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Cruz Azul: ¿Y quién ha 'hurtado' a Carlos de las pesquisas del equipo cementero?

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Corona a Billy Álvarez: "Su equipo lo respalda y está con usted" (1:43)

El portero de Cruz Azul a nombre de todo el equipo mandó mensaje de apoyo a Billy Álvarez por investigación de la UIF (1:43)

LOS ÁNGELES - Sí Caín agarró a 'quijadazos' de asno a Abel, y Rómulo asesinó a Remo, la bellísima relación entre Alfredo y Billy Álvarez Cuevas, dándose de 'legajazos' en los interrogatorios, no desmerece en la cartelera de los celebérrimos fratricidas.

Dice un proverbio indio que “ningún amigo como un hermano; ningún enemigo como un hermano”. En la familia regente de Cruz Azul, la alcurnia de la traición es de sangre azul que se tiñó de negro.

En un hábil juego de distracción, los abogados de los hermanos Álvarez Cuevas, empezaron a reclutar chivos expiatorios.

Alfredo metió al circo al promotor español Miguel Lospitao, y a sus exdirectores deportivos, Yayo de la Torre y Ricardo Peláez, así como a Ignacio López Medina (por pagar sobreprecio por Orbelín Pineda, Misael Domínguez, Antonio Sánchez, Jonathan Rodríguez y Andrés Rentería).

Seguramente Billy al contraatacar, citará al promotor de cabecera de su hermano, Omar Fleitas, quien ha reiterado no dedicarse a la compraventa de piernas de jugadores de medio pelo, pero que clubes y futbolistas lo han citado eventualmente, en negociaciones en Centro (San Miguelito de Panamá) y Sudamérica (Independiente de Argentina).

Tanto Lospitao como Fleitas han asegurado que ninguno de los dos tiene vínculos directos en negociaciones de jugadores con Cruz Azul. Debe ser entonces que se enamoraron de esa cruel sequía de títulos que arrastra el club, y de esa pútrida y estéril matriz de jugadores que son sus fuerzas básicas. Necrofilia, que le llaman.

Y mientras los Álvarez Cuevas van talando y haciendo leña con los vestigios de su alguna vez poderoso y frondoso árbol genealógico, hay un nombre que no salta a escena. Un nombre que es la posdata inevitable en cuanta negociación haga Cruz Azul.

Un nombre que siempre era el chambelán de las sospechas cuando llegaba un jugador de pobres condiciones futbolísticas como los Maranhao, los Maximiliano Biancucchi, los Marcelo Carrusca, Martín Cauteruccio, Waldo Ponce, Nicolás Bertolo, y una lista tan gorda de bultos, como directorio telefónico de Beijing.

Tal vez tenga razón Billy Álvarez Cuevas quien jura y perjura que Carlos Hurtado es sólo “una leyenda urbana”. Pudo haber dicho que era un mito, pero eligió leyenda. ¿Sabrá la diferencia?

Sin embargo, su Caín, Alfredo, ha asegurado públicamente que “no se contrataba a nadie, sin su aprobación (de Hurtado)”, y Víctor Garcés lo secundaba al afirmar en octubre de 2019, que “en la nueva administración (de Cruz Azul) ya no cabe la injerencia (de Hurtado)”.

Hace unos años, el columnista Ignacio el Fantasma Suárez, reveló una grabación en la que se escucha la voz del mismo Hurtado, agenciándose las negociaciones en los casos del colombiano Carlos Lizarazo y del mexicano Rafael Baca, en charla con el entonces director deportivo Agustín Manzo.

Lizarazo ni siquiera debutó con Cruz Azul. No fue culpa suya. Llegó enfermo de hidrocele, una molestia enfermedad testicular, para la cual se recomienda reposo absoluto, porque además se le pidió al jugador no someterse a una operación.

Sin embargo, en Deportivo Cali aseguraron en su momento que cuando Cruz Azul (Hurtado), negoció la llegada de Lizarazo, sabía ya de la manifestación de la hidrocele. Su rendimiento no había sido malo con 14 goles en 75 partidos.

Insisto: ¿Quién ha 'hurtado' a Carlos de las investigaciones de la Unidad de Inteligencia Financiera?

Indudablemente, Carlos Hurtado es un artista en ese difícil arte de la compra y venta de jugadores. Todos lo conocen, pero nadie lo señala. Todos lo identifican, pero nadie lo responsabiliza.

Sin duda hay que involucrar a ambas partes. Y explicar que si muchas de las operaciones fallidas en Cruz Azul, con Hurtado y otros promotores, se consumaron, fue con la aprobación final de los Álvarez Cuevas, porque a veces fueron decisiones tomadas por encima de los eventuales directores deportivos.