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Esa maldición argentina llamada Copa Davis

BUENOS AIRES -- Una maldición casi centenaria. Una maldición con forma de ensaladera (el trofeo en juego es una ponchera de plata, en realidad). Una maldición increíble, con récord incluido. Esta es la historia de Argentina en la Copa Davis. Tuvo muchísimas alegrías, pero se le niega el título. La máxima potencia latinoamericana, con figuras de primera línea, Grand Slam ganados y muchos Top 10 del mundo, aún se debe una revancha especial: la de poder ganar, algún día, el principal torneo de tenis por equipos.

Apenas 14 países, desde 1900, pudieron darse el enorme placer de conquistar la copa. En 1923 se registró el primer partido del equipo albiceleste, justo contra Suiza, el 14º nuevo campeón, hace dos años. Desde aquellos tiempos de viajes en barco, otras vestimentas, raquetas y tradiciones, Argentina ostenta el duro récord de ser, de las naciones que nunca lograron el certamen, la que más finales perdió, con cuatro. Por eso se renueva la búsqueda de un desquite especial, esta vez en Croacia, un rival al que siempre derrotó, pero que presenta una dura formación.

Este karma de la Copa Davis está grabado a fuego en el deporte argentino. Y una clave en la quinta definición pasa por la unión del grupo, algo que supo ser el mayor problema, sin reparar, obviamente, en las dificultades que presentaron los adversarios de turno. En 1981, en Estados Unidos, y en 2008, en la única final que disputó Argentina de local, en Mar del Plata, contra España, hubo internas en el equipo que sin dudas jugaron en contra de las aspiraciones de todos. Por eso, se trata de un recorrido sinuoso y este torneo ya no es un objetivo nacional, sino un sueño que les quita el sueño a muchos.

Ya en 1980, en la antesala a la primera final, Argentina vivió un olvidable cruce de semifinales en casa, ante la por entonces Checoslovaquia. Internas, diferencias con la dirigencia y una serie que se escurrió entre las manos, con Guillermo Vilas y José Luis Clerc, quienes perdieron ante la emergente figura de Ivan Lendl en Buenos Aires y sobre cancha de arcilla.

Al año siguiente, ya con Vilas siendo una estrella y con Clerc en su año dorado, Argentina visitó en 1981 a Estados Unidos. En Cincinnati, en una rápida carpeta sintética, el desafío fue extremo, contra el Nº1 del mundo del momento, John McEnroe, quien además era el mejor del planeta en dobles, junto con Peter Fleming. Y el otro singlista fue el tremendo sacador Roscoe Tanner. Así y todo, la hazaña estuvo cerca...

Con el marcador 1-1, el crucial punto por parejas fue casi decisivo. Sin hablarse ni casi mirarse, recién allí se comunicaron "un poco" durante el juego, urgidos por la necesidad de la situación, y con el capitán Carlos Junquet intentando la quimera de unirlos. Los Top 10 Vilas y Clerc tuvieron contra las cuerdas a la dupla estrella, al punto de quedar 7-6 arriba en el quinto set, pero "Willy" cedió el saque y todo se derrumbó. Fue 11-9 para los anfitriones, que luego sellaron el 3-1 final cuando McEnroe le ganó al día siguiente por 6-3 en el parcial definitivo a un Clerc que estuvo encendido, aunque igual no le alcanzó.

Esa fue la única chance de los grandes de aquellos tiempos. Por eso, la Copa Davis sabe de una historia traicionera, inalcanzable para los albicelestes, que buscan ser el primer campeón de América Latina. Luego llegaron tiempos difíciles, con casi una década fuera de la elite mundial, hasta que otra generación hizo historia. Con David Nalbandian como figura, con grandes triunfos a cuestas, inclusive de visitante y en superficies muy rápidas, la famosa ensaladera volvió a estar muy cerca.

Debieron pasar ¡25 años! para ver otra vez a Argentina en el duelo decisivo. Fue lejos de casa, en 2006, en Moscú, otra vez en cancha dura y bajo techo, y se trató de la única vez que llegó a jugar el quinto punto, perdiendo 3-2 ante la Rusia de Marat Safin. Siendo Nº8 ATP, Nalbandian superó con autoridad al ídolo local, exlíder y en ese momento detrás del Top 20. Otra vez el dobles le dio un dolor de cabeza al conjunto sudamericano, que volvió a nivelar la serie cuando David le ganó a Nikolay Davydenko (3º). Pero en el cierre, José Acasuso (27º), un puesto detrás de Safin, cayó ante el dueño de casa y la frustración recuperó la escena.

Apenas dos años después, llegó otra posibilidad de alcanzar la gloria. Y otra vez fue desazón, la mayor de las cuatro, porque fue en casa y el rival, España, finalmente viajó a Mar del Plata sin Rafael Nadal, lesionado, que era el Nº1 mundial. Argentina decidió cambiar la tendencia lógica de la historia y se inclinó, ya que con internas políticas por la sede, por salir de su aliado polvo de ladrillo para actuar en superficie rápida y cubierta. Pero sin su mayor enemigo, la cruzada salió mal, muy mal...

Así y todo, empezó impecable, con Nalbandian (11º) pasando por arriba a David Ferrer (12º), pero acto seguido el horizonte se oscureció. Es que Juan Martín del Potro (9º), recién llegado de Shanghai tras participar por primera vez del Masters final de la ATP, arrancó bien pero se diluyó, sufrió una lesión en una pierna y terminó cayendo ante Feliciano López (31º). Muchas versiones de idas y vueltas, cuando Nalbandian le recriminó a Del Potro haber viajado a China y llegar "sobre la hora".

En dobles, otra caída más. Nalbandian y Agustín Calleri estuvieron a punto de ponerse 2-1 en sets, pero la derrota contra López y Fernando Verdasco resultó letal. Fue el golpe de gracia que faltaba, ya con un clima muy tenso, con una interna al rojo vivo, y para colmo David se fue molesto al hotel y sin participar de la conferencia de prensa, con fuertes trascendidos de una pelea con Calleri en el vestuario. Claro, sin Del Potro bien físicamente para salir a jugar el cuarto punto, el panorama era durísimo.

Como en Rusia en 2006, el capitán, Alberto Mancini, optó por Acasuso, quien figuraba 48º, y no por Calleri (60º). Allí la superficie volvió a ser ideal para el juego más ofensivo de Verdasco (16º), incluido en singles por Ferrer, quien igual sufrió para imponerse en cinco sets, tras haber estado el argentino 2-1 arriba en parciales. Y Nalbandian no pudo frotarse las manos para buscar la hazaña frente a López, con un cierre muy triste, con miles y miles de personas llorando, incrédulos ante semejante oportunidad desaprovechada.

Volvió a encenderse la eterna ilusión en 2011, ya con Del Potro (11º) como figura indiscutida de la formación en Sevilla. Modesto Vázquez se la jugó con su figura, pero no alcanzó, pese a estar 2-1 en sets sobre Ferrer (5º) en clay. El único triunfo argentino en dobles en una final llegó de la mano de Nalbandian y Eduardo Schwank, con una especie de "revancha" ante López y Verdasco. Y en el cuarto cruce festejó Nadal (2º), que había abierto la serie con una paliza a Juan Mónaco (26º), al recuperarse de un sensacional arranque de Del Potro para liquidar la historia.

Por eso, en el repaso, quedan duelos muy exigentes, polémicas seguramente evitables y vaivenes emocionales de todo tipo. Indudablemente, la gran chance argentina fue la de 2008, como local y sin Nadal enfrente, pero las cosas no se hicieron bien y el desenlace ya es duramente recordado. Por eso ahora, con Del Potro como gran figura y tras ganar por única vez todos los enfrentamientos de un año como visitante, se busca hacer el sueño realidad. ¿Será la quinta la vencida? La esperanza vuelve a cobrar forma...