Antes de que termine esta semana, quizás esta misma noche del martes, la del 2017 será la temporada con más cuadrangulares en la historia de las Grandes Ligas.

Hasta ahora, la campaña con más vuelacercas fue la del año 2000, con 5,693 pelotas más allá de las cercas.

En el 2017, hasta los juegos del lunes, se habían disparado 5,677, a 16 de igualar la marca.

Dada la cifra de bambinazos, cuando restan poco menos de dos semanas del calendario regular, la proyección apunta a que se pegarán unos 6,143 palos de vuelta completa.

Según el Elias Sports Bureau, el 42.4 por ciento de todas las carreras que se han producido en el año han sido por la vía de los jonrones, cifra que también representa un récord histórico. La cota anterior, de 40.2, data del pasado año.

Asimismo, por cada partido, se dispara un promedio de 2.53 cuadrangulares, para dejar atrás la marca de 2.34 de la contienda del 2000.

Tres de los cuatro meses más productivos en materia de cuadrangulares en la historia se contabilizaron en el 2017.

En agosto se botaron 1,119 bolas sobre las cercas. En junio fueron 1,101 y en mayo 1,060. El récord anterior databa de mayo del 2000, con 1,069.

Por primera vez en cuatro años, un jugador supera los 50 vuelacercas.

Giancarlo Stanton
Mark Brown/Getty ImagesGiancarlo Stanton ha sido el máximo jonronero esta temporada en MLB y podría llegar a los 60 bambinazos, algo que no se logra desde 2001.
El último en hacerlo fue Chris Davis (53 en el 2013) y ya Giancarlo Stanton, de los Marlins de Miami, lleva 55 y podría incluso alcanzar las seis decenas, algo que no ocurre desde que Barry Bonds (73) y Sammy Sosa (64) lo hicieron en el 2001, durante la era de los esteroides.

En el 2014, el dominicano Nelson Cruz fue el máximo jonronero en la Liga Americana, con apenas 40, mientras que Stanton encabezó el viejo circuito con 37.

Ahora, un hombre como el cubanoamericano J.D. Martínez, que se perdió mes y medio de acción al inicio de la campaña, ya acumula 40 vuelacercas en 109 juegos.

En el 2017, además de Stanton y Martínez, ya superó los 40 el novato Aaron Judge, cifra que debe aumentar por la cercanía y el paso que llevan Khris Davis (39), y Justin Smoak y los debutantes Cody Bellinger y Joey Gallo, los tres con 38.

Además, ya son 31 los bateadores que llegaron o superaron los 30 estacazos, cifra respetable que merece calificación de A para quien lo consiga en una temporada.

La pregunta que muchos se hacen es, ¿a qué se debe esta avalancha de jonrones al por mayor como nunca antes en la historia?

Inmediatamente comienzan a aparecer teorías múltiples para tratar de explicar el fenómeno.

Las hay desde más hasta menos lógicas, sin que falte alguna que otra conspirativa que va desde el cambio climático, tan de moda en estos días, como el surgimiento de una nueva generación de esteroides imposibles de detectar en los controles antidopaje.

Hay quienes alegan que las temperaturas se han elevado algunos grados como promedio y eso hace menos denso el aire, por lo que las pelotas viajan más fácilmente.

Obviamente, quienes esgrimen esas razones no han visto los juegos de abril, cuando arranca la campaña, o de finales de septiembre y principios de octubre, cuando algunos jugadores usan pasamontañas para proteger el rostro del frío tremendo y la mayoría del público se enfunda en mullidos abiertos, con las excepciones de Florida, Arizona y los estadios del sur de California.

Lo de la nueva generación de sustancias prohibidas, podría ser posible, pues se sabe de siempre que los infractores le llevan siempre uno o dos pasos de ventaja a quienes se encargan de perseguirlos.

Pero un principio básico de las leyes, al menos en Estados Unidos, es que uno es inocente hasta tanto se demuestre lo contrario y no se puede acusar sin pruebas a una generación considerada en gran medida limpia, a pesar de que la política antidopaje de las Grandes Ligas tiene demasiadas grietas aún, sobre todo en la parte disciplinaria.

Por otro lado, se señala que en los últimos años se ha alterado el tamaño de la pelota.

Dos investigadores, Ben Lindbergh, de la revista The Ringer, y el sabermétrico Mitchel Lichtman, descubrieron que desde el 2016, las bolas son ligeramente más pequeñas y las costuras están más apretadas, de modo que no sobresalen tanto sobre la superficie, lo cual haría menos resistencia en el aire.

Sin embargo, esa reducción del tamaño de la pelota, que las Grandes Ligas insisten en negar, todavía estaría dentro de los límites de medidas aceptados por las reglas.

Pero tal vez la explicación más cercana a la realidad sea la que dio el líder histórico en cuadrangulares, Barry Bonds, uno de los mejores bateadores que haya pisado jamás un terreno de béisbol.

Para Bonds, la clave principal en el aumento de la ofensiva está en la cada vez menor calidad e inteligencia de los lanzadores.

"Ahora la mayoría de los pitchers sólo se preocupan por tirar duro, sin desarrollar o perfeccionar otros envíos de su repertorio o trabajar en su control. Eso los hace demasiado predecibles y permite a los bateadores ajustarse a la velocidad", dijo recientemente en una entrevista el Rey del Jonrón.

Rectas sin mucho movimiento, al medio del plato, son un manjar para los bateadores, por muy veloces que vengan los envíos.

No es de extrañar que 3,188 jonrones hayan sido conectados sobre ese tipo de lanzamientos, mientras que sólo 1,391 fueran sobre curvas o sliders y 1,098 con cutters o sinkers.

Si no pregúntenle a Aroldis Chapman, el hombre que más rápido ha lanzado una pelota de béisbol, quien lo ha experimentado en carne propia en más de una ocasión, a pesar de superar con facilidad las 100 millas por hora.

Pitchear no es tirar duro. Pitchear es un arte que consiste en tirar bolas que parezcan strikes y strikes que parezcan bolas, al decir del maestro Greg Maddux, un hombre que a duras penas llegaba a 89-90 mph con su recta, pero ganó 355 juegos que lo llevaron a la inmortalidad en el Salón de la Fama de Cooperstown.
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Sí, ya sé que Charlie Sheen no es el mejor modelo a seguir, pero nadie ha llevado a los Indios de Cleveland más cerca de ganar una Serie Mundial que él, aunque haya sido en la ficción.

¿Cómo? ¿Qué no ha visto usted la película Major League, de 1989, en la que Rick ''Wild Thing'' Vaughn lanzaba más duro que Aroldis Chapman y Pedro Cerrano bateaba jonrones más largos que Giancarlo Stanton y el Juez (Aaron Judge)?

Una de las mejores cintas sobre béisbol, Major League --y luego Major League II y Major League III: Back to the Minors-- narra la historia de una pandilla de malos jugadores contratados por los Indios, cuya dueña quería que el equipo quedara en último lugar para mudarlo a Miami, ciudad que para entonces no tenía franquicia de Grandes Ligas (Los Marlins nacieron en 1993). ''Wild Thing'' (Sheen), Cerrano (Dennis Haysbert), Willie Mays Hayes (Wesley Snipes), Jake Taylor (Tom Berenguer) y Roger Dorn (Corbin Bernsen) son la base de aquellos Indios que en la época en que se filmó la película llevaban 35 años sin ir a postemporadas.

Charlie Sheen y Tom Berenger en Major League
Janet Macoska/Michael Ochs Archives/Getty ImagesCharlie Sheen y Tom Berenger aparecieron en la película 'Major League' en 1989, en la que Rick ''Wild Thing'' Vaughn (Sheen) lanzaba más duro que el cubano Aroldis Chapman.

De buenas a primeras, Cleveland volvió a estar en el mapa beisbolero gracias a la cinta dirigida por David Ward mientras en la vida real, la franquicia sufría con 29 campañas negativas de 35 posibles desde que perdió la Serie Mundial de 1954 ante los Gigantes de Nueva York.

Hasta entonces, los Indios eran el hazmerreír de la Liga Americana, que desde la película y sus dos secuelas hasta la fecha, ha asistido a otros tres clásicos de octubre, aunque sin ganar ninguno de ellos.

Cleveland ganó las Series Mundiales de 1920 y 1948, pero en sus siguientes cuatro visitas octubre (1954, 1995, 1997 y 2016) ha salido siempre por la puerta estrecha.

Algo tienen que hacer ahora, desde lo humano hasta lo divino, para tratar de romper esa racha.

El año pasado, le negaron a Sheen, un tipo de conducta escandalosa, el honor de lanzar la primera pelota en el choque inaugural de la Serie Mundial ante los Cachorros de Chicago.

Si la tribu llega a la máxima instancia de la postemporada en el 2017 también, déjenlo que lo haga esta vez e inviten a la ceremonia además a Haysbert, a Berenguer, a Bernsen y a Snipes, pues a fin de cuentas, todo es parte de un show antes de que empiece el juego.

No vaya a ser que le caiga al equipo la maldición de Jobú, la deidad africana que veneraba Cerrano, un santero que huyó de Cuba buscando libertad religiosa, según cuenta la película.

Rhys Hoskins
Eric Hartline-USA TODAY SportsEl toletero de los Filis se ha erigido como la gran figura del futuro dentro de la franquicia, ya que en apenas 34 juegos, ya acumula 18 HR en 118 turnos, el que más rápido ha llegado a esa cifra en toda la historia de MLB.
¿Recuerdan cómo el dominicano Gary Sánchez irrumpió en Grandes Ligas el año pasado con la intensidad de un huracán de categoría 5?

¿Se acuerdan de cómo, a pesar de haber jugado apenas 53 partidos con los Yankees de Nueva York, fue considerado para el premio de Novato del año de la Liga Americana, aunque finalmente se lo llevó Michael Fulmer, el lanzador derecho de los Tigres de Detroit?

Pues bien. Rhys Hoskins, el jardinero y primera base de los Filis de Filadelfia es el Gary Sánchez del 2017. Y más.

El cátcher de los Yankees despachó 20 cuadrangulares y remolcó 42 carreras en 201 veces al bate, con 60 imparables y average de .299.

Fue tal el despliegue ofensivo del dominicano en tan corto lapso de tiempo, desde que fue llamado de las Menores el 4 de agosto, que su nombre se mencionó cada vez con más fuerza para el galardón de mejor debutante, hasta quedar en segundo lugar de las votaciones.

Fullmer, con 11 ganados, siete perdidos y efectividad de 3.06 en 26 aperturas, se llevó el premio con 26 votos de primer lugar, mientras que Sánchez obtuvo los cuatro restantes.

Al final decidió el mayor tiempo de juego del derecho de Detroit, a pesar de que sus números no fueron verdaderamente extraordinarios.

Entonces ahora aparece Hoskins, con los Filis en pleno proceso de reconstrucción, para erigirse como la gran figura del futuro dentro de la franquicia, algo así como el secreto mejor guardado de la organización.

Llegó a las Grandes Ligas el 10 de agosto y cinco juegos después disparaba sus dos primeros bambinazos. En cuatro campañas en las Menores, Hoskins ya había mostrado poder en sus muñecas, al conectar 93 vuelacercas y remolcar 337 carreras en 455 encuentros.

Pero su transición a las Mayores ha sido más fácil de lo que le resulta a casi la totalidad de los jugadores, al punto de inscribir desde ya su nombre en los libros de récords.

En apenas 34 partidos, ya acumula 18 jonrones en 118 veces al bate, convirtiéndose en el pelotero que más rápido ha llegado a esa cifra en toda la historia del béisbol.

Hoskins, que jugó una temporada en la liga profesional australiana y participó con los Gigantes del Cibao en la pasada campaña de la pelota invernal dominicana, también acumula ya 39 impulsadas.

En otras palabras, está a dos cuadrangulares y tres empujadas de conseguir lo que a Gary Sánchez le tomó 53 juegos y a los Filis todavía le restan 16 partidos para completar el calendario regular.

De no perderse ninguno de los juegos faltantes, terminaría el año con 50 partidos, tres menos que Sánchez. Y si mantiene este ritmo, llegaría a 26 jonrones y 57 remolques.

En un ejercicio matemático puro, a este paso, en una temporada completa de 162 partidos, lograría botar 85 pelotas y empujaría 185 carreras, aunque, obviamente, el béisbol no es una ciencia exacta y en la medida en que los pitchers lo vayan conociendo harán sus ajustes para evitar semejante abuso.

¿Merece entonces ser considerado al premio de Novato del Año a pesar de haber participado solamente en el 31 por ciento de los compromisos de su equipo?

¡Claro que sí! Más que merecido, aunque al igual que Sánchez el año pasado, quedará en segundo lugar en las votaciones.

Hay por ahí un tal Cody Bellinger, de Dodgers de Los Angeles, que debería barrer la totalidad de los votos de la Asociación de Escritores de Béisbol de América (BBWAA).
Shohei Otani
Atsushi Tomura/Getty ImagesShohei Otani suma balance de 40-15 en 80 aperturas, con efectividad de 2.57 como lanzador en la liga japonesa.
Shohei Otani, el llamado Babe Ruth japonés, podría aterrizar en el 2018 en las Grandes Ligas y ya varios equipos comienzan a frotarse las manos y a hacer sus cálculos para hacerse de sus servicios.

La comparación de Otani con el Bambino viene dada por la rara capacidad del japonés de desempeñarse con calidad tanto en la lomita, como en la caja de bateo.

Pero hasta ahí. Paren de contar. El 'Sultán de la Estaca' es la encarnación suprema del béisbol, con casi 100 triunfos como serpentinero y 714 cuadrangulares, por sólo citar dos de sus extraordinarias estadísticas.

Posiblemente los 30 equipos hagan su apuesta por el versátil jugador, incluso los más pobres, pues el sistema de posteo para tener derecho a negociar con Otani ya está limitado a 20 millones de dólares, que recibiría el equipo Nippon Ham Fighters, al que pertenece, en tanto el máximo contrato posible que puede conseguir es de 10.5 millones, por tratarse de un agente libre con restricciones.

En otras palabras, como no ha completado seis temporadas en su país y apenas tiene 23 años, no podrá firmar un megacontrato que sí lograría si esperara un par de campañas más.

Entonces, dadas esas condiciones, es de imaginar que casi todo el mundo intentará capturar la presa, que se antoja barata de acuerdo con las expectativas que despierta.

Sin embargo, por poco dinero que cuesta, la apuesta sigue siendo arriesgada y no hay garantía de que repita en el mejor béisbol del mundo sus actuaciones de Japón.

Como bateador, en cinco años como profesional, sus números no han sido para nada extraordinarios, de esos que dejan a cualquiera con la boca abierta.

Sólo una vez, en el 2016, sobrepasó los 100 partidos jugados (104), cuando logró sus mejores números en jonrones (22) e impulsadas (67).

Shohei Otani
AP Photo/Shizuo KambayashiEn 390 desafíos en la liga profesional japonesa, Otani batea de por vida para .301, con 47 bambinazos y 163 remolques en 995 turnos.
En total, en 390 desafíos en la liga profesional japonesa, Otani batea de por vida para .301, con 47 bambinazos y 163 remolques en 995 turnos.

Como pitcher, suma balance de 40-15 en 80 aperturas, con efectividad de 2.57, aunque en el 2017 ha estado lesionado de su brazo de lanzar y presenta récord de 1-2 con 6.97.

Es un hombre ponchador, pues ha abanicado a 605 rivales en 528 episodios.

Esas son, a 'grosso modo', los principales números de su carrera en Japón, que no son para abrir demasiado los ojos, ni la chequera.

Además, están los antecedentes de otros jugadores venidos de Japón con una aureola mística, sin que en su mayoría hayan logrado traducir esa grandeza a tierras estadounidenses.

Hasta la fecha, 63 peloteros nacidos en Japón han llegado a las Grandes Ligas.

Sólo uno, Ichiro Suzuki, ha sido una estrella en toda la dimensión de la palabra y sólo es cuestión de tiempo que entre al Salón de la Fama de Cooperstown.

Depende de cuando decida retirarse y espere los cinco años reglamentarios para su inmortalización.

Después de Ichiro, el único de los jugadores de posición con actuaciones sobresalientes fue Hideki Matsui, quien en su país era apodado 'Godzilla', pues era un verdadero monstruo con el madero, con un promedio de 33.2 jonrones por año.

Aunque fue un buen jugador, sobre todo con los Yankees de Nueva York, nunca llegó a justificar la fama de rompecercas que lo precedía, al disparar 175 bambinazos en diez temporadas en las Mayores.

Si hablamos de serpentineros, apenas dos, Hideo Nomo y Tomokazu Ohka, han podido sostenerse por diez o más campañas en Estados Unidos.

Nomo tuvo siete campañas con más de diez triunfos y terminó su carrera con 123-109 y efectividad de 4.24, bueno, pero nada del más allá, mientras que Ohka fue un mediocre que dejó marca de 51-68, con promedio de limpias de 4.26.

¿Recuerdan el revuelo que causó Daisuke Matsuzaka con su supuesto envío del 'gyroball'?

¿O ya olvidaron a Hideki Irabu, quien se hacía llamar el Roger Clemens japonés, a quien George Steinbrenner rebautizó como 'cerdo gordo'?

Con todo y que la liga profesional japonesa es la segunda mejor del mundo, la diferencia de calidad con las Grandes Ligas es abismal y la transición se hace en extremo difícil.

Con esos antecedentes y los números que el propio Otani ha puesto hasta ahora con los Nippon Ham Fighters, no veo razón para ese entusiasmo desmedido o exagerado por su próxima llegada a las Mayores.
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Mientras entramos en la recta final de la temporada regular, comienzan los debates sobre los candidatos a los principales premios individuales.

Sin dudas el que más polémica genera es el galardón de Jugador Más Valioso, pues los analistas y el público en general no llegan a ponerse de acuerdo en qué cosa es ser realmente "valioso".

Algunos se van por las frías estadísticas que no siempre revelan el verdadero valor de un pelotero.

Otros se inclinan por aquellos cuyos equipos avancen a los playoffs, lo cual tiene cierta lógica, pero tampoco encierra una justicia absoluta, pues si usted pone números de lujo, pero el resto del equipo no funciona, la culpa no es suya.

Entonces, se mencionan varios nombres, de acuerdo con las diferentes circunstancias, como Paul Goldschmidt, de los Diamondbacks de Arizona, Nolan Arenado o Charlie Blackmon, de los Rockies de Colorado , o Giancarlo Stanton, de los Marlins de Miami, en la Liga Nacional, o el venezolano José Altuve, de los Astros de Houston, y Mike Trout, de Angelinos de Los Ángeles, en la Americana.

Sin embargo, hay peloteros valiosísimos, imprescindibles, que ni siquiera estarán en la conversación, aunque sin sus aportes, posiblemente sus equipos no estarían hoy con un pie dentro de la postemporada.

Altuve posiblemente se lleve el MVP del joven circuito y nadie puede ponerlo en duda.

El pequeño gigante ha tenido una campaña extraordinaria y encabeza la Americana en average (.351), hits (183), bases robadas (31) y en el polémico e inexacto indicador sabermétrico WAR (7.3), además de haber sido el alma de la ofensiva de los Astros.

Pero probablemente Houston no estuviera en la cómoda posición en que se encuentra, de cara a los playoffs, sin el trabajo del también venezolano Marwin González, indiscutiblemente el mejor utility del 2017 en todo el béisbol.

González se ha desempeñado con excelencia e incansablemente en las cuatro posiciones del cuatro interior y en los jardines derecho e izquierdo, como un comodín invaluable para el manager A.J. Hinch.

Fue un sustituto más que decoroso del estelar campocorto puertorriqueño Carlos Correa durante el tiempo que estuvo lesionado y además, ofensivamente, ha puesto los mejores números de su carrera, con 21 cuadrangulares y 78 carreras impulsadas, con average de .296 en 116 partidos.

Y si versátil ha sido con el guante, también lo ha resultado con el madero, al pasar por todos los turnos de la alineación, excepto los puestos uno y tres de la tanda, a pesar de que cada espacio en el orden tiene funciones diferentes.

¿No es eso ser valioso?

Harry How/Getty ImagesJ.D. Martínez ha tenido un impacto inmediato con los Diamondbacks. Desde que llegó de Detroit, el pelotero de origen cubano ha pegado 18 cuadrangulares y remolcado 40 carreras en 42 juegos.
¿Y qué tan valioso ha sido el cubanoamericano J.D. Martínez para los Diamondbacks?

Luego de perderse por lesión mes y medio al inicio de la contienda, cuando militaba con los Tigres de Detroit, Martínez fue transferido el 18 de julio a Arizona, que necesitaba un bateador de poder ante la lesión del cubano Yasmany Tomás.

Desde entonces, ha sido un abusador con el pitcheo rival y su impacto para su nuevo equipo puede ser comparable con el que tuvo el cubano Yoenis Céspedes a su llegada a los Mets de Nueva York a mitad del 2015.

Con Céspedes cambió la suerte de los Mets, que desbancaron a los Nacionales de Washington en la división Este de la Liga Nacional y llegaron hasta la Serie Mundial, aunque la perdieron ante los Reales de Kansas City.

En aquel momento, el cubano despachó 17 jonrones y remolcó 44 anotaciones para Nueva York.

Con el uniforme de los D'Backs, el cubanoamericano nacido en Miami ha disparado 18 jonrones e impulsado 40 carreras en 42 partidos.

El climax de su faena fue este lunes, cuando disparó cuatro cuadrangulares en un solo partido nada menos que ante Dodgers de Los Ángeles, el equipo que hace dos semanas atrás parecía invencible y que de pronto se ha desinflado, con 11 derrotas en sus últimos 12 partidos. Entonces, vuelvo a preguntar: ¿No es eso ser valioso?
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A pesar de su segunda mitad miserable, Aaron Judge es el único candidato lógico para ganar por unanimidad el premio de Novato del Año de la Liga Americana.

Luego de su épico triunfo en el Derby de Jonrones, Judge se ha desplomado como cae un piano desde un edificio, indetenible, contundente.

Desde que se reanudaron las acciones tras la pausa del Juego de las Estrellas disputado en Miami el 11 de julio, el jardinero derecho de los Yankees de Nueva York ha disparado 31 hits en 165 turnos, para un anémico average de .188, con 73 ponches, que representa abanicar en el 44.2 por ciento de las oportunidades.

Pero el Juez no es Joc Pederson, aquel jardinero central de Dodgers de Los Angeles que tuvo una primera mitad extraordinaria en su año de novato en el 2015 que hasta fue al Juego de las Estrellas, para luego entrar en un slump que le dura hasta nuestros días, al punto de andar errando por las Ligas Menores de la organización angelina.

En la primera parte del calendario, el gigante de 6.7 de estatura y 282 libras de peso puso números extraordinarios que en cierto momento lo tuvieron a la cabeza de la Triple Corona del joven circuito.

Al momento de la pausa por el clásico veraniego, Judge promediaba para .329, llevaba 30 cuadrangulares y había impulsado 66 carreras.

Fue tan estrepitosa su caída que llegó a sumar una seguidilla de 37 juegos consecutivos con al menos un ponche.

El hombre que dos meses atrás estaba cada día en los titulares por sus descomunales batazos, pasó a ser noticia por su incapacidad de darle a la pelota.

Pero aun así, es el Juez y no otro el que merece el premio de mejor debutante.

Porque como mismo es cierto que lidera las Mayores en ponches recibidos (182), encabeza la Liga Americana en departamentos trascendentales, como las carreras anotadas (102), jonrones (38), bases por bolas (104), promedio de embasamiento (.412), slugging (.570) y OPS (slugging + OBP), con .982.

Son siete sus liderazgos, incluido el de los ponches, sobre todos los demás bateadores del joven circuito.

Pero si lo comparamos con los otros novatos, ni el cubano Yuli Gurriel (Astros de Houston), ni Andrew Benintendi (Medias Rojas de Boston) y Trey Mancini (Orioles de ) siquiera se le acercan en los principales indicadores ofensivos.

Gurriel encabeza a los debutantes en average (.293), hits (135) y dobletes (36), y Ben Gamel, de los Seattle Mariners, es el que más triples ha bateado (4).

Todos los demás departamentos están ampliamente en manos del Juez.

No existe un premio de novato de la primera mitad del año y otro para la segunda parte. Es la suma de lo que se haga a lo largo de los 162 partidos del calendario regular.

Fijarse sólo en la debacle del mes de agosto a la hora de votar sería un acto de injusticia.

La sentencia está en las manos de los miembros de la Asociación de Escritores de Béisbol de América (BBWAA). Caso cerrado.
Una máxima beisbolera reza que las Series Mundiales no se ganan en octubre, sino entre julio y agosto.

Y no le falta razón. Son esos los meses en que los equipos con aspiraciones de llevarse la corona suman piezas que pueden resultar decisivas en la postemporada.

En un cambio de último momento, los Astros de Houston adquirieron al derecho Justin Verlander, de los Tigres de Detroit, para reforzar una rotación abridora que venía cayéndose en pedazos en fechas recientes.

Si bien a sus 34 años Verlander ya no es aquel super pitcher que ganó en el 2011 los premios Cy Young y Jugador Más Valioso de la Liga Americana, sigue siendo un hombre confiable, que ha tomado un segundo aire en su carrera, después de perderse casi todo el 2015.

Verlander (10-8) llega a los Astros en su mejor momento de la temporada, con cinco victorias en sus últimas siete aperturas con los Tigres, con una derrota y otro partido en que salió sin decisión, lo cual le ha permitido mejorar su efectividad de 4.50 a 3.82, además de propinar 50 ponches en 49 episodios.

Sin dudas su llegada a Houston viene a apuntalar a una rotación que ha despertado demasiadas dudas en el último mes.

El zurdo Dallas Keuchel, con una primera mitad impecable (9-0, 1.67), apenas suma dos triunfos con tres derrotas en la segunda parte, con 23 limpias permitidas en 38.2 innings, para una efectividad de 5.28.

Mike Fiers (8-9, 4.55) perdió cuatro de cinco decisiones en agosto, con 27 limpias permitidas en 32.2 episodios.

Joe Musgrove tuvo que ser enviado al bullpen por inefectivo y Lance McCullers (7-3, 3.92) no lanzó en todo el mes de agosto por problemas en la espalda. McCullers podría incorporarse a mediados o finales de la semana próxima, lo cual, junto con la llegada de Verlander, pondría a los Astros nuevamente en condiciones de llegar lejos en la postemporada y quién sabe si hasta la Serie Mundial.

Mejor aún: para el entrante fin de semana está previsto el regreso del puertorriqueño Carlos Correa a la alineación, ya recuperado de la operación en el pulgar izquierdo. Su vuelta al juego le daría mayor impulso a una ofensiva que encabeza todas las Grandes Ligas en carreras producidas (735), promedio colectivo de bateo (.284), porcentaje de embasamiento (.347), slugging (.484), hits (1,315) y dobletes (277), en tanto va segunda en jonrones (204), apenas uno menos que los Orioles de Baltimore. Entretanto, los Tigres siguieron la limpieza de su casa, pues además de Verlander, se deshicieron del jardinero Justin Upton, transferido a Angelinos de Los Ángeles.

Semanas antes habían salido del jardinero J.D. Martínez, el cátcher Alex Ávila y el relevista Alex Wilson, el primero canjeado a los Diamondbacks de Arizona y los dos últimos a los Cachorros de Chicago.

Detroit ha decidido comenzar a reconstruir su equipo, luego de que el proyecto fabricado en torno al venezolano Miguel Cabrera fracasara sin haber podido ganar la Serie Mundial.

Dura tarea la que tiene por delante la gerencia, pues habrá que remodelar la plantilla a pesar del pesado fardo que representa el contrato de Cabrera, a quien le adeudan todavía 184 millones de dólares, cuando el venezolano parece haber entrado en la curva descendente de su carrera.

Pero por lo pronto ya se quitaron de arriba los 88.5 millones que quedan pendiente en el pacto con Upton hasta el 2021 y los 56 millones que cobrará Verlander hasta el 2020.
Giancarlo Stanton
Jeff Curry/USA TODAY SportsEl toletero Giancarlo Stanton ha sido una de las estrellas de los Marlins gracias a que ha podido mantenerse saludable toda la temporada.
Aunque todavía la tienen difícil, si los Marlins de Miami consiguen colarse en la postemporada habrán protagonizado uno de los mayores milagros deportivos de todos los tiempos.

No comparen a estos Marlins con los del 2003, aquellos que empezaron con el pie izquierdo y terminaron ganando la Serie Mundial.

Aquellos rebosaban talento (Iván Rodríguez, Miguel Cabrera, Mike Lowell, Dontrelle Willis, Josh Beckett, Brad Penny, Derrek Lee, Luis Castillo, Alex González, Ugueth Urbina, Jeff Conine) y sólo necesitaban de una mano que los guiara al éxito, como ocurrió con la llegada de Jack McKeon al puente de mando.

No, el equipo de este año es distinto. Ni el presidente del partido de los optimistas hubiera apostado un centavo por los Marlins del 2017, que con una guerrilla llena de remiendos tiene soñando a sus fanáticos en el sur de la Florida.

Un equipo que comenzó la temporada tratando de recoger todavía los pedazos de la tragedia de la muerte de su astro José Fernández y con más interrogantes que respuestas no era favorito ni para sus propios aficionados.

Rosario de calamidades

La desesperanza se agudizó pronto, cuando comenzaron a caer como moscas varias piezas supuestamente claves dentro del equipo, algunas por lesiones, otras por bajo rendimiento, que llevaron a los Marlins a tener un mes de mayo infame, de los peores de su historia, con 18 derrotas en 28 juegos.

Martin Prado
Rob Foldy/Getty ImagesEl capitán Martin Prado empezó en la lista de lesionados y poco después de regresar se despidió por el resto de la campaña.
Su capitán Martín Prado, el antesalista de excelsa defensa, empezó en la lista de lesionados y poco después de regresar se despidió por el resto de la campaña.

El primera base Justin Bour, en la que parecía su temporada de consagración, también lleva tiempo fuera, aunque hay una esperanza ligera de que regrese en septiembre.

Tres de los cinco integrantes originales de la rotación abridora en el inicio de la temporada tampoco están.

Steve Mitchell-USA TODAY SportsEdinson Volquez no ganó su primer juego hasta el 29 de mayo, después de siete derrotas seguidas. Y cuando empezaba a encontrar su paso, con un no hitter incluido, se lesionó el codo y posiblemente este sea el final de su carrera.
El veterano dominicano Edinson Vólquez, contratado en el invierno para ser el primer pitcher del staff abridor, no ganó su primer juego hasta el 29 de mayo, después de siete derrotas seguidas.

Y cuando empezaba a encontrar su paso, con un juego sin hits ni carreras, incluido, se lesionó el codo y posiblemente este sea el final de su carrera.

Además de Volquez, no están más el zurdo taiwanés Wei-Yin Chen y el derecho Tom Koehler, dos de los cinco integrantes de la rotación original al inicio de la campaña.

Chen se lesionó desde el 5 de mayo y Koehler fue dado de baja por pobre rendimiento.

Adam Conley, otro de los abridores del quinteto original, tuvo que ser bajado a las Menores y sólo después de su regreso se ha comportado a la altura de las circunstancias.

Solamente Dan Straily ha estado a tiempo completo como puntal de una rotación improvisada que ha deparado más de una grata sorpresa.

Jose Urena
Robert Mayer/USA TODAY SportsJose Ureña, un hombre que ni siquiera se sabía en los entrenamientos primaverales si comenzaría la temporada en el equipo o si era enviado a las Menores, suma 12 victorias, entre los mejores de la Liga Nacional.
El derecho dominicano José Ureña, un hombre que ni siquiera se sabía en los entrenamientos primaverales si comenzaría la temporada en el equipo o si era enviado a las Menores, suma 12 victorias, entre los mejores de la Liga Nacional.

Vance Worley, el cubano Odrisamer Despaigne, Justin Nicolino, Chris O´Grady (también lesionado tras causar muy buena impresión) y Jeff Locke han sido varias de las "curitas" para remendar la rotación abridora, en el cuerpo de relevistas también ha dado alguna que otra grata sorpresa, como el diestro Drew Steckenrider o el zurdo dominicano Jarlin García.

Ante semejante panorama, la gerencia empezó a desprenderse de algunas piezas para aligerar la carga de cara al proceso de venta que está casi finiquitado.

El cubano Adeiny Hechavarria, campocorto titular en los últimos años, fue enviado a cambio de casi nada a los Rays de Tampa Bay, pero cuando parecía que el equipo había encontrado a su sustituto en el novato J.T. Riddle, este también quedó fuera hasta el 2018 por una lesión, quedando la posición en manos del venezolano Miguel Rojas.

El cerrador A.J. Ramos fue canjeado a los Mets de Nueva York y David Phelps a los Marineros de Seattle, con lo que el bullpen perdió a sus dos hombres de los innings finales.

Las esquinas del cuadro también han sido remendadas con Derek Dietrich en la antesala, mientras que Tyler Moore y el venezolano Tomas Telis, tercer cátcher del equipo, se comparten la defensa de la inicial.

Pasito a pasito, suave, suavecito

Marlins Outfielders
Steve Mitchell/USA TODAY SportsLos jardineros de los Marlins han sido de los más productivos en esta temporada en Grandes Ligas.
Sólo su trío de jardineros (Giancarlo Stanton, Christian Yelich y Marcell Ozuna), su segunda base Dee Gordon y el receptor J.T. Realmuto se han mantenido saludables a lo largo del año.

Tras un comienzo lento, en que debió ser movido del cuarto al segundo turno, y tras un pequeño ajuste en el plato con inmensos dividendos, Stanton se ha convertido en una máquina infernal de conectar jonrones, justificando finalmente su megacontrato de 325 millones de dólares.

El dominicano Ozuna ha tenido la mejor campaña de su carrera y ya superó por primera vez los 30 jonrones y las 100 remolcadas.

En torno a los oportunos batazos de estos dos hombres, comenzó un proceso de recuperación a partir de junio, imperceptible en sus inicios, hasta que finalmente los Marlins volvieron a tener hace apenas una semana atrás, récord ganador por primera vez desde abril.

Brad Ziegler asumió el papel de cerrador tras la partida de Ramos y desde entonces ha convertido sus nueve oportunidades de salvamentos sin permitir carreras en 12 salidas en todo el mes de agosto, para liderar a un bullpen que ha trabajado más de 480 innings, el segundo en todas las Grandes Ligas.

De pronto, las cosas empezaron a salir bien y desde el 1 de junio, Miami ha jugado para balance de 46 victorias y 35 derrotas.

A falta de dos juegos en agosto, los Marlins exhiben balance de 66-65 y podrían entrar a septiembre con récord positivo por primera vez desde el 2009.

Calendario favorable en la recta final

De los 31 partidos que les restan en el calendario, 17 son en casa y 18 son contra equipos de récord perdedor: Filis de Filadelfia (7), Bravos de Atlanta (8) y los Mets (3).

Les quedan duras porfías como visitantes en Arizona y Colorado, pero son los Diamondbacks y los Rockies justamente los dos equipos que ahora mismo comandan la lucha por los comodines, así que esos enfrentamientos, así como tres pendientes contra los Cerveceros de Milwaukee en Miami, podrían ser la clave en el destino final del equipo.

Además, Rockies y Diamondbacks tienen seis juegos pendientes entre ellos, en los que pueden despedazarse entre sí para beneficio de los Marlins.

A eso súmenle que a Colorado le restan siete encuentros contra la aplanadora de los Angeles Dodgers, el equipo con mejor marca en todas las Grandes Ligas, que también deberá jugar seis veces ante Arizona.

Los Cerveceros, en tanto, también por encima de Miami en la batalla del wildcard, deberán chocar cuatro veces con los Nacionales de Washington, el equipo con el segundo mejor récord del viejo circuito, siete con los Cachorros de Chicago, líderes de la división central, y tres contra los Cardenales de San Luis, otro que no ha tirado la toalla y tiene probabilidades de clasificación.

El camino para la tropa de Don Mattingly es cuesta arriba, como si se tratara de una guerrilla que lucha contra ejércitos bien armados.

Pero con los jonrones de Stanton y una resistencia a prueba de balas hasta el último out de cada juego, estos Marlins han hecho tanto ruido ya que son plato obligado en el menú de cualquier conversación beisbolera.

Entonces, se vale soñar.
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Baseball, MLB, Miami Marlins

Las tragedias naturales tienden a sacar lo mejor de los seres humanos y la solidaridad supera diferencias sociales, políticas y económicas ante la certeza de que nadie queda es inmune a la fuerza de la Madre Naturaleza.

Por eso provoca rabia cuando alguien, nadando contra la corriente, trata de especular con la desgracia o simplemente se mantiene indiferente ante el sufrimiento.

Hoy no hay un equipo más odiado en todas las Grandes Ligas que los Rangers de Texas y merecido lo tiene.

Las redes sociales han estallado contra la gerencia de Texas por su falta de solidaridad cuando parte de ese estado sufre los embates del huracán Harvey.

AP Photo/Mark J. Terrill

Los Astros de Houston debían recibir en el Minute Maid Park a los Rangers para una serie de tres juegos entre martes y jueves, pero con la ciudad bajo las aguas tras el paso del ciclón, era imposible llevar a cabo los partidos en ese escenario.

Fue entonces que los Astros hicieron una propuesta lógica: intercambiemos nuestras series, teniendo en cuenta que los dos equipos tienen previsto otro enfrentamiento en el Ballpark de Arlington, sede de los Rangers, entre el 25 y el 27 de septiembre.

La respuesta fue negativa y los argumentos más que ridículos, sobre todo porque esconden un egoísmo crudo y brutal en momentos donde peligran las vidas de miles de personas y lo menos importante es el béisbol.

Para colmo, se trata de equipos de la misma patria chica, del mismo estado de Texas, independientemente de la rivalidad que pueda existir entre los dos conjuntos.

Caramba, cuando los atentados terroristas del 11 de septiembre del 2001, la gente de los Medias Rojas de Boston tendieron su mano a sus archirrivales Yankees de Nueva York.

De igual modo, los Yankees expresaron su solidaridad con los Medias Rojas tras el ataque de la maratón de Boston el 15 de abril del 2013.

Y son dos equipos que se piden la cabeza, que han protagonizado varias de las reyertas más sonadas en la historia del béisbol.

Pero hay momentos en que todo eso tiene que pasar a un segundo plano para dar paso a lo que realmente importa.

El gerente de Texas, Jon Daniels, dijo que aceptaba recibir a los Astros entre martes, miércoles y jueves en Arlington para la serie que tocaba ahora en Houston, pero sin intercambio de sede, pues, según señaló, el equipo tenía preocupaciones por sus fanáticos que habían comprado ya sus boletos para la serie del 25 al 27 de septiembre.

Además, a Daniels sólo le interesaba que si ellos hacían el intercambio, los Rangers habrían jugado fuera de casa en cuatro de las últimas cinco series de la temporada.

''No sentimos que era correcto darle a nuestros fanáticos un aviso apenas 24 horas antes de que sus boletos para finales de septiembre se tendrían que usar ahora esta semana'', dijo el gerente.

¿En serio? Estas excusas son indignantes y sólo muestran a unos Rangers que tratan de sacar provecho de la desgracia de Houston.

Lamentablemente, la clase no se compra. Es una manera de conducirse en la vida.

Después no se quejen quienes obran malintencionadamente si cae sobre los Rangers una maldición como la del Bambino, que tuvo a Boston sin un título por 86 años, o la de la cabra, por la que los Cachorros de Chicago estuvieron más de siete décadas sin ir a una Serie Mundial.

A los miembros de la Asociación de Escritores de Béisbol de Estados Unidos (BBWAA) que les toque votar por el premio Cy Young de la Liga Americana ya no la tienen tan fácil.

Si la campaña terminara ahora mismo, el zurdo Chris Sale, de los Medias Rojas de Boston, debería ganar el galardón de manera unánime, pues comparte el liderazgo de victorias en el joven circuito (14) con el también zurdo Jason Vargas, de los Reales de Kansas City, va segundo en efectividad (2.88) y es líder absoluto en ponches en todas las Mayores, con 253.

Además, es segundo en la Americana en WHIP (bases por bolas y hits por inning), con 0.93.

En cuanto a los abanicados, tiene un promedio de 9.7 ponches por juego y teniendo en cuenta que deben quedarle siete aperturas en la campaña, lleva un paso para terminar con 321, con lo que se convertiría en el primer lanzador de la Liga Americana con superar los 300 chocolates desde que en 1999 lo hiciera Pedro Martínez (313), precisamente con Boston.

Chris Sale
Frank Franklin II/AP PhotoChris Sale no ha ganado en sus tres últimas aperturas, con dos derrotas y un partido sin decisión, con palizas en las dos salidas más recientes.
Sin embargo, el zurdo no ha ganado en sus tres últimas aperturas, con dos derrotas y un partido sin decisión, con palizas en las dos salidas más recientes.

En esos dos encuentros ha sido bateado libremente, con 11 carreras, diez de ellas limpias, y 14 hits, en diez episodios de labor.

Además, para un hombre que ha ponchado a diez o más bateadores en 16 de sus actuaciones en el 2017, llama la atención que en su más reciente labor apenas abanicó a tres, su cifra más baja de la temporada.

Los Medias Rojas deberían estar más que preocupados por esta repentina baja de su astro de la lomita.

Puede simplemente que se trate de una mala racha, normal en cualquier deportista.

Pero cuando un lanzador tan dominante como Sale de pronto comienza a ser castigado libremente, aunque el velocímetro siga marcando su velocidad habitual, muchas veces semejantes palizas son el prólogo de una lesión del brazo.

Sería un golpe devastador para el equipo, que ya perdió desde el 22 de julio al también zurdo David Price, que ya se había perdido los dos primeros meses de la contienda.

Si no fuera el caso de una lesión, también sería motivo de preocupación que en sus dos salidas ante los Indios de Cleveland, un potencial rival en la postemporada, ha sido castigado por la Tribu con 14 carreras en ocho innings.

O que en cuatro aperturas ante los Yankees de Nueva York, archirrivales de Boston y otro posible contrincante en los playoffs, tiene balance de 0-2.

Por lo pronto, ha perdido impulso en la carrera por el Cy Young ante Corey Kluber, el derecho de los Indios, quien ahora lidera la liga en efectividad (2.65) y en WHIP (0.91), y va tercero en abanicados (208), aunque suma dos triunfos menos que el zurdo de los Medias Rojas.

Este martes 29 de agosto tiene programada su próxima apertura, ante los Azulejos de Toronto.

Entonces veremos si lo que pasó en los últimos días fue solamente un mal momento o si es hora de prender las alarmas.
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