Antes de arrancar la temporada mencionamos a diez jugadores que por diferentes razones valía la pena seguir en la temporada del 2017.

¿Cómo les ha ido después de un mes?

Algunos han tenido un comienzo monstruoso, otros no tanto y algunos no han hecho el más mínimo ruido, aunque todavía queda mucho camino por recorrer y tiempo para recuperarse.

1.- Bryce Harper, Nacionales de Washington

Bryce Harper
Geoff Burke/USA TODAY Sports
Después de ganar el premio de Jugador Más Valioso de la Liga Nacional en el 2015, los números de Harper cayeron considerablemente el año pasado, cuando el jardinero derecho de los Nacionales se vio aquejado de múltiples molestias.

Un Harper saludable y más maduro ha tenido un arranque devastador: average de .391 (tercero de todas las Grandes Ligas), nueve jonrones (quinto), 26 impulsadas (segundo), 32 anotadas (primero), 36 hits (segundo), ocho dobletes (noveno), 22 bases por bolas (primero), promedio de embasamiento de .509 (primero) y slugging de .772 (cuarto). Desde ya es candidato al MVP, si la salud lo acompaña.

Calificación: A+

2.- Andrew Benintendi, Medias Rojas de Boston

Andrew Benintendi
Maddie Meyer/Getty Images
Aclamado como el prospecto número uno de todo el béisbol, el jardinero izquierdo de los Boston Red Sox está en la que debe ser su primera temporada completa en las Mayores.

En su breve estancia en Grandes Ligas en el 2016, Benintendi cumplió con las expectativas y llevaba un paso ascendente, cuando una lesión lo sacó de juego desde el 25 de agosto hasta el 15 de septiembre.

En los primeros 23 juegos del 2017 disparó 30 hits en 90 turnos (.333), con 15 anotadas y 14 impulsadas, cuatro dobles y tres jonrones. Su OBP es de .392 y su slugging de .478.

Es una de las principales figuras ofensivas de los Boston Red Sox y desde ya gran aspirante al Novato del Año de la Liga Americana.

Calificación: A

3.- Gary Sánchez, Yankees de Nueva York

Gary Sanchez
Dan Hamilton/USA TODAY Sports
Bien, gracias. El cátcher dominicano de los New York Yankees se pasó casi todo el mes de abril en la lista de lesionados.

Apenas jugó cinco partidos y en 20 turnos disparó tres hits (.150).

Un desgarro en el bíceps derecho lo ha tenido fuera de la fiesta que están montando los Baby Bombers, de quienes Sánchez apunta a ser la nueva cara.

Calificación: F

4.- Greg Bird, Yankees de Nueva York

Greg Bird
Adam Hunger/Getty Images
Bien, gracias, segunda parte. El primera base de los Yankees, ausente por todo el 2016 debido a una lesión que sufrió en los entrenamientos primaverales del pasado año, no ha llenado als expectativas.

Seis hits en 56 turnos, para un anémico promedio de .107, es lo que ha conseguido hasta ahora Bird, quien se ha ponchado 21 veces.

Candidato a ser enviado a las Menores para que reajuste su swing, sino mejora en las próximas semanas.

Calificación: F

5.- Pablo Sandoval, Medias Rojas de Boston

Pablo Sandoval
Tom Szczerbowski/Getty Images
El venezolano Pablo Sandoval bajó de peso y se presentó en gran forma a los campos de entrenamientos.

Pero luego de una gran pretemporada, sus números en el primer mes de campaña han sido mediocres y decepcionantes.

Average de .213, tres jonrones y diez impulsadas es lo que dejó el Kung Fu Panda, quien el 25 de abril fue colocado en la lista de lesionados por problemas en un rodilla y no tiene fecha de regreso.

Calificación: D

6.- Eric Thames, Cerveceros de Milwaukee

Eric Thames
John Fisher/Cal Sport Media/AP Images
Después de desforrar pelotas por tres temporadas en la liga coreana, los Milwaukee Brewers le dieron a Thames una segunda oportunidad y hasta ahora el primera base no los ha hecho quedar mal a quienes confiaron en él.

Thames tuvo un paso fugaz e intrascendente por las Mayores (2011 y 2012), pero ahora ha vuelto como uno de los bateadores más temidos en todo el béisbol: con 11 cuadrangulares comparte con Ryan Zimmerman el liderazgo en ese departamento en ambos circuitos.

Además exhibe un alto average de .345 (de 84-29), seis biangulares, 28 anotadas y 19 remolcadas. Su slugging de .810 es el segundo mejor en ambas ligas.

Calificación: A+

7.- Yulieski Gurriel, Astros de Houston

Yulieski Gurriel
AP Photo/Gail Burton
No por gusto fue el pelotero cubano más codiciado por los cazatalentos en los últimos diez años.

Tras un inicio lento, que incluía la adaptación a su nueva posición de primera base, Gurriel hizo los ajustes necesarios y hoy exhibe el promedio más alto en la alineación de los Houston Astros (.329).

Ubicado en la parte baja de la alineación, sin la presión que implica estar entre tercero, cuarto o quinto, el cubano sin mucho ruido va demostrando que puede batear en el mejor béisbol del mundo, como ya lo hizo a su antojo en la liga profesional de Japón o en su país natal.

Al consumir 130 turnos, ni uno más, quedó justo en el límite para poder ser considerado en el 2017 al premio de Novato del Año.

Calificación: A

8.- Kris Bryant, Cachorros de Chicago

Caylor Arnold-USA TODAY Sports
El antesalista de los Cachorros de Chicago fue el mejor pelotero amateur del país en el 2013, el más sobresaliente de todas las ligas menores en el 2014, Novato del Año en la Liga Nacional en el 2015 y Jugador Más Valioso en el 2016, además de ganar la Serie Mundial y participar en los Juegos de las Estrellas en cada una de sus dos campañas en las Mayores.

Bryant, sin embargo, no ha comenzado a todo vapor en el 2017, aunque en la última semana de abril levantó un poco, como si ya fuera entrando en calor.

Average de .289, cuatro cuadrangulares, 18 anotadas y 14 empujadas en un mes son buenos números para la mayoría de los mortales, aunque inferiores para un jugador del calibre del antesalista de los Chicago Cubs.

Calificación: B

9.- Mike Trout, Angelinos de Los Angeles

Brian Rothmuller/Icon Sportswire
El mejor jugador de las Grandes Ligas en los últimos cinco años necesitaba 32 cuadrangulares para llegar a los 200. Ya suma siete y si consigue los 25 que le faltan antes de su cumpleaños, el 7 de agosto, se convertirá en apenas el octavo pelotero en alcanzar esa cifra antes de cumplir 26 años.

Además, ya superó en estos primeros 30 días de competencia las 500 remolcadas en su carrera y está a 47 imparables de los mil, a 16 dobletes de los 200 y a 52 bases robadas de las 200, pavimentando aún más su camino hacia Cooperstown.

Su arranque en el 2017 es uno de los mejores de su aún joven carrera. Va segundo en hits (36), cuarto en biangulares (9), décimo en vuelacercas (7), noveno en OBP (.443) y sexto en slugging (.707).

Calificación: A

10.- Yasiel Puig, Dodgers de Los Angeles

Kirby Lee/USA TODAY Sports
El jardinero derecho de los Dodgers comenzó impetuoso el 2017 y fue el primero en disparar tres cuadrangulares, cuando la temporada apenas había arrancado.

Pero el cubano ha sido inestable, con flashazos de grandeza, algún batazo enorme, un disparo certero desde los jardines, un buen corrido de bases.

Su inconsistencia puede ser resultado de la inestabilidad de la alineación de los Dodgers. Es díficl habituarse a batear cada día en un turno diferente de la tanda.

Calificación: C

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La noticia que parecía que nunca llegaríamos a escribir finalmente sucedió.

Murió Fidel Castro. El hombre que gobernó con mano durísima a los cubanos por más de medio siglo falleció en La Habana a los 90 años de edad.

Castro fue una presencia omnipotente en la vida de varias generaciones de sus compatriotas y su poder de injerencia alcanzó todos los sectores de la sociedad cubana.

Fidel Castro
AP Photo/FileEl deporte fue quizás uno de los campos en los que Fidel Castro dejó una huella más profunda, marcada por contradicciones, logros y fracasos.
Todo pasaba por él, desde las decisiones más trascendentales de Estado, hasta las más insignificantes, como los precios de los cigarrillos en el mercado interno.

El deporte fue quizás uno de los campos en los que el gobernante dejó una huella más profunda, marcada por contradicciones, logros y fracasos.

Bajo su prolongado mandato, el deporte cubano se elevó a niveles superlativos, convirtiéndose en una potencia a nivel mundial.

Antes del triunfo de la revolución de 1959, los éxitos del deporte cubano se circunscribían principalmente al béisbol y al boxeo, con algunos logros esporádicos individuales, como los de José Raúl Capablanca en el ajedrez o Ramón Fonst en la esgrima.

En los últimos 56 años, Cuba ha tenido campeones olímpicos o mundiales en voleibol, béisbol, lucha libre y grecorromana, esgrima, levantamiento de pesas, atletismo, taekwondo, judo, tiro, boxeo y canotaje.

Pocas naciones del planeta pueden vanagloriarse de tantos logros en disciplinas tan diversas. Castro aprovechó las millonarias subvenciones que recibió por décadas de la Unión Soviética y creó un entramado de escuelas deportivas en toda la isla que captó a cuanto muchacho con talento había, para formarlo hasta convertirlo en campeón.

Ahí están las cifras y las medallas para demostrar que desde 1959, el deporte cubano recibió un empujón único, cuyo impulso ya ha perdido por diferentes razones y posiblemente nunca más volverá a tener.

Son hechos que no pueden negarse, aunque sea cuestionable el costo económico y sobre todo, humano, en que se incurrió por usar los triunfos del llamado "deporte revolucionario" como una bandera de propaganda política del régimen.

Castro eliminó el profesionalismo del deporte y cerró de golpe el flujo de peloteros a las Grandes Ligas en un momento en que Cuba era por mucho la principal fuente de jugadores extranjeros en la Gran Carpa.

El mejor béisbol del mundo se perdió a la generación más brillante de peloteros que ha dado la isla, como Omar Linares, Luis Giraldo Casanova o Antonio Pacheco, por sólo citar tres de cientos de nombres que podían haber deslumbrado a las Grandes Ligas.

Al abolir el deporte rentado, el gobernante proclamó "el triunfo de la pelota libre sobre la pelota esclava". En realidad, Castro esclavizó no sólo a los peloteros, sino a todos los deportistas de cualquier disciplina, quienes eran obligados a dedicar sus triunfos al "invicto Comandante".

Atletas que pudieron brillar como profesionales y haber asegurado una existencia sin carencias económicas eran obligados a subsistir con míseros estipendios y algunos de ellos, los más privilegiados, eran premiados con pequeños departamentos o pequeños autos Lada de fabricación soviética.

Algunos de los más fieles exponentes del deporte cubano en el último medio siglo, como el tricampeón olímpico de peso pesado en boxeo, Teófilo Stevenson, o la bicampeona mundial de 800 metros planos Ana Fidelia Quirot, fueron manipulados a su antojo por el gobernante.

Por razones políticas, Castro les negó a Stevenson y Quirot el sueño de coronas olímpicas, al sumarse al boicot soviético a los Juegos de Los Angeles 1984.

Cuatro años más tarde, el propio gobernante trató de probar su liderazgo a nivel internacional y convocó a un boicot a la edición de Seúl 1988, que sólo fue secundado por Nicaragua y Norcorea.

Stevenson habría ganado un cuarto título en 1984, tras sus triunfos en Munich 1972, Montreal 1976 y Moscú 1980, mientras que Ana Fidelia no tenía rival en el mundo en 1988, ni en 800, ni en 400 metros planos.

Pero un caprichoso Castro los dejó a ambos en casa, mientras el mundo celebraba la fiesta olímpica por todo lo alto.

Stevenson y Quirot son dos de los ejemplos más notables, pero junto a ellos, el gobernante les cortó de golpe los sueños a una generación de deportistas, sin importarle los años de esfuerzos y entrenamientos, muchas veces en condiciones bien distantes de las ideales.

Y ¡ay! de aquellos que osaran escapar en busca de decidir su destino por sí mismos. Sobre ellos caía el repudio del gobierno, que los trataba como traidores a la Patria, como desertores, como si se tratara de un ejército.

Pero la fuga de deportistas se hizo cada vez más frecuentes y la prensa oficialista dejó de reseñar en sus páginas las constantes escapadas. Los esclavos comenzaron a abrir los ojos y a romper el cerco para decidir por sí mismos su vida.

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La sabermetría le ganó la batalla a las estadísticas tradicionales en la elección del Jugador Más Valioso de la Liga Americana.

El premio recayó en el jardinero de Angelinos de Los Ángeles Mike Trout, quien venció en la votación al guardabosque de los Medias Rojas de Boston Mookie Betts y al segunda base venezolano José Altuve, de los Astros de Houston.

Betts superó a Trout en hits (214 a 173), dobletes (42 a 32), jonrones (31 a 29), carreras impulsadas (113 a 100) y average (.318 a .315).

El de los Angelinos anotó una carrera más (123 a 122), robó 30 bases, por 26 el de los Medias Rojas, recibió más bases por bolas (116 a 49), pero se ponchó 57 veces más (137 a 80).

Ambos quedaron empatados en triples, con cinco y Trout tuvo las cifras más altas en el inexacto WAR (10.6), algo inexplicable al sentido común, si Betts (9.6) lo superó en los principales indicadores.

Mike Trout
AP Photo/Kelvin KuoMike Trout fue superado pr Mookie Betts en hits (214 a 173), dobletes (42 a 32), jonrones (31 a 29), carreras impulsadas (113 a 100) y average (.318 a .315) en la temporada 2016.
Defensivamente, el de Boston fue también superior e incluso se llevó el Guante de Oro.

Por si fuera poco, el aporte de Betts fue fundamental para que los Medias Rojas regresaran a la postemporada, tras dos campañas previas en las que el equipo terminó último en la división Este de la Liga Americana, algo que los Angelinos no consiguen desde el 2014.

Para Trout fue su segundo galardón en cinco años, con tres segundos lugares, uniéndose a Johnny Bench, Mickey Mantle, Stan Musial y Jimmie Foxx como los únicos ganadores del premio en par de ocasiones antes de cumplir 25 años.

Lo de Kris Bryant en la Liga Nacional se veía venir.

Novato del Año en el 2015, el antesalista de los Cachorros de Chicago se burló de la maldición de la segunda temporada, en que incrementó sus números.

En el 2014 había sido elegido el mejor jugador de las Ligas Menores y en el 2013 el más sobresaliente del béisbol colegial.

Bryant disparó 39 cuadrangulares y remolcó 102 carreras, anotó 121, cifra máxima en el viejo circuito. Además, acumuló 35 biangulares y tres triples.

Daniel Murphy, de los Nacionales de Washington, terminó segundo en la votación, mientras que Corey Seager, de Dodgers de Los Ángeles, designado Novato del Año unánimemente cuatro días atrás, finalizó tercero.

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"Si Dios quiere estaré aquí de nuevo el año que viene". La frase que dijo Aroldis Chapman tras concluir la Serie Mundial fue sólo eso, una frase.

Difícilmente, el lanzador más intimidante de todo el béisbol, con su recta supersónica de hasta 105 millas por hora estará salvando juegos para los flamantes campeones Cachorros de Chicago en el 2017.

Theo Epstein lo tomó en alquiler para cumplir un objetivo y lo logró. Ganó la primera corona para los Cachorros en 108 años, con Chapman como factor imprescindible en la postemporada.

Pero desde que el cubano se cambió el uniforme de los Yankees de Nueva York por el de Chicago el 25 de julio en canje por cuatro prospectos, la gerencia de su nuevo equipo dejó en claro que no le ofrecería un contrato a largo plazo.

Claro, que los conceptos podrían haber cambiado después de la victoria y ahora que los Cachorros intentarán repetir la corona en el 2017, el lanzallamas entraría en la ecuación como una pieza clave en el futuro inmediato.

Pero la realidad financiera del equipo es otra. La plantilla del equipo al inicio de la campaña era de poco más de 116 millones de dólares, con lo que se ubicaba en el lugar 14 entre las 30 franquicias del béisbol.

Pasó poco tiempo para que la gerencia se percatara del disparate que fue el contrato de 184 millones para un pelotero mediocre como Jason Heyward y difícilmente abrirán los Cachorros el bolsillo de par en par por el cerrador cubano.

Aroldis Chapman
Elsa/Getty ImagesChapman salvó 20 partidos con los Yankees mientras que logró rescatar 16 para los Cachorros en la temporada 2016.
Tal vez convenga más repetir la movida del 2016: esperar a mediados de temporada para buscar un refuerzo antes de la fecha límite.

Chapman estaría en camino de convertirse en el relevista mejor pagado de la historia, con un contrato de al menos seis campañas que rondaría los 90-100 millones de dólares.

Aunque la mayoría de los equipos quisiera tener a un cerrador como él, es muy probable que Chapman vuelva a ponerse el uniforme rayado de los Yankees.

Si los Yankees consiguen firmarlo, habrían completado una jugada magistral, que se inició cuando Dodgers de Los Angeles lo rechazaron luego del caso de violencia doméstica en que se vio envuelto.

Nueva York se lo llevó cuando estaba, digamos, moralmente depreciado y lo canjearon a Chicago en julio a cambio de cuatro de los mejores prospectos, lo que le permitió a los Yankees rearmar su granja.

Si lo traen de vuelta sería una jugada magistral de Brian Cashman, quien aspira a armar un bullpen de lujo, con el dominicano Dellin Betances, el cubano Chapman y posiblemente Greg Holland, quien viene de una operación Tommy John.

Ya el equipo de la Gran Manzana anunció que enviaría observadores a la exhibición de Holland este lunes, con un interés más que especial.

Con Betances para lanzar el séptimo inning, Holland el octavo y Chapman cerrando el noveno, los Yankees volverían a tener un trío de lujo para los finales de cada juego, lo cual aliviaría considerablemente el trabajo de sus abridores.

Los Yankees, además, tienen ahora mismo flexibilidad financiera, tras salir de varios contratos que pesaban más que un piano en una escalera y han hecho disminuir en 66 millones su nómina proyectada para el 2017, en comparación con la que tuvieron este año.

Obviamente, otros equipos tratarán de hacerse de los servicios del supersónico zurdo, pero ya Chapman probó el sabor de estar en la franquicia más laureada de la historia y le gustó, mucho más ahora que el futuro se ve promisorio.

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Atención, Cleveland: Si en un futuro inmediato los Indios regresan a la Serie Mundial, permítanle a Rick Vaughn, alias Charlie Sheen, hacer el lanzamiento de honor en el primer partido que se juegue en el Progressive Field.

En un deporte que como ningún otro potencia las supersticiones, las cábalas y conjuros, ya se ha empezado a atribuir la derrota de los Indios a la negativa de permitirle al controversial actor hacer ese pitcheo simbólico.

Es cierto que Sheen, en su vida real, va sembrando el caos y la polémica por dondequiera que pasa, pero su otro yo, el que hace temblar al estadio con el sonar de la canción "Wild Thing", enfundado en su uniforme de la tribu, con el número 99 en la espalda y ridículas gafas, es un ícono en el imaginario popular de la ciudad.

Rick Vaughn es al béisbol de Cleveland lo que Rocky Balboa, alias Sylvester Stallone, al boxeo en Filadelfia. Se trata de personajes que trascendieron más allá de la gran pantalla para alojarse para siempre en el corazón de los fanáticos.

Lo bueno para Sheen y para los Indios es que podría haber una nueva oportunidad, porque este equipo tiene futuro y deberíamos verlo muy pronto inmerso nuevamente en la lucha por la corona que no consiguen desde 1948.

Terry Francona, el manager que en el 2004 deshizo con los Boston Red Sox el maleficio de Babe Ruth, se equivocó al manejar su pitcheo a lo largo de toda la serie, aunque no fue hasta el séptimo juego en que se desmoronó su estrategia.

Francona decidió utilizar una rotación de tres hombres, lo cual forzó a que cada uno trabajara con muy poco descanso.

Ni Trevor Bauer, ni Josh Tomlin pudieron hacer su trabajo con tres días de reposo, mientras que el as de los Indios, Corey Kluber, lo consiguió una vez, pero falló cuando fue requerido nuevamente para el partido decisivo.

Si Kluber hubiera sido el mismo pitcher dominante de sus dos primeras aperturas de la Serie Mundial, el manager habría quedado como un genio, pero al fracasar ese plan, es ahora blanco de cuestionamientos.

Todavía es un misterio por qué nunca le dio una oportunidad al novato Ryan Merritt, el abridor del juego ante los Toronto Blue Jays que le dio a los Indios el pasaporte a la Serie Mundial.

Merritt, con apenas cuatro juegos en su carrera, tres de ellos como relevista, demostró de qué está hecho, al dominar a los Azulejos, a pesar de las presiones que quisieron ponerle veteranos rivales como el dominicano José Bautista.

Pero ya no hay remedio y sólo queda mirar hacia adelante.

Charlie Sheen
Diamond Images/Getty ImagesRick Vaughn, papel interpretado por Charlie Sheen en la película Major League, es al béisbol de Cleveland lo que Rocky Balboa, alias Sylvester Stallone, al boxeo en Filadelfia.
Cleveland tiene un equipo joven, cuyo núcleo permanecerá en la organización por varios años.

El campocorto puertorriqueño Francisco Lindor, líder indiscutible del conjunto, a pesar de su juventud e inexperiencia, el segunda base Jason Kipnis y el antesalista dominicano José Ramírez estarán en el equipo por un buen tiempo antes de llegar a la agencia libre.

El cuerpo de serpentineros abridores está en la misma situación, con Kluber, Bauer, Tomlin, Merritt y el regreso del dominicano Danny Salazar y el venezolano Carlos Carrasco, quienes estuvieron fuera de los planes por lesiones.

¿Cuán distinta podría haber sido la historia si Carrasco y Salazar hubieran estado disponibles? Eso nunca lo sabremos.

También se espera el regreso para el 2017 de estelar jardinero Michael Brantley, apartado del juego por lesión desde el primer mes de la temporada que acaba de concluir.

Podría la gerencia intentar traer de regreso al veterano Mike Napoli para defender la inicial o al dominicano Carlos Santana, ambos en camino a la agencia libre, como mismo sería clave firmar a largo plazo al apagafuegos Andrew Miller, para garantizar los innings finales junto a Cody Allen.

Con los Tigres de Detroit en planes de desmantelamiento, los Reales de Kansas City en modo residual de aquel equipo que llegó dos veces seguidas a la Serie Mundial en el 2014 y 2015, con unos Medias Blancas de Chicago que no consiguen despertar a pesar de su potencial y unos miserables Minnesota Twins, los Indios salen desde ya como favoritos para dominar la división central de la Liga Americana.

Pero, eso sí, dénle la oportunidad a Rick Vaughn, no vaya a ser que a la tribu le caiga una maldición y sus fanáticos tengan que esperar 108 años como los Chicago Cubs para poder ganar una Serie Mundial.

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Nueve innings no fueron suficientes para definir una de las Series Mundiales más dramáticas de la historia, entre los dos equipos que más tiempo llevaban sin ganar la corona.

Hizo falta un capítulo adicional, con la tensión adicional de una espera, breve, pero espera al fin, por una repentina llovizna sobre el Progressive Field de Cleveland.

Hemos sido testigos de uno de los mejores séptimos juegos de un clásico de otoño, con batazos extraordinarios, costosos errores tácticos y emociones al por mayor.

Ben Zobrist
David J. Phillip/AP PhotoBen Zobrist conectó el doble para impulsar carrera en la 10ª entrada para darle ventaja a los Cachorros en el Juego 7 de la Serie Mundial.
Los Cachorros de Chicago rompieron finalmente una espera de 108 años y enterraron definitivamente a ese chivo maldito que con el paso del tiempo pesaba más que un elefante obeso. Los Cachorros cerraron con su victoria número 114 del año, entre la campaña regular y todas las fases de la postemporada, a pesar de que el manager Joe Maddon en ocasiones daba la impresión de que hacía todo lo posible por perder.

La vida le dio la razón a quienes 24 horas antes criticaron el innecesario uso y abuso del cerrador Aroldis Chapman, sometido a un trabajo excesivo.

Esta vez Chapman no pudo exhibir su velocidad aterradora y de 35 pitcheos que hizo en un inning y un tercio de labor, sólo ocho sobrepasaron las 100 millas por hora, muestra del cansancio acumulado por el excesivo trabajo.

El cubano permitió un épico jonrón del veterano Rajai Davis que igualó las acciones en el final del octavo, aunque para los libros de récords, a pesar de echar a perder el salvamento, quedará como el lanzador ganador del juego con el que los Cachorros consiguieron su primer banderín desde 1908.

Maddon dirigió contra la lógica, con el absurdo como patrón, pero ya todo eso pasa a un segundo plano y a los ojos del mundo queda como el genio que rompió la maldición.

Por el contrario, Terry Francona, el manager que en el 2004 deshizo con los Medias Rojas de Boston el maleficio de Babe Ruth, se equivocó al manejar su pitcheo a lo largo de toda la serie, aunque no haya sido hasta ahora que pudimos comprobarlo.

Todavía es un misterio por qué nunca le dio una oportunidad al novato Ryan Merritt, el abridor del juego ante los Azulejos de Toronto que le dio a los Indios el pasaporte a la Serie Mundial.

Merritt, con apenas cuatro juegos en su carrera, tres de ellos como relevista, demostró de qué está hecho, al dominar a los Azulejos, a pesar de las presiones que quisieron ponerle veteranos rivales como el dominicano José Bautista.

Sin embargo, Francona decidió jugársela con una rotación de tres hombres, con poco descanso entre ellos y le salió mal.

Ni Trevor Bauer, ni Josh Tomlin pudieron hacer su trabajo con tres días de descanso, mientras que el as de los Indios, Corey Kluber, lo consiguió una vez pero falló cuando fue requerido nuevamente con tres días de descanso para el partido decisivo.

Los Indios deberán seguir esperando hasta al menos un año más y quién sabe si vuelven a encontrarse con el Cachorros, equipo cuyo núcleo es muy joven y con condiciones para establecer una dinastía.

Entretanto, en Chicago, preparen la mesa, que hoy se come chilindrón.

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Los Cachorros de Chicago forzaron el séptimo juego de la Serie Mundial al vencer por paliza a los Indios de Cleveland, que soñaban con festejar este martes su primera corona desde 1948.

Pero los Cachorros atacaron temprano al abridor Josh Tomlin y después de dos outs le fabricaron tres carreras en el primer episodio, con la ayuda de una inexplicable falta de comunicación entre los jardineros derecho y central, Lonnie Chisenhall y Tyler Naquin, respectivamente.

Tomlin, que en su salida anterior había permitido apenas dos hits en 4.2 innings, fue duramente castigado esta vez con seis limpias en los dos episodios y un tercio que pudo mantenerse en el montículo.

Esta pobre salida del derecho de Cleveland, unida a la derrota sufrida el domingo por el abridor Trevor Bauer ponen en tela de juicio la estrategia del manager Terry Francona de usar una rotación de tres lanzadores, pues solamente Corey Kluber, quien lanzará en el séptimo encuentro, ha sido capaz de responder con tres días de descanso.

Depende ahora de Kluber comprobar si el plan de Francona era el acertado o si fue lo que terminó costándole a los Indios su primer título en 68 años. Pero si de manejar mal el pitcheo se trata, el director de Chicago, Joe Maddon, hoy se pasó de la línea.

Con el juego en ventaja cómoda de 7-2, a la altura del séptimo innings y dos outs en la pizarra, llamó del bullpen sin siquiera situación de salvamento al lanzallamas cubano Aroldis Chapman, quien dos días antes había hecho el relevo más largo de su carrera.

No había necesidad. O al menos, no había la urgencia. Chapman sacó el tercer out del séptimo y retiró el octavo.

En el principio del noveno, Anthony Rizzo amplió la pizarra a 9-2 con bambinazo con uno a bordo y aun así, Maddon lo mandó a iniciar el último inning, en lugar de darle un merecido descanso.

Los sacó luego de transferir al primer bateador del inning y con una ventaja ya de siete anotaciones.

Pero con esa decisión a todas luces de pánico, Maddon envía en primer lugar un mensaje de desconfianza al resto de los relevistas, quienes ayudaron a llegar hasta este punto antes de que el cerrador cubano fuera transferido desde los Yankees a mitad de campaña.

Y en segundo lugar, somete a su relevista estrella a un trabajo excesivo e innecesario, cuyas consecuencias pueden salir a relucir cuando requiera sus servicios en el juego decisivo.

En la base por bolas que le concedió a Brandon Guyer, el único bateador que enfrentó en el noveno, ninguno de los pitcheos de Chapman sobrepasaron las 99 millas por hora, presunta prueba de que el cansancio haya comenzado a hacer mella en el hombre que más duro lanza una pelota de béisbol.

Este miércoles sabremos a quien le salió bien o mal la manera de manejar su pitcheo, tanto a corto, como a largo plazos.

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Ya sabemos qué puede hacer Corey Kluber con tres días de descanso y de lo que no es capaz Trevor Bauer con el mismo tiempo de reposo. Ahora toca averiguar a cuál de los dos se parece Josh Tomlin en la misma situación.

La Serie Mundial regresa a Cleveland, donde Tomlin tendrá a su cargo el juego más importante de su vida, el que puede poner fin a una sequía de títulos de béisbol para esta ciudad que viene desde 1948.

Los Indios de Cleveland van por la gloria, mientras los Cachorros de Chicago por la supervivencia, colgados del brazo del derecho Jake Arrieta.

En su salida anterior, Arrieta sacó lo mejor de sí cuando más lo necesitaba su equipo, luego de dos aperturas fallidas en las primeras rondas de la postemporada.

Pero no le bastará a Chicago con otra sólida actuación de su abridor.
Jake Arrieta
Ezra Shaw/Getty ImagesEn su salida anterior, Arrieta sacó lo mejor de sí cuando más lo necesitaba su equipo, luego de dos aperturas fallidas en las primeras rondas de la postemporada.
Los Cachorros necesitan batear o al menos, hacer contacto con la pelota, ponerla en juego, algo que le ha resultado harto difícil en esta serie, en la que sus jugadores se han ponchado 53 veces en 167 turnos, lo que equivale a un abanicado por cada tres veces al bate.

En tres de los cinco encuentros celebrados, los bateadores de Chicago se han ponchado ocho veces. Eso es casi un tercio de los outs del partido por la vía de los strikes.

En los otros dos juegos, las cifras de abanicados han sido mayores aun: 15 el primer día y 14 el más reciente. O sea, en ambas ocasiones, más de la mitad de los outs por ponchetes.

Joe Maddon tiene que dejar de dirigir por capricho y hacer los cambios pertinentes en la alineación para provocar esa sacudida imprescindible para forzar un séptimo encuentro.

Ahora tiene el favor del bateador designado, por lo que podrá contar nuevamente con Kyle Schwarber en ese rol.

Pero no será suficiente con la presencia del "Schwarbino", quien a pesar de disparar tres hits y remolcar dos carreras en los dos primeros juegos en Cleveland, también se engulló cuatro ponches.

Maddon debería bajar a Ben Zobrist a su posición original de segunda base y darle descanso al boricua Javier Báez, quien ha visto descender su producción dramáticamente en comparación con la Serie de Campeonato de la Liga Nacional, al poncharse 11 veces en 21 turnos.
Josh Tomlin
Otto Greule Jr/Getty ImagesJosh Tomlin tendrá que hacer lo mismo que sus compañeros Trevor Bauer y Corey Kluber, lanzar con tres días de descanso.
También es hora de colocar al cubano Jorge Soler en la alineación y, ¿por qué no? al venezolano Miguel Montero por su compatriota Willson Contreras, otro que se ha enfriado preocupantemente.

Alentador resultó el aparente despertar de Kris Bryant y Addison Russell en el Juego 5 de la serie.

El antesalista llevaba una racha de 15-1 antes de conectar el jonrón que igualó las acciones en el tercer inning, mientras que Russell, también de 15-1, disparó un par de imparables y tuvo además buenos turnos incluso cuando falló.

Si ambos consiguen sumarse a Zobrist y a Anthony Rizzo al ataque y Arrieta puede avanzar en el partido lo más profundo posible, para que el lanzallamas Aroldis Chapman tenga que trabajar lo justo y no en exceso, la Serie Mundial entre los dos equipos con más tiempo sin ganar la corona tendría su definición el último día, para bien del espectáculo.

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