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Messi: La mirada perdida de D10S

BARCELONA -- Messi no está. De tan acostumbrado que está el Barcelona al liderazgo futbolístico de su estrella, cuando Leo desaparece del plano, el equipo lo sufre. Y si a su desplome le acompaña el derrumbe de Neymar y Suárez y el Barça queda desnudo.

Leo tocó el balón apenas 60 veces en el Calderón, su segunda peor marca en 80 partidos de Champions después de las 56 que hizo… en el propio estadio colchonero. Disparó dos faltas, recuperó tirando de orgullo un balón en defensa, perdió tres en ataque, falló dos regates.

Y pasó el balón, de lado a lado, sin la electricidad esperada, sin el nervio acostumbrado, sin la genialidad habitual. El estornudo de Messi es una gripe para el Barça, que de tanto que se ha acostumbrado a su liderazgo se queda mirándole, esperando que en el mal momento sepa sacarle del atolladero.

De acuerdo a lo explicado por la Cadena Cope, Messi sufre desde hace varias semanas fuertes molestias musculares que aconsejarían un descanso… Que el propio futbolista se niega a hacer.

Cinco partidos después de quedarse sin marcar y anclado en los 499 goles, la emisora española informó que el viaje que realizó el crack argentino a Italia fue para visitarse con un médico de confianza que le diera un diagnóstico de las molestias que arrastra, con el objetivo de llevar a cabo un tratamiento de choque para poder cerrar la temporada en condiciones.

Al Barcelona, ahora, le quedan siete partidos por delante para acabar la temporada. La Copa a cara o cruz frente al Sevilla y seis jornadas de Liga en las que no tendrá más oportunidad que perder tres puntos, no más, si el Atlético de Madrid, su verdugo al cabo de siete partidos, es capaz de hacer el pleno en el torneo de la regularidad.

¿Con Messi? Desde el vestuario se trasladó el convencimiento de que Leo no tiene intención de apartarse del plano. “Lleva sufriendo en silencio un mes”, se proclamó desde la Cadena Cope y alrededor del equipo se puso énfasis en el convencimiento existente respecto a su permanencia en el terreno de juego.

La realidad fue, es, que el Barcelona vive atrapado en el presente de su estrella y que la imagen deprimida de Messi arrastra al Barcelona al diván.