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Se desinfla la burbuja de los pesos completos

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Los pesos pesados viven en su peor momento (2:09)

Luis Ortiz salió positivo en un examen de dopaje y ahora esta en cuestión su pelea contra Deontay Wilder. (2:09)

Los pesos pesados prometieron todo y parece que a este mes de octubre, lo que nos han dado es algo más que un poquito. Lo vivido en la última semana con el cubano Luis Ortiz fue la gota que desbordó el vaso, pero es solo una parte. Antes que explotara la enorme burbuja de expectativas con la cual ,en su momento, nos vendieron el sueño de volver a los viejos tiempos, la categoría sufrió un proceso de deterioro indetenible.

Falta de visión, mala gestión, errores de los propios púgiles y esa eterna manía de postergar hasta el límite de lo insoportable las verdaderas peleas que quiere el fanático, son parte de ese laberinto en el cual la división superior parece eternamente recluida. Y todo es tan surrealista que, hasta una de las peleas obvias, como la revancha Wilder vs. Stiverne, ocurrirá por una necesidad y nunca porque desde hace rato la imponía el sentido común. Esa batalla debió ocurrir hace un buen rato y hoy tendríamos que estar listos para ver a Deontay Wilder contra Antonhy Joshua, cualquier otra ecuación es más de lo mismo.

EL CASO ANTHONY JOSHUA

El inglés campeón de la FIB y súper campeón de la AMB, es un fenómeno desde lo estadístico - 19 peleas, 19 KOs - pero recién enfrentó a un verdadero rival, a medias, en su última pelea contra un ex campeón semirretirado de 41 años como Wladimir Klitschko, que venía de una derrota y con un óxido de casi dos años sin ver acción. Pese a ello, Joshua sufrió, mostró un prematuro desgaste físico en la pelea, se fue a la lona en el sexto asalto y bien pudo terminar allí la historia.

Antes de ese combate, Joshua , que nunca salió de Inglaterra, enfrentó a rivales de segunda o tercera categoría y entre ellos, apenas el jamaicano Dillian Whyte le puso algo de oposición verdadera mientras duró la pelea.

Tras la millonaria batalla contra el ucraniano se esperaba una revancha, pero Klintschko decidió retirarse. Se suponía entonces que veríamos esa batalla contra Deontay Wilder (CMB) o llegado el caso una unificación ante Joseph Parker (OMB), pero eligieron ir contra el búlgaro Kubrat Pulev, que ya perdió contra Klintschko y tiene 36 años. Es obvio imaginar el resultado de ese combate.

EL CASO DEONTAY WILDER

El estadounidense monarca del CMB, es otro fenómeno estadístico pero con una solidez verdadera y diferente a la de Joshua en su historia boxística. Tiene 38 victorias con 37 de ellas por KO y dentro de un amplio espectro de rivales de nivel inferior, también ha visto acción verdadera contra buenos oponentes.

De todas maneras, pese a esa impresionante cantidad de victorias, también a él le llegó el momento de ir contra rivales de mayor nivel, pero no pasó del primero: Bermane Stiverne. Lo venció en las tarjetas y nos quedamos esperando una revancha que nunca sucedió. Wilder tuvo problemas por lesiones y también mala suerte: tres peleas se le cayeron por problemas de sus rivales en los controles antidoping. El último de ellos fue el cubano Luis Ortiz, un verdadero culebrón que terminó con el cambio de rival y a las apuradas se trae al que tuvo que ser oponente hace un buen rato, el haitiano Bermane Stiverne. Son muchas cosas que ocurrieron, cuando en realidad solo debió ocurrir una sola cosa: enfrentar al británico Joshua.

EL CASO JOSEPH PARKER

El neozelandés, campeón de la OMB en los pesos pesados es parte de esa historia surrealista que el boxeo escribe por la puerta del fondo. Luego de una carrera realizada, en su casi totalidad en su país, Parker consiguió ese título el 10 de diciembre último cuando venció por puntos y en decisión muy cerrada al estadounidense Andy Ruiz Jr. Este año realizó dos peleas, donde no mostró un desempeño digno de un campeón. En la primera venció por decisión unánime al rumano Razvan Cojanu peleando en casa y en la más reciente, viajó a Gran Bretaña para vencer en decisión dividida y en una horrible batalla al británico Hughie Fury.

Que sea campeón Parker, sin duda, es un accidente. Seguramente seguirá enfrentando a rivales de tercer nivel, tratará de no moverse de Auckland y pasará un largo tiempo como campeón. Claro, sin pena ni gloria.

EL CASO DE LOS DEMAS

Ya sabemos que Tyson Fury, aquél inglés que revolucionó la división con su increíble victoria sobre Klintschko en noviembre del 2015, abandonó el boxeo luego de una alucinada experiencia como figura pública que avergonzó a propios y ajenos. Wladimir Klintschko ya sabemos que colgó los guantes y nos quedaba como opción Luis Ortiz. El cubano fue otro soplo de esperanza cuando conquistó el cetro interino de la AMB.

Se vinculó y se desvinculó de Golden Boy Promotions, pasó por un primer problema por consumo de sustancias ilegales y lo repitió recientemente con los resultados por todos conocidos. Con 38 años de edad, ya nada queda por esperar. Su carrera terminó. Seguramente habrá culpables de ese desenlace, pero para la visión general poco cuenta. Lo único importante es que lo sucedido con Ortiz, quizás, fue el alfiler que pinchó la burbuja de los pesos pesados.

Y es posible que en el futuro la división se recupere, pero estamos seguros que ya no será con esta generación de pugilistas. Quizás, alguno de los actuales cruceros podría subir y darle otro impulso a la categoría, pero eso es solo una posibilidad. De todo lo que nos prometieron los pesados en el 2015, vean lo que apenas nos resta: la cada vez más lejana esperanza de ver frente a frente a Deontay Wilder y Antonhy Joshua. Y no verlos porque lo impone su calidad, necesitamos verlos - apenas - para estar seguros que realmente tienen calidad. Parece mucho, pero es demasiado poco.