MÉXICO -- Hoy es difícil pensar que la primera transferencia de la historia del futbol costó solo 100 libras. Por supuesto fue en Inglaterra, país precursor del libre mercado y del deporte más hermoso del mundo.
Aquel jugador perdido en los archivos se llamaba Willie Groves y el West Bromwich Albion vendió sus servicios al Aston Villa en 1893. En esa época, los salarios de los jugadores estaban apenas por encima de lo que ganaban los obreros ingleses.
Desde entonces, el capitalismo del balón empezó a crecer poco a poco. A principios del siglo pasado, en 1905, ya existían en el futbol inglés las cartas de transferencia y las licencias para vender jugadores entre clubes. En febrero de ese mismo año, Alf Common fue transferido del Sunderland al Middlesbrough por mil libras esterlinas, una cantidad fuera de los registros de la época. La Federación Inglesa intentó regular la disparidad. Fijó un tope salarial de 5 libras a la semana (que los clubes violaban con compensaciones fuera de nómina) e intentó regular la compra y venta.
No lo logró. Tampoco imaginó lo que sucedería un siglo después: Los precios del balón se inflaron con un gas que los ha hecho rebasar las nubes de la imaginación. Han pasado poco más de 120 años y aquella primera transacción de Willie Groves se multiplicó por un millón. El año pasado, el Manchester United pagó a la Juventus de Turín 100 millones de libras (120 millones de euros) por el francés Paul Pogba. Esa es, hasta ahora, la cima del despilfarro.
Antes de llegar a esas cifras, mucho dinero ha pasado por debajo de la mesa. Hay muchos bombazos en la memoria: en 1995, el holandés Dennis Bergkamp pasó del Inter de Milán al Arsenal, con un depósito bancario de 7 millones 500 mil libras, algo así como 15 millones de dólares de la época. Después de eso vinieron las verdaderas cifras millonarias de otras ligas europeas: Figo, Zidane, Kaká, Cristiano, Bale, Di María, Cavani, Pogbá y muchos otros y, también… Neymar.
Ese es el nombre que suena en la actualidad.
El brasileño está en boca de todos porque su transferencia promete romper un récord histórico si, como se espera, el París St.Germain paga al Barcelona los 222 millones de euros que estableció como cláusula de rescisión. En otras palabras, una locura económica. No será la primera vez que el brasileño y su padre-representante están involucrado en temas turbios, a pesar de las épocas del llamado Fair play financiero, una herramienta que en 2009 el entonces presidente de la UEFA, Michel Platini, instituyó como una herramienta para limitar los excesos de clubes millonarios y jeques árabes con los bolsillos llenos de petrodólares.
Según esas reglas, los clubes europeos tienen permitido gastar hasta cinco millones de euros más de lo que ingresan por un periodo de evaluación (tres años). Sin embargo, pueden exceder este nivel hasta un cierto límite, siempre que esté cubierto por una contribución/pago del propietario del club o de una parte relacionada.
Los límites económicos variaron año con año para lograr un punto de equilibrio: 1) 45 millones de euros para las temporadas 2013/14 y 2014/15; y 2) 30 millones de euros en 2015/16, 2016/17 y 2017/18. Los siguientes años, se planteaba,” el límite será menor, aunque la cantidad no está definida”.
Esos 'topes' han sido claramente rebasados o los clubes han encontrado los caminos para rodear los obstáculos legales y económicos escritos por los organismos. El futbol se ha convertido en una burbuja que vive fuera de las crisis económicas y que se rige con sus particulares dictados de la oferta y la demanda. Es una actividad a expensas de los caprichos de un grupo de millonarios con una cartera suficiente para dinamitar el mercado.
Después de cada fichaje ruidoso, se escucha la misma pregunta: ¿Neymar -o cualquier jugador- vale tantos millones de dólares? La respuesta parece siempre la misma: mientras alguien lo pague, sí. Pero hay otras más difíciles de responder. Una de ellas, ¿cómo librará el París St.Germain las acusaciones de que la transacción viola el Fair play financiero? Las justificaciones ya están en los escritorios de representantes, financieros y abogados que se han ocupado de respaldar el encarecimiento del futbol. Hoy Neymar es el último globo de un deporte cuyos números ya habitan en otra galaxia.
