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Danubio, una historia de compromisos, promesas, dolor y llanto para volver a Primera

Danubio festeja la vuelta a Primera. Twitter - @DanubioFC

Danubio, cuánto sufrimiento, dolor contenido y lágrimas derramadas. Un golpe tras otro. La salida de Leo Ramos, el padecimiento de Ribaír Rodríguez, el silencio del vestuario, el temor por no volver a Primera División. Fue largo el camino. Sufrido.

Aquellos que te lloraron entienden el motivo de tanta felicidad en el Charrúa. El motivo por el que Ribaír se paró con las muletas al cielo y los de a pie fueron a la sede a cumplir con el ritual de cada logro, ese de levantar la copa al lado del escudo que da a 8 de Octubre.

Para entender la felicidad de Danubio hay que comprender todo lo que vivió.

Por curioso que resulte, la historia comenzó cuando el descenso era inminente. Allí el técnico Leo Ramos brindó la primera muestra de adhesión a la causa anunciando que se quedaba a dirigir al cuadro en la B.

El club decidió volver a las fuentes. Se entendió que había que recurrir a gente que respirara Danubio para transmitir justamente lo que es el club.

Los dirigentes salieron al mercado en procura de cuatro hijos predilectos de la franja, campeones con el club: Nacho González, Esteban Conde, Ribaír Rodríguez y Juan Manuel Olivera que se sumarían a Sergio Rodríguez que ya integraba el plantel.

El que más costó convencer fue Juan Manuel. No es sencillo para un jugador con trayectoria, que fue dirigido por Maradona y jugó la final de la Libertadores con Peñarol contra el Santos de Neymar, terminar jugando en la B y en un club que estaba convulsionado. Pero el amor por los colores pudo más.

Danubio comenzó a transitar el camino y fue complejo. Pero acaso lo que más pegó fue el gol en la hora de Matías Cabrera en la derrota 0-1 contra Defensor Sporting. Fue un golpe al alma. El equipo estaba quinto en la tabla.Allí se entendió que había que hacer algo por cambiar y se optó por cambiar de entrenador.

Destituido Leo Ramos, el presidente Arturo Del Campo se jugó una patriada: fue por Jorge Fossati.

La charla fue interminable. A Fossati no se le movía un pelo. En determinado momento de la reunión el DT le dijo al presidente: “¿qué me podés decir para que agarre?”.

Y Arturo apeló al sentimiento. “Jorge, tengo claro que querés al club y la gente de Danubio necesita tener una alegría. Estamos mal. Sos vos Jorge...”.

A las pocas horas el Flaco estaba en el complejo danubiano asumiendo funciones. El equipo se recompuso, y cuando pasó mal, aparecieron los referentes aportando la palabra justa.

Y se llegó a un cierre dramático. Primero se dejó pasar la chance ante Cerro. Y en la última fecha llegó el clásico con Defensor. A todo o nada.

A los cinco minutos Conde salvó a Danubio dos veces. La cosa pintaba mal. Pero a los 11, Sosa sacó un zapatazo que terminó valiendo el ascenso.

Las imágenes del final fueron conmovedoras. Un interminable abrazo de Sergio y Ribaír Rodríguez, que minutos antes no había podido contener la emoción y elevó las muletas al cielo para celebrar de pie pese a la dolorosa lesión del tendón de Áquiles que le impidió jugar. La sonrisa de Nacho González. El homenaje a Juan Manuel Olivera en la despedida.

Arturo Del Campo miró al cielo y saludó a su viejo, el Ingeniero, y al fundador del cuadro Juan Lazaroff.

Fossati se puso de rodillas y luego salió corriendo a buscar al utilero Mario y a su hijo, en un gesto que lo enaltece. Hoy concurrirá con el plantel a cumplir la promesa de agradecer a la Vírgen de Lourdes.

El cuadro, como en los viejos tiempos, se fue del Charrúa a la sede. Allí esperaba la gente, los de a pie, los que llevan el cuadro tatuado en la piel, los que lloraron el descenso, los que anoche se fueron a dormir en paz. Danubio es de Primera.