LOS ÁNGELES -- Sí: es tiempo de festejo. Como siempre lo será para un David Tricolor vencer a un Goliath Brasileño. Y especialmente como lo sometió este viernes, en la ronda dramática desde el manchón fatalista de las hazañas y las desgracias.
Sí: es tiempo de euforia. Como siempre lo será para una víctima propiciatoria invertir los designios y aniquilar a su presunto verdugo. Y más si ese supuesto ejecutor es Brasil.
Sí; es tiempo de euforia, mesurada, porque apenas es el pase a semifinales, pero euforia válida.
El Tri-17 ratifica que tiene una casta especial para someter a Brasil en escenarios de drama y leyenda. Como la final en los JJ.OO. de Londres 2012.
Sí, es tiempo de vehemente júbilo, pero, la pregunta perniciosa, insoportable, aguafiestas, inoportuna, es también necesaria y urgente.
Y permítaseme el decirlo en primera persona del plural.
¿Qué hacemos en México para hundir, para arruinar, para truncar, para abortar, para frenar, para aniquilar a las generaciones Sub-17?
¿Dónde están los Herodes de este infanticidio futbolístico?
México ha tenido dos generaciones de campeones mundiales Sub-17. Y esta que anhela serlo, que puede serlo, por la personalidad, el temperamento, el ardor, la rabia, para llevar a Brasil a una lucha cuerpo a cuerpo, al borde del acantilado, entre un país sin genes futbolísticos de poderosa alcurnia como su adversario.
Dos regimientos de campeones mundiales Sub 17 y casi todos los héroes de esas gestas han sido asesinados a sangre fría.
¿Por quiénes? La lista es larga. Y los delincuentes siguen ahí, sueltos, deambulando, acechando. Hambrientos y voraces. Y con licencia.
¿O acaso Usted mismo no los identifica?
1.- Directores técnicos mercenarios, chambistas, que ni siquiera voltean a ver de reojo a la sangre pujante, para vivir cómodamente con la seguridad del lado del lenocinio de su profesión, rodeándose de piernas veteranas.
2.- Directivos sin autoridad, sin conocimiento, sin visión, sin atrevimiento. Quieren figuras de vitrinas ajenas por el miedo de atreverse a forjar las propias. Y entre su desatención y el repudio de esos técnicos puntistas y resultadistas, se olvidan del jugador promesa.
3.- La misma FMF. Chucho Ramírez, tras conseguir el título ante Brasil en Perú 2005, recomendaba apoyo, orientación, educación, ayuda, por parte de los clubes y la FMF para saber asimilar el éxito. Imploraba que no se les abandonara, y que sí se les auxiliara a entender la dimensión correcta de su propio éxito.
4.- Los promotores son lobos con piel de gángster. Y de dos maneras asesinan a las generaciones. Primero, colocan a auténticos troncos extranjeros en el futbol mexicano, porque de ese negocio, a veces turbio, a veces fraudulento, complementan la cadena de corrupción en el futbol mexicano. Segundo: engatusan a la familia del jugador con promesas falsas, con contrato esclavizantes y unos cuantos centavos.
¿Ejemplos? Cito uno. ¿Qué habría pasado si Cruz Azul hubiera tenido la paciencia que tuvo a fósiles extranjeros con jugadores como Villaluz y Andrade? ¿Y si los hubiera mimado y tolerado traiciones como a Teófilo Gutiérrez, o inconsistencias como Pavone o farsas como Maranhao, Formica, Biancucchi?
Y cito a Cruz Azul, pero sobran casos como en Tigres, Pachuca, América, Chivas, Atlas y más.
Y luego cuando algunos se independizan de manera brusca, como Javier Aquino, se les llama traidores y desagradecidos.
¿Qué ha pasado con los campeones mundiales 2005? Sobreviven, realmente, con éxito, sólo tres: Héctor Moreno, Giovani dos Santos y Carlos Vela. Algunos incluso ya se retiraron del futbol profesional.
¿Qué ha pasado con los campeones mundiales 2011?
Carlos Fierro, Balón de Oro de ese torneo, es el jugador rescatable y destacable en unas Chivas en caos, y tal vez el más sólido de momento.
¿El Balón de Plata? Jonathan Espericueta, en los sarcófagos de Tigres, donde el Tuca Ferretti (uno de esos Herodes) esconde a los jugadores promesas, y sus directivos, dóciles, sumisos, timoratos, se lo aplauden, como en el caso de Alan Pulido, un delantero que estaba listo desde que lo debutó Daniel Guzmán.
Marco Bueno sigue reclamando que se le mime en Pachuca con el mismo descaro paternalista que a Nery Castillo, Tamudo, Guille Franco, Cejas, Cavenaghi y otros fraudes millonarios a una institución que se ostenta como la Universidad del Futbol.
Insisto: ¿qué hacemos en México para exterminar a las generaciones Sub-17?
Y lo más grave: la incapacidad para aprender de esas mismas torpezas.
Hoy, los gigantes Sub 17 que vencieron al gigante del futbol mundial, lamentablemente, en unas semanas, vivirán esa misma muerte traicionera, abyecta, alevosa, que sus generaciones anteriores, a manos de esos Herodes identificados: federativos, directivos, entrenadores, promotores y en algunos casos, sus propias familias.
¿Y el que se atreva a rebelarse? El Pacto de Caballeros será la guillotina final a su pubertad futbolística.
