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¿Qué mánagers tienen el riesgo su puesto hoy en la MLB?
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Los Cincinnati Reds despidieron la pasada semana al manager Bryan Price, después de un miserable arranque de 3-15 en los primeros 18 juegos de la temporada.

Podría cuestionarse cuán justo o no fue echar a Price, cuando de antemano se sabía que con ese equipo no había para competir, sobre todo en una división central de la Liga Nacional plagada de conjuntos poderosos, como los Cachorros de Chicago, los Cardenales de San Luis y los Cerveceros de Milwaukee.

Pero al menos, en sacar a su dirigente, los Rojos fueron primeros en algo esta campaña y su reemplazante interino, Jim Riggleman, ya ha sumado dos triunfos en cinco encuentros, para mejorar lo hecho por su predecesor.

Sin embargo, no será Price el primer mentor en ser despedido.

Hay otros que desde ya están en la cuerda floja, sobre todo aquellos a los que les pusieron en sus manos nóminas abultadas y repletas de estrellas para que los llevaran, en principio, a la postemporada y ¿por qué no? hasta la Serie Mundial.

Dave Martínez (Nacionales de Washington)

Dave Martinez
Geoff Burke/USA TODAY Sports
Ese es el caso de este debutante, quien tras pasar años a la sombra de Joe Maddon en los Rays de Tampa Bay y los Cachorros, recibió la oportunidad de dirigir a los Nacionales.

Washington comenzó la temporada con una plantilla de $184,529,707, la cuarta más alta de todo el béisbol y se esperaba que cabalgaría a todo galope en la División Este del viejo circuito, donde si acaso, solamente los Mets de Nueva York podrían plantarle cara.

Más allá de llegar a los playoffs, Martínez tenía la misión de llevar al equipo a ganar al menos una serie de postemporada, tarea en la que han fracasado todos los managers anteriores de los Nacionales.

Pero a punto de cumplirse un mes de competencia, los capitalinos marchan cuartos en su grupo, detrás de los Mets, los Filis de Filadelfia y los Bravos de Atlanta.

Con récord negativo de 10-14, los Nacionales sólo son mejores que los Marlins de Miami (6-17) en su división.

A menos que se produzca un repunte -- y Washington tiene las piezas para ello -- lo de Martínez podría ser debut y despedida.

Buck Showalter (Orioles de Baltimore)

Buck Showalter
Thearon W. Henderson/Getty Images
El camino de Showalter con los Orioles parece estar llegando a su final, después de nueve campañas.

Baltimore ha tenido el peor arranque desde que Showalter tomó las riendas a finales del 2010 y con récord de 6-17 va en el sótano de la dura división Este de la Liga Americana.

De antemano se sabía que los Medias Rojas de Boston y los Yankees de Nueva York eran los machos del grupo, pero los Orioles eran vistos como los más capacitados para darle pelea, incluso más que los Azulejos de Toronto, que gozan de un gran comienzo (14-8).

Pero lo de Baltimore ha sido lastimoso, al punto de estar por detrás de los Rays, el equipo que parece ser, en el papel, el más débil de todo el joven circuito.

Rick Rentería (Medias Blancas de Chicago)

Rick Renteria
AP Photo/Tomasso DeRosa
Los Medias Blancas han ido reconstruyéndose con jugadores jóvenes talentosos y parecían en condiciones de competir en la división central de la Americana, bastante abierta, a pesar de la presencia de los Indios de Cleveland como amplios favoritos.

Pero el debilitamiento de los Tigres de Detroit y los Reales de Kansas City y la incertidumbre de si los Mellizos de Minnesota serán capaces de repetir su sorpresiva actuación del 2017 dejaba a los Medias Blancas en bastante buena posición.

Sin embargo, su récord de 5-15 es el segundo peor de toda la Liga Americana, apenas medio juego mejor que el de los Reales (5-16), a pesar de contar con un grupo de talentosos jóvenes de quienes se esperaba un salto de calidad en el 2018.

Ned Yost (Reales de Kansas City)

Ned Yost
Denny Medley/USA TODAY Sports
Se sabía que el sueño de aquellos Reales que ganaron la Serie Mundial en el 2015 llegaría a su fin tarde o temprano, cuando se rompiera el núcleo del equipo por razones obvias: no había manera de retener a varios agentes libres por la capacidad financiera del equipo.

Así, partieron a otros rumbos en el invierno Eric Hosmer y Lorenzo Cain. Ya un año antes se habían ido Wade Davis y Ben Zobrist y sufrieron la irreparable pérdida de Yordano Ventura, fallecido en un accidente de tránsito en República Dominicana.

Pero consiguieron traer de vuelta a Mike Moustakas y a Alcides Escobar, así que no se desmantelaron tanto como se proyectaba al final de la pasada campaña.

Y para colmo, antes de empezar la temporada, su cátcher estrella Salvador Pérez sufrió una lesión que lo mantuvo fuera de acción hasta esta semana.

Los equipos que no son poderosos, financieramente hablando, tienen que trabajar por ciclos. De vez en cuando partir casi de cero, desarrollar, ganar y desmantelar y Kansas City es uno de ellos.

Los Reales parecen abocados a comenzar un nuevo ciclo y quizás la gerencia entienda que ya Yost cumplió su papel y no es el indicado para encarar la próxima etapa.

Don Mattingly (Marlins de Miami)

Don Mattingly
Brad Mills/USA TODAY Sports
Los Marlins perderán más de 100 juegos. Eso se sabía desde antes que se lanzara la primera pelota en los entrenamientos primaverales.

Pero a Mattingly se le puede culpar de haber sido directamente el causante de algunas de las 17 derrotas que tiene el equipo hasta ahora, al no saber manejar adecuadamente las pocas piezas con que cuenta.

No es por el resultado que será juzgado, pues con estos Marlins, ni Casey Stengel reencarnado sería capaz de mucho más.

Sería injusto despedirlo, más allá de sus errores, pues le han dado la tarea de hacer el trabajo sucio.

Lo mismo le pasó a Fredi González con los Bravos, que lo echaron después de haber aguantado los golpes de una reconstrucción que justo ahora comienza a rendir frutos.

Pero alguien tiene que hacer el trabajo sucio y le tocó a Mattingly.

No se extrañen si la parte más brillante de la reconstrucción de los Marlins en los próximos años la termine encabezando un viejo conocido de Miami y del dueño Derek Jeter: Joe Girardi.
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Getty Images

Giancarlo Stanton será muy MVP de la Liga Nacional en el 2017, pero deberá demostrar ahora de qué está realmente hecho.

No es lo mismo jugar relajado en un semivacío Marlins Park, que ante las rugientes tribunas del Yankee Stadium, donde los fanáticos, tan pronto te aman, como te crucifican.

Basta que entre en una de sus habituales malas rachas para que las rechiflas le caigan como aguacero. Entonces deberá mostrar una fuerza mental de la que muchos dudan.

Los tres párrafos anteriores pertenecer al artículo 15 dudas para arrancar la Liga Americana, publicado el 15 de marzo, dos semanas antes de comenzar la temporada del 2018, en que analizábamos qué jugador de cada equipo despertaba interrogantes de cara a la campaña.

Hasta ahora, a Stanton le está pesando más de una tonelada cada raya de su ilustre uniforme y los abucheos en Yankee Stadium son ensordecedores cada vez que el MVP de la Liga Nacional en el 2017 se para en la caja de bateo.

En 66 turnos, el hombre que despachó 59 bambinazos en el 2017 promedia para un anémico average de .197, con 29 abanicados, o lo que es igual, el 44 por ciento de sus veces se ponchó.

Lo ha hecho bien de visitante, de 31-10 (.323), con tres dobles, un triple y par de jonrones, siete remolcadas y solamente nueve chocolates.

Las cosas se ponen muy feas cuando juega en casa, en la Catedral del béisbol: de 35-3 (.086), con 20 oportunidades liquidado por la vía de los strikes (57%).

A Stanton se le ve perdido en el rectángulo de bateo, haciéndole swing a la pelota de manera descoordinada, como si tratara de adivinar la bola y pasándole bien lejos con el bate.

Luego vienen las tomas que hacen las cámaras de su rostro en el dugout, todo un poema, que muestran a un Stanton desconcentrado, preocupado en extremo por lo que le está pasando (y no es para menos). ¿Cuántas cosas estarán pasando por esa cabeza?

Por lo pronto, el debutante manager Aaron Boone sugirió la posibilidad de moverlo de turno en la alineación, después de mantenerlo tercero durante los primeros 16 partidos de la temporada.

Sería una decisión sabia, para restarle presión en medio de una situación delicadísima, que lo tiene psicológicamente aplastado.

Al menos Boone lo hará en la serie de cuatro partidos en la que los Yankees recibirán a partir del jueves a los Azulejos de Toronto.

"Dependiendo de cómo ellos (Azulejos) alineen a sus pitchers, podría moverlo en la alineación, pero no lo pondré demasiado abajo, quizás quinto o sexto, no más", dijo el mentor de Nueva York.

"Yo sigo trabajando. Es temprano. No hay demasiados aspectos positivos y eso debo reconocerlo y comprenderlo. Busco la forma de mejorar y ya encontraré la forma de salir de este mal momento", reconoció Stanton a la prensa tras la paliza de 9-1 que sufrieron los Yankees a manos de los Marlins de Miami, su antiguo equipo, ante el cual se fue de 7-0, con cuatro ponches en dos juegos.

"Es cuestión de tiempo y simplemente nos estamos acomodando", dijo por su parte Boone. "En algún momento se pondrá en marcha aquí y eventualmente la liga pagará las consecuencias de estas primeras malas rachas", añadió el estratega.

Los fanáticos de los Marlins estaban acostumbrados a estos slumps del slugger, aunque no tenían mayores consecuencias en la Capital del Sol.

Y como hacía en Miami, de pronto se calentará y empezará a producir jonrones enormes, devastadores, descomunales.

Entonces los abucheos de hoy se traducirán en ovaciones y la gente lo amará en la Gran Manzana. Tiempo al tiempo.

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El peor sentimiento que puede experimentar un fanático cuando llega al estadio es que se suspenda el partido.

Ese sentimiento de frustración de los aficionados se ha repetido 24 veces hasta el lunes 16 de abril, pues las intensas nevadas del invierno-primavera han obligado a posponer encuentros al por mayor, incluidos seis el domingo 15, la mayor cifra para un solo día desde el 12 de abril de 1997, cuando fueron cancelados ocho partidos.

Petco Park rain delay
Jake Roth/USA TODAY Sports
Hablamos del clima. En estos datos no se incluyen las suspensiones posteriores a los ataques terroristas del 11 de septiembre del 2001.

Frío, nieve, lluvia. A eso súmenle los juegos disputados bajo temperaturas extremas, cercanas a los 32 grados Fahrenheit o cero grados Celsius, incómodos tanto para peloteros, como para asistentes a los graderíos.

No sé en qué estaban pensando el comisionado Rob Manfred y sus allegados cuando se les ocurrió empezar la temporada el 29 de marzo.

No es descabellado asociar las condiciones climáticas tan frías con la epidemia de lesiones y desgarros musculares que hemos visto en las primeras dos semanas de la temporada.

Semejante frío obliga a los jugadores a un calentamiento previo más intenso, que no todos lo consiguen y es ahí donde llegan las lesiones en muchos casos.

El zurdo Chris Sale, de los Medias Rojas de Boston, se quejaba el domingo del frío en el que tuvo que trabajar, 34 Fehrenheit, un grado sobre cero Celsius.

"Nunca antes había lanzado en estas condiciones. Fue realmente incómodo. Este ha sido, por mucho, la situación más miserable en que he estado en un terreno de pelota", dijo el estelar serpentinero, quien volvió a presentarse dominante como de costumbre, pero solamente pudo actuar por cinco episodios ante los Orioles de Baltimore.

"Sabía que teníamos que jugar así porque el clima para el próximo par de días no se ve muy bien", dijo por su parte el primera base de los Orioles Chris Davis. "Si había una oportunidad para jugar sería hoy (domingo), pues luego viene nieve de nuevo".

¿Cuál es la verdadera razón de semejante adelanto de fecha?

El acuerdo laboral colectivo del 2016 aumentó la duración de la temporada de 183 a 187 días para aliviar la carga física de los jugadores.

"Es malo el número de juegos que hemos perdido hasta ahora, pero donde estoy realmente preocupado es por la reprogramación de esos partidos, por la carga que puede representar a los equipos", reconoció Chris Marinak, vicepresidente ejecutivo de estrategia, tecnología e innovación de Grandes Ligas.

El béisbol es un deporte que la gente asocia con el sol, el buen tiempo, el calor, independientemente de los efectos del cambio climático.

Peloteros con pasamontañas, como si fueran a escalar el Everest, es un detalle que afea el espectáculo, al tiempo que afecta también la asistencia a los parques, porque no todos están dispuestos a pasarse tres horas allá afuera expuestos a las gélidas temperaturas.

El Día Inaugural debe ser en abril, como casi siempre ha sido. Es una fiesta, casi que un feriado nacional.

Se entiende que al extenderse el calendario de 154 a 162 juegos desde 1961, es más difícil comenzar la temporada a mitad de abril, como se hacía antes (Jackie Robinson rompió la barrera racial el 15 de abril de 1947, en el Opening Day).

Pero perfectamente debería establecerse como fecha de inicio el lunes de la segunda semana de abril, para evitar una buena cifra de esas suspensiones.

De hecho, el primer día de la temporada del 2018, el pasado 29 de marzo, ya hubo dos cancelaciones, los Piratas en Detroit y los Nacionales en Cincinnati.

Y el domingo, un tercio de los equipos de Grandes Ligas no pudo rendirle tributo a Jackie Robinson vistiendo el número 42 en sus uniformes debido a las suspensiones.

Parecen pocos días, pero una semana hace una diferencia muy grande, como hemos visto ya.

Ahora será obligado programar varias dobles jornadas para muchos equipos, con la consiguiente carga adicional de cansancio dentro de un calendario de por sí agotador.

Adelantar tanto el inicio de la campaña es como celebrar el 4 de Julio el 30 de junio. Entonces, los fuegos artificiales no se disfrutarían igual.
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El viernes 13 fue de buena suerte para J.B. Schuck, un veterano con una carrera intermitente que no acaba de establecerse en Grandes Ligas.

En el supuesto día de la mala suerte, Schuck fue llamado de Triple A y su debut con los Marlins de Miami, quinto equipo en su trayectoria, no pudo ser mejor y más esperanzador, al irse de 4-4, con un triple y dos anotadas, una de ellas a base de pura picardía, al aprovechar una falla imperdonable de la defensa de los Piratas de Pittsburgh.

Fue en el sexto inning, cuando los Marlins ganaban 4-2 y el recién llegado corría en segunda base.

JB Shuck (Marlins Miami)
AP Photo/Lynne Sladky

Chad Wallach tocó la pelota para avanzar al corredor y la bola quedó a pocos metros del cátcher venezolano Elías Díaz, quien buscó el out en primera.

Pero Schuck se percató de que el plato estaba totalmente desprotegido y se lanzó, anotando como Pedro por su casa.

"Agradezco a la organización de los Marlins esta oportunidad. Creo que este fue un buen primer paso en mi deseo de demostrar que puedo jugar a este nivel, pero esta fue una victoria de equipo y es apenas un comienzo", dijo Schuck en su debut en la Liga Nacional, pues anteriormente militó con los Astros de Houston, Angelinos de Los Ángeles, los Indios de Cleveland y los Medias Blancas de Chicago.

"Este es un pelotero que no es un novato. Es un hombre con experiencia que ha pasado trabajo para establecerse y está aprovechando todas las oportunidades que se le dan", dijo por su parte el manager Don Mattingly. "Estuvo muy cerca de hacer el equipo en la primavera y sabíamos que en algún momento iba a subir", añadió Mattingly.

Con la subida de Schuck bajó a Triple A el novato Braxton Lee, luego de un inefectivo debut en las Mayores, con tres imparables en 17 turnos (.176) y ocho ponches.

De esta manera, Miami en reconstrucción ya abrió la puerta giratoria a través de la cual subirán y bajarán peloteros a montones desde y hacia las Menores, en busca, aunque parezca contradictorio, de ir estabilizando al equipo.

El movimiento entre Schuck y Lee es apenas el primero de muchos que vendrán.

En capilla ardiente está el superprospecto Lewis Brinson, quien ha bajado considerablemente su ofensiva, con serias dificultades en su swing, en busca de halar la pelota hacia la banda izquierda, lo que le está haciendo fallar muchos pitcheos.

En esta franquicia en remodelación, hay muchas figuras en las granjas esperando su llamada, así que no es de extrañar que en las próximas semanas veamos a los dominicanos Sandy Alcantara y Magneurys Sierra, entre otros, en el equipo grande.

Es parte del proceso y sólo aquellos capaces de aprovechar el momento se ganarán el derecho a una permanencia más larga.

Por lo pronto, ya empezó a girar el carrusel, que tomará más velocidad además cuando empiecen a recuperarse hombres establecidos como J.T. Realmuto, Dan Straily y el capitán venezolano Martín Prado.

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El zurdo dominicano Jarlin García estuvo a punto de entrar a la historia como el segundo pitcher en lanzar un juego sin hits ni carreras en su primera apertura en Grandes Ligas.

García, de los Marlins de Miami, mantuvo el miércoles sin imparables y anotaciones a los Mets de Nueva York por espacio de seis episodios, cuando el manager Don Mattingly lo sacó del partido con 77 lanzamientos.

Sólo Bobo Holloman, en 1953 con los desaparecidos St. Louis Browns, tiró un 'no hitter' en su primera apertura en las Mayores y de hecho, se le recuerda por eso, pues terminó su única campaña con mediocre registro de 3-7 y efectividad de 5.23, para desaparecer para siempre del béisbol.

Tanto Holloman, como García, tuvieron presentaciones como relevistas, antes de ser designados para iniciar partidos.

Posiblemente no haya un aspecto del juego más difícil para los managers que decidir cuándo quitarle la pelota a un serpentinero.

Y si bien 77 no es una cifra muy elevada de envíos, sí representaba la mayor cantidad hecha por el dominicano en su carrera en Grandes Ligas, aunque en siete temporadas en las Menores sí tenía 89 aperturas.

Jarlin Garcia
Steve Mitchell/USA TODAY SportsGarcía, de los Miami Marlins, mantuvo sin imparables y anotaciones a los Mets por espacio de seis episodios, cuando el manager Don Mattingly lo sacó del partido con 77 lanzamientos.
¿Debe salir del juego un pitcher que esté lanzando no hitter?

"Fue una decisión muy fácil, ya él iba para la tercera vuelta ante esa alineación, había dado señales de cansancio en las dos últimas entradas, se había metido en conteos profundos'', explicó Mattingly. "Sabía que tenía un no-hitter, pero que no iba a lograrlo, porque no iba a poder llegar a la novena''.

Lo interesante es que el manager había comentado horas antes del inicio del partido que García estaría cercano a lanzar 90 envíos, casi pegado a los 100, y que sería el curso del juego el que dictaría la cantidad final.

Ante esta situación, la mayoría de los directores posiblemente decida mantener a su abridor en la lomita hasta tanto reciba -- si lo permite -- el primer imparable.

Ya lo vimos el pasado domingo con Shohei Ohtani, perfecto después de seis entradas y un tercio y retirado por el manager Mike Scioscia tras siete episodios completos, cuando ya había admitido un imparable.

Pero en el caso de García, el muchacho no había tolerado libertades y ganaba por la mínima, 1-0, con un equipo al que casi todas las cosas les han salido mal en este arranque de campaña.

Con el trabajo que le está costando a Miami ganar un juego, poner en manos de un bullpen tambaleante la suerte de ese partido fue arriesgado a la larga, le costó caro a Mattingly.

¿Y cuántos lanzadores estelares, miembros del Salón de la Fama, jamás tuvieron la posibilidad de alcanzar la gloria de un no-hitter?

Posiblemente Jarlin García no vuelva a tener un partido tan dominante como ese (¡ojalá me equivoque y estemos asistiendo al nacimiento de una verdadera estrella del montículo!).

Peor fue Dave Roberts, el manager de Dodgers de Los Angeles, que en el 2016 sacó al zurdo Rich Hill después de 89 envíos y siete entradas, no ya sin hits, sino perfectas, precisamente ante los Marlins.

Pero por otro lado, vale la pregunta de ¿qué es más importante, la gloria efímera de un partido o cuidar la salud de un prometedor serpentinero que puede aportar muchos triunfos a la franquicia?

E inmediatamente viene a la mente el caso del zurdo venezolano Johan Santana, autor del único juego sin hits, ni carreras, en la historia de los Mets, que consiguió en el 2012.

Santana, con una carrera que parecía destinada a Cooperstown, con dos premios Cy Young de la Liga Americana cuando militaba con los Mellizos de Minnesota, se había perdido toda la temporada del 2011 por una cirugía.

El 1 de junio del 2012, el manager Terry Collins le permitió completar la hazaña con 134 pitcheos, un esfuerzo que prácticamente marcó el fin de la carrera del zurdo venezolano.

En el resto del año tuvo balance de 3-7 y su efectividad se disparó hasta 4.85. Nunca más lanzó una pelota en Grandes Ligas.

Entonces, ¿quién tiene la razón? Cualquier respuesta tiene argumentos válidos.
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pitch clock
Mark J. Rebilas-USA TODAY SportsEl reloj entre lanzamientos era una de las medidas que el comisionado Rob Manfred quería implementar para acelerar el ritmo de los partidos.
Las Grandes Ligas introdujeron cambios esta temporada para acelerar el ritmo de los juegos, y si bien ya se nota una mejoría después de poco más de una semana, la duración de los partidos aún no satisface las expectativas del comisionado Rob Manfred.

De acuerdo con las oficinas de MLB, hasta el viernes de la semana pasada, la duración promedio de los juegos de nueve entradas fue de tres horas y 58 segundos.

Esto representa un avance en comparación con el 2017, cuando los encuentros duraron una media de tres horas, cinco minutos y 11 segundos.

Ello está dado, fundamentalmente, por el límite de visitas que managers, coaches o receptores pueden hacer al montículo, que no incluyen los viajes para sustituir al lanzador.

Hasta el momento se ha demostrado que seis visitas a la loma son más que suficientes y que aquella interminable seguidilla de conferencias era innecesaria y exagerada.

Asimismo, se ha acortado el tiempo que se consume en el análisis de las repeticiones de video en caso de reclamaciones arbitrales, que es de un minuto y 24 segundos, el menor tiempo promedio que se ha visto desde que se agregó esta posibilidad.

En el 2014, las apelaciones duraron como promedio 1:46 minutos, mientras que un año más tarde demoraron aún más, 1:51.

El tiempo bajó a 1:36 minutos en el 2016 y a 1:28 en el 2017, así que vamos mejorando este año.

Una propuesta que se manejó durante el invierno y que al final quedó en suspenso fue la implementación de un reloj para los lanzadores, quienes tendrían un máximo de 20 segundos entre pitcheo y pitcheo.

Pero Manfred desechó de momento la idea y dijo que volvería a analizar la situación dentro de dos años, para la temporada del 2020.

Si para entonces el promedio de duración de los juegos consigue bajar a dos horas y 55 minutos, entonces el comisionado prometió que renunciaría unilateralmente a la imposición del reloj de 20 segundos para los serpentineros.

De momento, aunque se han rebajado casi cinco minutos del promedio de los juegos de nueve episodios, todavía está lejos del límite señalado por Manfred para cumplir su amenaza de establecer el reloj de los pitchers.

Y una medida que bien debería analizarse es la aceptación del llamado nocaut beisbolero, que acabaría los partidos cuando un equipo llegue al séptimo inning con ventaja de diez o más carreras.

Una masacre como la de los Filis de Filadelfia sobre los Marlins de Miami el pasado sábado 7 de abril de 20-1 es un espectáculo grotesco, que no valía la pena extenderlo hasta el noveno inning.

Como también eran innecesarios los dos últimos episodios del primer juego de la temporada entre los Yankees de Nueva York y los Medias Rojas de Boston, en que estos últimos llevaban ventaja de 14-1 en el séptimo tramo.

Las probabilidades de que un equipo remonte en los dos innings finales una desventaja de diez o más son tan mínimas como ganarse la lotería, con todo y la máxima de Yogi Berra de que "el juego no se acaba, hasta que se acaba".

Según el departamento de información y estadísticas de ESPN, entre el 2009 y 2016, en 489 juegos de Grandes Ligas un equipo tuvo ventaja de diez o más carreras en la séptima entrada. ¿El resultado final? 489-0.

La última vez que un equipo llegó al séptimo episodio con desventaja de diez carreras y consiguió remontar y ganar, George Bush padre no había siquiera llegado a la mitad de su mandato presidencial, la Unión Soviética todavía existía y aunque ya había caído el Muro de Berlín, no se había oficializado la reunificación de Alemania.

Fue el 21 de agosto de 1990, cuando los Filis le hicieron la gracia como visitantes ante Dodgers de Los Angeles.

Entonces, si es casi imposible repetir semejante absurdo, ¿por qué jugar esos dos innings de más, que solamente añadirían entre 45 minutos y una hora más de juego?
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La oficina del comisionado de Grandes Ligas acaba de anunciar un castigo de un día para Torey Lovullo, manager de los Diamondbacks de Arizona, y para Yadier Molina, receptor de los Cardenales de San Luis, por el altercado que protagonizaron ambos el pasado domingo.

De nada le valió a Lovullo pedir perdón y mostrar arrepentimiento por las fuertes palabras que usó al reclamarle un conteo de strikes al umpire principal Tim Timmons, las cuales desataron la ira de Molina.

Yadier Molina
AP Photo/Jeff RobersonEl cátcher boricua intentó agredir al dirigente de Arizona y si no lo hizo fue por la rápida intervención de su manager Mike Matheny, quien lo aguantó a tiempo.
El cátcher boricua intentó agredir al dirigente de Arizona y si no lo hizo fue por la rápida intervención de su manager Mike Matheny, quien lo aguantó a tiempo.

"Si alguien te mienta la madre, tiene que estar listo para pelear", dijo Yadi al explicar su reacción, que hizo que se vaciaran las bancas de los Diamondbacks y los Cardenales, aunque la sangre no llegó al río.

Lovullo aceptó el castigo y lo cumplirá de inmediato, mientras que el boricua anunció que apelará la sanción, por lo que permanecía en la alineación el martes.

Las sanciones son justas para ambos, independientemente de quién haya sido el detonante de la trifulca.

Lovullo, en primer lugar, no debió protestar conteos de bolas y strikes y mucho menos usar lenguaje ofensivo contra el jugador, como mismo la reacción del enmascarado, que a los ojos de los fanáticos presentes en el estadio, pudo parecer exagerada.

Pero más allá de cuán justos o no puedan ser estos castigos, este caso saca a cuestionamiento el sistema de sanciones de Grandes Ligas, que podría lucir incongruente, si se compara con la suspensión de cinco juegos que recibió el primera base cubano de los Astros de Houston, Yuli Gurriel, por el incidente con el japonés Yu Darvish en la pasada Serie Mundial.

El gesto del "chinito" que hizo Gurriel tras conectarle un cuadrangular a Darvish ocurrió en el dugout, como parte de un comentario que el cubano le hacía a algún compañero de su propio equipo y no se dirigió directamente al japonés, con fines de ofenderlo por su origen étnico.

No hay correspondencia entre la acción de Gurriel y su castigo, con el espectáculo que montaron Lovullo y Molina y sus respectivas sanciones.

Joe Torre, al frente del departamento de disciplina de las Grandes Ligas, está actuando de manera arbitraria, sin mucha lógica y a su libre antojo.

Al menos, eso se desprende de la manera en que administra la justicia, para nada ciega y con varas diferentes según el caso.

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Gabe Kapler
Rich Schultz/Getty ImagesGabe Kapler tuvo una primera semana de temporada llena de eventos con sus Filis de Filadelfia.
Gabe Kapler apenas ha dirigido seis juegos en Grandes Ligas y ya es candidato a ser el primero en ser despedido en la actual campaña.

Un arranque negativo de los Filis de Filadelfia (2-4) y sobre todo un manejo errático de su cuerpo de lanzadores lo ha hecho blanco de críticas entre la fanaticada y la prensa local.

La pifia del pasado sábado, cuando llamó a un relevista del bullpen sin que este hubiera tirado ni una sola bola de calentamiento, le valió un llamado de atención de la oficina del comisionado, pues su falta de previsión puso en riesgo la salud del serpentinero, que pudo lesionarse al venir a lanzar frío.

Esa fue la gota que colmó rápido la copa de los aficionados, que durante la presentación previa al primer juego del equipo en Filadelfia, lo abuchearon a grito limpio.

Kapler ha mostrado falta de confianza en sus abridores, principalmente en el derecho Aaron Nola, a quien sacó prematuramente el Día Inaugural ante los Bravos de Atlanta y luego frente a los Mets de Nueva York, costándole caro en ambas ocasiones en que Filadelfia perdió esos juegos al colapsar el bullpen.

Y la manera en que está armando las alineaciones -- en caso de que sea él, como debe ser y no venga ya de antemano concebida desde la oficina, como está ocurriendo en algunos equipos -- está creando las condiciones para un motín interno en el clubhouse.

En el Opening Day dejó fuera del lineup a quien ha sido quizás el mejor pelotero de la franquicia en los últimos tres años, el venezolano Odúbel Herrera, quien no escondió su molestia por lo que consideró un trato irrespetuoso a la jerarquía que se ha ganado dentro del joven conjunto.

Y las cosas se pusieron peores para Kapler cuando el jardinero Nick Williams, que dejó muy buena impresión en el 2017, durante su año de novato, aireó sus frustraciones por el poco tiempo de juego que ha recibido y sobre todo, por la manera en que el manager se comunica con él.

"Supongo que las computadoras están haciendo la alineación, no sé... No entiendo nada de eso, pero ¿qué puedo hacer?", comentó a los medios locales Williams, quien en 83 juegos el año pasado dejó promedio de .288, con 12 jonrones y 55 impulsadas.

"No estoy acostumbrado a que un manager me envíe mensajes de texto. Entonces me manda un mensaje diciendo que no estaré en la alineación hoy, o quizás mañana o los próximos dos, tres, cuatro días", explicó el muchacho de 24 años, quien se ve afectado por esta situación y apenas consiguió un imparable en 11 turnos (.091).

El manager ha preferido darle más juego al también joven Aaron Altherr, quien lo ha hecho aún peor (18-1-.056).

Kapler tiene que aprender sobre la marcha y pronto a lidiar con esas frustraciones, pues corre el riesgo de perder el clubhouse de un equipo lleno de figuras jóvenes y prometedoras, todas con deseos de establecerse en medio de una férrea competencia.

Si no ataja a tiempo ese motín a bordo, es más simple echar al capitán, antes de que el barco de hunda.

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MIAMI -- ¿Qué tienen en común Jon Lester, Kyle Hendricks, Yu Darvish, José Quintana y Chris Sale?

Aparte de ser cinco de los mejores abridores en las Grandes Ligas, los une el hecho de no haber sido capaces de vencer a estos Marlins de Miami en reconstrucción.

Los más pesimistas pronosticaban un arranque de 0-6 para los Marlins, dados los rivales que les tocó para iniciar la temporada: los Cachorros de Chicago y los Medias Rojas de Boston, dos de los principales candidatos a disputar la Serie Mundial en octubre.

Justin Bour (Marlins Miami)
AP Photo/Lynne SladkyJustin Bour, de Marlins, es puesto out en el plato en la séptima entrada por Christian Vázquez, de Medias Rojas, en el partido del martes.

Los más optimistas auguraban si acaso que los peces podrían arañarle un triunfo a sus encumbrados contrarios para no irse completamente en blanco.

Pero estos Marlins han salido respondones y le jugaron de tú a tú a dos de los cuatro conjuntos con las nóminas más altas de todo el béisbol, de esos que cuentan con una estrella en cada posición y no tienen tanda baja a la ofensiva.

Con los Cachorros de 183 millones de dólares dividieron honores en cuatro juegos, mientras que los Medias Rojas de 235 millones, la plantilla más abultada de Grandes Ligas, tuvieron que sudar la camiseta para ganarle la miniserie de dos encuentros.

Nada mal para uno de los conjuntos más pobres e inexpertos de la actualidad, señalados por muchos como seguros perdedores de más de 100 juegos en el calendario.

Corazón es lo que más ha mostrado ''el equipito de Miami'', que ha disputado tres extrainnings en seis partidos.

Su primer triunfo de la temporada fue en 17 entradas ante Chicago el viernes.

Unas horas después, cayeron contra los Cachorros en diez episodios.

Y en el segundo juego con Boston, batallaron por 13 capítulos antes de ceder finalmente.

Miami ha demostrado una capacidad de batalla y recuperación increíble, al venir de abajo y empatar varias veces la pizarra.

El Día Inaugural arrancó debajo 3-0 en el mismo primer inning y ya en el segundo iban 4-1, pero en el cierre de ese mismo episodio, ante Lester, lograron el abrazo 4-4, aunque terminaron perdiendo ese partido.

Luego vino el maratón de 17 entradas que ganaron los Marlins 2-1 y el sábado, tras ir debajo 5-3, se recuperaron y forzaron el 5-5. Luego cayeron debajo 6-5 y volvieron a empatar, hasta inclinarse ante sus rivales en el décimo.

Y el último juego ante los Medias Rojas, con todo y Chris Sale en la lomita, salieron debajo 0-1 en el mismo primer inning, empataron 1-1 en el cuarto, estuvieron debajo 1-2 en el undécimo e igualaron nuevamente de manera épica con dos outs, hasta que se les agotó la gasolina en el decimotercero para caer 4-2.

Cinco veces lograron venir de abajo y provocar empates en el pizarrón, para regalarle emociones a los que se aventuran al parque de la Pequeña Habana.

Puede que pierdan 100 juegos, pues el camino es muy largo y faltan herramientas para afrontar semejante recorrido, pero este equipo ya está enamorando a la fanaticada, que comienza a elogiar ese espíritu de no bajar los brazos hasta el último out.

Ahora viene una nueva prueba de fuego para estos jóvenes, que encararán su primera serie fuera de casa ante los Filis de Filadelfia, antes de regresar para recibir a otro de los poderosos, los Mets de Nueva York.

Por ahora, el récord de 2-4 puede resultar engañoso, pues nadie puede negar que los Marlins han causado muy buena impresión y sin muchas pretensiones, pueden aguarle la fiesta a cualquiera.

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Nestor Cortés
Joe Robbins/Getty Images
Cuando el zurdo Néstor Cortés salga a lanzar por primera vez en la temporada con los Orioles de Baltimore, se convertirá en el cubano número 201 en debutar en las Grandes Ligas.

Aunque en el sitio oficial de los Orioles aparece como natural de Hialeah, en la Florida, lo cierto es que Cortés nació hace 23 años en Surgidero de Batabanó, un pueblo al sur de La Habana y llegó a los Estados Unidos con siete meses de edad, cuando su padre se ganó la lotería de visas, según el periodista Francys Romero, un especialista en seguirle los pasos con la agudeza de un detective privado a cuanto pelotero cubano haya regado por el mundo.

Escogido por los Yankees de Nueva York en la ronda 36 de la selección amateur del 2013, pasó en enero a Baltimore por la Regla 5 del Draft.

Luego de brillar durante cinco años en todos los niveles de Ligas Menores, el cubano se ganó un espacio en el roster de 25 peloteros que comenzará la campaña este jueves ante los Mellizos de Minnesota.

Cortés es apenas uno de esos muchachos que llegaron con hambre a los campos de entrenamientos el mes pasado y fueron premiados con su inclusión en la plantilla inicial, gracias a su esfuerzo y rendimiento.

Daniel Vogelbach
Brian Rothmuller/Icon Sportswire
Ese es el caso de Daniel Vogelbach, de los Marineros de Seattle, quien descosió la pelota como ningún otro bateador de los 30 equipos.

Vogelbach, primera base, tuvo el más alto average de la primavera (con más de 50 turnos), al irse de 54-22 (.407), en tanto fue el máximo jonronero (7), empatado con otros tres jugadores, con lo que dejó sin opciones a la gerencia de los Marineros, que lo llamaron a bordo.

Scott Kingery
Kim Klement-USA TODAY Sports
Quizás el caso más comentado en los últimos días entre esos muchachos es el del prospecto segunda base de los Filis de Filadelfia Scott Kingery, quien sin haber pisado jamás un terreno de Grandes Ligas recibió esta semana una extensión contractual de 24 millones de dólares por seis años.

Tyler Wade
Kim Klement-USA TODAY Sports
Otro segunda base que se ganó a base de sudor y contra todo pronóstico un lugar en las Mayores fue Tyler Wade, de los Yankees.

Al comenzar los entrenamientos de primavera, el prospecto venezolano Gleyber Torres figuraba como favorito para ganar ese espacio.

Pero Torres demostró no estar listo aún, lo que unido a la lesión del inicialista Greg Bird, llevó a la gerencia de los Mulos a pasar a la primera base al veterano Neil Walker y darle a Wade la oportunidad de abrir como defensor del segundo cojín.

Garrett Cooper
Bob DeChiara/USA TODAY Sports
Los Marlins de Miami, con muchas plazas en juego, premiaron el esfuerzo del primera base y jardinero Garrett Cooper y los lanzadores Caleb Smith y Tayron Guerrero.

Cooper y Smith llegaron a Miami desde Nueva York en un raro canje que le dio a los Yankees dinero para firmas internacionales.

Smith emergió de los campos de entrenamiento como segundo en la rotación de abridores, mientras que el versátil Cooper será el cuarto jardinero y primera base reserva del titular Justin Bour.

Tayron Guerrero
Rich Schultz/Getty Images
El colombiano Guerrero, que tuvo una probadita de Grandes Ligas al lanzar dos innings en el 2016 con los Padres de San Diego, tuvo una primavera de lujo.

El derecho de seis pies y ocho pulgadas de estatura actuó en diez partidos de primavera y en 11.1 innings permitió apenas cuatro hits y una limpia, para efectividad de 0.79, apoyado en su recta que roza las 100 millas por hora.

Y en el lado contrario de los Marlins, quienes tenían muchas vacantes por llenar, estaban los actuales campeones Astros de Houston, en cuyo roster activo era mucho más difícil de colarse.

JD Davis
Rich Schultz/Getty Images
Pero la lesión del cubano Yuli Gurriel, unido a números extraordinarios durante los juegos de prácticas, le abrieron las puertas al primera base J.D. Davis, quien alternará en su posición con el versátil venezolano Marwin González, hasta tanto llegue el titular.

Gran labor tuvo el joven serpentinero venezolano Gabriel Moya con los Mellizos y por ello estará en el bullpen del equipo el Día Inaugural.

Gabriel Moya
Brace Hemmelgarn/Minnesota Twins/Getty Images
Moya, de 23 años, trabajó 11 episodios en nueve partidos, con efectividad de 0.82 y 12 abanicados.

Más sorprendente fue la inclusión en el roster de los Rangers de Texas la inclusión de su compatriota Carlos Tocci, jardinero de 22 años que apenas promedió para .179 en la primavera, con 15 abanicados en 57 turnos.

Carlos Tocci
Cliff Welch/Icon Sportswire
Quizás lo veamos salir a correr de emergente más que otra cosa, pues es un hombre veloz que estafó ocho almohadillas en nueve intentos durante los partidos de preparación.
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