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Barcelona-Ferencvaros: Duelo entre David y Goliath para abrir la Champions

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Getafe propina al Barça primera derrota en LaLiga (0:59)

Los dirigidos por José Bordalás vencieron como local al conjunto blaugrana. (0:59)

BARCELONA -- Albert Bosch, un catalán de 33 años con raices en el Espanyol, ejerce de segundo entrenador en el Ferencvaros. Ayudante de Sergei Rebrov, ucraniano al que el Camp Nou le trae felices recuerdos (0-4 con el Dynamo Kiev junto a Shevchenko en 1997), avisó el sábado que el campeón de Hungría "no va a Barcelona de turismo" y dejó claro que su equipo está capacitado "para dar pelea en el grupo".

El fútbol tiene ese componente de sorpresa en el que un pequeño puede cargarse a un gigante... Pero aunque no sería la primera vez, imaginar un tropiezo del Barça el martes contra el Ferencvaros es poco menos que una utopía.

Ausente de la Champions League desde la temporada 1995-96 (fue tercero en su grupo por detrás de Ajax y Real Madrid), el Ferencvaros es el gran dominador histórico de la Liga húngara con 31 títulos en su palmarés (ocho más que el MTK) pero aunque en 1965 llegó a conquistar la Copa de Ferias (precendente primero de la actual Europa League) y en 1975 jugó la final de la extinta Recopa de Europa (perdió 3-0 frente al Dynamo Kiev), su papel en el continente es poco menos que testimonial al lado de la aristocracia entre la que se encuentra un Barcelona cuyo valor de plantilla multiplica por 36 el que tiene el vestuario del campeón húngaro.

De acuerdo a los valores marcados por la web especializada transfermarkt.com, la plantilla del Ferencvaros tiene un valor total de 24.25 millones de euros, mientras que la del Barça es de 878.50 millones.

De acuerdo con la misma web, doce futbolistas del equipo azulgrana (Messi, Griezmann, Ansu Fati, Ter Stegen, De Jong, Coutinho, Pjanic, Lenglet, Dembélé, Jordi Alba, Trincao y Riqui Puig) tienen individualmente un valor mayor que el de toda la plantilla de las Águilas Verdes de Budapest, cuya directiva pagó 1.80 millones de euros al Lokomotiv de Zagreb el pasado verano por el extremo albanés Myrto Uzuni, convirtiéndole en el fichaje más caro de su historia.

El montante total de fichajes del Ferencvaros este verano ascendió a 4,10 millones de euros; el Barcelona invirtió 124... y contemplar que Oleksandr Zubkov, con un valor de 2 millones, es el futbolista más valioso del Ferencvaros explica bien a las claras las diferencias abismales que asoman entre los dos equipos que este martes se enfrentarán por primera vez en su historia.

SIN DISCUSIÓN

Para el conjunto azulgrana el partido, considerándose de trámite, no tiene discusión ninguna. Invicto en el Camp Nou desde mayo de 2013 (0-3 frente al Bayern Múnich), el Barcelona lleva enlazadas desde entonces 32 victorias y 4 empates en Champions League en lo que es la mejor racha histórica de la competición y que, en buena lógica, debería prolongarse este martes.

Y aunque el Ferenvcaros diera la campanada en la previa eliminando al Celtic escocés, en el Camp Nou que abrirá sus puertas, otra vez sin público, a la máxima competición no se espera otra cosa que el triunfo del conjunto dirigido por Ronald Koeman.

De hecho no sería descartable que el entrenador holandés, con la mirada puesta en el Clásico del sábado frente al Real Madrid y posterior viaje a Italia para medirse a la Juventus, decidiera retocar el once inicial y que después de la entrada de Dembélé y Pedri en el once que perdió en Getafe diera paso a Pjanic, Trincao y, quizá, Araujo para refrescar las piernas de sus jugadores, entre los que, una vez más, se mantendrá la expectación por conocer si Lionel Messi, quien ha jugado completos los cuatro partidos oficiales de azulgrana y los dos con la selección argentina, guarda descanso por primera vez.

Juegue o no un capitán cuyo futuro sigue en el aire, para el Barça la victoria es innegociable en su regreso a una competición en la que acumula cinco temporadas de frustraciones y en la que, de entrada, necesita sacudirse, empezar a hacerlo, el fantasma de su última eliminación, hace dos meses y cinco días en Lisboa cuando sufrió la peor y más humillante derrota de su historia.