Quienes lo conocen, dicen que el nuevo presidente de la FIFA es un hombre carismático; que es abogado y que habla fluidamente inglés, alemán, francés, italiano y español.
Cuando lo describen como político, prefiere deslindarse: “Yo no quiero prometer las acciones de mis primeros 100 días al frente del futbol mundial, porque eso hacen los políticos y yo no soy uno de ellos”.
Sin embargo, Gianni Infantino es reconocido por sus habilidades para aglutinar voluntades y porque es lo suficientemente desenvuelto como para ser maestro de ceremonias en los sorteos de la FIFA.
En su currículum se resaltan más cosas. Infantino es aliado de Michel Platini y oriundo de la misma región que Josep Blatter. Su pasaporte es suizo-italiano, pero hoy es el rey mundial del balón.
Su historia de ascenso comienza en 2007, cuando es nombrado Secretario General de la UEFA, después de que Platini se vuelve el jefe del futbol europeo. Y desde ahí practica un amplio poder de convencimiento.
Al igual que Havelange y Blatter, los anteriores presidentes de la FIFA, Infantino sabe que los votos de los países pequeños se cambian por plazas para los torneos de selecciones y de clubes.
Fue uno de los principales promotores para que la Eurocopa se juegue este año en Francia con 24 países y ayudó a dar más lugares para los pequeños en la Champions League.
Para darle seguimiento a esta ideología, una de sus propuestas de campaña fue que hubieran 40 países en el Mundial de 2026.
Sabe también que la cartera es determinante para acercar voluntades políticas y por eso otra de sus promesas de campaña es dar cinco millones de dólares para cada federación.
En el libro Mafia FIFA el periodista alemán Thomas Kistner documenta los excesos del futbol mundial e Infantino aparece en varias líneas que hablan de su ayuda para encubrir los escándalos de sobornos que adjudicaron la Eurocopa de 2012 a Polonia y Ucrania.
Todo había empezado porque Spyros Marangos, un federativo de Chipre, avisó a la UEFA que tenía evidencia de cheques y dinero que se había entregado para dar la sede a los países del Este europeo.
Infantino fue clave para borrar las huellas del escándalo y cerró el caso ante la prensa con las siguientes palabras: “Casi a diario recibimos alguna denuncia sobre corrupción o fraude deportivo. Si le diéramos crédito a todas sin disponer de alguna prueba, perderíamos mucho tiempo”.
También es atacado por haber dejado pasar los escándalos de amaño de partidos entre equipos europeos, hasta que las noticias llenaron las primeras planas. Pero hoy el suizo-italiano es todo sonrisas.
Quienes lo conocen dicen también que hace valer su carisma para conducir las juntas, que es dinámico, pero puede cambiar fácilmente su estado de ánimo si las cosas no salen como él las pensó.
Entró a la competencia para presidir la FIFA después de la inhabilitación de su exjefe Platini y hoy es jefe de la organización deportiva más grande de todo el mundo. Este abogado suizo sabe que los retos de su administración van más allá de la expansión económica; tienen que ver con la legitimidad del futbol mundial.
