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David Villa, adiós en el momento justo

BARCELONA — “Prefiero dejar yo el fútbol antes de que el fútbol me deje a mí”. Simple, directo y humilde en su discurso, David Villa anunció este miércoles su retirada, “muy meditada” cuando acabe la temporada con el Vissel Kobe, al que le faltan tres partidos en la Liga japonesa hasta el siete de diciembre y debe después disputar, el 21 de diciembre, la semifinal de la Copa Emperador. Si cae su equipo eliminado por el Shimizu S-Pulse ahí diría adiós el asturiano. Si venciera su retirada sería por todo lo alto: la final de la Copa el primero de enero de 2020, dos décadas después de debutar en el filial del Sporting de Gijón.

“Es el momento perfecto”, argumentó el Guaje, a quien Iniesta convenció para sumarse a la aventura japonesa hace ahora un año, tras cuatro temporadas marcando goles en la MLS para el New York City, un club que le llenó de tal manera que el anuncio de su adiós, casualmente, se produjo un día después de que anunciase la adquisición del Queensboro FC, que a partir de 2021 disputará la USL Championship. “Estoy orgulloso de decir que tengo una larga conexión con Queens”, proclamó el delantero español, dispuesto como está a controlar de cerca el desarrollo de esta nueva aventura.

Villa dice adiós dejando un montón de goles, de títulos y de recuerdos en una carrera profesional que nació en el Sporting de Gijón, del que fue canterano para debutar en el primer equipo en la última jornada de la temporada 2000-01, en Segunda División y frente al Córdoba en El Molinón. Aquella tarde sustituyó a Cuartero en la media hora final de un partido que acabó con empate a dos y que dio paso a una eclosión inmediata.

Marcó 41 goles en las dos siguientes temporadas hasta que en el verano de 2003 el Zaragoza le fichó por 3 millones de dólares, en lo que fue su debut en Primera División, saldado con 40 goles en 94 partidos y su venta al Valencia en 2005, por 13 millones de dólares y después de que tanto Barcelona como Atlético de Madrid (curiosamente los dos siguientes clubs de su carrera) rechazasen su fichaje.

“Es el momento justo”, aseveró el día que fue presentado por el Barça, en el verano de 2010 y días después de conquistar con la selección española el Mundial de Sudáfrica. Villa acordó su fichaje con la junta de Laporta y se presentó bajo la presidencia de Rosell, avalado por Begiristain y contratado por Zubizarreta, por un precio de 45 millones de dólares considerado desmesurado en aquel momento pero que amortizaría sobradamente.

Sustituto en el Camp Nou de Ibrahimovic, su encaje en la plantilla azulgrana fue mucho más fácil, entendiendo de inmediato la necesidad de adaptarse al sistema de Guardiola como secundario de Messi y sumando 48 goles en 119 partidos repartidos en tres temporadas concretadas en 8 títulos, al cabo de las cuales se marchó al Atlético de Madrid.

“Me marché del Barça porque en el último año perdí protagonismo y quería seguir sintiéndome útil. Tenía contrato y querían que siguiera, pero respetaron mi decisión. Siempre recordaré aquella etapa como una de las mejores de mi carrera”, afirmó tiempo después, ya en Nueva York y después de un solo año en el Atlético, con el que conquistó la Liga... Precisamente en el Camp Nou y frente al Barça.

“Fui el primer jugador de un club que acababa de nacer. Fue extraño y apasionante”, rememoró tiempo después al recordar su fichaje por el New York City, reclutado por Begiristain para formar parte del club controlado por el Manchester City. Jugó primero cuatro partidos con el Melbourne City australiano, también controlado por el club inglés, y a partir de ahí se catapultó como el santo y seña del NYCity, marcando 80 goles en 125 partidos, convertido en su máxima estrella. Hasta que decidió que era el momento del adiós, barruntó la posibilidad de la retirada y, al final, fue convencido por Iniesta para sumarse a la aventura japonesa.

En Japón Villa no dejó de marcar goles. Suma 12 en 22 partidos para sumar 380 a nivel de clubs que se añaden a los 59 que marcó con la selección española entre 2005 y 2014, disfrutando de un regreso puntual en 2017 a las órdenes de Julen Lopetegui y dejando La Roja con 98 presencias, un título Mundial y una Eurocopa.

Este miércoles dijo que ya era el momento del adiós definitivo. Controlar su nueva aventura en Nueva York, en el Queensboro FC, será el nuevo reto del Guaje, futbolista incansable, goleador innegociable y deportista excepcional durante veinte años de carrera.