La verdad -- incluso cuando es dolorosa -- es mejor que una mentira. Siempre. Incluso en Cooperstown.
Es hora para que el Salón de la Fama se adueñe de la era de los esteroides del béisbol, con el mismo vigor con el que el béisbol se deleita con sus logros.
Miren, una vez que la verdad es aceptada, pierde poder. Ya no se puede discutir con tonos bajos y en esquinas discretas. Podemos hablar de ella abiertamente, y colocar mecanismos para que las infracciones nunca vuelvan a cometerse.
Los cuidadores del béisbol deben asegurarse de que los aficionados conozcan la verdad, toda la verdad y nada más que la verdad acerca del escándalo de mal gusto del béisbol con los PEDs en una exhibición del Salón de la Fama que deba estar en boca de todos. Dejen que los aficionados vean exactamente por qué el béisbol ignoró el incremento constante de las sustancias para mejorar el rendimiento (PED's) -- y cuando finalmente decidió que ya era suficiente.
Tenemos sitios como el Museo del Holocausto Negro de la Esclavitud en Filadelfia y el Museo en Memoria del Holocausto de Estados Unidos en Washington, D.C. O el Museo Nacional en Recordación del 11 de Septiembre en Nueva York. Ninguno de estos museos representa épocas alegres en la historia moderna estadounidense. Pero la historia es lo que es. No es nuestra labor suavizar la historia o hacerla parecer mejor de lo que fue.
Nosotros aprendemos de la historia. Nos educa y ayuda a entender cuánto hemos crecido y progresado, bien hablemos de derechos humanos, terrorismo o béisbol.
Obviamente, el escándalo de PED's en el béisbol no se compara a la esclavitud, el Holocausto o los ataques del 9/11, pero el escándalo de PED's o que el líder de todos los tiempos de imparables no esté en el Salón de la Fama es una gran parte de la historia del juego. No puede ser ignorada. Y no debe ser ignorada. No hay necesidad de esconderse de la verdad, o pretender que nunca ocurrió.
Es por eso que jugadores como Josh Gibson, que fue figura en las Ligas Negras pero que no pudo jugar en Grandes Ligas por culpa de la segregación, son honrados en el Salón de la Fama. ¿Podemos reconocer la segregación pero no los PEDs?
Ustedes no pueden hablar acerca de la historia de Grandes Ligas sin mencionar a Alex Rodríguez, el jugador más fraudulento en la historia del béisbol. Ni siquiera deberían intentarlo.
No la pueden contar sin hablar acerca del verano de 1998, cuando Sammy Sosa y Mark McGwire hicieron que los aficionados se enamoraran de nuevo con el pasatiempo nacional, con una guerra de cuadrangulares memorables. No la pueden relatar sin discutir acerca de las proezas de Barry Bonds, Roger Clemens o Pete Rose.
El Salón de la Fama debería crear un ala dedicada exclusivamente a grandes peloteros que no están inmortalizados en Cooperstown porque deshonraron al juego. Esto no absolvería a estos jugadores de sus pecados contra el juego. Ni los excusaría por sus errores de juicio o pobres decisiones que tomaron con sus carreras. Es simplemente decir la verdad acerca del juego que tantas personas adoran.
Basados en lo que sabemos hoy, Rodríguez nunca estará en el Salón de la Fama -- pese a firmar los dos contratos más grandes en la historia del béisbol, ganar tres premios como el JMV y batear 654 cuadrangulares (solamente seis detrás de Willie Mays por el cuarto sitio de todos los tiempos).
Y tampoco estará Clemens, quien seguramente será el único ganador de 300 partidos que no esté en Cooperstown. O Bonds, quien es poseedor de los récords de más cuadrangulares en una sola temporada (73) y de todos los tiempos (762).
Rafael Palmeiro es uno de solamente cuatro peloteros con 3,000 imparables y 500 jonrones -- los otros son Hank Aaron, Willie Mays y Eddie Murray -- y el ex primera base ya fue eliminado de la boleta del Salón de la Fama.
Rose, líder de imparables de todos los tiempos, nunca ingresará al Salón de la Fama porque él realizó apuestas en el béisbol.
A menos que se establezca un nuevo sistema de votación, o la sociedad suavice su postura acerca de las PEDs, o el béisbol tenga un liderazgo con una visión diferente de cómo lidiar con el asunto, un grupo de peloteros que dominó los anales del deporte no será considerado para el Salón de la Fama.
Ya sabemos por qué esos hombres permanecen fuera de los sagrados pasillos del béisbol. O bien usaron estupefacientes para incrementar su rendimiento a niveles superhumanos o, como Rose, apostaron en el deporte.
Los vimos y los apoyamos, sorprendidos por sus hazañas atléticas. Algunos de nosotros tenemos hijos que eran lo suficientemente grandes como para hacer lo mismo. La mayoría de eso era mentira. Busquen en Google al Salón de la Fama del Béisbol y revisen su página de inicio. En la esquina superior derecha, escrita en color rojo, se puede leer la frase: "Preservando la historia. Honrando la excelencia. Conectando generaciones".
Si el Salón de la Fama en verdad quiere cumplir con esas palabras, establecerá un ala para esos jugadores que hubieran sido dignos de la inmortalidad en el béisbol, si es que no hubieran deshonrado a este deporte.
