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El campeón se mantiene con vida

A las puertas de la agencia libre, el derecho Jake Arrieta prometió salir a darlo todo en el que pudo haber sido su último juego con el uniforme de los Cachorros de Chicago.

Arrieta lanzó 6.2 entradas casi herméticas y apoyado por tres cuadrangulares le dio al menos un día más de vida a los Cachorros, que vencieron 3-2 a Dodgers de Los Ángeles en el cuarto juego de la serie de campeonato de la Liga Nacional.

A menos que los Cachorros consigan una remontada milagrosa en la serie que ahora favorece 3-1 a los Dodgers, el diestro de 31 años ha concluido cinco campañas exitosas con el equipo, al que le aportó 68 victorias en ese lapso.

El abridor de Chicago permitió apenas tres imparables, incluido un cuadrangular solitario de Cody Bellinger, con nueve ponches y aunque regaló cinco boletos, supo meter el brazo para liquidar cualquier amenaza rival.

Jake Arrieta
Jim Young/USA TODAY Sports

No pudo encontrar el boricua Javier Báez mejor momento para despertar, tras fallar en sus primeros 22 turnos de la postemporada.

Báez despachó dos cuadrangulares ante el zurdo Alex Wood, abridor y perdedor por los Dodgers, para sentenciar el partido.

El puertorriqueño es el primer jugador de los Cachorros con más de un vuelacercas en un partido en que su equipo enfrentaba la eliminación, desde que lo hiciera el antesalista dominicano Aramís Ramírez en la Serie de Campeonato de la Liga Nacional del 2003 ante los ahora Marlins de Miami.

Además, fue apenas el quinto pelotero de la franquicia con más de un bambinazo en un juego de postemporada y el más joven en hacerlo, con 24 años y 321 días.

Y unió su nombre al del legendario Yogi Berra, de los Yankees de Nueva York, como los únicos en despachar dos bambinazos contra los Dodgers en un partido de eliminación. Berra lo hizo en el séptimo juego de la Serie Mundial de 1956.

Todas las carreras del partido fueron por jonrones solitarios, pues además de los dos de Báez, el venezolano Willson Contreras envió la pelota a 477 pies para inaugurar el marcador con el batazo más largo que se haya pegado en toda la postemporada del 2017.

Además del vuelacercas de Bellinger ante Arrieta, Los Ángeles descontó con uno de Justin Turner ante el cerrador Wade Davis, quien se apuntó el rescate con una actuación de dos episodios completos.

Arrieta demostró ser un hombre de palabra y el campeón defensor sigue vivo, aunque en estado de coma.

Ningún equipo se repuso jamás de una desventaja de 0-3 para ganar una serie de campeonato de la Liga Nacional.

Sólo los Medias Rojas de Boston, en el 2004, consiguieron hacerlo en una serie de campeonato de la Liga Americana ante los Yankees, para luego ganar la Serie Mundial y poner fin a la Maldición del Bambino, que los mantuvo 86 años sin saborear las mieles del triunfo.

El jueves, el quinto juego en Wrigley Field debe ser una repetición del duelo de zurdos del primer día: Clayton Kershaw por los visitantes y el colombiano José Quintana por los de casa.

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Todo parece indicar que es cuestión de tiempo para que los Cachorros de Chicago entreguen su corona de campeones de Serie Mundial que ganaron en el 2016.

La manera ridículamente errática en que se mostraron ante su propia fanaticada en el Wrigley Field en el tercer juego de la serie de campeonato de la Liga Nacional hace presagiar una barrida a manos de Dodgers de Los Ángeles, que mantuvieron marca perfecta en la postemporada.

Antes de que se completara la derrota de Chicago 6-1, ya muchos empezaron a abandonar el parque, como si intuyeran que este podría ser el primero de los próximos 108 años que faltan para volver ganar un nuevo título de Serie Mundial.

Nada le está saliendo bien a los Cachorros. La ofensiva padece de anemia, la defensa también ha sido desastrosa y el pitcheo, sobre todo el de relevo, ha sido una caricatura.

Addison Russell en J4 SCLN
AP Photo/Nam Y. Huh

El manager Joe Maddon intentó todas las fórmulas posibles, pero a la larga, esa multifuncionalidad forzada que intentó imprimirle a casi todos sus peloteros terminó pasándole factura, pues hizo muchos tenientes en todo y capitanes en nada.

El japonés Yu Darvish los dominó a su antojo. Sólo permitió un jonrón solitario de Kyle Schwarber en el primer inning, pero a partir de ahí fue dueño absoluto de la situación.

Dave Roberts, manager de Los Ángeles, también movió su alineación y desenterró cadáveres de la banca, como Andre Ethier, Joc Pederson y Chase Utley, para colocarle la mayor cantidad de zurdos posibles a Kyle Hendricks, el abridor de los locales.

Ethier bateó dos hits, incluido un jonrón, para exigir al menos una oportunidad más en el siguiente juego, aunque con el impredecible Roberts nunca se sabe.

Pero Utley se fue en blanco en tres turnos y ahora lleva de 23-0 en sus últimas visitas al plato en postemporadas. La última vez que bateo de hit fue en el cuarto juego de la serie divisional del 2016 ante los Nacionales de Washington.

Con esta ventaja ahora de 3-0, va siendo hora de ir comprando pasaje a Los Ángeles, donde sí o sí comenzará el clásico de octubre el próximo martes, por haber terminado los Dodgers con el mejor récord de todas las Grandes Ligas.

Nunca un equipo logró reponerse de un 0-3 para ganar una serie de campeonato de la Liga Nacional.

Sólo una vez ocurrió en la Americana, cuando los Medias Rojas de Boston remontaron ante los Yankees de Nueva York en el 2004 y avanzar a la Serie Mundial y romper 86 años de la Maldición del Bambino.

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En el aniversario 29 del famoso jonrón de Kirk Gibson en la Serie Mundial de 1988 ante los Atléticos de Oakland, Justin Turner disparó cuadrangular de tres carreras en el final del noveno para dejar al campo a los Cachorros de Chicago y poner a Dodgers de Los Angeles en ventaja de 2-0 en la serie de campeonato de la Liga Nacional.

Los amantes de las cábalas ya empiezan a hacer sus cuentas por la coincidencia de fechas de ambos batazos, pues entre uno y otro, no habían tenido los Dodgers un triunfo así, en el último inning en postemporadas.

Turner rompió un empate a una carrera para ponerle números definitivos a la pizarra 4-1 en un noveno episodio en el que el manager de Chicago, Joe Maddon, tomó decisiones muy cuestionables.

El inning lo abrió Yasiel Puig negociando boleto ante el zurdo Brian Duensing, a la postre perdedor del encuentro.

Puig llegó a segunda por toque de sacrificio de Joc Pederson y Dave Roberts, dirigente de los Dodgers, envió de emergente a Kyle Farmer.

ABC del béisbol: si pierdes con la carrera de segunda y la primera está desocupada, dale cuatro malas al bateador para buscar una doble matanza salvadora.

Maddon decidió que Duensing le lanzara a Farmer, quien abanicó para el segundo out del inning.

Ese era el hombre al que debió caminar y no a Chris Taylor, quien recibió boleto del derecho John Lackey, traído de relevo por segundo día consecutivo.

En esta situación, el último hombre que uno quisiera enfrentar de la alineación de los Dodgers es Turner, quien terminó botándole la pelota y decidiendo el choque.

Lackey lanzó en partidos consecutivos por primera vez en su carrera, pues siempre ha sido abridor.

En semejantes circunstancias, Maddon debió traer a su cerrador Wade Davis, un apagafuegos natural, para controlar la situación y entonces si acaso apelar a Lackey en un eventual extrainning, pero abriendo el episodio, como si estuviera iniciando el partido.

Después del juego, dijo que prefirió reservar a Davis para una situación de salvamento que nunca llegó.

Hizo las cosas mal y le costaron caras, pues ahora tendrá que tratar de remontar en el Wrigley Field, cuando las acciones se trasladen a la Ciudad de los Vientos el martes.

A diferencia de Maddon, Roberts sí trajo a su cerrador Kenley Jansen en el noveno con el juego empatado para tratar de asegurar esa entrada y dejar abierta la probabilidad de dejar al campo al rival en el cierre del capítulo.

Un acierto del manager de Los Angeles, quien presentó una alineación inexplicable, con Kike Hernandez como cuarto en la tanda, un hombre que bateó para .215 con sólo 11 bambinazos en toda la campaña y que es cualquier cosa menos un slugger.

La prueba es que envió a Chase Utley de emergente por él en el quinto inning. ¿Quién pone un sustituto por su cuarto bate? Nadie, si fuera uno de verdad.

Por cierto, Utley se ponchó y lleva 18 turnos seguidos en blanco en postemporadas.

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En un partido errático, pero que igualmente resultó ser una montaña rusa de emociones, los campeones Cachorros de Chicago derrotaron 9-8 a los Nacionales de Washington y avanzaron por tercer año consecutivo a la Serie de Campeonato de la Liga Nacional.

Mientras los cuatro primeros partidos de esta serie divisional se caracterizaron por la pobre ofensiva de ambos lados y el dominio casi absoluto del pitcheo, esta vez se anotaron 17 carreras entre ambos gracias a una combinación de batazos oportunos, errores increíbles y dos cuerpos de serpentineros que pasaron el Niágara en bicicleta para sacar cada out.

Willson Contreras celebra carrera de Cachorros
AP Photo/Pablo Martínez Monsiváis

Esta vez, tanto Joe Maddon, como Dusty Baker, manejaron acertadamente a sus lanzadores, sólo que casi ninguno respondió a la tarea, pero eso ya se va del alcance de los mentores.

¿Quién iba a imaginar que al mejor lanzador derecho de la actualidad en todas las Grandes Ligas le iban a pasar por encima como una aplanadora después de tener dos outs y las bases limpias?

Max Scherzer vino de relevo en el quinto episodio, con ventaja de 4-3, en una buena movida de Baker para tratar de impresionar a sus rivales al estilo de Madison Bumgarner en la Serie Mundial del 2014 contra los Reales de Kansas City.

Pero además de recibir castigo, su propio compañero de batería, el cátcher Matt Wieters, lo embarcó con dos pasboles y un error en tiro.

El casi héroe del partido fue Michael Taylor. Sin el renombre de Bryce Harper, Daniel Murphy o Ryan Zimmerman, el joven jardinero central de Washington demostró tener sangre fría para los grandes momentos, con su jonrón por segundo día consecutivo y su hit en el octavo para acercar a su equipo 9-8 en la pizarra.

Michael A. Taylor batea hit
AP Photo/Pablo Martínez Monsiváis

Pero no le alcanzó a los Nacionales, porque si Taylor fue el casi héroe, el venezolano Willson Contreras fue el héroe real del partido, el salvador del encuentro, con ese disparo a primera base para enfriar por un milímetro a su compatriota José Lobatón y poner fin a una amenaza que parecía indetenible.

Por la decisión original, Lobatón quedó a salvo en primera, pero cuando después de revisar el video, el umpire Jerry Layne levantó el brazo y decretó el out, el Nationals Park se convirtió en una gran funeraria.

Las más de 40 mil personas allí presentes sabían desde entonces que todo había terminado.

Wade Davis, en el rescate más largo de su carrera, lanzó dos entradas y un tercio. Milagrosamente, luego de tener severas dificultades para conseguir los primeros cuatro outs, se compuso de la mejor manera para retirar el noveno de 1-2-3, con ponches a Jayson Werth y Harper.

Por cierto que Werth pudo haber jugado su último partido con los Nacionales, pues será agente libre y difícilmente a la gerencia se le ocurra ofrecerle un centavo, después de un asalto a mano armada de 126 millones de dólares, uno de los peores contratos de la historia.

Chicago consigue su boleto fuera de casa. También lo hicieron los Dodgers en Arizona, los Yankees de Nueva York en Cleveland y los Houston en Boston.

Los Nacionales, una vez más, no consiguen avanzar más allá de la primera ronda de los playoffs.

Eso es algo que no puede medirse ni con las estadísticas tradicionales, ni son las sabermétricas.

¿Cómo puede pasar de manera colectiva a todo un equipo plagado de figuras estelares?

Eso es inexplicable, es un intangible que está flotando en el ambiente. Se llama falta de corazón.

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De nada valieron las 102 victorias en la temporada regular, 22 de ellas de forma consecutiva.

Los Yankees de Nueva York Yankees completaron el improbable milagro y extendieron un año más la espera de unos Indios de Cleveland que una vez más nadaron para morir en la orilla.

Didi Gregorius
Gregory Shamus/Getty Images

Tres momentos definieron el partido.

Didi Gregorius le anunció temprano a Corey Kluber que por muy Cy Young que sea, no es un hombre grande en postemporadas.

En el primer inning le botó la pelota sin nadie en bases para darle a los Yankees rápida ventaja.

El propio Gregorius volvió a sacarla con Brett Gardner en circulación en el tercero para facilitarle las cosas a un C.C. Sabathia magistral.

Cuando llegó a la organización de los Yankees en el 2015, el holandés dejó en claro que no venía a sustituir a Derek Jeter, el gran capitán retirado un año antes, sino que venía a hacer su juego y a aportar lo mejor que pudiera.

Aroldis Chapman
Ken Blaze/USA TODAY Sports

¡Y sí que lo ha hecho!

Y ese turno de Gardner en el noveno, con dos corredores en circulación y dos outs, fue simplemente épico.

Foul tras foul, el jugador que más tiempo lleva en la plantilla de Nueva York tuvo el que quizás haya sido el turno más importante de su carrera.

En el duodécimo pitcheo de Cody Allen conectó su etrcer indiscutible de la noche para darle al cerrador Aroldis Chapman un colchón de tres carreras de ventaja.

Chapman volvió a tener otro salvamento de dos innings, con cuatro abanicados. Para eso lo trajeron de vuelta después de haberlo soltado a mitad de la temporada pasada. Para eso lo convirtieron en el relevista mejor pagado de la historia.

En seis innings y dos tercios que ha trabajado en cuatro apariciones de la postemporada, ha ponchado a 13 bateadores con sus rectas de humo y sus efectivos sliders.

Nueva York logró el milagro de remontar una desventaja de 0-2 en la serie para ganar tres seguidos.

Ya lo había hecho contra los Atléticos de Oakland en la serie divisional del 2001, pero aquellos eran los Yankees de Jeter, de Jorge Posada, Paul O´Neill, Roger Clemens, Mariano Rivera, Andy Pettitte y Orlando "El Duque" Hernández.

Esta pandilla de inexpertos como los dos Aaron, Judge y Hicks, los dominicanos Luis Severino y Gary Sanchez y Greg Bird, no estaba supuesta a llegar tan lejos. De hecho, pocos le daban oportunidades de viajar a los playoffs.

Pero aquí están, preparando ya sus maletas para viajar a Texas y comenzar el viernes la serie de campeonato de la Liga Americana contra los Astros.

El momentum es de los Yankees. Eso de salir al terreno sin la condición de favoritos que casi siempre acompaña a esta

franquicia es algo que los convierte en rivales peligrosamente inspirados.

Ya los Indios lo probaron en carne propia. Ahora, 'Houston, you have a problem'.

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El drama extradeportivo en torno a la decisión de quién debía abrir este miércoles por los Washington Nationals en el cuarto partido de la serie divisional ante los Chicago Cubs se solucionó de la mejor manera.

Michael Taylor
AP Photo/Nam Y. Huh

Stephen Strasburg tomó finalmente la pelota, tras acusar supuestos síntomas de gripe y recibir duras críticas por una presunta falta de compromiso, y superó su propia actuación del primer día, al abanicar a 12 bateadores en siete entradas y llevar a los Nacionales a triunfo de 5-0, con lo que se empató la serie a dos victorias por bando.

Hizo 106 lanzamientos, 72 por la zona de strikes, nada mal para alguien con su salud quebrantada.

Sólo el venezolano Willson Contreras y el puertorriqueño Javier Baez se salvaron de ser ponchados por Strasburg, quien dejó a la alineación de los campeones en tres imparables, uno de ellos por dentro del cuadro.

Nacionales victoria Juego 4 SDLN
AP Photo/Nam Y. Huh

La suspensión del juego por lluvia el martes le dio al manager Dusty Baker un día más, para poder usar a Strasburg con el debido descanso, en lugar del derecho Tanner Roark, quien era el abridor designado originalmente.

Ante los síntomas gripales de Strasburg, Baker estaba decidido a mantener su decisión respecto a Roark, pero los señalamientos al pitcher en varios medios de prensa, incluido el influyente The Washington Post, lo hicieron recapacitar y pedir la pelota.

Hizo bien el manager en cambiar de opinión. Si Roark venía en su mejor noche y dominaba a Chicago, Baker, frecuentemente criticado por sus erráticas decisiones, habría quedado como un genio.

Pero si por el contrario, el serpentinero recibía una lluvia de palos, posiblemente este hubiera sido el último juego que dirigía el mentor con los Nacionales.

Si Strasburg hubiera venido mal, nada se le podría criticar a Baker, pues decidió morirse con su mejor caballo disponible.

Entretanto, los Nacionales sacaron provecho de un error del campocorto Addison Russell para fabricar la primera carrera que hubiera sido suficiente para la victoria.

La defensa de Chicago lleva seis marfiladas en cuatro partidos, demasiados en una serie tan cerrada, que no se ha ido de un solo lado en ninguno de los encuentros.

El tiro de gracia lo dio Michael Taylor con su jonrón con bases llenas ante Wade Davis en el octavo.

El quinto y decisivo partido se jugará en el Nationals Park de Washington, cuyo ganador avanzará a enfrentar a Los Angeles Dodgers a la serie de campeonato de la Liga Nacional.

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La Madre Naturaleza alargó un día más la espera. Demasiada lluvia sobre la Ciudad de los Vientos obligó a posponer hasta el miércoles el cuarto partido de la serie divisional entre los Cachorros de Chicago y los Nacionales de Washington.

En principio, parecería que la suspensión beneficiaría más a los Nacionales, que tendrían disponible y descansado al derecho Stephen Strasburg para iniciar en lugar del menos calificado Tanner Roark.

Lluvia en Wrigley Field
AP Photo/Nam Y. HuhLa lluvia impidió que los Cachorros y los Nacionales jugarán el cuarto partido de su Serie Divisional de la Liga Nacional.

Pero el manager Dusty Baker decidió mantener su elección inicial, a pesar de la gran actuación de Strasburg en el primer juego de la serie, con diez ponches en siete entradas.

Baker, cuyas malas decisiones tienen a Washington contra la pared, explicó que Strasburg no se siente bien de salud, aparentemente por un incipiente estado gripal.

El dirigente dijo que Roark cuenta con toda la confianza del equipo para encarar el decisivo compromiso.

A juzgar por la historia, a Roark (13-11, 4.67) no le ha ido mal en su carrera ante los Cachorros, contra quienes ha trabajado siete veces, seis como abridor, con saldo de 4-2 y efectividad de 4.06.

Este año, en una salida ante Chicago, lanzó seis y un tercio, con dos carreras permitidas, para apuntarse el éxito.

La lluvia entonces beneficia a los Cachorros, pues le da un día extra de descanso al abridor Jake Arrieta, relegado primero al tercer puesto y luego al cuarto turno de la rotación por molestias en el tendón de la corva de su pierna derecha.

El director Joe Maddon dijo que trató de darle todo el descanso posible para que se recuperara, aunque, más allá de su reconocida calidad como lanzador, el largo tiempo de inactividad y el estado real en que se encuentre la lesión son factores que pueden jugar en su contra.

No las ha tenido todas consigo frente a los Nacionales en su carrera. En nueve aperturas tiene balance de 1-2 y efectividad de5.48, la segunda peor ante cualquier equipo de la Liga Nacional, detrás de los Rockies de Colorado, ante quienes trabaja para promedio de limpias de 6.11.

En el 2017 tuvo una salida contra Washington y fue castigado con seis carreras, cinco de ellas limpias, en cuatro capítulos, en los que regaló seis bases por bolas.

Un triunfo de Chicago provocaría la repetición de la Serie de Campeonato de la Liga Nacional del pasado año ante Dodgers de Los Ángeles, que barrieron en tres juegos a los Diamondbacks de Arizona y esperan por rival.

De paso, para Washington sería su cuarta participación en series divisionales sin haber podido jamás avanzar a la siguiente ronda de los playoffs.

Si ganan los Nacionales, entonces el quinto y decisivo encuentro se disputaría el jueves en la capital del país.

Entonces habrá qué esperar hasta el miércoles para saber en realidad a cuál de los dos equipos benefició más el día extra.

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Por segunda ocasión en tres partidos, los abridores de los Nacionales de Washington mantienen sin hit a los Cachorros de Chicago por los primeros cinco o seis innings y luego el equipo termina perdiendo.

Max Scherzer no parecía el pitcher que venía de una lesión y por espacio de seis episodios tuvo a los actuales campeones en un puño.

En el séptimo, después de un out, Ben Zobrist rompió el encanto del no-hitter con un doblete.

Fue entonces que el manager Dusty Baker entró en pánico y con 98 lanzamientos a su haber, le pidió la pelota a Scherzer.

Nacionales Cachorros Juego 3 SDLN
Jonathan Daniel/Getty Images

Cuestionable la decisión. Si bien es cierto que el derecho había tenido molestias en la espalda por las que tuvo Baker que retrasar hasta el tercer juego su uso y 98 envíos es una cifra considerable, el estelar derecho merecía un voto de confianza después de semejante alarde de dominio.

Con la pizarra con ventaja mínima de 1-0, el manager trajo al rescate a Sammy Solís... ¡Sammy Solís! No estamos hablando de Mariano Rivera o de Trevor Hoffman.

Solís vino a intentar preservar la minúscula diferencia, pero el cubanoamericano Albert Almora Jr, de emergente por Kyle Schwarber, lo recibió con cañonazo remolcador del empate.

El siguiente hombre que enfrentó, Jason Heyward, también le pegó imparable, como para reconfirmarle al manager de los Nacionales el error monumental que cometió al sacar a su as.

Pero no pararon ahí los disparates del estratega de los Nacionales.

Con el juego empatado 1-1 en el octavo, la primera desocupada y corredor en segunda con la potencial carrera de la ventaja, prefirió lanzarle a Anthony Rizzo, el mejor bateador de los Cachorros, que había impulsado cuatro de las siete carreras fabricadas por su equipo en la serie.

Para ello trajo al veterano mexicano Óliver Pérez, por la manida costumbre del ''zurdo contra el zurdo''.

Es Óliver Pérez, no Aroldis Chapman...

Rizzo, quien esperaba que lo transfirieran intencionalmente, le disparó a Pérez imparable remolcador y al llegar a la inicial gritó a viva voz: ''¡A mí se me respeta!''.

Baker no respetó las jerarquías, ni de su abridor Max Scherzer, ni del toletero Anthony Rizzo y ahora Washington queda, una vez más, al borde de la eliminación en series divisionales, fase de la que nunca ha podido avanzar más allá.

El cuarto juego será en el Wrigley Field de Chicago y los Nacionales tendrán enfrente a Jake Arrieta, mientras por los visitantes subirá a la lomita Tanner Roark, quien al menos en el papel, no le llega a los tobillos a su más encumbrado rival.

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La ofensiva de los Nacionales de Washington lo dejó todo para el octavo inning, para vencer 6-3 a los Cachorros de Chicago y respirar en la Serie Divisional de la Liga Nacional.

Los poderosos bates de los Nacionales habían estado dormidos por espacio de 16 episodios, con apenas una carrera, producida por jonrón solitario de Anthony Rendón en el primer inning del segundo partido.

El abridor zurdo Jon Lester había continuado el dominio de su compañero Kyle Hendricks y Chicago amenazaba con limpiar completo a Washington en el Nationals Park, antes de que las acciones se trasladaran al Wrigley Field, en la Ciudad de los Vientos.

Bryce Harper batea con Nacionales
AP Photo/Pablo Martínez Monsiváis

Pero Bryce Harper convirtió el parque capitalino en un manicomio con su cuadrangular de dos carreras que igualó las acciones en el octavo, en mismo inning en el que Ryan Zimmerman definió con otro bambinazo con dos hombres en circulación.

Aquí salió a relucir la diferencia entre el pitcheo abridor y el relevo intermedio de los actuales campeones.

El puente entre los iniciadores y el cerrador Wade Davis tiene demasiadas fisuras, que se evidenciaron en el juego de este sábado.

Primero Carl Edwards Jr, que permitió el jonrón del empate de Harper, y luego Mike Montgomery, que toleró el de la ventaja de Zimmerman, no pudieron preservar el bien trabajo de Lester para entregarle el juego en bandeja de plata al cerrador Davis.

El manager Joe Maddon debería preocuparse también por la ofensiva de su equipo, que no ha estado muy productiva, apenas tres carreras en cada uno de los encuentros.

Si Stephen Strasburg y Gio González no se llevaron el triunfo en sus respectivas aperturas fue por falta de apoyo de sus compañeros, pues ambos serpentineros tuvieron sólidas salidas.

El lunes se reanuda la serie en Chicago, con Max Scherzer y el colombiano Jose Quintana, por los Nacionales y los Cachorros, respectivamente.

Por ahora, la tropa de Dusty Baker espantó el fantasma del fracaso, luego de que Washington haya quedado eliminado siempre en la primera ronda de los playoffs las tres veces anteriores que avanzó a la postemporada, en el 2012, 2014 y 2016.

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