El primer entrenador de Andre Kirk Agassi (Las Vegas, 1970) fue un dragón. Era una máquina construida por Mike, su papá: a base de alumino, un cuello XXL y una cabeza estrecha, el monstruo dispara pelotas a un niño de siete años que tiene que devolver.
Mike Agassi se llama Emmanuel, nació en Irán y compitió en boxeo en Juegos Olímpicos. Es un luchador y cree que si su hijo puede devolver 2500 pelotas por día, llegará a devolver cerca de un millón en un año. Y eso, devolver un millón de pelotas en 365 días, hará a su niño invencible.
Mike trabajaba en un casino, sus jefes se llamaban Andre y Kirk, los nombres que le pone a su cuarto hijo. El Kid de Las Vegas quiso saber por qué tenía esos nombres y le preguntó a Betty, su mamá. "¿Eran amigos? Pero ella no lo sabe. Y no es el tipo de preguntas que se le pueda formular directamente a mi padre. A mi padre no se le puede preguntar nada directamente", relata Andre en Open, su autobiografía.
"Cuando el dragón apunta hacia mí con puntería mortal y me lanza pelotas a 180 kilómetros por hora, el ruido que brota de sus entrañas es una especie de rugido que hiela la sangre. A mí siempre me asusta". No alcanza con devolver un millón de pelotas del dragón. Se les agrega altura, se les agrega velocidad. Hay que pegarle antes, hay que anticiparse al dragón. "(mi papá) Quiere que derrote al dragón. ¿Cómo vas a derrotar a algo que nunca para?".
Jugando torneos de Grand Slam desde 1986, Andre es un talento. Uno de esos jóvenes prodigio que ilusionan al deporte estadounidense. Encadena buenos resultados, llega a finales de Majors pero no puede: pierde dos Roland Garros (90 vs. Andrés Gómez, 91 vs. Courier) y un US Open (90 vs. Sampras). Andre es un Next Gen que no puede dar el salto, que no cruza el Rubicón de los verdaderos campeones.
Llega a Wimbledon con 22 años pero ya pensó en retirarse. Regaló todas sus raquetas a personas en situación de calle. Jugó borracho una serie de Copa Davis ante Argentina en Hawaii. Es junio de 1992 y tiene un pelo largo, un rubio teñido y un aro que le cuelga de forma poco estética en la oreja izquierda.
Agassi nunca dijo que el pasto es para las vacas pero no le gusta. Nunca más va a ganar un título en pasto, solamente este: Wimbledon 1992, en la final ante Goran Ivanisevic. Es su primer título de Grand Slam. Es convertirse en una persona de verdadero valor. En un ganador. “Yo no siento que Wimbledon me haya cambiado. De hecho, siento como si me hubieran hecho partícipe de un secreto sórdido: ganar no cambia nada”.
Antes de entrar a la cancha central de Wimbledon hay unas palabras de Rudyard Kipling, un escritor inglés. Agassi entró a la cancha central antes de jugar la final con Ivanisevic, entró en otros partidos previos al de Ivanisevic y entrará muchas veces después al partido de Ivanisevic. No sé si las vio ese día o algún otro. Son dos líneas de un poema escrito en el Siglo XIX y publicado en el XX y que están escritas en uno de los ingresos al escenario principal del All England:
"Si podés encontrarte con el Triunfo y el Desastre,
y tratar a esos dos impostores de la misma manera".
El poema se llama Si (If) y es un gran condicional en forma de consejos. Líneas y líneas de consejos. En las últimas dos líneas se saca el velo desde dónde se escribe y qué es lo que se puede lograr si se cumpliese con ese gran mandato:
"Tuya es la Tierra y todo lo que hay en ella,
y —lo que es más—: ¡serás un Hombre, hijo mío!"
Si (traducción)
Si podés mantener la cabeza en su sitio cuando todos a tu alrededor la pierden
y te culpan a vos.
Si podés seguir creyendo en vos mismo cuando todos dudan de vos,
pero también tolerás que tengan dudas.
Si podés esperar y no cansarte de la espera;
o si, siendo engañado, no respondés con engaños,
o si, siendo odiado, no incurrís en el odio.
Y aun así no te las das de bueno ni de sabio.
Si podés soñar sin que los sueños te dominen;
Si podés pensar y no hacer de tus pensamientos tu único objetivo;
Si podés encontrarte con el Triunfo y el Desastre,
y tratar a esos dos impostores de la misma manera.
Si podés soportar oír la verdad que dijiste,
tergiversada por villanos para engañar a los necios.
O ver cómo se destruye todo aquello por lo que diste la vida,
y arremangarte para reconstruirlo con herramientas desgastadas.
Si podés apilar todas tus ganancias
y arriesgarlas en una sola jugada;
y perder, y empezar de nuevo desde el principio
y nunca decir ni una palabra sobre tu pérdida.
Si podés forzar tu corazón, y tus nervios y tendones,
a cumplir con tus objetivos mucho después de que estén agotados,
y así resistir cuando ya no te queda nada
salvo la Voluntad, que les dice: "¡Resistan!".
Si podés hablar a las masas y conservar tu virtud.
O caminar junto a reyes, sin menospreciar por ello a la gente común.
Si ni amigos ni enemigos pueden herirte.
Si todos pueden contar contigo, pero ninguno en exceso.
Si podés llenar el implacable minuto,
con sesenta segundos de diligente labor
Tuya es la Tierra y todo lo que hay en ella,
y —lo que es más—: ¡serás un Hombre, hijo mío!
If (versión original)
If you can keep your head when all about you
Are losing theirs and blaming it on you,
If you can trust yourself when all men doubt you,
But make allowance for their doubting too;
If you can wait and not be tired by waiting,
Or being lied about, don’t deal in lies,
Or being hated, don’t give way to hating,
And yet don’t look too good, nor talk too wise:
If you can dream—and not make dreams your master;
If you can think—and not make thoughts your aim;
If you can meet with Triumph and Disaster
And treat those two impostors just the same;
If you can bear to hear the truth you’ve spoken
Twisted by knaves to make a trap for fools,
Or watch the things you gave your life to, broken,
And stoop and build ’em up with worn-out tools:
If you can make one heap of all your winnings
And risk it on one turn of pitch-and-toss,
And lose, and start again at your beginnings
And never breathe a word about your loss;
If you can force your heart and nerve and sinew
To serve your turn long after they are gone,
And so hold on when there is nothing in you
Except the Will which says to them: ‘Hold on!’
If you can talk with crowds and keep your virtue,
Or walk with Kings—nor lose the common touch,
If neither foes nor loving friends can hurt you,
If all men count with you, but none too much;
If you can fill the unforgiving minute
With sixty seconds’ worth of distance run,
Yours is the Earth and everything that’s in it,
And—which is more—you’ll be a Man, my son!
