LOS ÁNGELES -- Fantasía. Inspiración. Favela. Magia. Descaro. Fascinación. Improvisación. Fútbol de gala de un Ronaldinho que vestía de novia a la pelota cada partido.
Incubadora de lo impensable, de lo inimaginable, Ronaldinho es el mago más vertiginoso del mundo. Y sin apadrinarse con tecnología o parafernalia, sólo con la complicidad de un balón, recreaba al cosmos azorado, pasmado, embobado y seducido del futbol.
Pisa México, ilusiona al americanismo, y elige al Querétaro, mientras el oleaje suave de la memoria rescata del destierro todos los videos, las anécdotas y las fechorías amables de este tahúr de la pelota, quien vivió su clímax con el Barcelona.
No es novedad: Ronaldinho juega al futbol. Pero, le dio a este deporte una pecaminosa y exquisita percepción distinta. Lo reconfiguró bajo la trilogía de la "I", esa que hoy parece tabú entre los genios: inspiración, instinto e ingenio.
Hoy, a excepción de Lionel Messi y Zlatan Ibrahimovich, los estetas del futbol han entregado piernas, voluntad y talentos a las urgencias esclavizantes de los técnicos. Los puntos y su dictadura han puesto bajo cautiverio al genio y al ingenio.
Acróbatas y saltimbanquis de la pelota se han visto obligados al prejuicio dirigencial de imponer la transpiración sobre la inspiración. Corren más y piensan menos. Son menos niños ilusionados y más amargados trogloditas.
Y en el fútbol, alterar el orden de estos factores, no sólo altera sino que degenera, prostituye y contamina de manera promiscua el producto.
Por eso, que uno de esos escasos locos recale en México, siempre implicará la garantía de que al menos el boleto que se pague será retribuido. Una sola de esas explosiones de Ronaldinho, de las que asomaban en el Atlético Mineiro, una sola de ellas, bastará para recrear y reembolsar el tiempo, dinero y esfuerzo de quienes acudan al estadio.
Queda claro que Ronaldinho ya no es el mismo. Pero, también, queda claro que Ronaldinho sigue siendo él mismo. La magia sigue intacta. El hechicero viejo sabe todavía mejores trucos que el hechicero nuevo.
De aquel dientón, desgarbado, tímido y simpático imberbe que a los 17 años asombró con Gremio, hoy a los 34 años, hay un futbolista menos dientón, menos desgarbado, menos tímido, más simpático y más sabio; de menos recorrido, menos impulsivo y explosivo, pero igual de letal, retozón y bullicioso con el balón.
¿Qué puede hacer Ronaldinho futbolísticamente por Querétaro? A un equipo de músculo, de resistencia, de consistencia, le va a agregar aseo con la pelota, un evidente peligro de gol como generador o realizador, aunque, insisto, ya no puede emular a aquel que hacía un promedio de medio gol por partido con el Barcelona, pero la maquinaria sigue carburando poderosamente.
Es evidente que deberá ponerse en forma y en ritmo. Es evidente que las facultades necesitarán de ejercitación, orden y disciplina. Es evidente que tendrá un séquito de jugadores que querrán ponerse a su servicio. Es evidente que saltará algún carroñero que pretenderá ganarse un poco de fama, de la mano del crimen.
Y además, lo menos importante para unos, pero trascendente para otros, es que evidentemente será un impacto tsunámico en la mercadotecnia del futbol mexicano.
Interesante que el futbol mexicano, además, se atreva a invadir terrenos que parecían privilegio de la MLS. Llevará para el próximo torneo a Kaká, Villa y quizás a Xavi, pero sabrá que el pez más exquisito escapó a su acuario: Ronaldinho.
Pero, sobre todo, qué mejor regalo para cualquier aficionado que un futbolista que aún es capaz de sorprenderse a sí mismo con su inspiración.
Qué mejor obsequito para cualquier balompié, que un futbolista que aún es capaz de maravillarse a sí mismo con sus pericias.
Vaya, que mejor ofrenda a una nación futbolera que un futbolista que aún es capaz de llorar por sus propios goles, como lo dice él, "porque son siempre un regalo de Dios".
Y qué mejor coincidencia: Querétaro, en sus orígenes, lleva a la palabra otomí "Maxei" o "Ndmaxei", que significa Juego de Pelota. Es decir, qué mejor que sumar a Ronaldinho, a uno de esos que son amos locos del juego y amos locos de la pelota.
|
