La gente que sigue el futbol profesional lo hace por entretenimiento, hay diferentes maneras de entretenerse, puede ser por la estrategia en el juego, por las habilidades de los futbolistas, por el despliegue físico de los jugadores, y un larguísimo etcétera, pero para entretenerse a final de cuentas.
Una cosa es los que viven (¿vivimos?) directamente o indirectamente del futbol, y otra es los que lo consumen. Los que tienen sus ingresos gracias al futbol tienen una perspectiva diferente a quienes pagan por él. Los que gastan su dinero lo hacen para satisfacer su necesidad de romper con la cotidianidad, de divertirse, de sazonar su existencia.
Nadie voluntariamente sigue al futbol profesional para aburrirse, todo lo contrario. Nos cuesta trabajo aceptarlo, pero el periodismo deportivo tiene como principal finalidad entretener.
No nos dé miedo ni pena aceptar que el periodismo deportivo es para entretener a las audiencias, el entretenimiento es necesario para sobrevivir en un mundo lleno de aburrimiento y preocupaciones. Es noble y difícil de crear.
El periodismo político, económico, y de guerra, por ejemplo, no tienen que buscar entretener, ni dar gusto a nadie, su temática es seria por las consecuencias directas que tiene con la población; el futbol profesional es otra cosa, radicalmente opuesta.
No es que sea más valioso un tipo de periodismo que otro, pero sí que hay unos más serios que otros. El futbol profesional es para muchos un espectáculo que lo acerca a un importante estado de felicidad, y debe siempre de ser la primordial búsqueda del ser humano la de ser feliz, es quizás el más relevante de los derechos humanos.
Sí, hay hechos de corrupción, abuso, acoso, etcétera, alrededor del futbol que son importantes, que no son parte del entretenimiento; pero ese tipo de asuntos no son parte de la cancha, del juego, se dan como se dan en cualquier actividad humana, sobrepasa al periodismo deportivo en sí.
¿A qué viene todo esto?, a que me sorprende la molestia de muchos puristas porque el pasado jueves las principales notas de los medios deportivos fueron las cirugías estéticas del jugador del Porto, Héctor Herrera exhibidas en la revista GQ, y los insignificantes accidentes automovilísticos de El Piojo Herrera y Diego Lainez. No veo que haya nada de malo, son temas chuscos, simplones, e insignificantes, que embonan perfectamente en las coberturas del juego futbolero, que son parte de una diversión afín a lo que busca el seguidor del fut profesional.
Quienes consideren que el periodismo deportivo debe de ser estrictamente serio y formal, deberían de preguntarse por qué es que éste se centra en algo que es a final de cuentas un juego… sí, un juego.
Mientras exista respeto, es de aplaudir que el periodismo deportivo se atreva a intentar divertir, y que vea a los futbolistas, como lo que son, jugadores que juegan.
