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Ashley Cooper, el héroe sin capa del tenis Australiano

Getty Images

Ni Rod Laver. Ni John Newcombe. Ni Margaret Court. Ni Roy Emerson. Ni Ken Rosewall. Ni Neale Fraser. Ni Patrick Rafter. Ni Pat Cash. Ni Lleyton Hewitt. Ashley Cooper.

Hace poco menos de un mes, Ashley Cooper abandonó este plano a los 83 años producto de una enfermedad que lo aquejaba desde hace tiempo. Cooper fue número uno del mundo en 1958, se quedó con tres de los cuatro Grand Slams al triunfar en el Abierto de Australia (por duplicado), Wimbledon y el US Open para totalizar cuatro majors en total.

Cooper jugó también otras dos finales de Grand Slam, ambas en 1957, en Wimbledon y el US Open. Además, logró otros cuatro certámenes grandes en la especialidad de dobles: Roland Garros 1957 junto a Malcolm Anderson, y el US Open 1957, el Abierto de Australia 1958 y Roland Garros 1958, todos con su compatriota y gran amigo Neale Fraser.

Su perfil público aumentó aún más cuando se casó con Helen Wood, quien era Miss Australia en 1959. Su boda atrajo a más de 3000 espectadores, algunos de los cuales subieron al auto tratando de ver más de cerca a la pareja dorada.

Después de que una lesión en la espalda acortara su tiempo como profesional, Cooper regresó a Brisbane, donde tuvo una exitosa carrera en los negocios y luego sirvió a Tennis Queensland y Tennis Australia como administrador.

Si bien sus títulos son los mencionados, Cooper fue más allá luego del retiro y se dedicó a promover el deporte a nivel exponencial: “Fue mucho más allá de sus hazañas en la cancha de tenis. Su rico legado incluye el magnífico Queensland Tennis Center, un proyecto que le apasionó, fomentando el desarrollo desde el principio y dando como resultado el regreso del tenis internacional de clase mundial a Brisbane”, contó el CEO de Tennis Australia, Craig Tiley.

Cooper fue uno de los grandes australianos en hacer gala del saque y volea, pero por sobre todas las cosas, de mostrar una entereza mental increíble. Un ejemplo cabal fue cuando, en pleno encuentro contra Bobby Wilson, en los cuartos de final de Wimbledon, debieron detener el juego para reverenciar a la Reina, quien había ido a verlos. Su rival no pudo lidiar con la presión y perdió cómodo.

En 1958 fue proclamado como el mejor tenista del planeta y, 33 años más tarde ingresó en el Salón Internacional de la Fama del Tenis. Luego lo haría en el australiano, en 1996. Fue nombrado Oficial de la Orden de Australia por "servicio al tenis a través de una variedad de organizaciones que administran y promueven el deporte, y como jugador, entrenador y mentor para jugadores junior".