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¿Quién será el próximo ídolo cubano de los Marlins?
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MIAMI - Llámele como quiera: callejón sin salida, punto muerto, laberinto, limbo.

Póngale usted el nombre a la situación en la que se encuentran los Marlins de Miami, atascados entre un proceso de compraventa que no acaba de concretarse y una incertidumbre sobre el futuro inmediato de sus principales figuras.

El equipo maneja el asunto con un secretismo no tan hermético, pues quedan grietas por las que se filtran rumores que sólo hacen aumentar las expectativas, para bien o para mal.

La gente común, los que siguen a los Marlins en las buenas (pocas) y en las malas (muchas), ha entrado en un estado de resignación, a la espera de lo que venga, con tal de salir de una vez y por todas de Jeffrey Loria.

El entusiasmo inicial que despertó el nombre de Derek Jeter entre los posibles compradores se ha desvanecido en las últimas semanas, pues el legendario Capitán de los Yankees no ha tenido el suficiente poder de convocatoria de inversionistas que pongan plata.

Primero fue Jeter contra el exgobernador de la Florida Jeb Bush, quienes luego unieron fuerzas ante el grupo de Tagg Romney, hijo del ex candidato presidencial republicano Mitt Romney y el pitcher miembro del Salón de la Fama Tom Glavine.

Después Bush se retiró de la puja y aparecieron la leyenda del baloncesto Michael Jordan y el rapero miamense Pitbull, Míster 305. Hasta llegó a mencionarse, en un principio, el nombre de Jared Kushner, yerno del presidente Donald Trump.

Pero uno tras otro aparecían y desaparecían de los rumores como por arte de magia, mientras aumentaban los temores de una venta de liquidación del núcleo de jugadores, incluido el mismísimo Giancarlo Stanton, con todo y su cláusula de no canje y su megacontrato de 325 millones de dólares.

Fue entonces que apareció en la palestra el empresario Jorge Más Santos, presidente de la compañía tecnológica MasTec e hijo del fallecido Jorge Más Canosa, el más emblemático líder del exilio cubano en Miami.

Jorge Mas Santos
Getty ImagesJorge Mas Santos, fundador de la empresa MasTec y presidente de la Fundación Nacional Cubanoamericana (FNCA), es el posible comprador de los Marlins de Miami.
Más Santos, presidente además de la Fundación Nacional Cubanoamericana (FNCA) que creó su padre en la década de los 80 para promover cambios democráticos en la isla, parece ser "el hombre", a juzgar por las señales emitidas en las últimas semanas.

Al empresario se le vio en la gala previa al Juego de las Estrellas, que reunió a la crema y nata del jet set de la Capital del Sol y luego se sentó en el palco de Loria en el partido estelar, disputado el martes 11 de julio en Marlins Park.

Varios reportes de prensa aseguraron que la oferta de Más Santos habría sido aceptada de palabra por el vendedor y que sería alrededor de los 1,170 millones de dólares, unos 130 millones menos del precio que andaba pidiendo Loria.

Con mucho dinero comprometido en salarios, deudas por 400 millones y bajos ingresos por asistencia al estadio y contrato con la televisión, es difícil pagar 1,300 millones por los Marlins, por mucho que quiera el vendedor.

Pero la realidad es que la transacción no acaba de darse y en la oficina del comisionado de Grandes Ligas, Rob Manfred, comienzan a preocuparse, pues quieren que la compraventa se dé ya.

MLB teme que Más Santos pierda la paciencia ante la demora de Loria y retire su oferta, lo cual haría retroceder el proceso nuevamente casi al punto de partida.

Pero el dueño actual no parece tener apuro. La propuesta para ocupar el cargo de embajador de Estados Unidos en Francia que le habría hecho el presidente Trump, que sería una de las razones para acelerar la venta, también se ha demorado.

Además, para un avaro como Loria, esperar hasta abril del 2018 podría significar una diferencia de algunas decenas de millones.

Si Loria vende antes de esa fecha, el cinco por ciento del dinero que se genere en la transacción tiene que ir por ley a las arcas del condado Miami-Dade.

Si se vendiera el equipo, digamos, en 1,170 millones, 58.5 millones le corresponderían al gobierno condal. Si lo hace después, la suma total irá a su bolsillo.

Pero por la buena salud de los Marlins, MLB no quisiera arrancar los entrenamientos primaverales del año próximo sin que se haya completado el negocio y de ahí, el temor de que Más Santos se impaciente y cambie de parecer.

¿Qué son 58.5 millones para quien se va a ganar 1,111.5?, se preguntarán algunos.

De Jeffrey Loria no debe sorprendernos nada, se responderán otros.
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Baseball, MLB, Miami Marlins

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Adeiny Hechavarria
AP Photo/Lynne SladkyCon la salida de Hechavarría, los Marlins pierden al último exponente de una conexión con el público mayoritariamente cubano de Miami.
El cambio del campocorto cubano Adeiny Hechavarria a los Rays de Tampa Bay por dos prospectos es el más reciente mal negocio de Jeffrey Loria y la gerencia de los Marlins de Miami.

Este lunes se supo que Hechavarría se mudaría un poco al oeste, dentro de la misma Florida, en canje por el jardinero Braxton Lee y el lanzador derecho Ethan Clark, ambos en Ligas Menores y ninguno de ellos entre los 30 principales prospectos de la organización de los Rays.

El cubano es uno de los mejores defensores de su posición, perenne candidato al Guante de Oro, autor de atrapadas espectaculares que para al público de sus asientos, mientras que a la ofensiva, sin ser un bateador de élite, tampoco es el clásico out por regla.

Si bien la pasada campaña su average cayó casi 50 puntos en comparación con el 2015 (de .281 a .236), esta temporada había tenido un repunte y su promedio andaba por .277 al momento de ir a la lista de lesionados.

Entonces, los Marlins podrían haber conseguido algo mejor por él, sobre todo ante el sentido de urgencia de unos Rays que ven reales sus posibilidades de avanzar a la postemporada o al menos luchar por un boleto hasta el último día.

Por otro lado, el equipo puede haberse apresurado en el canje, deslumbrado prematuramente por una buen racha que tuvo el novato J.T. Riddle el mes pasado, mientras cubría el puesto del lesionado cubano.

Pero mientras que defensivamente hablando, Riddle no es ni la sombra de Hechavarría, con el madero en la mano está por verse quién es en realidad, si el que disparó 19 hits en 63 turnos en mayo (.302) o el que lleva 16 imparables en 84 veces en junio (.190) y anda en un slump con apenas un cohete en sus últimas 25 visitas al plato.

Ya desde el punto de vista sentimental, con la salida de Hechavarría, los Marlins pierden al último exponente de una conexión con el público mayoritariamente cubano de Miami y ya veremos en los próximos días si la fanaticada siente su partida como un golpe bajo, uno más, de la gerencia hacia la comunidad.

Si ya iban pocos al Marlins Park, no se extrañe nadie si la asistencia baja aún más.

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Cuando parecía que ya las cosas no podían salirle peor a los Mets de Nueva York, el venezolano Asdrúbal Cabrera lanzó una bomba que desnudó la fragilidad de un clubhouse al borde del colapso.

Cabrera regresó de la lista de lesionados y el manager Terry Collins lo recibió con la noticia de que ya no sería el campocorto titular del equipo, sino que sería movido a la segunda base.

El veterano dominicano José Reyes, quien ocupó la posición del torpedero durante la ausencia del venezolano, sería quien jugaría a tiempo completo en las paradas cortas, al menos, hasta que el prospecto Ahmed Rosario esté listo.

La respuesta del venezolano fue pedir a la gerencia que lo cambien a otro equipo, lo cual crispó más los ánimos dentro del vestidor.

Aquí cada parte tiene su poco de razón. A sus 31 años, Cabrera está en una de las peores campañas de su carrera, no se sabe si debido a una mala racha prolongada o al inicio ya de la curva descendente en su rendimiento.

Defensivamente hablando, los números del venezolano lo ponen entre los peores campocortos de toda la actualidad, con 11 errores en 171 lances, para un horrible promedio de fildeo de .936.

De todos los torpederos de las Grandes Ligas, sólo los jovencitos e inexpertos Dansby Swanson (12), de los Bravos de Atlanta, y Tim Anderson (16), de los Medias Blancas de Chicago, han cometido más pifias que Cabrera, aunque en muchas más oportunidades que el venezolano, por lo que sus promedios de fildeo son mejores, .961 y .936, respectivamente.

En las estadísticas sabermétricas, el venezolano tiene -9 carreras salvadas a la defensa, para engordar más el caso en su contra y a favor de la decisión del equipo.

Jayne Kamin-Oncea/USA TODAY Sports
Ya por ahí Cabrera lleva las de perder, pues la llave del infield requiere de defensa excelsa, aquella que él mostraba hace ya varios años atrás, cuando jugaba para los Indios de Cleveland. Con el madero tiene una campaña promedio, acorde con sus cifras habituales, que no son para nada extraordinarias.

Y con esas condiciones, no será fácil encontrar un equipo que lo reciba y le garantice un puesto como campocorto titular.

Ahora bien, en defensa del jugador hay que decir que el método del equipo no fue el correcto.

Según declaró el propio Cabrera, Collins le informó del cambio de posición apenas se reintegró de la lista de lesionados, sin previo aviso.

El pelotero parece haber tomado esto como una señal de que el equipo no lo tiene en sus planes a futuro y no ejercerá la opción de más de ocho millones por un año en el 2018.

Cabrera no será ni el primero, ni el último que se incomode al ser movido de la posición que más tiempo ha defendido en su carrera.

Desconozco las interioridades de su contrato, si existe alguna cláusula que le permita bloquear ciertas acciones y decisiones, pero no es que lo están relegando a la banca.

Va a seguir jugando todos los días, algo con lo que sueñan cientos de jóvenes que cada año ingresan al sistema de ligas menores.

Una decisión tan drástica y radical como pedir cambio a otro equipo no es algo que debe tomarse en caliente, a la ligera.

Esa es algo que se hace con la cabeza fría, luego de una charla con el agente, con un estudio del mercado que muestre las posibilidades reales, si existen, de encontrar el trabajo que uno quiere.

Pero ahora el mal ya está hecho y la relación entre el pelotero y el equipo está fracturada, quizás para siempre.

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Hunter Greene
Mark J. Rebilas/USA TODAY SportsEl derecho de escuela secundaria Hunter Greene es uno de los principales prospectos en el sorteo de este año, pero la historia nos dice que el seleccionado como No. 1 no siempre llena las expectativas.
Los Mellizos de Minnesota elegirán a Hunter Greene como primera selección del draft amateur de la próxima semana.

No hacerlo sería un disparate, tratándose de una rareza de jugador, capaz de conectar largos cuadrangulares al estilo de Giancarlo Stanton o Aaron Judge y de lanzar rectas supersónicas como Aroldis Chapman o Noah Syndergaard.

El chico de 17 años, pelotero de la secundaria Notre Dame, en Los Angeles, California, con una estatura de seis pies y cuatro pulgadas y 215 libras de peso, cumplirá 18 años el 6 de agosto.

Desde el 2014 viene deslumbrando a los cazatalentos, tanto por sus bateo y sus habilidades para defender el campocorto, como la capacidad para alcanzar más de tres dígitos en su bola rápida, un verdadero abuso para muchachos de su edad.

El derecho de California dejó balance de 3-0 y una efectividad de 0.75 en cinco salidas, con 43 ponches en 28 entradas, aunque su coach de la preparatoria de Notre Dame prometió protegerle el brazo de cara al draft y no usarlo más como serpentinero en lo que resta de la campaña.

La revista Baseball America, que sigue el desarrollo de los principales prospectos del deporte de las bolas y los strikes, lo ubicó en el número uno entre todas las promesas y desde ya la gerencia de los Mellizos cuentan los minutos que faltan para llevárselo cuando arranque la selección amateur el 12 de junio.

Sin embargo, ser número uno en la selección del draft no garantiza para nada que el elegido se convierta en una estrella en las Grandes Ligas.

Desde que comenzó el actual sistema de selección de jugadores colegiales en 1965, uno solo de los 51 peloteros escogidos en el número uno ha llegado al Salón de la Fama de Cooperstown.

Ken Griffey
AP Photo/Mike GrollDesde que comenzó el actual sistema de selección de jugadores colegiales en 1965, solo uno de los 51 seleccionados en el primer turno, Ken Griffey Jr., ha llegado al Salón de la Fama de Cooperstown.
Se trata de Ken Griffey Jr., seleccionado por los Marineros de Seattle en 1987.

Uno que debe entrar al Templo de los Inmortales es Chipper Jones, escogido por los Bravos de Atlanta en 1990.

Y Alex Rodríguez, primera selección de Seattle en 1993, tiene vetada su entrada a Cooperstown por ahora, debido a su vinculación con los esteroides, a pesar de tener números suficientes para hacerlo.

De esos 51 hombres, menos de un tercio incluso llegó a participar en Juegos de Estrellas.

Y es que muchas cosas pueden pasar por el camino, desde el momento en que un pelotero es escogido en el draft, hasta que recibe el ansiado llamado a las Mayores.

Josh Hamilton (1999) y Matt Bush (2004) son dos ejemplos claros de ello.

Hamilton llegó a vivir en la calle, entre drogas y alcohol, al punto de tomarle ocho años para llegar a Grandes Ligas, tras un largo proceso de rehabilitación.

Bush demoró aún más, 12 años, y llegó como pitcher en el 2016, tras ser elegido como campocorto por los Padres de San Diego.

En ese lapso se incluyó una estancia de cuatro años y tres meses en prisión, entre varios problemas con la justicia.

Pero no hay que llegar a los extremos de Hamilton y Bush, cuyas carreras se descarrilaron por causas extradeportivas.

Abundan los casos de primeras selecciones que nunca llegaron a cubrir todas las expectativas y terminaron como peloteros del montón.

¿Quién se acuerda del pitcher zurdo Brien Taylor, elegido por los Yankees de Nueva York en 1991? Nunca llegó a Grandes Ligas.

De hecho, de sus siete campañas en las Menores, sólo en una alcanzó la doble A y el resto del tiempo estuv en la categoría inferior.

Caso parecido al del cátcher Steven Chilcott, elegido por los Mets de Nueva York en 1966, en la segunda edición del draft. Lo más cerca que estuvo de Grandes Ligas fue cuando practicaba con las estrellas del equipo en los entrenamientos primaverales.

¿Alguien oyó hablar de Bryan Bullington? Por si no lo recuerdan, fue la selección de los Piratas de Pittsburgh en el 2002.

En cinco años con los Piratas, los Azulejos de Toronto, los Indios de Cleveland y los Reales de Kansas City este pitcher derecho dejó récord de 1-9 y efectividad de 5.62.

Lo único que garantiza ser el número uno del draft es un mayor bono monetario.

El mismo que no recibieron en su momento, por ejemplo, Andre Dawson, Ryne Sandberg, John Smoltz, Paul Molitor o Mike Piazza.

Dawson fue elegido en la decimotercera ronda de 1978 y Sandberg en la número 20 de ese mismo año.

Smoltz enganchó en la vigesimosegunda ronda de 1985, Molitor en la vigesimoctava de 1974 y Piazza en la ¡65!, en 1988.

¿Y qué tienen en común todos ellos? Tuvieron carreras tan ilustres que hoy tienen sus placas que los inmortalizan en Cooperstown.

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Ichiro Suzuki
Dustin Bradford/Getty ImagesTras 17 años en MLB, la leyenda japonesa ya tiene su nicho asegurado en Cooperstown, pero dice que quiere jugar hasta los 50 años. La pregunta si podrá hacerlo, ya que sus números ofensivos han bajado dramáticamente.
Ichiro Suzuki quiere jugar hasta los 50 años. La pregunta si podrá hacerlo.

El mejor pelotero japonés de todos los tiempos, con un nicho garantizado ya en el Salón de la Fama de Cooperstown ya es apenas una caricatura de aquel fino bateador que encantó a todos los fanáticos del béisbol desde su debut con los Marineros de Seattle, hace ya 17 temporadas.

Los años pasan factura y el Padre Tiempo tiene ahora a Ichiro en dos strikes.

Lo que ha hecho el asiático sobre el diamante es sencillamente extraordinario.

En sus diez primeras campañas ya había sobrepasado los dos mil imparables, luego de disparar 1,278 en nueve temporadas en el béisbol profesional de su país.

Se llevó los premios de Novato del Año y Jugador Más Valioso de la Liga Americana en el 2001, cuando ganó su primer título de bateo en las Mayores, además de encabezar el joven circuito en hits (242) y bases robadas (56).

Tres años más tarde, en el 2004, conseguía su segunda corona de los bateadores, con average de .372, gracias a la más encumbrada de sus hazañas: con 262 hits rompió un récord que databa desde 1920.

Para que se tenga una dimensión exacta de lo que representó ese logro, vale decir que desde que George Sisler conectó 257 inatrapables en 1920, pasaron por las Grandes Ligas varios de los mejores bateadores de la historia, incluidos Ty Cobb, Babe Ruth, Ted Williams, Stan Musial, Willie Mays, Barry Bonds y el mismísimo Pete Rose, el líder en hits de por vida, con 4,256.

¡Y ninguno de ellos logró superar la marca de Sisler!

Ha sido el único bateador con diez temporadas seguidas con más de 200 imparables y muchos creen que de haber llegado más joven a Estados Unidos, habría superado a Rose como líder absoluto de hits.

A los 41 años de edad, Ichiro firmó con los Marlins de Miami, tras 11 campañas y media en Seattle y dos y media con los Yankees de Nueva York, en busca de completar los tres mil imparables en las Mayores que le abrieran de par en par y con alfombra roja su entrada al Templo de los Inmortales.

El domingo 7 de agosto del 2016, con un triple contra la pared del Coors Field de Denver, el japonés llegó a la ansiada cifra y la lógica indicaba que diría adiós después de la pasada campaña.

Pero entonces anunció sus intenciones de mantenerse activo hasta los 50 años, a pesar de que ya era un jugador de reemplazo, usado principalmente como emergente o cuando alguno de los jardineros titulares se toma un día libre o sufre una lesión.

Ichiro sigue ofreciendo excelencia defensiva. Su desplazamiento en las praderas es envidiado por muchos y sus disparos parecen salidos más de un rifle que de un brazo humano.

Pero la velocidad en el swing ya no es la misma y cada vez le cuesta más trabajo encontrar la pelota cuando viene a velocidades supersónicas.

Hasta el 2016, en 9,689 turnos, Ichiro se ponchó en 1,037 ocasiones, lo cual representó un abanicado cada 9.3 veces.

En lo que va de la presente temporada, el nipón lleva 19 chocolates en 71 oportunidades, o lo que es igual, uno por cada 3.7.

En otras palabras, su frecuencia de ponches casi se ha triplicado y si antes abanicaba en el 10 por ciento de sus turnos, ahora lo está haciendo en el 27 por ciento.

Su promedio ha caído diez puntos desde los .322 que dejó en sus años de gloria en Seattle, hasta .312, todavía de lujo, pero con una tendencia cada vez más a la baja, al punto que en el 2017 anda por .183 hasta los juegos del lunes 5 de junio.

¿Insiste Ichiro en seguir jugando o planea retirarse después de este año?

"Aún no lo he decidido. Físicamente me siento muy bien. Ya veré cómo me siento después que termine la temporada", le comentó a ESPNDeportes Digital al concluir la serie del fin de semana en el Marlins Park.

Es cierto que para un deportista de élite, la decisión más difícil de su vida es cuándo emprender el camino del adiós.

Pero mejor hacerlo como David Ortiz, para dejar el mejor recuerdo posible, que mostrar una imagen de lástima cuando se ha construido con tanto esfuerzo una leyenda.

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Cuando debutó con los Florida Marlins por la puerta grande en el 2003, al venezolano Miguel Cabrera comenzaron a apodarlo Baby Pujols, por su similitud con el toletero dominicano Albert Pujols, que dos años antes había irrumpido en las Mayores con la fuerza de un huracán de categoría cinco con los Cardenales de San Luis.

Pero no pasó mucho tiempo para que el mote de Baby Pujols pasara al olvido y Cabrera, a fuerza de batazos, comenzara a forjarse su propio nombre. Con características similares, capaces de batear para altos promedios y fuerza bestial, ambos pasaron por los jardines y la tercera base, para terminar en la inicial como antesala a una eventual función de bateadores designados, cuando lo mande el Padre Tiempo.

El dominicano en su temporada 17 y el venezolano en su decimoquinta ya tienen méritos sobrados para ser considerados los dos mejores bateadores latinos que han pasado por las Mayores.

La pregunta es ¿cuál ha sido mejor?

En sus primeras diez campañas, Pujols lo ganó todo. Novato del Año de la Liga Nacional (2001), dos anillos de Series Mundiales (2006 y 2011), tres premios de Jugador Más Valioso del viejo circuito (2005, 2008 y 2009), una corona de bateo (2003), dos de máximo jonronero (2009 y 2010), una de campeón impulsador (2010). En ese lapso logró mantener establemente registros superiores a los .300 de average, 30 cuadrangulares y las 100 remolcadas y la primera vez que falló en conseguir el doblete, en el 2011, se quedó a una empujada del centenar y su promedio fue de .299.

Con 32 años de edad, en el 2012 firmó un contrato de 240 millones con Los Angeles Angels y aunque comenzó un declive gradual de sus números, en gran medida por la aparición de lesiones y molestias, mantuvo una contundencia que ya quisieran para sí la mayoría de los mortales.

Sin contar las cifras de este año, en 2,426 juegos, el quisqueyano tuvo 9,132 turnos al bate, en los que conectó 2,825 hits, para un average de .309. Como extrabases acumuló en sus primeras 16 temporadas 602 dobletes, 16 triples y 591 cuadrangulares. Anotó 1,670 carreras y remolcó 1,817. Se ponchó 1,053 veces y negoció 1,214 bases por bolas. Se robó 107 almohadillas y fue capturado en el intento 41 veces.

Está cada vez más cerca de los exclusivos clubes de los 600 bambinazos, los 3,000 imparables y las dos mil impulsadas y cuando se retire, sólo será cuestión de esperar los cinco años reglamentarios para caminar orgulloso sobre la alfombra roja al entrar al Salón de la Fama de Cooperstown.

Por su parte, Cabrera también debutó a lo grande y en su primer juego en las Mayores, en partido interligas ante los Devil Rays de Tampa Bay, decidió con jonrón en el undécimo episodio para dejar al campo a los rivales.

Ese año 2003 fue pieza clave en el triunfo de los Marlins en la Serie Mundial ante los Yankees de Nueva York y por las siguientes cuatro temporadas que pasó en Miami estaría presente siempre en los Juegos de las Estrellas, aunque sus resultados más extraordinarios llegarían al cambiar de aires en el 2008, cuando fue canjeado a los Tigres de Detroit.

Fue en la Ciudad Motor donde el venezolano alcanzaría su mayor dimensión: cuatro títulos de bateo (2011, 2012, 2013 y 2015), dos como máximo jonronero de la Liga Americana (2008 y 2012), dos como campeón impulsador (2010 y 2012), siete visitas más a Juegos de Estrellas, dos veces Jugador Más Valioso (2012 y 2013) y cinco Bates de Plata, premio que ya había obtenido en dos oportunidades con los Marlins.

Fue también en Detroit donde firmó un contrato de 240 millones de dólares, al igual que Pujols, aunque por dos años menos, lo cual obviamente le reporta más dinero por campaña.

Albert Pujols, Miguel CabreraAP Photo/US PresswireLas estadísticas de Albert Pujols y Miguel Cabrera respaldan el criterio de muchos expertos que los colocan como los mejores bateadores latinos en la historia de las Grandes Ligas.
El pacto expira en el 2023, aunque el equipo tiene opción de extenderlo hasta dos años más, al 2025.

Antes de arrancar la presente campaña, el poderoso venezolano sumaba 2,096 partidos, en los que había pegado 2,519 hits en 7,853 turnos, para un average de por vida de .321.

Entre sus imparables hay 523 dobletes, 17 triples y 446 cuadragulares, había pisado el plato en 1,321 ocasiones y remolcado 1,553 carreras. Acumulaba 1,011 boletos y 1,516 ponches, con 38 bases robadas en 58 intentos.

Ocho veces ha logrado combinarse para average superior a .300, con 30 o más jonrones y más de un centenar de impulsadas.

Su momento de mayor lustre fue en el 2012, al convertirse en el primer bateador en conseguir la Triple Corona desde que lo hiciera Carl Yaztrzemski 45 años antes, en 1967.

Con 34 años de edad, a Cabrera le restan al menos seis campañas más para seguir engordando sus números rumbo a Cooperstown.

¿Pujols o Cabrera? ¿A quién elegir si uno fuera gerente general de un equipo y tuviera que escoger entre ellos dos en el draft?

"¿A quién escogería si fuera gerente general? Por suerte no lo soy y así no tengo que elegir. No podría", opinó por su parte el venezolano José Altuve, segunda base de los Astros de Houston.

"Uuyyyyy, qué pregunta esa tan difícil, hombre", dijo el segunda base de los Bravos de Atlanta, Brandon Phillips, rascándose la cabeza. "Estamos hablando de dos de los mejores que han pasado por este juego, muy similares, que van a ir ambos al Salón de la Fama. No sé...¿tengo que escoger uno? ¿No puedo tenerlos a los dos?... Creo que Albert, me llevaría a Albert", escogió Phillips.

"Pujols, definitivamente. Las cosas que hizo en San Luis esos 11 años no creo que las haya hecho mucha gente. Cuando yo llegué a las Grandes Ligas en el 2008 con los Cardenales él estaba allí y lo vi de cerca. Miguel ha sido otro gigante, pero me quedo con Pujols", opinó por su parte el lanzador zurdo mexicano Jaime García, ahora con los Bravos.

También coincidiendo con García, el colombiano Julio Teherán se decantó por el dominicano. "Sin restarle méritos a Cabrera, Pujols no sólo ha sido el mejor latino, sino uno de los más grandes bateadores en la historia de las Mayores".

"¿Por qué me haces eso? ¿Por qué me pones a escoger?", se preguntó Nick Markakis, jardinero de Atlanta. "Estuve nueve años con Baltimore y pude verlos mucho en la Liga Americana. Ambos son extraordinarios, aunque me quedaría con Cabrera.

"A los dos. Me los llevaría a los dos. O quizás lanzaría una moneda al aire y lo dejaría a la suerte. Cualquiera que escogiera saldría ganando", consideró Brian McCann, receptor de Houston.

"Miggy. Me voy con Miggy", dijo su compatriota Marwin González, de los Astros.

Y usted, ¿a quién escogería? Se lo dejo de tarea.

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La noticia de que el ex gobernador de la Florida, Jeb Bush, se bajaba del grupo de inversionistas que busca comprar a los Marlins de Miami cayó como un balde de agua helada en la Capital del Sol.

Bush había unido fuerzas con el ex astro de los Yankees de Nueva York, Derek Jeter, en una combinación de doble play que tenía muy entusiasmada a la fanaticada de cara al futuro de la franquicia.

El ex gobernador, según se decía, se encargaría de la parte administrativa del equipo, mientras que Jeter estaría al frente de las operaciones beisboleras.

Bush es una persona muy querida en la comunidad del sur de la Florida, residente en el condado Miami-Dade y muy al tanto de las características de una población mayoritariamente hispana.

Jeb Bush
AP Photo/J Pat CarterJeb Bush se encargaría de la parte administrativa del equipo, mientras que Derek Jeter estaría al frente de las operaciones beisboleras.
Perfectamente bilingüe y con unos contactos únicos con los políticos locales, su salida de la lista de potenciales compradores es un duro golpe a la conformación del grupo.

El asunto se maneja con el mismo hermetismo que ha rodeado todo el proceso de compraventa, que comenzó como un rumor de la revista Forbes a fines del pasado año.

Aunque ninguna fuente cercana a Bush ha explicado las razones de su retiro, en los pasillos del Marlins Park se comenta que estaría relacionado con la cantidad de dinero que el ex gobernador aportaría al grupo de compradores.

La cifra sería de unos 20 millones de su bolsillo, lo cual a las Grandes Ligas les parecería poco para alguien que aparecería como el hombre fuerte de la junta ejecutiva.

Jeter, por su parte, pondría 100 millones y tendría el visto bueno de la oficina del comisionado Rob Manfred.

''Aquí nos enteramos como ustedes por lo que dicen los reportes de prensa, aunque es un tema que nos preocupa'', afirmó un funcionario de los Marlins que pidió el anonimato. ''No cabe duda de que se marcha un hombre muy conocido y respetado en la comunidad''.

Para concretar la compra sería necesario un capital líquido de entre 800 y 850 millones, además de contar con unos 200 millones más para gastos de operaciones.

El resto del precio sería pagado a plazos y bajo la supervisión de las Mayores, siempre celosas de la transparencia y la viabilidad financiera de todas sus organizaciones.

Y casi al mismo tiempo del anuncio de la salida de Bush, se supo que otro grupo, encabezado por el hijo del ex candidato presidencial republicano Mitt Romney, estaría de regreso en la puja por el equipo, cuando todo parecía que era cuestión de tiempo que los Marlins pasaran a manos del Gran Capitán de los Yankees.

Un reporte del diario The Miami Herald con fecha 27 de mayo asegura que el grupo de Tagg Romney y en el que aparecen también los ex lanzadores Tom Glavine y Dave Stewart, habría superado en 25 millones la oferta de Jeter y compañía para comprar a la franquicia en un precio que oscilaría entre los mil y $1.300 millones.

La reaparición de un segundo grupo de inversionistas y la retirada de Bush del equipo de Jeter podría retrasar la venta del conjunto miamense, que parecía concretarse después del Juego de las Estrellas.

Ahora el pacto podría demorar hasta después de la Serie Mundial, mientras la fanaticada se desespera, pues el proceso tiene frenado cualquier intento por mejorar al equipo durante la presente campaña.

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Baseball, MLB, Miami Marlins

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Pablo Sandoval
AP Photo/Tony Gutierrez
Cuando los entonces Marlins de Florida eligieron en la primera ronda del draft de 1999 a Josh Beckett, el entonces joven lanzador derecho pronunció una frase que lo perseguiría por el resto de su carrera.

"Los Marlins acaban de escoger a un futuro miembro del Salón de la Fama", fueron las palabras de Beckett, que en su momento fueron tomadas como una gracia de un joven impetuoso con ganas de comerse el mundo a los 19 años, pero que el tiempo se encargó de demostrar que desaprovechó una buena oportunidad para quedarse callado.

Y aunque dejó momentos memorables en sus 14 temporadas en las Mayores -- cómo olvidar su blanqueada a los Yankees de Nueva York en la Serie Mundial del 2003 -- al final sus números quizás ni le alcancen para el cinco por ciento necesario de los votos para mantenerse en lista después de su primer año de elegibilidad en Cooperstown.

Beckett
AP Photo
A lo largo de la historia, cerca de 19 mil peloteros han debutado en las Grandes Ligas y apenas 3,300 consiguieron mantenerse diez o más campañas en activo.

Solamente 220 lograron entrar al Templo de los Inmortales por sus méritos en las Mayores, junto a 35 de las Ligas Negras y 62 managers, umpires y ejecutivos.

Y es que mantenerse en el tiempo y con un rendimiento extraordinario por tantos años es permitido sólo para unos pocos elegidos por los dioses del béisbol.

¿Cuántas veces no hemos visto peloteros que parecen destinados a la inmortalidad tras un debut extraordinario y un pico de carrera glorioso y de buenas a primeras se desvanecen en la nada?

Daisuke Matsuzaka
Adam Hunger/USA TODAY Sports
¿Recuerdan a Daisuke Matsuzaka, con 33 victorias en sus dos primeras temporadas con Boston para convertirse de repente en uno de los lanzadores más bateados de todo el mundo hasta desaparecer del universo del béisbol en el 2014, con apenas 33 años?

Ahí está Andrew McCutchen, quien llevaba un paso ascendente y desde que se cortó las trenzas perdió su magia como Sansón.

Debutó en el 2009 con los Piratas de Pittsburgh y dos años después asistía al primero de sus cinco Juegos de Estrellas consecutivos.

Andrew McCutchen
Patrick Gorski/Icon Sportswire
En el 2013 resultó el Jugador Más Valioso de la Liga Nacional al llevarse todos menos dos votos y su nombre se incluía de manera obligada en cualquier discusión sobre los peloteros más completos en ambos circuitos.

En el 2016, a los 29 años de edad, sus números cayeron drásticamente y en esta campaña, cuando está a las puertas de convertirse por primera vez en agente libre, su rendimiento da ganas de llorar.

Su promedio, hasta los juegos del martes 23 de mayo, era de apenas .200, con lo que se ubicaba en el lugar número 171 en todas las Grandes Ligas.

Su promedio de embasamiento (OBP) era de apenas .271 y tenía menos jonrones (6) que otros 80 hombres.

Ahí está también el venezolano Pablo Sandoval, quien iba camino al estrellato con los Gigantes de San Francisco y de pronto tomó un atajo que torció su paso a la mediocridad.

Sandoval era uno de los preferidos de la fanaticada de la bahía, que adquiría una dimensión extraordinaria cuando el equipo llegaba a la postemporada, cuando de Kung Fu Panda se convertía en Supermán.

Pero los cambios de aire, de San Francisco a Boston, no le asentaron para nada y hoy los Medias Rojas deben estar lamentándose de haber pagado 95 millones de dólares por alguien que incluso tuvo que pasarse una campaña completa en las Menores.

Neftali Feliz
AP Photo/Morry Gash
Otro caso es el del dominicano Neftalí Féliz, Novato del Año con los Texas Rangers en el 2010, cuando impuso récord de juegos salvados para un debutante, con 40.

En la siguiente campaña rescató 32 juegos y cuando iba estableciéndose como uno de los mejores cerradores del béisbol, intentaron convertirlo en abridor, vinieron las lesiones y su estrella se esfumó como por arte de magia.

Ahí está, sobreviviendo, como un relevista más del montón con los Cerveceros de Milwaukee, a mil años-luz de aquel jovencito que lanzaba fuego hacia el plato.

Parecido le sucedió a Joba Chamberlain. Parecía que los Yankees habían descubierto al nuevo Mariano Rivera y lo llevaron con calma, sin apurarle su desarrollo, con un plan especial en su primera campaña.

Joba Chamberlain
AP Photo/Amy Sancetta
"A ese lo quiero ver como abridor", fue la orden de Hal Steinbrenner, el dueño del equipo.

Y ahí comenzó el retroceso sin frenos de Chamberlain, de quien lo último que se supo es que había sido firmado por los Cerveceros con un contrato de liga menor, pero dejado en libertad antes de que concluyeran los entrenamientos primaverales.

Quizás el caso más significativo de estrellas apagadas de los últimos tiempos sea Ryan Howard, aquel portentoso primera base de los Filis de Filadelfia que ganó el Novato del Año en el 2005 y una temporada después se llevaba el MVP del viejo circuito.

Ryan Howard
Jason Getz/USA TODAY Sports
Por seis campañas en fila superó los 30 cuadrangulares y las 100 impulsadas, con lo que enmascaraba su escandalosa cantidad de ponches.

Pero a partir del 2012 se desinfló como un globo pinchado y desde entonces, la única estadística que mantuvo alta fue la de abanicados.

A los Filis les pesó tanto el megacontrato que le dieron en el 2010 por 125 millones de dólares que prefirieron pagar diez millones de cancelación en el 2017 y dejarlo ir a la agencia libre.

Firmó pacto de liga menor con Atlanta, pero nunca fue llamado al equipo grande y un mes después los Bravos le dijeron adiós.

Aunque con una cuenta bancaria obesa, ahora es un paria sin trabajo en busca de una nueva oportunidad, renuente a aceptar que todo acabó ya.

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José Abreu necesitó 1,963 turnos para disparar 100 jonrones en su aún corta carrera en Grandes Ligas.

Abreu le botó la pelota el martes al mexicano Jorge De La Rosa y se convirtió en el duodécimo pelotero cubano con al menos un centenar de bambinazos en las Mayores.

La lista la encabeza Rafael Palmeiro, con 569, seguido del controversial José Canseco (462) y el miembro del Salón de la Fama Tany Pérez (379).

Pero Abreu consigue la cifra redonda en apenas el juego 43 de su cuarta temporada, luego de disparar 91 en sus tres primeras campañas.

Palmeiro sumó 17 vuelacercas en dos campañas parciales (1986 y 1987) y en sus primeras cuatro completas, ya como titular, logró sacar 56 pelotas del parque.

Tany Pérez, por su parte, disparó 60 en sus primeros cuatro años.

Sólo Canseco lo hizo antes que Abreu y al concluir su tercera temporada ya acumulaba 111 bambinazos.

El primera base de los Medias Blancas de Chicago es una máquina de batear, incluso cuando tiene momentos de baja.

Con una personalidad tranquila, enfocado 100 por ciento en su juego, Abreu ha dejado que su bate hable por él desde que ganó el Novato del Año de la Liga Americana en el 2014.

En sus primeras tres zafras remolcó 308 carreras (107, 101 y 100), algo que tampoco logró ninguno de sus compatriotas, con excepción nuevamente de Canseco.

Según las proyecciones, debería superar la treintena de cuadrangulares en el 2017, aunque podría quedarse corto en el centenar de remolques, a juzgar por los 24 que tiene hasta ahora.

Y es que las impulsadas no dependen sólo de él. Necesita encontrar hombres en bases para empujar hacia el plato.

Pero los Medias Blancas tienen el tercer promedio de embasamiento colectivo más bajo de la Liga Americana (.307), sólo por delante de los Azulejos de Toronto y los Reales de Kansas City.

Elegible para arbitraje en el invierno y en un equipo que no parece ir a ningún lado, no sería improbable que lo viéramos en otro uniforme antes de terminar el año, si es que Chicago se decide a ser vendedor durante el período de canjes.

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Nos acercamos ya a completar el primer cuarto del calendario en la temporada regular y las tablas de posiciones en las diferentes divisiones comienzan a definirse más claramente, con algunos equipos escapados en sus respectivos circuitos y otros cuyas aspiraciones no van más allá de completar los 162 partidos del programa.

Sobre estos últimos vamos a hablar. Desde que se dio la voz de 'playball', había conjuntos que se sabía no tenían nada con qué competir, ya por estar en reconstrucción, con miras al futuro, ya porque las nóminas no daban para más.

Pero otros que en el papel se veían fuertes han fracasado estrepitosamente con la realidad del terreno y no sería descabellado pensar que antes de la pausa por el Juego de las Estrellas ya hayamos visto rodar la cabeza de algún manager.

¿Quién sería el primero que parece estar en la cuerda floja?

 New York Mets manager Terry Collins
Brad Mills/USA TODAY SportsEn la pretemporada, se penssaba que los Mets de Terry Collins tendrían el mejor cuerpo de lanzadores del béisbol, pero las lesiones han convertido el equipo en un hospital.
A todas luces, el primer nombre que salta a la vista es el de Terry Collins, con todo y que los Mets de Nueva York aparecen en segundo lugar de la división Este de la Liga Nacional.

En los análisis de pretemporada se señalaban a los Mets como el equipo con el mejor pitcheo de todo el béisbol, con Noah Syndergaard, Jacob deGrom, Matt Harvey, Robert Gsellman, Zack Wheeler, Seth Lugo, Hansel Robles y Jeurys Familia, entre otros.

Pero lesiones y más lesiones convirtieron al equipo en el Hospital General de Nueva York y ese cuerpo de serpentineros es hoy el peor de todas las Grandes Ligas, con efectividad colectiva de 5.15 antes de los juegos del miércoles 17 de mayo.

A la lista de inhabilitados de los Mets no sólo han ido los serpentineros, sino jugadores claves en la ofensiva, como el cubano Yoenis Céspedes, los venezolanos Asdrúbal Cabrera y Wilmer Flores, Lucas Duda y Travis d´Arnaud.

Algo anda mal cuando en un equipo casi todo el mundo se lesiona, desde deficiencias evidentes en la preparación física, hasta en ocasiones la verdadera disposición de los jugadores de entregarse al 100 por ciento.

A eso súmenle los problemas disciplinarios de Harvey y la negativa de Syndergaard de someterse a un examen de resonancia magnética (MRI) que le recomendaron los médicos de los Mets cuando comenzó a presentar molestias en el brazo, pruebas de que las riendas del equipo se le pueden estar saliendo de las manos a Collins.

Seamos sinceros. Los Mets están en segundo lugar no porque lo estén haciendo bien, sino porque los Phillies, Braves y Marlins andan peor aún.

Nueva York tiene récord negativo y a menos de que en las próximas semanas den un cambio radical que los meta en la pelea con los escapados Nacionales de Washington, es posible que la gerencia reemplace al manager o a otros miembros del cuerpo de dirección más pronto de lo que pensamos.

Bruce Bochy
John Hefti/Icon Sportswire/Corbis/Getty ImagesBruce Bochy podría estar en la cuerda floja, pero los 3 tïtulos que le ha dado a los Gigantes le comprarán paciencia para aguantar el mal arranque en la temporada 2017.
¿Quiénes más? ¿Bruce Bochy, cuyos Gigantes de San Francisco se esperaba que disputaran la corona del Oeste en el viejo circuito?

No. La gerencia de los Gigantes tendrá paciencia -- se la debe -- a un hombre que le ha dado tres títulos en lo que va de esta década.

En la Liga Americana, quienes deberían estar preocupados son John Gibbons y Ned Yost.

John Gibbons
Kim Klement/USA TODAY SportsTodos esperaban que los Azulejos siguieran siendo competitivos, pero andan por el sótano de la División Este, con el segundo peor récord de la Liga Americana
Los Azulejos de Toronto pintaban como los principales rivales de los Medias Rojas de Boston en la contienda por el Este, sobre todo gracias a un cuerpo de serpentineros que en el papel lucía inmenso, con Aaron Sánchez, Marcus Stroman, J.A. Happ, el dominicano Francisco Liriano y el mexicano Marco Estrada.

Y una ofensiva cuyo núcleo la integran Josh Donaldson, el dominicano José Bautista, Troy Tulowitzki y el cubano Kendrys Morales, contratado en el invierno como sustituto de Edwin Encarnación.

Pero ni lo uno, ni lo otro. Los serpentineros han sido deficientes y los bateadores improductivos, unidos a una serie de lesiones que ha afectado principalmente a Sánchez y a Donaldson.

De ahí que los Azulejos anden por el sótano divisional, con el segundo peor récord de la Liga Americana.

Ned Yost
AP Photo/Tony DejakNed Yost comanda un equipo que ha pasado de ir a dos Series Mundiales en tres años a convertirse en el hazmerreir del circuito.
Peor que Toronto sólo están los Reales de Kansas City. ¿Cómo se explica que un equipo que fue a dos Series Mundiales en los últimos tres años y con una plantilla casi exacta a aquella, ande hoy convertido en el hazmerreír del circuito? Hay que ver cuánto duran las memorias de lo conseguido en años recientes por los Reales, antes de que la gerencia decida dar un golpe de timón.

Y aunque los Marlins de Miami son los dueños absolutos de la peor marca en las Mayores, Don Mattingly puede dormir tranquilo... por ahora.

No será en medio de un proceso de venta del equipo que la administración saliente se meta a hacer cambios drásticos que no conducirán para nada a mejorar los resultados, cuando la plantilla actual no da para mucho más.

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