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Kyrie Irving debe ser banca en Dallas

Toño Rodríguez ESPN

Kyrie necesita aceptar que no será el guardia más importante de Mavs, su mayor aportación deberá ser como líder de la segunda unidad

Ser banca es una forma de llamarlo para ser claros, pero lo que Kyrie Irving necesita aceptar, para que su canje a Dallas funcione, es que él no será el guardia más importante del equipo y que su mayor aportación deberá venir como líder de la segunda unidad, es decir, quitarse del camino cuando Luka Dončić esté en la cocina.

La tasa de uso en el basquetbol es una estadística que se define como el porcentaje de posesiones que un jugador utiliza del total de su equipo mientras está en la cancha, en palabras más simples, mide cuántas jugadas terminan en las manos de un atleta determinado; bueno pues en ese rubro, Dončić es segundo a nivel NBA e Irving, top 20, lo que quiere decir que difícilmente podrán operar al mismo tiempo.

Operar a plenitud, debería aclarar, porque si bien los Nets tuvieron momentos muy altos cuando Kyrie Irving compartió en cancha con Kevin Durant, Dončić necesita aún más protagonismo y yo no me imagino al recién llegado como un tirador establecido o un cortador sin balón, perdón pero no está en su naturaleza y sería un desperdicio.

La idea que sustenta mi propuesta es que no hay defensa en el Oeste que pudiera parar a Dončić y a Irving atacando alternadamente y con libertad durante 48 minutos de básquetbol, serían dinamita, una especie de relevos endemoniados que 1) pondrían al segundo mejor anotador de la temporada desde el arranque para marcar distancia y 2) tirarían a otro indefendible para ir sobre la parte débil de la rotación rival.

La pura magia de Luka Dončić ha sido suficiente para que los Mavs estén en el sexto lugar de la Conferencia Oeste, a un partido del cuarto lugar, y no están más arriba por el hecho de que su súper estrella no puede jugar la ruta completa cada noche, por lo que la adición de otro killer los pone en la posición de exprimir hasta la última gota de energía de las defensivas, sin piedad y sin descanso.

No será la estrategia más elaborada en la que podamos pensar, pero si Jason Kidd tiene la destreza de convencer a Kyrie Irving de jugar desde la banca, su talento meterá en problemas a todo el mundo desde el día uno, porque no hay mucho qué inventar más allá de darles el balón y dejarlos ser, cada uno brillando en su momento.

Claro, antes que eso hay que quitarle el micrófono y el celular a Irving tanto como sea posible de aquí al final de la temporada, rezando para que ocurra el milagro de la iluminación mental y se concentre en jugar con el incentivo de recibir una extensión de poco menos de 80 millones de dólares que los Mavericks estarán felices de ponerle sobre la mesa si, por ejemplo, son campeones de su Conferencia.

Es una apuesta bien arriesgada porque hablamos del jugador más inestable de la actualidad, pero con varios años por delante en el tope de su rendimiento, con lo que estamos por descubrir cuántas ganas tiene Irving realmente de ganarse, más que un nuevo contrato, un nuevo anillo de campeón.