Gigi Fernández tenía 14 años cuando vio la final individual femenina de Wimbledon 1978, entre Martina Navratilova y Chris Evert, desde su casa en San Juan, Puerto Rico.
"Fue cuando me di cuenta por primera vez de que existía algo llamado tenis profesional", dijo Fernández.
Cinco años después, Fernández se convirtió en la primera mujer atleta de su país en jugar un deporte a nivel profesional.
"No teníamos cobertura de tenis, así que probablemente era la primera vez que veía tenis por televisión, y la idea de que yo podría jugar con ellas algún día me era realmente lejana", añadió Fernández. "Yo estaba en esta pequeña isla, y ellas afuera en el mundo".
Fernández, de 49 años, quien ocupó el décimo puesto entre las atletas hispanas más influyentes de todos los tiempos en una encuesta realizada por espnW y ESPN Deportes, llegó a convertirse en una tenista de individuales de alta clasificación y en una de las tenistas de dobles más exitosas en la historia del tenis. Ganó 17 títulos de Grand Slam con cuatro parejas diferentes y dos medallas de oro olímpicas con otra durante una carrera de 14 años exaltada en el Salón de la Fama del Tenis.
"Gigi era extremadamente talentosa, muy dotada; y era muy entretenido verla jugar", dijo Navratilova, quien jugó en pareja con Fernández para el título del US Open de 1990. "Era muy creativa en la cancha, dominaba todos los tiros. Siempre pensé que ella pudo haberlo hecho mejor durante ese torneo porque tenía tanto talento, pero ¿quién sabe?
"Cuando se tiene tanto talento, se está siempre combatiéndolo de algún modo. Yo pasé por eso, y por muchas otras cosas más".
Fernández, una figura controvertida en su tierra luego de su decisión de representar a los Estados Unidos en las Olimpiadas, reflexiona sobre su niñez en la cual su madre y su padre, reconocido médico en Puerto Rico, estuvieron en capacidad de proporcionarle lecciones en el country club y luego, en una cancha construida al lado de su casa. Pero ella también poseía un talento natural que se le reconoció a una temprana edad.
"Aparentemente yo tenía una coordinación mano-ojo muy buena, y a los 3 años, ya estaba corriendo en la cancha con una gran raqueta", dijo Fernández.
Sin embargo, lo que le faltaba en el tenis era alguien a quien imitar.
"Siempre hablo de eso, de que realmente yo no tenía modelos a seguir cuando era niña", añadió. "No conocía de ninguna atleta mujer que fuera hispana en ningún deporte".
Se dijo a sí misma que "muchas cosas tenían que caer por su peso. Me aceptaron en la universidad [en Clemson] para estudiar una carrera menor, realmente marginal", agregó. "Vieron que tenía talento y me dieron una beca, y fue la primera vez que practiqué de manera organizada".
Fernández le retribuyó a Clemson llegando a la final de individuales de la Asociación Nacional Atlética Universitaria (National Collegiate Athletic Association, NCAA), donde perdió frente a una tenista clasificada como la 27.ª del mundo. Siete años y un título Grand Slam después, Fernández recuerda haber jugado en pareja con Navratilova en Wimbledon 1990 y haberse sentido abrumada.
"Ella y Pam [Shriver] eran una pareja de tenis establecida, y yo sabía que si perdíamos sería por mi culpa", dijo Fernández. "Perdimos en los cuartos de final, y fue un golpe duro. Cuando fuimos a jugar en el US Open, tuve que reivindicarme porque Wimbledon había sido un desastre. Pensaba que si no ganábamos estaría acabada a los 26 años".
Navratilova también recordó el Open de ese año.
"En esa época, no era consciente de la presión que las tenistas sentían al jugar conmigo", dijo. "Había jugado con Billie Jean King, que era una leyenda, y aunque yo era mejor tenista en esa época porque ella estaba al final de su carrera, me aterrorizaba no estar a la altura de sus expectativas.
"Por supuesto que Gigi sentía la presión y recuerdo que estábamos jugando en una de esas canchas exteriores y ella estaba tan plana como un panqueque. Hiciera lo que hiciera, Gigi se quedaba mirando al vacío y así jugó también. Yo pensaba, ¿qué voy a hacer con ella?".
En un cambio, Navratilova, aparentemente frustrada, estrelló su raqueta y la hizo añicos.
"Simplemente la destruí", expresó Navratilova, "y Gigi se limitó a mirarme con esos grandes ojos. El árbitro, por supuesto, me penalizó, y luego la estrellé nuevamente. Fue entonces cuando Gigi abrió los ojos del todo. No dijo una palabra. Ganamos el partido y el US Open. Nunca hemos hablado sobre ello, y yo nunca antes había hecho nada parecido en mi vida. Pero funcionó".
Ahora, es directora de tenis en el club Chelsea Piers en Connecticut, está casada (con Jane Geddes, exgolfista de la Asociación Femenina de Golfistas Profesionales, [Ladies Professional Golf Association, LPGA]) y madre de unos mellizos de 4 años, Fernández ha sido directora técnica y mentora de varios deportistas puertorriqueños, entre los que se encuentran Vilmarie Castellvi y Monica Puig, quien llegó hasta la clasificación 44.ª en individuales, y sigue buscando jóvenes hispanos merecedores de becas en su club.
"Como fui la primera atleta profesional mujer de Puerto Rico, supe desde el principio que estaba forjando un camino para que otros lo siguieran", añadió Fernández. "Cuando jugaba, me sentía más bien ajena, pero luego de retirarme, me di cuenta que tenía la responsabilidad de ayudar a otros y continuar lo que había comenzado".
Aún querida en su país natal por sus hazañas en el tenis, también hay quienes nunca han aceptado que Fernández ganara sus medallas de oro olímpicas (en Barcelona 1992 y en Atlanta 1996, ambas con Mary Joe Fernández, su pareja de dobles) representando a los Estados Unidos.
"Eso fue muy controvertido", apuntó. "Fue una decisión difícil, pero al final, si puse mi carrera por delante de mi corazón y de mi patriotismo, entonces tomé la decisión correcta. La única oportunidad que tenía de ganar una medalla de oro era para los EE. UU. ya que no había otra puertorriqueña con quien pudiera jugar. Todavía es controvertido. A veces no se me da el crédito de ser la primera mujer puertorriqueña en ganar una medalla de oro".
Navratilova, a quién se le otorgó asilo político en los Estados Unidos cuando tenía 18 años y luego se le despojó de su nacionalidad checoslovaca (ahora tiene doble nacionalidad), dijo que Fernández había desafiado las probabilidades.
"En cualquier momento en que se triunfa, se desafía las probabilidades", agregó. "Hay muchas cosas que tienen que salirle bien a una tenista, una de ellas, que no es la menos importante, es que se debe tener fortaleza mental y levantarse todos los días para ir a la cancha a jugar, hacer lo que sea necesario para convertirse en una profesional.
"Y si se procede de un país sin referentes previos, una está realmente forjando un nuevo camino y eso se tiene que valorar".
