"No Fear"

FECHA
07/11
2009
por Álvaro Morales
Juan Carlos Salgado salió del sótano para llegar hasta la cima (Luz Montero)

Mientras su mujer esperaba en casa, al lado del teléfono a 11 mil kilómetros de distancia, Juan Carlos Salgado contenía el llanto en medio del estupor del Gimansio Yoyogi, en Tokio, donde su angustia, depresión y desesperación encontraron un punto y aparte.

Ni una lágrima quería derramar. Ni siquiera por los días en los cuales pensó retirarse por la falta de actividad en un año y siete meses, culpa de su entonces promotor Ricardo Maldonado.

Tiempos malos. Cuando le aterraba la idea de abandonar los cuadriláteros por no saber otro oficio para mantener a su familia. Sólo boxear. Profesión que le permitió comprar un Vochito con el pago de su primera pelea, en marzo del 2003, contra Claudio Flores. "Si no gano -- pensaba -- se me va mi carro".

Y más apretaba la mandíbula. Con su cinturón de campeón alrededor del cuello, Juan Carlos contenía el llanto mientras la esquina contraria reanimaba al campeón en desgracia.

Oh... aclaro, al ex campeón mundial, Jorge Linares, que era favorito para darle una paliza al mexicano. Bueno, la supuesta golpiza para él nunca llegó porque destrozó los pronósticos al noquear en el primer round al entonces invicto venezolano.

Ya tendría tiempo para hablar con la madre de su hija de tres años. Para llorar solo con ella y contarle cómo un golpe al rostro, a los 46 segundos, bastó para derribar al venezolano. Y cómo al concluir el conteo de protección, arremetió como perro de caza mientras su rival seguía herido.

Victoria por nocaut. En 70 segundos se deshizo del miedo.

Antes de eso, de nada valía su tatuaje en el brazo con la palabra "No Fear" porque jamás dejó de temer. Ni durante su preparación. Tampoco durante las 16 horas de vuelo hasta Japón. Y menos en los 10 días previos al combate, cuando se entrenó en un gimnasio ajeno, siempre bajo la mirada espía del hermano de Linares, Carlos. Y vaya si se asustó al conocerlo. El parecido físico lo confundió con el monarca, sólo que más alto.

El silencio le dio la bienvenida al nuevo rey superpluma de la AMB. Pero el asombro de los japoneses permitía escuchar un llanto. El de otra mujer, la novia del sudamericano.

Entre el público, Roberto Díaz, el representante de Golden Boy Promotions, se tomaba la cabeza sin creer lo acontecido.

Nadie daba crédito.

Si lo consideran suertudo, piénsenlo dos veces.

Su triunfo sobre Linares se convierte en el quinto en el primer asalto y octavo antes del tercero.

"El tenía que estar preparado para todo", dice Salgado a ESPNDeportes.com. "Estuvo muy rápido, pero mejor así porque no recibí golpes".

Para él, se confiaron. Supo que la gente del venezolano lo vio el 24 de enero, cuando venció por decisión unánime a Cristian Favela, como parte de la cartelera encabezada por Antonio Margarito y Sugar Shane Mosley; y que le siguieron con detalles el 23 de mayo, en Monterrey, contra Ángel Reyna.

Conoció mejor el estilo de su contrincante al usar de sparring a Gilberto El Flaco González, el cual trabajó con el criollo.

El equipo del bolivariano jamás consideró la derrota dentro de su guión.

"Si hubiera sido un golpe de suerte hubiéramos comprado un boleto de lotería para no jugárnosla hasta allá", comenta Jaime Quintana, manejador y figura clave en la carrera de Juan Carlos, quien pagó en 2008 al empresario Maldonado por los derechos de representación del púgil.

"Me la iba jugando porque él nunca ha tenido el reconocimiento de la gente y de la prensa en México y sabíamos que si fracasábamos le daríamos gusto a muchos que afirman que no tenía ninguna oportunidad en el boxeo", agrega Quintana. "Pero demostramos que se equivocaron".

Antes de una revancha, el mexicano tiene pautado dos combates. El primero, tentativamente, el 13 de enero contra Takashi Uchiyama.

"A lo mejor no les enseñó mucho y quieren verlo pelear más para decidir si vale o no", dice Quintana, quien le propondrá al empresario Akihiko Honda que la función se monte en México.

Después, una contienda más y, enseguida, se enfrentaría a Linares.

"Quiero demostrar que no fue suerte", comenta Salgado. "Si ya le di una vez, le puedo dar otra vez. Si la gano de nuevo se va para abajo, perderá todo lo que tiene".

Y eso lo dice sin miedo. Si no, que vea su brazo.
Juan Díaz dejó atrás sus demonios y evitó que el boxeo se olvidara de él.

Antes de la pelea del sábado contra Paul Malignaggi, aún recordaba la paliza que Juan Manuel Márquez le dio el 28 de febrero de este año. Se le notaba en el rostro durante la presentación de Michael Buffer, pero al sonar la campana también dejó atrás su traspié con el púgil mexicano. Enfrente tenía a un diabólico payaso quien lo arengaba con su lengua de fuera y sus rastas.

Si perdía, el Torito saldría de los primeros planos del pugilismo. Lo sabía.

Malignaggi percibió los temores del texano y desde el primer asalto se arrojó sobre éste.

Sin embargo, duele más la bofetada de una mujer. El nativo de Brooklyn tiene cinco KO en 26 victorias.

Díaz se sacudió el miedo y boxeó con cautela. No fue el mismo salvaje de siempre y a pesar de sufrir un corte en la ceja izquierda desde el segundo episodio, mostró valentía cuando las circunstancias lo ameritaban. Sí, como todo un macho, más no como una bestia.

El Baby Bull golpeó con efectividad y contuvo su tradicional bombardeo de puños, un sistema que, ante la falta de un puñetazo noqueador, destruye el cuerpo de sus oponentes.

A pesar de que Malignaggi lo eludió, lo provocó, lo golpeó con el codo en el quinto rollo y lo fastidió con el clinch, Díaz lo trabajó con inteligencia para imponerse por decisión unánime. Los rounds en los cuales se impuso, los ganó con un límite estrecho. Diferencia mínima, pero diferencia al fin.

El Torito revive y quiere la revancha contra el Dinamita Márquez. La pide con un interés genuino. Y también con el impulso animal que le caracteriza, aunque... vaya si guardó las apariencias.
Antonio Margarito reinó 182 días a los welters hasta que trataron su cabeza como pera de gimnasio.

Seis meses duró la euforia por el mexicano desde que noqueó en una remontada épica al puertorriqueño Miguel Cotto para conquistar el título de las 147 libras de la AMB.

El domingo, no obstante, se terminó el furor. Su quijada de burro sucumbió ante Sugar Shane Mosley.

Parecía un tipo de 37 años, la edad de su rival, y no uno de 30.

Margarito boxeó en cámara lenta y Mosley atacó con velocidad. Parecía una imagen alterada por el botón "forward" del control remoto.

A pesar de carecer del favoritismo de la mayoría, Mosley subió al ring con temor y respeto. El "miedo" preservó su atención y concentración, agudizó sus reflejos y alertó su sentido de sobreviviencia.

Margarito se atragantó con los golpes rivales y la pobreza y lentitud de respuesta le quitaron la corona.

El estadounidense ganaba puntos con sus jabs y mermaba la estabilidad del mexicano con sus combinaciones.

En el octavo colocó la dinamita y en el noveno derrumbó al Tornado y a su herencia en el boxeo.

El triunfo de Margarito sobre Cotto, en julio de 2008, fue un momento emotivo ante el cual miles de personas, seguidoras o no del pugilismo, se electrizaron. Pero al tijuanense le faltaba un legado. Necesitaba uno para inmortalizarse y su descalabro contra Mosley retrasó sus planes.

Tenía que imponerse a Sugar Shane por compromisos con la historia sin importar si en un futuro lo criticaban por vencer a un oponente mayor de edad. Debía cumplir con la ley de la vida. Y Mosley, al igual que Cotto, eran la mitad del camino.

Duele escribirlo: Tony protagonizó un "hecho histórico" (la victoria contra el boricua), pero se alejó de la edificación del "sujeto histórico".

El mexicano carece de su pasaporte para ingresar a la élite histórica de sus compatriotas.

Para fortuna de él, tiene tiempo y vida para empezar de nuevo.
La noche del domingo, luego de pasar el día en las instalaciones de ESPN para transmitir un previo del futbol mexicano y la primera edición de SportsCenter; llegué a mi hogar para disfrutar la función entre Ulises Solís y Nerys Espinoza.

Solís retuvo por octava vez el título minimosca de la Federación Internacional de Boxeo al imponerse en un contienda percudida de cabezazos, golpes de conejo y mañas por parte del nicaragüense.

El mexicano, quien tumbó en dos ocasiones a su oponente, ganó por decisión unánime.

"Me faltaron muchos recursos que pude mostrar", dijo el Archie Solís en la transmisión televisiva. "Aceptaré cualquier regaño".

Como siempre, me resulta imposible ver un combate sin llevar mis apuntes. Aquí se los dejo. De antemano me disculpo si encuentran migas. Justo al momento de escribir estas líneas, devoraba un tradicional pan de muerto con un chocolate caliente.

Anotaciones Solís vs Espinoza
Ulises Solís Round Nerys Espinoza
10 -- Atacó al rival con ganchos al hígado 1 9
8 -- Le restaron un punto por golpe bajo 2 -- Un cabezazo entre ambos le abrió la ceja izquierda al Archie 10 -- Boxeó en corto
10 -- Derribó al nicaragüense con una combinación izquierda-derecha-izquierda 3 8
10 4 10
10 -- Mostró y conectó mejores combinaciones 5 9
10 6 9 -- Dio un cabezazo, pero no le bajaron punto alguno
9 7 10 -- Conectó un tremendo gancho de izquierda que sacudió al mexicano
9 8 10 -- Mayor actitud ofensiva. Castigó con jabs el párpado rival, el cual sangraba profusamente
10 -- Con un recto de derecha, derribó al centroamericano por segunda vez 9 7 -- Además de caer, le quitaron un punto
10 10 10
10 -- Combinación más certera. Buen derechazo 11 9 -- Insiste en golpear con la cabeza
10 12 10
116 Total 111

Del buzón:
Agradezco los comentarios de lalo_azul, sopaazul, superprox, barcelonachichi, w1llima79, Marcela Ibarguen, KleberBoass y gabriel rafael youseff.

Saludos y un abrazo.
El hombre no se anda con rodeos. Dice lo que piensa sin importarle las opiniones de los demás.

Berinstain, aquí con J.M. Márquez, tiene expriencia ante Pacquiao (Getty)

Cuando le pregunto sobre la cantidad de campeones mundiales a los cuales ha conducido, duda un momento, pero contesta: "Creo que son 16, por ahí la prensa no me reconoce a uno u otro porque le restan importancia a ciertos organismos. Pero un título mundial es un título mundial".

Don Nacho Beristáin, el legendario mánager, se une a Óscar de la Hoya con el mismo fin: vencer a Manny Pacquiao.

Antes de sentarse a platicar con nosotros en su gimnasio, le pide a uno de sus ayudantes que calle a los demás muchachos para que el golpeteo de los guantes contra los costales y las peras no sature el nivel de audio de la cámara.

-Después de las dos peleas de Juan Manuel Márquez contra Pacquiao, usted me contó que los nervios le quedaron desechos. ¿Por qué exponerse a ese sufrimiento otra vez?
-La pelea en la esquina es tremenda. Ahí se va un pedazo de vida, pero es mi vida. Tengo 47 años en esto, sigo trabajando y disfruto, cuando tácticamente, dirijo bien una pelea.

-¿Qué significa para usted que en las dos peleas de Márquez-Pacquiao, el veredicto de los jueces no favoreciera a su púgil?
-Juan y Nacho Beristáin no son moneditas de oro. Cuando se tiene éxito en algo es seguro que mucha gente le envidie y trate de ocasionarle daño. Juan Manuel, Rafa Márquez y yo, sospechamos que algo pasó. Nosotros estábamos muy cómodos con los dos chamacos campeones del mundo en un organismo en el cual estaban ganando mucho dinero. No teníamos necesidad del campeonato del Consejo Mundial. Algo raro pasó que tuvieron que pelar por el título del CMB. Se pensaba que no tenían ninguna posibilidad: uno contra (Marco Antonio) Barrera y el otro contra (Israel) Vázquez, pero los dos ganaron el título y supongo que algún escozor ocasionaron esas victorias. Se sentía en el ambiente que estaban incómodos del acceso de mis peleadores al organismo.

-¿Qué significaría para usted si contribuye a la victoria de Óscar de la Hoya contra el asiático?
-Estaría orgulloso, porque digan lo que digan y se revuelque quien se revuelque, para mí sería la tercera victoria sobre Pacquiao. Porque Juan Manuel ganó las dos. Le platico una anécdota: ahora que fuimos a la pelea de Márquez contra Joel Casamayor, me topé con un numeroso grupo de filipinos en el aeropuerto. Uno de ellos me abordó y me preguntó:
-Para ti, ¿quién ganó la pelea entre Juan Manuel y Manny?
-Márquez.
-No.
-¿Pacquiao?
-¡Menos, tampoco!
-¡¿Entonces quién?!
-BobArum (el dueño de la promotora Top Rank).
Y eso es triste y vergonzoso. Es evidente que no se puede engañar al gran público del boxeo. Ellos hacen bien en tener de ídolo a Pacaquio, pero reconocen que una mano negra lo rescató de la derrota. Es evidente porque es un gran negocio. Si él (Bob Arum) como promotor lo tiene (a Pacquiao), pues debe interceder por su peleador, diga lo que diga. Pero eso deja un antecedente en el boxeo y, con el tiempo, si siguen sucediendo ese tipo de cosas, va a pasar a ser como el Consejo Mundial de Lucha Libre.

-¿Cómo influirá en el combate que Freddie Roach, actual entrenador de Pacquiao, haya entrenado antes a Óscar de la Hoya?
-No tiene mucho que ver. Siempre he respetado mucho a mis compañeros, sería falta de ética que los criticara, pero le ha llegado más trabajo a Freddie Roach de lo que realmente ha mostrado. Si Óscar va a ganar... va a ganar, y Roach no puede hacer nada en la esquina para evitarlo. No puede hacer mucho. Con Juan Manuel le hemos ganado dos veces.

-¿Por eso dice que le ha caído trabajo a pesar de lo que ha mostrado?
-Sí. Él en Estados Unidos ha tenido suerte: es su país, habla inglés y le han dado peleadores de gran jerarquía como Tyson y algunos otros. De ahí su fama, pero la mayoría de sus peleas las ha perdido. De todas maneras, está en en el Salón de la Fama, es un hombre bueno; a pesar de su enfermedad se ha repuesto, es muy trabajador, un tipo simpático, humilde...

-¿Y qué calidad tiene como entrenador?
-Me parece buen entrenador, pero menos mejor que el Cuyo Hernández.

-¿Qué tan vulnerable es el asiático si se le pega en el estómago?
-Pues es vulnerable en todos lados, no sólamente ahí. Es peligroso buscar la manera de pegarle al cuerpo. Después de recibir un gancho al hígado de Juan Manuel Márquez, él tiró un golpe con los ojos cerrados, se lo atinó en la quijada y tumbó a Juan. Yo lo he calificado como una especie de gato salvaje, que tiene mucho potencia y mucha velocidad. Entonces, cuando lo golpean y se siente lastimado, se torna más peligroso. Pero Óscar es más grande, más fuerte, más inteligente. Sólamente (pedería) si se llegara lastimar o si algo raro sucediera: como la actuación de los jueces. Él tiene que ser cauteloso en eso.
He de confesarlo: no sabía qué esperar del combate entre Óscar de la Hoya y Steve Forbes, pero& quedé satisfecho.

Sobretodo por la actitud de Forbes, al cual le afloró la valentía para mostrarle al Golden Boy que le importaba un bledo masacrarle el rostro, aun cuando este le contratara a través de su promotora. (Y vaya que Óscar cuida su carita para las portadas de las revista).

Cierto, la victoria del californiano resultó clara, mas no abrumadora.

De la Hoya aprovechó su estatura para ganar, en la mayoría de los rounds, con sus jabs. Una contienda que entretuvo, pero al mismo tiempo, evidenció el paso de los años en el boxeador-empresario.

Tomen a Forbes como un sparring. Muy válido, pero también como un heraldo de lo que le depara a Óscar. Si le causó problemas con su velocidad, picardía y coraje, Floyd Mayweather Junior le traerá más complicaciones en la revancha, el 20 de septiembre en Las Vegas.

Les dejo mis apuntes sobre la pelea. (Los hice antes de entrar a la segunda edición sabatina de Sportscenter).

De mi libreta Moleskine.

Apuntes

Los apuntes de Alvaro Morales

Del buzón de comentarios:

Agradezco los comentarios desde Honduras, en especial de nuestro amigo fullaurinegro. ¡Saludos cipotes!

A nuestro lector snoopdg06, gracias por sus conceptos y trabajaremos en los temas pedidos.
Julio César Chávez hijo mostró mejorías en su caminar y en sus movimientos en el cuadrilátero durante su combate contra el italiano Guisseppe Loriga y llega a 37 peleas.

Así vimos la pelea hasta antes del KO en el 9º
CHÁVEZ ROUND LORIGA
10 1 9
10 2 8
9 3 10
10 4 9
10 5 9
10 6 9
10 7 9
9 8 10

Pregunto (y espero su respuesta): ¿Qué se quiere de Julio César hijo?.

¿Se desea su derrota o su éxito?

Me da la impresión que no hay claridad al respecto.

En fin, los dejo con lo siguiente.

Cuando el corresponsal de Sportscenter en México, Mauricio Pedroza, le preguntó a Julito qué era lo mejor de ser el hijo de un padre legendario, el muchacho contestó: "Me ha abierto muchas puertas, tengo muchos privilegios que otros peleadores no tienen; gano mejores bolsas y la gente me conoce más. Pero también es un arma de doble filo porque la gente está al pendiente de mí y todos los peladores van a querer ganarme porque eso les va ayudar. Es un arma de doble filo de la cual estoy consciente".

Interesante.

Reitero: ¿Qué queremos de él?

• Del buzón de comentarios:
Agradezco a las personas que tomaron parte de su tiempo para escribirme.

Le respondo a nuestro lector Perolis, quien preguntaba sobre la posibilidad de enfrentar a Manny Pacquiao con Edwin Valero.

La pelea, en sí, ofrecería un combate entre dos máquinas de puñetazos, pero la diferencia de promotoras y los planes del filipino...mmm.

Me encantaría esa contienda, pero luego de vencer a Juan Manuel Márquez, Pacquiao subió de superpluma a ligero para intercambiar golpes el 28 de junio con David Díaz.

• P.D.:
Hace unos meses, de visita en el centro histórico de la Ciudad de México, me encontré un tiangüis (mercado ambulante) de libros y revistas.

Boxing Illustrated Wrestling News de 1963 (Suministrada)
Después escarbar un rato en los cerros de publicaciones, hallé un ejemplar de la revista Boxing Illustrated Wrestling News. The magazine for ring fans.

Una belleza de septiembre de 1963. Me costó cinco dólares. ¡Guau!

La publicación nació en diciembre del 1958 y la fundó Stanley Weston, periodista, fotógrafo y miembro del Salón de la Fama del Boxeo Internacional.

Weston creó Boxing Illustrated Wrestling News para competir con The Ring Magazine, donde trabajó desde 1937.

En portada: la previa a la revancha que el campeón mundial de los pesos completos Sonny Liston le dio al otrora monarca Floyd Patterson.

Ocurrió el 22 de julio y Liston venció de nuevo a su retador. Y también lo noqueó en el capítulo inicial, tal como en la primera pelea, el 25 de septiembre del 62.

Después de pelear con Patterson, Sonny expuso su título contra Cassius Clay.

Perdió en el séptimo episodio al retirarse por una lesión el hombro y después de esa confrontación Clay se cambió el nombre a Muhammad Alí.

En 1965, se dio la revancha, cuyo final generó polémica.

Cuando Liston cayó a la lona en el primer round, el réferi Jesey Joe Walcott tardó en arrancar el conteo al obligar a Muhammad a ir a la esquina.

El combate se reanudó, pero el tercero de la superficie se alejó de los púgiles ya que el legendario periodista Nate Fleischer (creador de The Ring) le avisó que Liston tardó más de diez segundos en la lona.

La riña se detuvo y Alí le venció de nuevo.
"Esperamos que Dios no se olvide de nosotros. Aunque a veces también pienso que Dios existe para los filipinos".

--Don Nacho Beristáin

Dejen a un lado el título superpluma del Consejo Mundial de Boxeo. La segunda pelea entre Juan Manuel Dinamita Márquez y Manny Pacquiao, va más allá de un fajín.

A mediados de diciembre, cuando la jefatura de información de Sportscenter contactó a Juan Manuel Márquez para concertar una entrevista, el boxeador pidió que las cámaras llegaran una hora después de su habitual entrada al Gimnasio Romanza.

Como en aquella ocasión dedicó parte de su entrenamiento a la estrategia, no quería ninguna filtración táctica. Menos ahora, al perfilarse como el único peleador azteca con la capacidad de vencer al "depredador de púgiles mexicanos".

Ya desde entonces, el Dinamita cuida los pormenores de su preparación para enfrentarse por segunda vez a Manny El Pacman Pacquiao.

Márquez espera ser el segundo mexicano en vencer a Pacquiao (Luz Montero)

Además, se ha hermetizado su grupo de trabajo, el cual asevera que hay personas que desean su derrota y, por eso, tampoco quieren consejos para ganar.

El legendario mánager Ignacio Beristáin explica la actitud de su pupilo: "Debemos cerrar todas las rendijas por donde pueda escaparse el título. Tenemos bien cerradito, en una cajita, algo que descubrimos en la pelea anterior (de Pacquiao) y que en las peleas pasadas no le han puesto atención. Queremos hacerle daño por ahí. Son pequeñas cositas que tenemos que hacer para detener al Diablo".

La seriedad y profesionalismo de Juan Manuel nos remonta a su niñez, cuando le dijo a don Nacho que el boxeo no era un juego para él.

O triunfaba en el ring o terminaría sus días en una oficina gubernamental ejerciendo su carrera de contador público.

Aunque Márquez presume su ausencia de la lista de paisanos doblegados por el asiático (Gabriel Mira, Emmanuel Lucero, Marco Antonio Barrera, Erik Morales, Héctor Velásquez, Oscar Larios y Jorge Solís), le desagrada que califiquen a su rival como el verdugo de una histórica potencia en el espectáculo del intercambio de puñetazos.

"No sé por qué le dicen el Mexican Killer o el devorador de mexicanos si a mí no me pudo ganar", menciona. "Queremos demostrar que eso no es cierto".

El 8 de mayo de 2004 Juan Manuel se enfrentó por primera vez al Pacman.

Él y su equipo afirman que ganaron la contienda, pero al final de la misma se decretó empate. Aquella noche, después de la función y en una de las habitaciones del MGM Grand de Las Vegas, se sentó en la cama y bebió agua mineral. Ya relajado, analizó la contienda con su manejador.

Imperdonable olvidar ese combate.

En el primer episodio cayó tres veces a la lona. Don Nacho recuerda que los "nervios le quedaron hechos pedazos". El asiático portaba un pantaloncillo rojo aderezado con flamas y, quizá por ello, al mánager le pareció "un round de infierno".

Al sonar la campana, luchaban contra la hemorragia nasal, pero nada funcionó. Limpiaban la sangre y punto.

A pesar de las molestias, Márquez se fajó: en el quinto asalto por poco le arrancó la cabeza a Manny con un upper y, en el sexto, lo sacudió con su derecha.

En total tiró menos puñetazos (547 a 639), pero conectó más (158 a 148) y también acertó más golpes de poder (122 a 100).

El juez John Stewart vio vencedor al filipino y dio 115-110; las tarjetas de Guy Jutras le otorgaron el triunfo al mexicano por 115-110; y Burt Clements definió el empate con 113-113.

"Hasta el mismo Pacquiao y (su entrenador) Freddy Roach saben que ganamos esa pelea. Nos dio coraje que dieran empate. Nos dejó con mal sabor de boca", dice Beristáin. "Nadie se explica cómo se levantó tres veces, controló a ese animal y ganó tácticamente".

Sí, un animal, un demonio...

Don Nacho se une a una larga lista de gente del boxeo que no consideran humano al Pacman.

"Es como un gato salvaje, que se revuelca de un movimiento defensivo a uno ofensivo", menciona el entrenador. "Controlar a ese ente es muy difícil, esa es la verdadera preocupación nuestra".

Pero el estratega tampoco desconoce las virtudes de su muchacho: "Es técnico, cerebral, vivo, bravo... no tiene una gran pegada pero es preciso y es un peleador que ha adquirido una manera de improvisar cuando es necesario. A veces lo deja a uno con la boca abierta. Tengo peleas de él que con una genialidad prende al contrario y lo tumba a la lona".

Si bien Erik El Terrible Morales derrotó al nativo del archipiélago del Pacífico, el 19 de marzo de 2005, el tijuanense sufrió dos derrotas a manos de éste en 2006.

"Ha mejorado mucho", acepta Beristáin. "Tiene un gran entrenador: Freddy Roach, quien es un incansable enamorado de su trabajo. Yo lo admiro. Trabaja tremendo. Lo ha mejorado técnica y tácticamente. Fue admirable cómo cambió su estilo para vencer a (Marco Antonio) Barrera: no hizo esfuerzos inútiles, peleó a distancia".

Cierto. Cuando Pacquiao combatió contra Barrera, su más reciente contrincante, evidenció modificaciones en su conducta sobre el cuadrilátero. Menos frontal y más paciente.

"Es un peleador muy impredecible. Cuando uno piensa que va a salir a noquear no entra. Juan tiene que ser muy inteligente", afirma Marco Antonio. "Va a ser una pelea de estrategias. Juan Manuel será un poco más cauteloso y Pacquiao es un peleador que se abre".

El doctor Alfonso Morales y el monarca mundial retirado Ricardo López --narrador y analista de boxeo en Televisa, respectivamente-- piensan que sólo hay un mexicano con la posibilidad de imponerse al filipino: el Dinamita.

Si excluimos su nacionalidad y su división encontraremos al venezolano Edwin Valero (monarca superpluma de la AMB) y al texano Juan Díaz (campeón mundial ligero de la AMB, FIB y OMB); pero la natividad de Márquez lo ubica en el primer lugar de la fila de sus compatriotas.

"Él aglutina los conceptos de experiencia, fuerza y talento", señala Morales. "Es un muchacho muy inteligente que no pierde la concentración al momento del pleito".

El Finito López agrega: "Por el momento no creo que haya otro. Juan pega fuerte y va para adelante. Es un campeón. Se ha levantado de la lona para salir al frente y terminar un combate".

La preparación de JM lo alista, incluso, para violar las órdenes de la esquina.

Cuando se le pregunta al doctor Morales, cómo doblegar al retador, contesta: "Tapándole las salidas: un zurdo siempre te sale hacia su izquierda y la mano fuerte de Márquez es la derecha, entonces, por una cuestión de mecánica elemental, si él sale a su izquierda se va a encontrar con la derecha de él. No hay mucha ciencia".

Sin embargo, más allá del estudio del oponente y la planeación táctica, el Dinamita enfatiza en su preparación física. A tal grado que Beristáin cree que su muchacho se ha excedido en las cargas de trabajo pues, opina, se trata de otro combate, cuya única diferencia la marca el perfil izquierdo del rival.

Pero Márquez difiere.

Se despierta a las cuatro de la mañana para correr en el Nevado de Toluca; afila su musculatura al pegarle a una llanta con un mazo de 15 kilos; trota y acelera de súbito en distintas repeticiones; levanta su cuerpo con la barra; trabaja la guardia contraria y ajusta detalles técnicos y tácticos como la velocidad en sus combinaciones de ganchos y uppers.

"Me lo estoy tomando muy en serio porque quiero callar a los filipinos para que los mexicanos estén contentos", dice el púgil. "Hay que usar la agresividad junto con la inteligencia, pero también hay que llevar una gran condición, porque esa pelea va ser del uno al 12. Va a ser de toma y daca".

De hecho, sus compañeros lo han bautizado con otro apodo, aunque sólo entre ellos lo murmuran. (Pagarían las consecuencias si se enterara).

"¿Contra quién te toca hoy?", pregunta uno de los sparrings tras cerciorarse que el Campeón no lo oye. "Contra la Bestia", responde otro de los miembros del entrenamiento.

Sí, Juan Manuel Márquez --el único de siete mexicanos sin perder contra el asiático--, se ha convertido en una bestia para afrontar a Manny.

A don Nacho le impacta la actitud de su pupilo y el riesgo que corren los boxeadores que ayudan en la preparación del combate del 15 de marzo.

"Está muy violento, muy fuerte... es el diablo", dice el maestro. "Castiga a los sparrings de una manera que a veces me preocupa".

A pesar de ello, cuando alguien se queja por los golpes del monarca superpluma, el histórico mánager arremete sin consentimientos: "¡A ti te duele, pero a Pacquiao no le va a doler!".
Ninguno de sus compañeros se atreve a decírselo de frente. Menos en estos días, cuando su mente se ocupa de Manny Pacquiao.

Sólo entre ellos le dicen así (pues pagarían las consecuencias si se enterara).

--¿Contra quién te toca hoy?-- pregunta uno de los sparrings tras cerciorarse que el campeón no lo ve.

--Contra la bestia-- responde otro de los pugilistas de entrenamiento.

Márquez sólo piensa en Pacquiao (Luz Montero)

Al mánager Nacho Beristáin le impacta la actitud de su pupilo y el riesgo que corren los boxeadores que ayudan en la preparación del combate del 15 de marzo.

Por más que deteste que le digan así, Juan Manuel Márquez --el único de siete mexicanos sin perder contra el Pacman-- se ha convertido en una bestia para enfrentarse al filipino.

"Está muy violento, muy fuerte... es el diablo", dice Beristáin. "Castiga a los sparrings de una manera que a veces me preocupa".

A pesar de ello, cuando uno de los miembros del entrenamiento se queja por los golpes del monarca, don Nacho arremete sin consentimientos: "¡A ti te duele, pero a Pacquiao no le va a doler!".

Para el manejador, Márquez se ha excedido en las cargas de trabajo y, considera, se trata de otro combate, cuya única diferencia, la marca el perfil zurdo del rival.

Pero Juan Manuel difiere.

Se despierta a las cuatro de la mañana para correr en la altura del Nevado de Toluca; le pega a una llanta con un mazo de 15 kilos; trota y acelera de súbito en distintas repeticiones; levanta su cuerpo con la barra; trabaja la guardia contraria y ajusta detalles técnicos y tácticos como la velocidad en sus combinaciones de ganchos y upers.

"Me lo estoy tomando muy en serio porque quiero callar a los filipinos para que los mexicanos estén contentos", dice el peleador.

A cada paso suda motivación.

"Mucha gente le dice que Pacquiao es el demonio y que le ha ganado a todos los mexicanos --cuenta Beristáin--, pero él está muy comprometido con la gente que ama el boxeo y que le dice que gane la pelea. Eso lo ha empujado a desayunar, comer y cenar boxeo".

Según Márquez y su equipo, él ganó la primera contienda contra el asiático.

Aquel 8 de mayo de 2004, el mexicano cayó tres veces a la lona en el primer episodio. Don Nacho recuerda que los "nervios le quedaron hechos pedazos". El Pacman portaba un pantaloncillo rojo aderezado con flamas y, quizá por ello, al manager le pareció "un round de infierno".

Después del primer capítulo, lucharon contra la hemorragia nasal, pero nada funcionó. Limpiaban la sangre y punto.

A pesar de las molestias, el hombre se fajó: en el quinto asalto por poco le arrancó la cabeza a Manny con un upper. Y, en el sexto, lo sacudió con su derecha.

En total tiró menos puñetazos (547 a 639), pero conectó más (158 a 148) y también acertó más golpes de poder (122 a 100).

El juez John Stewart vio vencedor a Pacquiao y dio 115-110; las tarjetas de Guy Jutras le otorgaron el triunfo al mexicano por 115-110; y Burt Clements definió el empate con 113-113.

Aquella noche, después de la función y en una de las habitaciones del MGM Grand de Las Vegas, Beristáin le sirvió agua mineral a su muchacho. Ya relajados, analizaron la contienda.

"Nadie se explica cómo se levantó tres veces, controló a ese animal y ganó tácticamente", dice el mánager. "Hasta el mismo Pacquiao y (su entrenador) Freddy Roach saben que ganamos esa pelea. Nos dio coraje que dieran empate. Nos dejó con mal sabor de boca".

Aunque Márquez presume su ausencia de la lista de pugilistas aztecas doblegados por Pacquiao (Gabriel Mira, Emmanuel Lucero, Marco Antonio Barrera, Erik Morales, Héctor Velásquez, Oscar Larios y Jorge Solís), le desagrada que consideren a su rival como el verdugo de una histórica potencia en el espectáculo del intercambio de puñetazos.

"No sé porqué le dicen el Mexican Killer o el devorador de mexicanos si a mí no me pudo ganar", recalca. "Queremos demostrar que eso no es cierto".
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