LOS ÁNGELES -- 3-0 sobre Honduras. Y se propaga, y se aviva, el canto de las sirenas. Ese arrullo siniestro por organizar el desfile porque se recupera el control futbolístico de la Concacaf.
No basta. Eso lo entendemos todos. Desde quienes nos mantenemos de pie en la prominente cicatriz del escepticismo de ese 7-0, hasta quienes se arrellanan en el diván del exitismo.
Pero, hay excelentes noticias para la abnegada nación tricolor: esta vez los futbolistas mexicanos sí quieren. Habían demostrado que saben y que pueden. Atreverse es aún el gran atalaya a conquistar.
Administrando su dinamita, Juan Carlos Osorio envió un equipo casi experimental al asalto, y fue superior a unos hondureños que amenazaron gallardamente por momentos, pero que volvieron a mostrar ese temor reverencial al Estadio Azteca.
Diseccionamos al cadáver. El marcador fue erosionando a los catrachos. El 1-0 los desconcertó, el 2-0 los desconcentró y el 3-0 los colocó ante la histeria de que el boleto al Mundial se complica cada vez más.
Luego de algunos soponcios en el área mexicana, producto de la velocidad por los extremos de una permisiva defensa mexicana, el 1-0 les hizo sentir que la misión era imposible, y ese fervor, ese valor de momentos, empezó a diluirse.
Empezaron a responder a patadas, que no es un acto de valor, sino de cobardía y torpeza, especialmente cuando Panamá los aguarda como una de sus pocas rutas de supervivencia.
Por México, insisto, la devoción. Ese compromiso que a veces escasea. Demostró, nuevamente, que tiene a la mejor generación de futbolistas en su historia. Indudablemente. Pero, también, indudablemente, cuando ellos quieren.
Tecatito Corona volvió a confirmar que es el vago del Tri. Ese caracoleo, esa desfachatez de tahúr de tirar un mismo amague contra dos rivales y salir adelante, habría que buscarlo en las tardes de gloria de un Fernando Bustos o un Berna García. Sí, tanto tiempo hace...
Y relevante que el Tri estrene un nuevo capataz: Carlos Vela. Ha asumido el control del equipo, demostrando no sólo que es el mejor futbolista que puede tener México, sino que empieza a gravitar esa aparente nueva actitud sobre el seleccionado nacional.
Y mientras Raúl Jiménez confirma los deseos de Osorio de que sea su eje de ataque en Rusia, el resto del equipo juramenta sus compromisos como equipo, para que incluso, en su momento, Hirving Lozano regalara en su gol una de esas jugadas definitivas y definitorias que debería sacar a pasear cada domingo en la cancha, pero...
Honduras dejó una preocupación: o Pinto entregó el partido con su línea de cinco, o los jugadores no alcanzaron a entender los principios fundamentales de plantarse de esa manera. La trampa se cerró sobre ellos mismos.
Pero México lo aprovechó magníficamente, incluso desafiando uno de sus propios némesis: el juego aéreo.
El domingo visita el Azteca Estados Unidos. Un equipo que sufrió ante Venezuela y debió sacar energía extra ante Trinidad y Tobago, más allá de la jerarquía que le da Pulisic cuando tiene la pelota.
El juego de este domingo será un examen de mayor rigor para el Tri. Ya Juan Carlos Osorio prepara sus rotaciones, obviamente.
Serán rotaciones concienzudas, porque este domingo, puede llegar sellada ya la invitación a la Copa del Mundo de Rusia.
Y cerrar con sólo una pregunta. Las estadísticas, insisto, ese canto de sirenas, son abrumadoras en beneficio de Osorio y el Tri, pero, ¿y aquella promesa de jugar agradable y espectacular, se quedó en promesa de campaña? No importa, al mexicano se le defrauda cada seis años ante las urnas. Ya está acostumbrado.
Y Usted elija. Acá, en el promontorio del escepticismo del 7-0 aún quedan lugares, porque allá, en el spa del regocijo del #YaConEstoEsSuficiente, deben estar muy amontonados.
Este conformismo rememora la anestesia de algunos partidos políticos en México: con una torta y una 'pecsi', los tienen contentos.
