuito.

Andrew Benintendi, de los Medias Rojas, fue segundo en la votación, seguido de Trey Mancini, de los Orioles de Baltimore, en la Liga Americana.

Josh Bell, de los Piratas de Pittsburgh, y Paul DeJong, de los Cardenales de San Luis, fueron segundo y tercero, respectivamente, en la Nacional.

Así se esperaba que sucediera. En otras circunstancias, cualquiera de los cuatro, Benintendi y Mancini, Bell y DeJong, hubieran merecido el premio.

Pero tuvieron la mala fortuna de coincidir con el Juez y Bellinger, quienes no dejaron espacio para dudas.

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Desde el 2001 no la tenían tan fácil los votantes de la Asociación de Escritores de Béisbol de Estados Unidos (BBWAA) a la hora de elegir a los Novatos del Año.

En aquella ocasión, el dominicano Albert Pujols, de los Cardenales de San Luis, se llevó el voto unánime en la Liga Nacional, mientras que en la Americana, el japonés Ichiro Suzuki, de los Marineros de Seattle, consiguió el apoyo de todos menos uno.

El único que no votó por Ichiro se inclinó por C.C. Sabathia, de los Indios de Cleveland, bajo el argumento de que el japonés no debería ser considerado como un verdadero novato, teniendo en cuenta las nueve temporadas que jugó en la liga profesional de su país.

Aaron Judge
Elsa/Getty ImagesAaron Judge es finalista tanto para el Novato del Año como para el Jugador Más Valioso de la Liga Americana.
Esta vez las cosas lucen más evidentes aún. En el joven circuito, Aaron Judge, de los Yankees de Nueva York, no ha dejado opciones para Andrew Benintendi, de los Medias Rojas de Boston, o Trey Mancini, de los Orioles de Baltimore, los otros dos finalistas.

Nadie en su sano juicio osaría votar por alguien que no sea El Juez, primer novato en los más de 100 años de historia de las Grandes Ligas en disparar más de 50 cuadrangulares.

Judge encabezó la Liga Americana en jonrones (52), carreras anotadas (128) y bases por bolas (127), además del departamento negativo de los ponches (208), además de ser segundo en remolcadas (114).

Sus números lo ponen incluso entre los finalistas al Jugador Más Valioso del joven circuito, junto al venezolano José Altuve, de los Astros de Houston, y el dominicano José Ramírez, de los Indios.

El último jugador de los Yankees en ganar el galardón al mejor debutante fue Derek Jeter en 1996.

La presencia de Benintendi y Mancini en el trío de finalistas es puro formalismo. Aunque ambos tuvieron números muy buenos, les tocó la mala fortuna de coincidir con el Juez.

Sentencia fácil. Caso cerrado.

Cody Bellinger -- Los Angeles Dodgers
Mark J. Rebilas/USA TODAY SportsLos 39 vuelacercas de Cody Bellinger constituyen un récord para un novato en el viejo circuito, al superar los 38 que bateó Frank Robinson en 1956.
Como tampoco tiene discusión el premio para Cody Bellinger, de los Dodgers de Los Angeles, en la Liga Nacional.

Sus 39 vuelacercas constituyen un récord para un novato en el viejo circuito, al superar los 38 que bateó Frank Robinson en 1956.

Además, remolcó 97 carreras y anotó 87, cifras superiores a las de cualquier otro debutante en la Nacional y eso que se perdió casi todo abril, pues no fue hasta el 25 de ese mes que hizo su aparición en las Grandes Ligas.

Puro formalismo también es la nominación de Josh Bell, de los Piratas de Pittsburgh, y Paul DeJong, de los Cardenales, otros con buenas estadísticas que les habrían hecho merecedores del premio, de no haber tenido a Bellinger en el camino.

El zurdo primera base y jardinero sería el decimoctavo pelotero de los Dodgers en ganar el Novato del Año, una larga lista que inició el legendario Jackie Robinson en 1947 y cuyo más reciente ganador fue Corey Seager en fecha tan cercana como el 2016.

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La Serie Mundial del 2017 ya está en los libros de historia, donde será recordada como una de las más emocionantes de los últimos tiempos.

Y como siempre, toca hacer un repaso de las cosas que más trascendieron en este Clásico de Otoño, en el que por primera vez, los Astros de Houston se coronaron campeones.

LO QUE NOS DEJÓ LA SERIE MUNDIAL 2017

1.- Al borde del infarto más de una vez. Los amantes del buen béisbol no pueden quejarse. Fuimos testigos de una de las Series Mundiales más espectaculares de la historia, donde las emociones subieron y bajaron con la intensidad de una montaña rusa, principalmente en los juegos dos y cinco, de épicas remontadas por parte de los dos equipos.

2.- El triunfo de la paciencia y el trabajo a largo plazo para conformar el equipo que tienen hoy los Astros, sobre la estrategia de armar una novena a golpe de billete. Crédito en ello al mexicano Jeff Luhnow, primer gerente general latino en ganar una Serie Mundial.

3.- La esperanza de ver a estos Astros convertidos en una dinastía, al menos por los próximos dos o tres años. Desde que los Yankees de Nueva York ganaron las Series Mundiales de 1998-1999-2000, ningún equipo ha conseguido coronarse en años consecutivos. Desde ya, Houston arrancará como favorito al título en el 2018.

4.- La alegría que deben sentir merecidamente los residentes de Houston, dos meses después de la devastación que dejó en la ciudad el paso del huracán Harvey. Los peloteros se convirtieron en embajadores de la esperanza, con sus parches de Houston Strong en sus uniformes que los convirtieron en el favorito sentimental de muchos.

5.- La satisfacción de ver al puertorriqueño Carlos Beltrán hacerse de su primer anillo de campeón después de una larga carrera de 20 años en la que ha pavimentado por mérito propio su camino hacia el Salón de la Fama de Cooperstown.

6.- La prueba de que las Series Mundiales se ganan muchas veces entre julio y agosto, con las movidas que haga la gerencia para conseguir piezas que terminen de ajustar la maquinaria y la dejen lista para el empujón final. En este caso hablamos de Justin Verlander, llegado al equipo el 31 de agosto y que resultó ser el hombre que cargó sobre sus hombros a un cuerpo de pitcheo que comenzaba a tambalearse ante el cansancio por la larga temporada. Sin el aporte de Verlander, posiblemente hoy estuviéramos contando una historia diferente.

7.- El triunfo del béisbol en su estado más puro sobre la pseudociencia de la sabermetría. En un escenario tan grande como un Clásico de Octubre, hay que saber sacar el instinto sobre los fríos números de una computadora, pues estamos hablando de la vida real y no de un videojuego. El manager A.J. Hinch aplicó los fundamentos como debe ser y por eso hoy es reverenciado como un sabio por sus fanáticos.

8.- La confirmación que los premios individuales no siempre son justos. Dave Roberts fue galardonado en el 2016 como Manager del Año de la Liga Nacional por los resultados del equipo, pero aquí se develó como uno de los dirigentes más ineptos que hayan pasado por este juego. Más allá del mérito de los campeones Astros, Roberts botó la Serie Mundial por sus constantes decisiones erráticas, fuera de toda lógica.

9.- La certeza que la postemporada es un animal distinto y más difícil de domar que la campaña regular. Los héroes nacen en octubre y manejar la presión bajo estas circunstancias es difícil para muchos. Clayton Kershaw, quien parece un dios entre abril y septiembre, se rebaja a dimensiones humanas en los playoffs, capaz de regalarle a sus fanáticos lo mismo actuaciones sobresalientes como decepcionantes.

10.- La imagen de una proposición matrimonial. Carlos Correa lo tenía todo fríamente calculado y en medio de las celebraciones por el triunfo le entregó el anillo a la bella Daniella Rodríguez, para poner la nota romántica en la Serie Mundial. A ver si nos invitan a la boda.

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Por primera vez en su historia, los Astros de Houston se coronaron campeones de la Serie Mundial, al vencer 5-1 a Dodgers de Los Ángeles en el séptimo y decisivo partido.

Luego de que los Dodgers consiguieran igualar las acciones el martes y forzar el séptimo partido, los Astros arrancaron agresivos ante el japonés Yu Darvish, que nuevamente se fue a las duchas después de apenas un inning y dos tercios de faena.

Habrían bastado las dos carreras del primer inning para asegurar la corona, pero George Springer le puso su sello definitivo con su quinto vuelacercas del clásico otoñal, que le hicieron acreedor del premio de Jugador Más Valioso.

George Springer (Astros J7 Serie Mundial)
Ezra Shaw/Getty Images

Más que merecida esta corona, construida a base de trabajo y paciencia, después de sufrir entre el 2009 y el 2015 temporadas perdedoras consecutivas.

Así llegaron valiosas selecciones en el sorteo amateur universitario, como Springer, Carlos Correa, Dallas Keuchel o Alex Bregman, quienes junto al venezolano José Altuve conforman el núcleo que comenzó a gestar lo que es hoy una realidad.

Muchas historias se combinaron en este equipo, que se convirtió en el favorito sentimental de gran parte del país, después de conocer la devastación por la ciudad tras el paso del huracán Harvey.

El título de campeón es la cereza en la cima del pastel para Altuve, con una temporada de ensueño que podría depararle el premio de Más Valioso de la Liga Americana.

Como también representa un colofón ideal para una carrera digna del Salón de la Fama de Cooperstown del boricua Carlos Beltrán, convertido en un mentor y consejero de este grupo de muchachos.

Y ni hablar de Justin Verlander, otro que se encamina hacia el Templo de los Inmortales que se unió a los Astros en el último mes del calendario regular para cargar sobre sus hombros al pitcheo en momentos de flaqueza.

¿Qué tal Yuli Gurriel? El novato-veterano decidió a destiempo probar suerte en el mejor béisbol del mundo y demostró estar hecho para brillar aquí como mismo lo hizo en certámenes internacionales con la selección cubana y en la liga profesional de Japón.

Mérito aparte para A.J. Hinch, el incombustible manager, siempre sereno, que supo aunar voluntades y sacar el máximo a cada una de sus piezas.

Lo mejor de los Astros no es haber conseguido su primer título en 56 años de historia, sino la perspectiva real de establecer una dinastía por las próximas campañas.

Terminó la espera de más de medio siglo, mientras se alarga al menos ahora por 30 años la agonía de los Dodgers, cinco veces seguidas campeones divisionales en el Oeste de la Liga Nacional y que una vez más se quedaron cerca de la gloria.

Demasiado equipo para un manager como Dave Roberts, al que le quedó grande la tarea, dirigió como presa del pánico, erráticamente una y otra vez y al final, los Dioses del Béisbol no lo perdonaron.

Después de ver lo sucedido en el juego siete, a Roberts lo atormentará por mucho tiempo la pregunta de por qué no abrir con su astro Clayton Kershaw, para morir con su mejor caballo, en lugar de traerlo de relevo cuando el mal ya estaba hecho.

Estos Dodgers comienzan a parecerse a los de la década de los años 50, que una tras otra perdían las Series Mundiales ante los Yankees de Nueva York y se consolaban con la frase "será el año que viene".

Sigan insistiendo, que con el talento de ese equipo, algún día llegará ''el año que viene''.

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Los Dioses del Béisbol reclamaron un séptimo juego para una de las Series Mundiales más emotivas de la historia.

Los Dodgers de Los Ángeles vencieron 3-1 a los Astros de Houston y el Clásico de Otoño del 2017 se empató por tercera vez.

Y esos mismos Dioses perdonaron esta vez las imprecisiones del director Dave Roberts y le tiraron un salve a pesar de plantearse nuevamente tácticas contra la lógica.

Rich Hill
Ezra Shaw/Getty Images

Los Astros abrieron la pizarra en el tercero con cuadrangular solitario de George Springer ante Rich Hill.

Para Springer fue su cuarto bambinazo de la serie y el tercero que sirvió para empatar o dar ventaja a su equipo, hazaña que hasta entonces sólo había logrado el legendario Lou Gehrig.

Los Dodgers decidieron en el sexto ante un Justin Verlander que estaba encendido, en busca de su primer triunfo en esta máxima instancia, después de cuatro aperturas fallidas.

Austin Barnes inició la entrada con sencillo y se imponía a gritos un sacrificio de toque con Chase Utley para poner la potencial carrera del empate en posición anotadora y sobre todo, porque el bateador lleva 29 turnos consecutivos sin hits desde la postemporada del 2016.

Pero Roberts no ordenó el toque y se puso de tan buena suerte que Verlander golpeó con un envío a Utley, cuando tenía dos strikes en la cuenta, para poner hombres en primera y segunda.

Nuevamente se imponía un sacrificio con el primer bate Chris Taylor y una vez más el manager fue contra el ABC.

Los Dioses del Béisbol le hicieron un guiño y Taylor disparó un batazo sin fuerza que cayó en la zona corta del jardín derecho para impulsar a Barnes con el empate y llevar a Utley hasta la antesala, quien anotó la ventaja con elevado de sacrificio de Corey Seager.

En el séptimo, Joc Pederson clavó el puntillazo con jonrón por la banda opuesta ante el relevista Joe Musgrove para ponerle cifras definitivas a la pizarra.

Y aunque tampoco manejó con sapiencia el pitcheo, las cosas le salieron bien a Roberts.

Una vez más le quitó temprano la pelota a su abridor Hill, esta vez con apenas 58 envíos.

Y con ventaja de dos carreras, trajo a su cerrador Kenley Jansen al rescate en el octavo, a pesar de la inefectividad mostrada por el curazoleño cada vez que ha tenido que trabajar más de un inning.

Pero esta vez estuvo intransitable y retiró a los seis bateadores que enfrentó, con tres abanicados incluidos, para asegurar la victoria.

Verlander lanzó a la altura que exigían las circunstancias, pues en seis episodios ponchó a nueve, permitió tres hits y dos limpias.

Pero cargó con la derrota, su cuarta en cinco aperturas en Series Mundiales, en gran medida, por la falta de soporte ofensivo de sus compañeros.

Dice un refrán que 'al que no hace, le hacen'. Entre el quinto, sexto y séptimo episodios, los Astros dejaron siete hombres en base y se fueron de 5-0 con corredores en posición anotadora, y eso a la larga le costó el encuentro.

El séptimo juego este miércoles tendrá al japonés Yu Darvish y a Lance McCullers Jr. como abridores.

¿De relevo? Todo el mundo, hasta Nolan Ryan por Houston y Sandy Koufax por Los Angeles, de ser necesario.

Demasiada larga ha sido la espera para ambos equipos para dejarla escapar sin un último esfuerzo.

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Dave Roberts, con su modo errático de dirigir, está a punto de echar por la borda la espera de 29 años de los fanáticos de Dodgers de Los Angeles de ver ganar a su equipo una Serie Mundial.

La sabermetría, esa pseudociencia inventada por adultos que de niños, a pesar de ser dueños del bate, los guantes y la pelota, no los pedían para jugar en los partidos del barrio, es la base sobre la cual se apoya Roberts y que tiene a los Dodgers al borde del abismo.

Comencemos con la manera de elaborar sus alineaciones. Todas distintas, como si cada día metieran los nombres de su pelotero en un sombrero y los colocara en el lineup en el orden que vayan saliendo.

Así vemos la absurda utilización del boricua Kike Hernandez, por ejemplo, como cuarto bate.

¿Para qué? ¿Para mandarlo a sacrificarse con un toque de bola con un hombre ya en posición anotadora? ¿Para sustituirlo luego por un bateador emergente?

Si no le tiene a Hernández al confianza que merece un cuarto bate, aunque no tenga las características típicas de quien usualmente ocupa ese turno al bate, ¿para qué lo pone entonces?

¿Qué razón lógica justifica dejar en la banca al cátcher titular del equipo en los últimos tres años, el cubano Yasmani Grandal, que en ese lapso promedia 22 jonrones y 59 carreras remolcadas por campaña, para darle el puesto a un inexperto Austin Barnes?

Getty ImagesDave Roberts, con su modo errático de dirigir, está a punto de echar por la borda la espera de 29 años de los fanáticos de los Dodgers de ver ganar a su equipo una Serie Mundial.

¿Y qué aporta Chase Utley como jugador de reserva, cuando la realidad cruda y dura lo debería tener en planes de retiro?

Pero donde Roberts ha hecho un master de mala dirección ha sido en el manejo de sus lanzadores.

Rara vez encuentra el momento exacto para dejar o sacar a un pitcher de la lomita y le está poniendo demasiada carga de trabajo a algunos que a la larga han sufrido las consecuencias.

O quita demasiado pronto a un abridor con 60 pitcheos en el cuarto capítulo y una sola permitida (Rich Hill), o lo mantiene en exceso cuando a todas luces está siendo bateado libremente (Clayton Kershaw).

Kenta Maeda, el japonés, es un abridor natural movido al bullpen al recortarse la rotación a cuatro hombres en la postemporada.

Pero el usarlo como relevista no lo convierte precisamente en un apagafuegos.

Los abridores usados de relevo en los playoffs no consiguen adaptarse en tan corto tiempo a la rutina de alistarse para salir casi todos los días.

Que lo hagan bien una o dos veces, no es garantía de que lo conseguirán cada vez que salgan a la loma con tan poco descanso.

Incluso los relevistas naturales, como Brandon Morrow y Kenley Jansen, también son humanos y requieren algún día de asueto para reponer sus brazos.

Morrow ha lanzado en 11 de los 12 juegos de su equipo en la postemporada, los tres de la serie divisional ante los Diamondbacks de Arizona, cuatro de los cinco contra los Cachorros de Chicago en la serie de campeonato de la Liga Nacional y los cinco que van del clásico de otoño.

Llegó el momento en que el brazo no dio más y los Astros de Houston sacaron ventaja de ello.

Algo similar a lo ocurrido en el 2016 con el cubano Aroldis Chapman, sometido a un trabajo excesivo por Joe Maddon y que casi le costó a los Cachorros su primer título en 108 años.

Jansen, por su parte, sólo tuvo 13 actuaciones de más de un inning durante los 162 partidos de la campaña regular.

Ahora se le ha exigido eso en cuatro de los 12 encuentros de la postemporada y ya echó a perder las últimas dos de esas.

Al igual que los peloteros de los Astros, los muchachos de Los Ángeles han desbordado corazón sobre el terreno para merecer el triunfo, pero la manera errática de dirigir su manager amenaza con dar al traste con tanto esfuerzo.

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Los Astros de Houston lograron levantarse varias veces de la lona y después de 5 horas y 17 minutos se llevaron la victoria 13-12 en un festival de batazos para colocarse a un triunfo de ganar la Serie Mundial.

Fue uno de los partidos más peleados de que se tenga noticia en los clásicos de octubre.

Lo que parecía encaminarse a una cómoda victoria de Dodgers de Los Ángeles, con Clayton Kershaw en la lomita y temprano soporte de cuatro carreras, se convirtió en un maratón de 10 entradas, 25 carreras, 28 hits, siete jonrones, ocho dobletes y un triple.

Yuli Gurriel (Astros, J5 Serie Mundial)
Christian Petersen/Getty Images

En la mayoría de los casos, cualquier equipo hubiera bajado los brazos cuando tiene enfrente al mejor pitcher del mundo y con tanta ventaja tempranera.

Pero luego de que el cubano Yuli Gurriel empatará las acciones en el cuarto episodio, el drama alcanzó niveles sobrenaturales.

Tres veces estuvieron los Astros debajo en la pizarra y siempre consiguieron el empate con bambinazos.

Después del vuelacercas de Gurriel, el venezolano José Altuve volvió a igualar las acciones en el quinto, con dos hombres a bordo frente al japonés Kenta Maeda, luego de que Los Angeles se fuera delante nuevamente 7-4 en la alta de ese episodio por cuadrangular de tres carreras de Cody Bellinger.

Y en el octavo, George Springer se la sacó a Brandon Morrow abriendo el inning para otro abrazo de 8-8.

Morrow, que ha visto acción en todos los juegos de la serie, se presentó sin nada en la bola y no logró dominar a ninguno de los cuatro bateadores que enfrentó, pues al jonrón de Springer siguieron sencillo de Alex Bregman, doblete de Altuve y palo de vuelta completa del boricua Carlos Correa.

Fueron entonces los Dodgers los que vinieron de atrás, descontaron una en el octavo e igualaron en el noveno, cuando inexplicablemente, el manager de Houston, A.J. Hinch, no trajo a su cerrador Ken Giles y dejó a un Chris Devenski a todas luces inefectivo.

¿Dónde perdieron los Dodgers el juego? En el octavo inning, cuando el coach de tercera base, Chris Woodward, le dijo a Chris Taylor que fuera al plato ("¡go, go, go!") con línea de Justin Turner al jardín derecho, pero el corredor entendió: "no, no, no", debido al bullicio en el Minute Maid Park.

El batazo fue lo suficientemente profundo para intentar la jugada de pisa y corre y aunque Josh Reddick tiene un brazo respetable, el tiro al plato fue incluso desviado.

Esa pudo haber sido la décima carrera de los azules y con las tres que fabricaron en el noveno hubieran sido suficientes.

El béisbol es un juego de pulgadas y si los Dodgers no consiguen la hazaña de ganar en su casa los próximos dos juegos, a Taylor lo atormentará por el resto de sus días haber entendido erróneamente las orientaciones de Woodward.

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A las puertas de la agencia libre, el derecho Jake Arrieta prometió salir a darlo todo en el que pudo haber sido su último juego con el uniforme de los Cachorros de Chicago.

Arrieta lanzó 6.2 entradas casi herméticas y apoyado por tres cuadrangulares le dio al menos un día más de vida a los Cachorros, que vencieron 3-2 a Dodgers de Los Ángeles en el cuarto juego de la serie de campeonato de la Liga Nacional.

A menos que los Cachorros consigan una remontada milagrosa en la serie que ahora favorece 3-1 a los Dodgers, el diestro de 31 años ha concluido cinco campañas exitosas con el equipo, al que le aportó 68 victorias en ese lapso.

El abridor de Chicago permitió apenas tres imparables, incluido un cuadrangular solitario de Cody Bellinger, con nueve ponches y aunque regaló cinco boletos, supo meter el brazo para liquidar cualquier amenaza rival.

Jake Arrieta
Jim Young/USA TODAY Sports

No pudo encontrar el boricua Javier Báez mejor momento para despertar, tras fallar en sus primeros 22 turnos de la postemporada.

Báez despachó dos cuadrangulares ante el zurdo Alex Wood, abridor y perdedor por los Dodgers, para sentenciar el partido.

El puertorriqueño es el primer jugador de los Cachorros con más de un vuelacercas en un partido en que su equipo enfrentaba la eliminación, desde que lo hiciera el antesalista dominicano Aramís Ramírez en la Serie de Campeonato de la Liga Nacional del 2003 ante los ahora Marlins de Miami.

Además, fue apenas el quinto pelotero de la franquicia con más de un bambinazo en un juego de postemporada y el más joven en hacerlo, con 24 años y 321 días.

Y unió su nombre al del legendario Yogi Berra, de los Yankees de Nueva York, como los únicos en despachar dos bambinazos contra los Dodgers en un partido de eliminación. Berra lo hizo en el séptimo juego de la Serie Mundial de 1956.

Todas las carreras del partido fueron por jonrones solitarios, pues además de los dos de Báez, el venezolano Willson Contreras envió la pelota a 477 pies para inaugurar el marcador con el batazo más largo que se haya pegado en toda la postemporada del 2017.

Además del vuelacercas de Bellinger ante Arrieta, Los Ángeles descontó con uno de Justin Turner ante el cerrador Wade Davis, quien se apuntó el rescate con una actuación de dos episodios completos.

Arrieta demostró ser un hombre de palabra y el campeón defensor sigue vivo, aunque en estado de coma.

Ningún equipo se repuso jamás de una desventaja de 0-3 para ganar una serie de campeonato de la Liga Nacional.

Sólo los Medias Rojas de Boston, en el 2004, consiguieron hacerlo en una serie de campeonato de la Liga Americana ante los Yankees, para luego ganar la Serie Mundial y poner fin a la Maldición del Bambino, que los mantuvo 86 años sin saborear las mieles del triunfo.

El jueves, el quinto juego en Wrigley Field debe ser una repetición del duelo de zurdos del primer día: Clayton Kershaw por los visitantes y el colombiano José Quintana por los de casa.

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Todo parece indicar que es cuestión de tiempo para que los Cachorros de Chicago entreguen su corona de campeones de Serie Mundial que ganaron en el 2016.

La manera ridículamente errática en que se mostraron ante su propia fanaticada en el Wrigley Field en el tercer juego de la serie de campeonato de la Liga Nacional hace presagiar una barrida a manos de Dodgers de Los Ángeles, que mantuvieron marca perfecta en la postemporada.

Antes de que se completara la derrota de Chicago 6-1, ya muchos empezaron a abandonar el parque, como si intuyeran que este podría ser el primero de los próximos 108 años que faltan para volver ganar un nuevo título de Serie Mundial.

Nada le está saliendo bien a los Cachorros. La ofensiva padece de anemia, la defensa también ha sido desastrosa y el pitcheo, sobre todo el de relevo, ha sido una caricatura.

Addison Russell en J4 SCLN
AP Photo/Nam Y. Huh

El manager Joe Maddon intentó todas las fórmulas posibles, pero a la larga, esa multifuncionalidad forzada que intentó imprimirle a casi todos sus peloteros terminó pasándole factura, pues hizo muchos tenientes en todo y capitanes en nada.

El japonés Yu Darvish los dominó a su antojo. Sólo permitió un jonrón solitario de Kyle Schwarber en el primer inning, pero a partir de ahí fue dueño absoluto de la situación.

Dave Roberts, manager de Los Ángeles, también movió su alineación y desenterró cadáveres de la banca, como Andre Ethier, Joc Pederson y Chase Utley, para colocarle la mayor cantidad de zurdos posibles a Kyle Hendricks, el abridor de los locales.

Ethier bateó dos hits, incluido un jonrón, para exigir al menos una oportunidad más en el siguiente juego, aunque con el impredecible Roberts nunca se sabe.

Pero Utley se fue en blanco en tres turnos y ahora lleva de 23-0 en sus últimas visitas al plato en postemporadas. La última vez que bateo de hit fue en el cuarto juego de la serie divisional del 2016 ante los Nacionales de Washington.

Con esta ventaja ahora de 3-0, va siendo hora de ir comprando pasaje a Los Ángeles, donde sí o sí comenzará el clásico de octubre el próximo martes, por haber terminado los Dodgers con el mejor récord de todas las Grandes Ligas.

Nunca un equipo logró reponerse de un 0-3 para ganar una serie de campeonato de la Liga Nacional.

Sólo una vez ocurrió en la Americana, cuando los Medias Rojas de Boston remontaron ante los Yankees de Nueva York en el 2004 y avanzar a la Serie Mundial y romper 86 años de la Maldición del Bambino.

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En el aniversario 29 del famoso jonrón de Kirk Gibson en la Serie Mundial de 1988 ante los Atléticos de Oakland, Justin Turner disparó cuadrangular de tres carreras en el final del noveno para dejar al campo a los Cachorros de Chicago y poner a Dodgers de Los Angeles en ventaja de 2-0 en la serie de campeonato de la Liga Nacional.

Los amantes de las cábalas ya empiezan a hacer sus cuentas por la coincidencia de fechas de ambos batazos, pues entre uno y otro, no habían tenido los Dodgers un triunfo así, en el último inning en postemporadas.

Turner rompió un empate a una carrera para ponerle números definitivos a la pizarra 4-1 en un noveno episodio en el que el manager de Chicago, Joe Maddon, tomó decisiones muy cuestionables.

El inning lo abrió Yasiel Puig negociando boleto ante el zurdo Brian Duensing, a la postre perdedor del encuentro.

Puig llegó a segunda por toque de sacrificio de Joc Pederson y Dave Roberts, dirigente de los Dodgers, envió de emergente a Kyle Farmer.

ABC del béisbol: si pierdes con la carrera de segunda y la primera está desocupada, dale cuatro malas al bateador para buscar una doble matanza salvadora.

Maddon decidió que Duensing le lanzara a Farmer, quien abanicó para el segundo out del inning.

Ese era el hombre al que debió caminar y no a Chris Taylor, quien recibió boleto del derecho John Lackey, traído de relevo por segundo día consecutivo.

En esta situación, el último hombre que uno quisiera enfrentar de la alineación de los Dodgers es Turner, quien terminó botándole la pelota y decidiendo el choque.

Lackey lanzó en partidos consecutivos por primera vez en su carrera, pues siempre ha sido abridor.

En semejantes circunstancias, Maddon debió traer a su cerrador Wade Davis, un apagafuegos natural, para controlar la situación y entonces si acaso apelar a Lackey en un eventual extrainning, pero abriendo el episodio, como si estuviera iniciando el partido.

Después del juego, dijo que prefirió reservar a Davis para una situación de salvamento que nunca llegó.

Hizo las cosas mal y le costaron caras, pues ahora tendrá que tratar de remontar en el Wrigley Field, cuando las acciones se trasladen a la Ciudad de los Vientos el martes.

A diferencia de Maddon, Roberts sí trajo a su cerrador Kenley Jansen en el noveno con el juego empatado para tratar de asegurar esa entrada y dejar abierta la probabilidad de dejar al campo al rival en el cierre del capítulo.

Un acierto del manager de Los Angeles, quien presentó una alineación inexplicable, con Kike Hernandez como cuarto en la tanda, un hombre que bateó para .215 con sólo 11 bambinazos en toda la campaña y que es cualquier cosa menos un slugger.

La prueba es que envió a Chase Utley de emergente por él en el quinto inning. ¿Quién pone un sustituto por su cuarto bate? Nadie, si fuera uno de verdad.

Por cierto, Utley se ponchó y lleva 18 turnos seguidos en blanco en postemporadas.

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