AQUÍ ESTÁ UN RETO: Imaginen lo que se siente tener 21 años, ser extremadamente exitoso, millonario, muy estresado y demasiado miserable. ¿Cómo es que todas esas condiciones se pueden dar al mismo tiempo?
Comiencen aquí, con Tyron Smith, el tackle All-Pro de los Cowboys, dialogando por teléfono con su madre un día en 2012, su segundo año en la NFL, durante un periodo de tensión creciente entre él y su familia respecto a asuntos monetarios.
"Encontramos una casa", Frankie Pinkney le dijo a su hijo.
A estas alturas, la cautela se ha convertido en algo tan intrínseco para Smith como sus ojos color café y sus amplios hombros. En silencio, aguardó por detalles. Él estuvo de acuerdo en comprar una casa en el Sur de California para su madre y su padrastro. Ellos vivirían ahí; él sería el dueño, como una inversión. El presupuesto acordado era aproximadamente de $300,000, pero conforme avanzó la conversación, Frankie soltó la bomba. Precio de lista: poco más de $800,000.
Smith, ahora de 23 años, estaba sentado frente a una mesa de madera en la sala de conferencias de la oficina de su abogado, en Dallas. Rodeado por su novia, su asesor financiero y su abogado, él fija su mirada en algún punto de la ventana. "Sí, mis padres querían una casa", afirma Smith. "Pero esa es mucho más grande que la mía, y cuesta mucho más que mi casa".
No es un tema sencillo de tratar para Smith -recordar la plática parece igual de difícil que estar al teléfono como la primera ocasión. Hace mucho tiempo dejó de intentar encontrar el momento en que todo salió mal, cuando la combinación de familia y dinero se volvió corrosiva, cuando una dejó de existir si no tenía la compañía de la otra. Él señala hechos, carente de moción, como si estuviera determinado en convertir a un periodo doloroso de su vida en un recuento después de la acción.
"Esa llamada", señala. "Fue el momento en que dije, 'Es suficiente'".
En ese preciso momento, mientras colgó el teléfono sin darle a su madre la aprobación o el apoyo, algo se endureció en su interior. Reclamar sus finanzas era lo fácil. Desmitificar su nueva vida -ser algo más que el conducto para los deseos de aquellos que lo rodeaban-era más complicado.
La cosa esta así: Nosotros carecemos de la habilidad lingüística para explicar los innumerables caminos de los hombres jóvenes que emergen de la pobreza -o la simple falta de privilegios en la vida-hasta lograr riquezas practicando un deporte. Cuando las palabas fallan, un mito de creación debe llenar el hueco, entonces el atleta profesional moderno se convierte en nuestra Sedna, una enorme mujer de la mitología Inuit que vive en el fondo del mar, controlando el mundo submarino mientras aporta peces para evitar que su gente muera de hambre. Nuestra versión de Sedna se libera de las calles -las tentaciones, la pobreza, el flujo turbulento de Cada Parte Mala de la Ciudad-mediante una devoción incesante e insaciable para su deporte. Visiones de El Escape acompañan cada repetición con las pesas, cada tiro libre en un gimnasio vació. En resumen, su vida es una serie de momentos como si fueran comerciales de Beats by Dre.
Sí, él se levantará para dejar todo atrás, pero es ahí donde la mitología parecerá hacerse presente: él llevará todo con él. No puede olvidar de dónde vino. El mito demanda lealtad y ataca al ingrato.
¿Y qué hay de toda esa gente que estuvo a su lado, aquellos que creyeron en él, lo cobijaron y se sacrificaron por él? También vendrán. Él se convertirá en el que asuma todos los pecados, absorba todas las deudas -morales y financieras--, para que otros puedan ser absueltos. Y esta gente nunca más tendrá hambre.
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HACE MUCHO resultó más fácil para un atleta el suscribirse a este mito que desafiarlo con su propia historia. Más fácil el asentir con la cabeza, sonreír y tácitamente estar de acuerdo para ser un receptáculo benigno de las necesidades de la sociedad, para conjuntar sus historias de fantasías en cajas con códigos de colores. ¿Por qué otra cosa los nuevos atletas profesionales -y seamos directos: casi siempre son los jóvenes afroamericanos-invariablemente recibirían la pregunta de cuándo le compraron a su madre una casa nueva? ¿O un auto nuevo? ¿O ambos? ¿Alguien sabe si Aaron Rodgers mudó a su madre -una ama de casa- y a su padre -un quiropráctico-de su hogar en Chico, California, a una mansión en la playa? ¿Alguien consideró preguntarle? Pero, ¿podría ser remotamente posible, que los atletas que tengan antecedentes similares puedan tener historias tan distintas?
La historia de Smith se cuenta mejor de forma cronológica. Y comienza igual que muchas, en una camioneta repleta de artículos de limpieza, que circula por una carretera desolada en alguna parte del Desierto Mojave.
Smith pasó gran parte de su infancia trabajando para el negocio familiar. La compañía Pinkney's Cleaning Service se especializaba en limpiar nuevos edificios, luego que finalizara la construcción, pero antes de que los nuevos inquilinos los ocuparan. Los integrantes de la familia se subían a la camioneta, manejaban desde su casa en Moreno Valley, California, hasta Phoenix, Sacramento o algún punto intermedio, limpiaban un edificio y luego manejarían de vuelta, en un trayecto que podría durar hasta siete horas. Llegarían a casa a las 4 o 5 de la mañana, para que Tyron y sus cinco hermanos -una mezcla de medios hermanos varones, mujeres, hermanastros y hermanastras-se fueran a la escuela a las 8.
Tyron, quien era introvertido y tímido, además de ser más grande que sus hermanos, se sentía sin vínculo, como si fuera un objeto y no un hijo, alguien valuado más por su habilidad para limpiar ventanas altas. Esa separación quizá haya surgido en un momento donde él era demasiado joven para recordar: la muerte de su padre, Jerry Lee Smith, cuando Tyron tenía un año de edad. A Tyron le dijeron que Jerry Lee fue asesinado y que alguien está en prisión por ese crimen, afirmaciones que él no ha podido comprobar.
"Cuando crecía, era difícil sentirse apartado", confiesa. "No sabes hacia qué dirección ir. Se complicó en realidad. Yo era quien preguntaba, '¿Puedo conseguir mi propio trabajo? ¿Puedo hacer mis cosas?' No quería trabajar en el negocio de la limpieza toda mi vida".
Smith no recuerda observar el fútbol americano cuando era niño; no tenía tiempo ni la afición. Él era demasiado grande para jugar en Pop Warner, y además había viajes por hacer y ventanas por limpiar. Pero él comenzó a jugar en la preparatoria, y su tamaño y habilidad natural de inmediato se integró con su ética laboral. Él no tuvo que encontrar a este deporte, sino que fue todo lo contrario. Él era muy grande, eventualmente llegando a medir 6 pies 5 pulgadas, con 310 libras de peso, y para su penúltimo año de la preparatoria, todo mundo sabía hacia dónde se dirigiría él.
Si tenía que acudir a un campamento el fin de semana, le permitían ausentarse del trabajo de limpieza. Él recuerda que pensaba, "Era un poco extraño que me dejaran hacer mis propias cosas". Cuando se le cuestionó si eso creó fricción entre él y sus hermanos, Smith señala, "Quizá, pero nunca me enteré". Suena como si esta fuera la primera vez que haya considerado esa posibilidad.
¿Fue esta la primera vez que Tyron comenzó a abrazar el mito? Cuando se subía a la camioneta luego de los juegos el viernes por la noche, para dirigirse a otro edificio vacío, ¿soñaba con El Escape, cuando podría dirigir a un cardumen de peces a la superficie y librar a todos de su carga? "Cuando estaba ahí, simplemente disfrutaba el jugar", recuerda Smith. "Para mí, practicar ese deporte era mi propio espacio, lejos de la realidad. No tienes que preocuparte de nada, porque estás ahí y te sientes libre".
Él hizo lo suficiente para ganarse una beca para USC, y en su tercer año, algo cambió en la dinámica de la familia. Aquellos que tomaban las decisiones en la NFL comenzaron a buscar a Smith, con todo y sus 85 pulgadas en extensión de brazos y su velocidad por debajo de 5 segundos en las 40 yardas, para ser una potencial selección de primera ronda en el Draft 2011. La conversación en casa se tornó más peligrosa. Los miembros de la familia comenzaron a calcular cuánto recibirían, qué porcentaje les correspondía. Comenzaron a hablar de autos, casas y joyas. "De repente, la percepción de la gente acerca de mí comenzó a cambiar", recuerda Smith.
Como lo dice Leigh Costa, la novia de Smith, "Él siempre me dijo que creía que no le importaba a nadie, hasta que los coaches comenzaron a decir, 'Podrías ser realmente bueno'".
ÉL SE APEGÓ al mito. Todos los demás lo hacían, ¿entonces por qué él no? Cuando fue reclutado como noveno global en el draft, tenía 20 años, era el jugador más joven de la NFL. Firmó un contrato por cuatro años y $12.5 millones, le compró una Range Rover a su madre y se comprometió a pagar la hipoteca de sus padres y liquidar las deudas familiares. "No creía que les debiera algo", recuerda Smith. "Solamente quería ayudar. Sé lo complicados que son los problemas, y cuando era niño, siempre nos preocupábamos por las deudas. Eso era lo que yo quería: Usar el dinero para pagar la casa, las deudas y estar libre de todo eso". Posteriormente, Smith descubrió que el dinero que había aportado no fue usado para esos propósitos. Al cuestionarle cómo fue gastado ese dinero, Smith encoge los hombros, sin mostrar emociones. "No lo sé", dice. Una línea directa podría ser trazada, conectando ese momento con el momento en que colgó el teléfono, porque marcó el comienzo de una erosión gradual de confianza y control. Su humanidad se desvaneció debajo de un bombardeo de peticiones. Ya no era el hijo, el hermano, el amigo. Comenzó a sentirse como una lista de Santa Claus humana, robado de su capacidad para ser generoso.
"Me sorprendía por las cosas que me pedían como regalos", confiesa. "Lo único que podía decir era, 'Eso suena realmente caro'".
Él pagó por boletos de avión para que extraños pudieran acompañar a sus padres a los juegos en Dallas. Él pagó por las entradas a los encuentros (los jugadores solamente reciben dos boletos de cortesía), estacionamiento y alimentos. Él pagó las habitaciones de hotel o dejaba que los invitados se quedaran en su casa.
"Tyron delegaba en su madre, quien a la vez delegaba en el padrastro, quien tenía su propia mentalidad acerca de lo que merecía y de lo que debería obtener", dijo un conocido de la familia enterado de la situación. "Tyron es un gran muchacho. Era joven y estaba abrumado".
Así que cedió. El mito, después de todo, demandaba que recordara de dónde venía, y una cierta culpabilidad lo inundó. Su familia seguía en Moreno Valley, todavía haciendo el trabajo para el cual se había esforzado mucho para evitar. Él comenzó a pensar: Quizá no merezco este dinero. Cuando su asesor financiero llamaba para pedirle autorización para transferir fondos a la familia, él decía, "Sí, transfiérelos". Eso lo agotó. Por dentro, lo despedazó.
Los estudios indican que el 78 por ciento de los jugadores de la NFL se van a la bancarrota dos años después de su retiro. ¿Cuántas de esas situaciones pueden atribuirse a la erosión gradual del control, a las constantes peticiones de la familia para obtener dinero y la nula disposición para confrontarlos? John Schorsch, el abogado de Smith, estima que la familia recibió aproximadamente $1 millón de las cuentas de Tyson en el transcurso de un año.
"No intento lastimar a nadie, pero no gano este dinero para que alguien más se aproveche", afirma Smith. "Deben entender esto: La práctica de este deporte no es para siempre".
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LUEGO DE SU AÑO DE NOVATO Smith fue movido de tackle derecho a izquierdo, una enorme promoción en el mundo de los linieros ofensivos. Cuando les mandó un mensaje de texto a sus padres para informarles, la respuesta que recibió no incluía palabras de aliento o felicitación. En lugar de eso, se referían a su nuevo contrato y cuánto dinero ganaría, al jugar una posición más valiosa. "Fue difícil tener una conversación directa", confesó Smith. "Amo a mi familia, pero no amo la postura que asumieron".
Un asesor financiero, que trabaja con varios atletas profesionales, dice, "Entre más ganan los jugadores, más quieren recibir los familiares. La gente pierde su humanidad. Nosotros llamamos a algunos familiares 'los bases suplentes', porque creen que deben ser remunerados como si fueran deportistas
Los problemas de Smith fueron más allá del dinero. Costa, cuatro años mayor que Smith y que trabajaba como ejecutiva de ventas para una estación de radio deportiva en Dallas, se topó con una historia muy conocida: Ella, la nueva, morena y atractiva, fue culpada de separarlo de su familia, controlando su vida y sus finanzas. Los familiares de Smith presuntamente la amenazaron. "La metí a todo esto", dice Smith. "La criticaron hasta el cansancio, pero ella no hizo nada malo".
Luego de la petición de su madre por la casa de $800,000, Smith hizo un último esfuerzo. Realizó una llamada a Moreno Valley, diciendo: "Los amo, y son todo para mí, pero todos estos asuntos de dinero me están estresando. ¿No podemos simplemente tener una gran relación?".
Pero la guerra estaba declarada. "Recibimos emails y correos de voz, con amenazas de todo tipo", recuerda Costa. Smith y Costa reclutaron a Schorsch para que lidiara con los asuntos legales. Ellos cortaron vínculos con el asesor financiero de Smith y realizaron un movimiento que desafió al mito: contrataron a Bill Saplicki, un asesor financiero de Dallas que le fue recomendado a Costa, y que trabaja principalmente con doctores y dentistas. Y con exactamente un atleta profesional.
En el verano de 2012, Schorsch pidió una orden de restricción contra los padres y hermanos de Smith, prohibiéndoles tener contacto con él. El suceso que precipitó dicha orden ocurrió el 16 de junio, cuando la madre y el padrastro de Smith lo confrontaron públicamente mientras él trabajaba en un campamento para jóvenes en la Rancho Verde High School, preparatoria a la que había acudido. Y la noche del sábado 27 de octubre de 2012, cuando Smith estaba en el hotel del equipo la noche antes de un juego en casa ante los Giants, dos de sus hermanas llegaron sin previo aviso al hogar que compartía con Costa al norte de Dallas.
El timbre sonó, y Costa echó un vistazo por el cristal de la puerta. Se quedó helada.
"Necesitas dejarnos entrar", le dijo una de las hermanas.
"¿Por qué?", respondió Costa. "Ustedes me han amenazado. No sé qué tienen con ustedes ahorita, y su hermano no está aquí". Costa dijo que llamó a la policía luego que las mujeres le dijeron de forma repetida, "No nos iremos hasta que nos dejes entrar". Tres días después, un martes al mediodía, dos de las hermanas de Smith estaban entre las tres personas que volvieron a la casa. En esta ocasión, Smith llamó al 911 y la policía citó a las dos mujeres por conducta desordenada. Un reporte de la policía de Dallas señaló que las hermanas de Smith estaban ahí "para acosar y atormentar... en busca de ganancia económicas".
Frankie Pinkney declinó una solicitud de entrevista. Ella dirigió las preguntas a su mánager, Mark Wayne, quien dirige una compañía de entretenimiento con oficinas en Seattle y Nueva York. Pinkney, de acuerdo al sitio web de Wayne, es parte de un grupo que intenta vender un reality show llamado Football Moms. "Ella ha sido personificada como alguien que intenta extorsionar a su propio hijo, lo que no es cierto", dice Wayne. "No hay fricciones entre ella y su hijo. Ella ama a su hijo con todo su corazón y quiere reunirse. Creo que ella no ha sido tratada de forma justa".
Wayne no quiso abundar más, salvo para agregar, "La verdad saldrá a la luz. No me corresponde decirlo, le corresponde a Frankie. Ella aguantó muchas cosas. Su reputación fue dañada".
¿Y qué espera ella? "Necesita sanar", afirma Wayne. "Hace falta un proceso grande para sanar".
MENOS DE 48 HORAS luego de una dura derrota en lunes por la noche ante los Redskins el 27 de octubre, Smith muestra la inercia del segundo día post-partido para un liniero ofensivo de la NFL. Es bastante contrastante. En día de juego, él es poderoso y castigador, hábil. Dos días después, se sienta lentamente en una silla, como si cada vértebra se moviera de forma independiente. "Mi espalda... aaaay", dice, mientras hace un gesto de dolor. "Me siento muy engarrotado".
Schorsch tiene una respuesta estándar para cada ocasión en que se le pregunta acerca de la responsabilidad financiera de Smith con su familia. "Nadie tuvo que recibir una vacuna para poder levantarse e ir a trabajar. Y no deben recibir ninguna parte de esto. No importa lo que hayan hecho, ellos no están tomando este riesgo".
Dicho riesgo, a corto y largo plazo, es significativo. En su cuarto año como profesional, Smith ya ha tenido una carrera más larga que el promedio de la NFL, de acuerdo a la NFLPA (unión de jugadores). Él ha evitado las lesiones de consideración, pero ha tenido problemas periódicos con los tobillos. Sedna quizá viva para siempre, pero un tackle ofensivo no tiene tanta suerte.
Smith es suave, con una voz de locutor nocturno en una estación de jazz. Es prácticamente alérgico a la atención; en lugar de hablar con la prensa, a veces prefiera quedarse en el cuarto del trainer luego de las prácticas o juegos, mientras un empleado del equipo le lleva su ropa. Él juega con un aire sereno, como un hombre en paz ante la violencia de su profesión (pero, en un juego a finales de octubre, se lio a golpes con Jason-Pierre Paul, ala defensiva de los Giants). Su habilidad es incuestionable: Es considerado como uno de los tres mejores tackles ofensivos de la liga, y por su actuación ante los Seahawks en la Semana 6, se convirtió en el primer liniero ofensivo en 10 años que es nombrado jugador ofensivo de la semana.
Él trata el dinero de la misma forma como la mayoría de la gente trata una membresía del gimnasio: Está ahí y la usará cuando sea necesario. En julio, firmó una extensión de contrato por ocho años, y potencialmente ganaría $109 millones, con $22.1 millones garantizados. Muchos en la industria pensaron que ese acuerdo era demasiado favorable para el equipo -Pro Football Talk lo llamó "una locura"-porque deja a una de las figuras jóvenes de la liga sin poder para negociar durante una década. Pero las críticas no consideran la lealtad de Smith hacia Jerry Jones y los Cowboys, cuyo equipo de seguridad ha ayudado a Smith y Costa, y en una ocasión tuvo que sacar a uno de los hermanos de Smith del campamento de prácticas del equipo en Oxnard, California.
Smith, quien maneja un Jeep como parte de un patrocinio, valora la estabilidad y ansía ser normal. Cuando sale a cenar cada semana a un restaurante de lujo con sus compañeros de línea ofensiva, ellos se burlan porque usa ropa que le eligió Leigh. "No tengo sentido de la moda", dice, mientras muestra su camiseta, pantalón deportivo y sandalias. "Ellos saben que yo no me visto. Ojala y fuera como a principios de los años 90, cuando podías usar trajes de una pieza".
Cuando Costa le pregunta si le gusta algo -bien sea un sillón, una camisa o un tostador de pan-él responde a eso con otra pregunta. Para ilustrar, Smith sostiene una taza y dice, "Podría ser algo tan barato como esta taza, y mi primera pregunta es, '¿Cuánto cuesta?'".
"Eres muy conservador", dijo Saplicki.
"No", aclara Smith. "Soy tacaño".
"Sé que la cantidad de dinero que gano en la NFL podría desaparecer en cualquier momento", dice Smith. "Tengo que ahorrarlo para el futuro, para cuando tenga hijos".
Escuchen lo suficiente a Smith y captarán un patrón: Él repetidamente usa la palabra "trabajo" para describir lo que hace. Lo dice tan a menudo, que se siente intencional o quizá es una respuesta reflexiva ante el peso de su éxito. La distancia entre la palabra "trabajo" y la palabra "juego" es inmensa: Él juega al fútbol americano para ganarse la vida, mientras que en el mundo fuera del deporte -el mundo de la limpieza, por ejemplo-va a trabajar. "Vi las batallas diarias", afirma. "Te enseña a vivir con tus propios medios y lo que significa en verdad ganarte un dólar".
La verdad desmitificada es: Él viste el uniforme de los Cowboys no precisamente porque ame el fútbol americano; lo juega porque es muy bueno. Por amor al juego es un fenómeno externo, promovido por aquellos que buscan vínculos generacionales y el paso del tiempo con un uniforme en particular. No hay nada romántico acerca de estrellar tu enorme cuerpo contra otro enorme cuerpo como una forma de ganarte la vida. Eso es exactamente lo que Smith dice que es -trabajo- y especula que la mitad de los jugadores en un vestuario de la NFL se irían si les ofrecieran el mismo salario para hacer otra cosa.
¿Esto es algo profano? ¿O es la forma en cómo mueren los mitos y la realidad sobrevive?
Comprendan esto: Smith no quería hablar. Las cosas estaban calmadas, como le gustan. El stress ya no existe. Ya puede ir a su casa para jugar con sus perros rescatados -él y costa tienen cinco, incluyendo un mastín de 110 libras llamado Beast - y no se preocupan por la próxima llamada telefónica o que alguien les toque a la puerta.
Pero sabe que su historia es importante. Cuando se retire, tiene la idea de viajar por todo el país para contársela a los principales prospectos. Quiere que ellos sepan que él dijo que no, y que ellos también pueden hacerlo. Quiere que sepan que está bien el enfrentar la presión de familiares y amigos. Quiere que ellos tomen control de su propio dinero y entiendan cuánto debe durarles.
"Es algo tan personal, y nadie quiere hablar de eso", dice Smith. "'Hey, mi hermano o mi familia me está robando'. No escucharán eso, pero es una realidad. No intento criticar a mi familia, pero es difícil hablar del tema si hacer eso. Y mucha gente no está dispuesta a contar su historia".
Se hace tarde. El tráfico en el Metroplex, 13 pisos abajo, comienza a tranquilizarse. Smith comienza a ponerse de pie, sin apresurarse, mientras su espalda parece un elevador viejo. Los hombres que visten traje se ponen a su lado, como si fueran guardaespaldas. Smith dice, "Está bien decir que no". Como si quisiera recordarse una vez más, por si acaso.
